| Un gran amigo...
Un jefe de policía fue acusado de asesinar
al primer marido de su esposa
Marlow, en el estado de Nueva Hampshire, era uno de esos pueblos en los que nunca ocurría nada. En la pequeña población, ubicada a unos 24 kilómetros de Keene, residen unos 600 ciudadanos que trabajan muy duro y que por lo general sólo se ocupan de sus asuntos, los cuales interesaron a todo el país el 2 de marzo de 1988, cuando Clifton Chambers decidió contarles algo a todos antes de morir.
Cliff estaba muy mal, pese a ser relativamente joven. A los 61 años sufría de úlcera, artritis y dolorosos cálculos renales. La existencia no había sido fácil para él; casi toda su vida había trabajado en los bosques y en los campos. Ahora, cuando se le acercaba la muerte, vivía en un trailer con su hija de 25 años, Melissa. El trailer estaba fijo en un rincón de un terreno vacío que le pertenecía a su hijo Robert de 35 años.
Aquel día memorable de marzo, Cliff reunió a Melissa y a una nieta, Lori Wheeler. Les hizo prometer que no revelarían lo que él les estaba por relatar sino hasta después de su muerte. Como narró Melissa más tarde, “mi padre afirmó que Robert lo había buscado diez años antes, en medio de la noche, muy alterado, y le había dicho: ‘Maté a Russ. Necesito ocultar el cuerpo. ¿Qué hago?’”.
Cliff continuó diciéndole a Melissa: “Los dos muchachos estaban bebiendo en las minas. Comenzaron a pelear. Robert lo golpeó y Russ cayó de espaldas, se abrió la cabeza y murió instantáneamente”. Melissa prosiguió: “Papá y Robert buscaron el cuerpo de Russ y lo enterraron con el tractor detrás del cobertizo”.
Bien, amigos, las cosas nunca serían lo mismo en Marlow después de aquello. Verán, el hijo de Cliff, Robert, era el jefe de policía del pueblo. Una semana después de hacer que su hija le jurara que guardaría silencio hasta después de su muerte, Clifford Chambers falleció. Esa misma noche, Melissa y Lori revelaron a la policía de Keene la asombrosa declaración de Cliff. Nadie tomó su historia a la ligera; tenían buenos motivos para ello.
Diez años atrás, Russell Bean, uno de los mejores amigos de Robert Chambers, había desaparecido. Russ, quien tenía 25 años cuando desapareció, estudiaba ingeniería forestal en la Universidad de Nueva Hampshire. El y su esposa Sylvia, no tenían enemigos conocidos y su matrimonio aparentemente era feliz. Los Bean tenían una pequeña hija, Lynn.
La noche del 15 de septiembre de 1978, Robert y Russell salieron de paseo. Sólo Robert regresó. Despertó a Sylvia esa noche para decirle la sorprendente noticia de que su esposo había abandonado la región. Se había marchado pidiendo un aventón para comenzar una nueva vida. Como se podría esperar, Sylvia se sintió angustiada. No se consoló mucho cuando Robert le dijo que Russ le había hecho prometer que cuidara a su abandonada familia.
Robert tenía sus propios problemas. Su esposa, Deborah, lo había dejado unos pocos meses atrás. El poseía la custodia de los dos hijos que tenía de un matrimonio anterior.
No se necesitó mucho tiempo. En cuestión de un mes, Sylvia se había mudado a la casa de Robert. Menos de un año después se convirtieron en marido y mujer. La mayoría se olvidó de Russell Bean.
Robert Chambers había logrado escapar de la extenuante existencia que marcó la vida de su padre; con dificultad se graduó de bachiller. Después de ingresar en la policía, tomó todos los cursos que podía. Finalmente se convirtió en el jefe de policía de Marlow. Era un policía terco pero honrado. La mayoría pensaba que era el mejor jefe de policía que habían tenido. El pueblo pronto perdería a su jefe: había aceptado un puesto en Winchester, también en Nueva Hampshire, donde ganaría 16.000 dólares al año apenas terminara un curso en Concord. El nuevo empleo comenzaría después de su graduación el 11 de marzo. El policía se había esvadido así de una vida en la que hubiera tenido que partirse la espalda trabajando en los bosques. Se sentía extasiado. Entonces su padre murió dos días antes de su graduación y sus sueños se desplomaron. Luego de la denuncia del supuesto crimen, la policía, durante tres días, usó un tractor para excavar el patio trasero de la casa de Robert. Periodistas de todas partes de Estados Unidos corrieron al pueblo para registrar
el drama que se desenvolvía en el patio trasero de este hogar.
Robert decidió suspenderse como policía y entregó
su placa, por la cual había trabajado tan duro.
La policía del estado lo interrogó, pero él se rehusó
a hablar sobre la suerte corrida por su desaparecido amigo. “No lo hice”, le aseguró a Sylvia y a sus hijos. Clifford Chambers fue enterrado el 14 de marzo. Tres horas después de la ceremonia, la policía encontró los restos mortales de Russell Bean, cuatro metros debajo de la tierra, en el patio trasero de Robert.
Según los resultados de la autopsia, era sumamente improbable que Russ hubiera muerto a consecuencia de un único golpe en la parte trasera de la cabeza al caer; los médicos forenses determinaron que él había fallecido por “heridas traumáticas en la cabeza y el pecho”. También señalaron que se había usado un instrumento romo para infligir los golpes mortales.
Los detectives de Nueva Hampshire tenían un problema. Tenían un cuerpo y un sospechoso. Lo que les faltaba era el arma homicida o una declaración. Pero Robert Chambers declaró escuetamente a la multitud de reporteros que querían la verdad: “No maté a Russ Bean”.
Investigar el pasado de todos los individuos involucrados no era una tarea sencilla. Habían pasado diez años. Sin embargo, algunos recordaban la gran amistad entre ellos. Varios insinuaron que Robert siempre le tuvo la vista puesta a Sylvia. Otros afirmaron que Russ y Deborah habían sido más que amigos.
La ex esposa de Robert, Deborah, les dijo a los agentes que ella había sido objeto de maltratos. Por eso había abandonado a Robert. Sencillamente ya no soportaba más abusos. Mientras excavaban el patio trasero de la casa de Robert, Deborah intentó suicidarse. Después de su intento de quitarse la vida, le confesó a la policía que había presenciado cuando Robert mató a Russ. Más tarde se retractó de su declaración y dijo que había querido desquitarse de Robert por los maltratos físicos del pasado.
El 15 de abril, un mes después de la exhumación del cuerpo, Robert Chambers fue arrestado y acusado del asesinato de Russ Bean. Robert, el ex jefe de policía, fue detenido y encerrado en su propia cárcel. Sus amigos reunieron los 75.000 dólares de la fianza requeridos para que saliera en libertad para esperar la audiencia de un jurado investigador, el cual determinaría si había méritos para enjuiciarlo. Entretanto, Sylvia pidió el divorcio.
El 6 de mayo, el jurado investigador se reunió para escuchar toda la evidencia contra Chambers. La votación fue cerrada, pero el jurado se rehusó a acusarlo formalmente Ahora era un hombre libre, pero la policía de Nueva Hampshire no había abandonado su búsqueda de evidencia contra él. Después de recibir una llamada anónima según la cual el arma homicida, que se creía era un hacha, podía encontrarse en una cantera, la misma fue drenada. Durante la operación, nueve millones de litros de agua fueron extraídos, pero no se encontró el arma.
Hoy en día, Sylvia vive con su hija Lynn, Robert Chambers fue el único padre que la pequeña conoció. Lynn tiene la inusual distinción de tener como padre adoptivo al hombre que era el principal sospechoso del asesinato de su padre biológico. Sylvia trabaja en una fábrica. Robert trabaja en los bosques que tanto despreciaba y que tanto luchó para dejar atrás. Los detectives aún intentan obtener suficiente evidencia para enjuiciar a Robert Chambers. Algunos dicen que nunca lo lograrán. Otros creen que es inocente, lo cual nos plantea un problema desconcertante.
Si Robert Chambers no puso a Russell Bean cuatro metros bajo la tierra, entonces, ¿quién lo hizo? l
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