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Alguien ha visto
a capitán

No, nadie… O tan solo
el niño que lo creó como
ese amigo inseparable
que le aporta emoción
a los primeros años
de su vida, cuando
entre la fantasía
y la realidad no median mayores diferencias y muchos pequeños ponen a volar la imaginación para no sentirse desacompañados.
¿Pero eso es bueno o malo?.
Maria Elisa Espinosa

A Carlos Gustavo se le ha perdido su inseparable amigo “Capitán”. No lo encuentra desde que, de alcantarilla en alcantarilla, hurgaban juntos en busca
de sus otros compañeros de aventuras.
Pero lo termina encontrando, como siempre.

El personaje en cuestión, es parte de ese mundo de fantasía que se crean en la
cabeza alrededor de 60 por ciento de los niños en edades comprendidas entre los dos o tres años hasta los siete u ocho, buena parte de ellos hijos únicos y/o muy inteligentes, así como aquellos con algún grado de timidez.

Se supone que luego de cumplir los siete u ocho años, estos seres imaginarios tienden a desaparecer para darles paso a los amiguitos de carne y hueso. Por ello no hay nada de qué preocuparse; todo esto es parte del proceso de desarrollo del pequeño.

De acuerdo con lo que apunta la documentación sobre el tema, los amigos imaginarios son presencias (¡generalmente buenas, a Dios gracias!) que el niño se hace en su cabeza. Lo primero que evidencian es lo rica que puede ser la vida interior de ese pequeño. Pero, asimismo, estos seres de ficción funcionan como una suerte de propedéutico de las futuras amistades que vaya a entablar el niño en el terreno de la realidad.

También a estos compañeros de aventuras se les adjudica la virtud de propiciar en el infante su adecuado desarrollo, tanto emocional como cognitivo, considerando que le ayudan a relacionarse con el resto del mundo a través del juego creativo y la imaginación, así como expresando sus sentimientos.

Los amigos imaginarios, definitivamente, enseñan a los pequeños a compartir y los provee de seguridad en sí mismos al darles apoyo para que puedan enfrentar sus miedos y momentos de soledad; y esto lo logran compartiendo sus inquietudes, discutiendo, jugando y consolándose… más allá de que uno de ellos, en realidad,
“no existe”. 

Chivitos expiatorios

Aunque tanto se insiste en que la presencia de estos personajes de ficción no es un fenómeno que deba preocupar, los especialistas no dejan de advertir sobre la mejor manera de tratar el asunto para que a los padres no se les escape de las manos.

Por ejemplo, si el amigo imaginario persiste en quedarse de “visita” en casa de un niño que ya cumplió los ocho años, es pertinente activar una señal de alerta, pues se supone que a partir de esa edad los pensamientos de ficción del pequeño comienzan a hacerse privados y no habría razón para seguir exponiéndolos al resto del mundo.

Igualmente, podría preocupar aquel muchachito que prefiera quedarse a escondidas con su compañero imaginario en lugar de compartir con la familia y sus amigos reales cuando se le presenta tan apetitosa oportunidad. En este caso, como en el otro, es hora de buscar consejo en el consultorio de un psicólogo infantil.

Tampoco deja de haber cierto riesgo cuando el personaje inventado hace y dice lo que el niño quiere, puesto que no es así como ocurrirá cuando se trate de la interacción con amigos reales; es decir, cuando éstos le hagan ver al otro que también tienen voz y voto a la hora de proponer juegos o hacer valer sus derechos.

La otra razón por la cual es bueno estar pendiente frente a un niño que juega con amigos imaginarios, es que no caiga en la tentación de evadir la realidad; es decir, el niño tiene que aprender a vivir sus frustraciones y superarlas, a cometer errores y tomar lección de ellos. Por esta razón, habrá que vigilar muy bien para que no surjan en la piel de estos personajes de ficción “chivos expiatorios” de aquellas acciones erradas que cometa el niño.

¿Cómo hacer?

Es recomendable apoyar la imaginación del niño, es decir, para él es importante que sus padres acepten a ese amigo de ficción y manejen el asunto como algo natural, aunque tampoco es bueno caer en exageraciones: una cosa es no prohibirle que juegue con su amigo imaginario y otra muy distinta es incentivarlo a que lo haga; en este sentido, lo prudente es no hablar de él, a menos que el niño inicie el tema, momento en el cual no se debe tratar al personaje como si fuera real.

Tampoco es conveniente que sobre los hombros de los amigos imaginarios recaigan todas las culpas por las cosas que el niño ha hecho mal; por ello es bueno dejarle claro al pequeño que las normas son para todos por igual. Ahora bien, si fue su amigo de ficción quien “hizo” alguna travesura, le corresponde a él regañarlo, pues es el único que puede verlo.

Especialmente en el caso de aquellos pequeños que no tienen hermanitos, es bueno invitar a sus amigos a la casa, así como permitirles que vayan a las de ellos, de manera que no se limiten a tener exclusivamente vivencias imaginadas.
Hay que darle libertad al infante para que escoja lo que quiere hacer en su tiempo libre, siempre y cuando sean actividades lógicas.

Es positivo también ayudar al niño a desarrollar actividades de juego donde participe activamente, en lugar de que permanezca durante mucho tiempo sentado frente a un aparato de televisión. Se recomienda, en contraste a esto, que los padres le den la opción de realizar actividades manuales y lúdicas en las que desarrolle su creatividad, como el uso de plastilina, lápices, acuarelas, creyones, papel
y juegos de rompecabezas, entre otros. l

Fuentes consultadas

l www.salud.com
l www.todopapas.com
l www.bebesymas.com
l www.mundogar.com
l www.webdelbebe.com
l www.mujer.terra.es
l www.vertecrecer.canal13.cl

mespinosa@eluniversal.com

 

 
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