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EDUARDO LIENDO
"Yo soy deudor de mi Caracas"

El reconocido escritor ve a la capital como un libro, uno de ficción múltiple, con muchos capítulos hermosos, aunque también con otros
que jamás quisiera leer
Por Johan M. Ramírez Foto: Natalia Brand

Su vinculación con Caracas es fascinante. Además, la cuenta con un rigor que evidencia su vocación de escritor, de novelista, de hombre de las letras. Una sola pregunta desencadena una cronología ordenada de su vida en esta ciudad, desde la Maternidad Concepción Palacios -donde nació-, la esquina El Peligro -donde creció frente a El Calvario-, el Liceo Fermín Toro, la Plaza Bolívar y los viejos cines, hasta la experiencia más trascendental que recuerda: el 23 de enero de 1958, el día que cayó Pérez Jiménez. "Eso fue como un Caracazo, pero de la felicidad. Algo que cambió la vida de la ciudad, y mi propia vida también", dice.

Luego se forman los partidos, se realizan elecciones, y él, en plena juventud, decide hacer política. Tras "cosas" que no quiso contar -"porque no terminaríamos nunca esta entrevista"-, se une a la Juventud Comunista, deja Caracas por primera vez, y se va a una montaña de Lara para hacerle resistencia al gobierno. "Me metí en un paquete muy serio. Al final caí preso, y allí comenzó una historia que me desvinculó de la ciudad por completo", afirma. Tras años en la cárcel logra el exilio. Se va a Checoslovaquia, a la URSS, y tres años después regresa a una Caracas en indetenible crecimiento. Se muda, pues, a El Marqués, que, para él, quedaba en el fin del mundo.

Pero en esas ocurre un milagro para la literatura. Lejos de la política y decidido a subsistir mediante un oficio decente, escucha, por fin, aquel don que siempre le había hablado al oído: "Fue cuando comencé a escribir", dice en el tono amigable que lo caracteriza.

"Jamás olvidé una frase de Rousseau que decía: 'Sólo soy grande cuando escribo', y ése fue mi ideal de realización personal. Lástima que la política me retrasó en
el camino"

"Jamás olvidé una frase de Rousseau que decía: 'Sólo soy grande cuando escribo', y ése fue mi ideal de realización personal.
Lástima que la política me retrasó en el camino", dice.

Entonces escribió El mago de la cara de vidrio, que tuvo un éxito tremendo. Curiosamente, aquel, como la mayoría de sus libros,
fue manuscrito en la mesa de una modesta biblioteca caraqueña.
"El mago... nació en la Paul Harris de La California. Y en otras escribí Los Topos, Mascarada, etcétera… siempre en medio de libros, y también de adolescentes bulleros", cuenta. Por eso no considera que el silencio sea condición indispensable para crear.

Pasan los años, y el destino le juega otra carta fenomenal: se
hace referencista de la Biblioteca Nacional. "Estaba como pez en el agua", apunta. Allí trabaja durante 25 años, hasta su jubilación. Eso le permitió conocer a la ciudad que fluye en las bibliotecas, una que, paradójicamente, también da muestras del frenesí capitalino. "Nada que ver con el ambiente semi-religioso de las bibliotecas. Al contrario, eso es una cosa en ebullición, donde
siempre hay que llamarles la atención a los usuarios", dice.

Tras media vida entre los libros, imagina a Caracas convertida en uno de ellos.
"Sería de ficción múltiple; un espectro amplísimo, contradictorio, donde cabría
hasta el absurdo de una opulencia irritante y una miseria evidente". ¿Lo leería a diario? "Jamás. Enloquecería", responde, y hace la salvedad: "Es que de Caracas hay capítulos que me gustan y otros que no". Pero no quiere ser odioso con la ciudad, pues en ella no sólo hizo su historia, sino que ha hallado también el nacimiento y desenlace de muchas novelas. Por eso concluye con esta reflexión: "Ningún escritor puede obviar a su ciudad. Puede transmutarla, pero no ignorarla. Por eso, como todo escritor en esta tierra, yo soy deudor de mi Caracas"

johan_ramirez3@hotmail.com

Asistente de fotografía: Anita Carli

 
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