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UN ALIMENTO completo
El huevo es rico en nutrientes esenciales, apenas aporta calorías y resulta estupendo para el crecimiento de los niños. Eso sí, tendrás que introducirlo poco a poco en la dieta de tu hijo
Por Patricia Morcillo
El huevo de gallina es uno de los alimentos más necesarios y completos para el ser humano. También para los niños, que no deben prescindir de él salvo que manifiesten intolerancia o alergia (es el pediatra quien debe decidirlo, nunca los padres por su cuenta). Y es que el huevo, con las mismas calorías que una pieza de fruta, contiene tantos nutrientes como un vaso de leche, algunos esenciales para el crecimiento, y resulta muy fácil de masticar para los pequeños.
Beneficios ciertos, perjuicios falsos
La mala fama del huevo como causante del colesterol "malo" es infundada y carece de rigor científico, según los expertos. Primero, porque en la colesterolemia y el riesgo vascular influyen diversos factores, no sólo el consumo de un determinado alimento dentro de una dieta equilibrada. Y segundo, porque investigaciones recientes han demostrado que uno de los componentes de la yema del huevo reduce de manera significativa la absorción intestinal del colesterol "malo", al tiempo que la propia yema proporciona grasas poliinsaturadas y monoinsaturadas ("colesterol bueno").
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| Investigaciones han demostrado que uno de los componentes de la yema del huevo REDUCE de manera significativa la absorción del colesterol "malo" |
El huevo aporta hidratos de carbono, proteínas, lípidos o grasas, vitaminas (A, E, D y B12) y sustancias minerales (especialmente fósforo, selenio, hierro, yodo y zinc); todo ello en cantidades bien proporcionadas. La clara está compuesta por agua, vitaminas, sales minerales y proteínas: contiene hasta ocho aminoácidos esenciales. Es la parte más alergénica del huevo (la yema también puede dar alergia, pero es menos frecuente), por eso los especialistas aconsejan introducirla más tarde en la dieta infantil. En cuanto a la yema, tiene lípidos, proteínas, vitaminas y minerales. Su color más o menos intenso depende de la dieta que haya recibido la gallina: cuanto más maíz, más anaranjada será.
Por otro lado, no podemos olvidar que el huevo también contiene grasas monoinsaturadas, que son las beneficiosas para el organismo. Curiosamente, es el único alimento que contiene vitamina D de forma natural. Y posee colina, un nutriente que influye en el desarrollo del cerebro y la vista; por eso es tan recomendable consumir huevos durante el embarazo y también durante la lactancia.
Y otra ventaja: únicamente aporta 76 calorías (17 corresponden a la clara y 59 a la yema), igual que una pieza de fruta, por lo que alimenta mucho y ayuda a prevenir la obesidad.
El otro perjuicio falsamente atribuido al huevo, junto al de aumentar el colesterol, es que es nocivo para el hígado. Y no es cierto. Debes saber que sólo hay que descartar este alimento si el pequeño padece de piedras en la vesícula biliar, pues podría provocarle un cólico. De lo contrario, puede comerlo sin problemas.
Cómo introducirlo en la dieta de tu hijo
Puedes incorporarlo a la dieta de tu pequeño a partir de los 10 meses, añadiendo cada semana un cuarto de yema cocida al puré de verduras (desecha la clara). Como es uno de los alimentos más alergénicos, hay que introducirlo con cuidado. Si tu hijo tiene intolerancia a la leche, no se lo des hasta los 15 meses (es frecuente que los niños con alergia a las proteínas de la leche también rechacen las proteínas de la clara -la albúmina-, responsable de esta intolerancia).
| Para comprobar si un huevo está fresco, SUMÉRGELO en un envase con agua fría y 120 gramos de sal. Si se hunde, está en perfectas condiciones |
Si crees que puede ser alérgico, dale sólo un cuarto de yema por semana, hasta completar el total de la yema pasado un mes, y nunca en la cena, para poder observar las reacciones que presenta. Si ves que le sienta mal y el médico lo estima conveniente, elimínalo de su dieta (incluidos sus derivados y los productos que contengan alguno de sus componentes), pero siempre en la medida y durante el tiempo que aconseje el pediatra: muchos niños alérgicos al huevo dejan de serlo después del segundo o tercer año.
Si todo va bien, podrá tomar la clara desde los 12 meses. Para que coma el huevo frito debes esperar hasta que tenga tres años, y nunca se lo des por la noche, porque es más difícil de digerir. Mientras tanto puedes preparárselo en tortilla, revuelto, cocido, pasado por agua o como ingrediente de postres caseros. En este sentido hay especialistas que recomiendan limitar el consumo de los productos industriales que contengan huevo, como natillas y flanes, y dárselos sólo ocasionalmente. Y otra advertencia básica: los niños nunca deben tomarlo crudo. Así es más probable que les siente mal, asimilan peor sus nutrientes y aumenta el riesgo de una posible salmonelosis.
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Salvo contraindicación del pediatra, hasta los dos años tu hijo puede tomar dos huevos a la semana. Y a partir de los tres años puede llegar a las cuatro unidades semanales. Recuerda, eso sí, que también cuentan como tales los huevos que no se ven (o sea, los empleados en postres, salsas, rebozados...).
Los huevos de codorniz también son muy aconsejables para tu hijo porque poseen proteínas de alto valor biológico y contienen gran cantidad de ácidos grasos Omega 3 (un huevo de codorniz, pese a su reducido tamaño, tiene las mismas propiedades nutricionales que un vaso de leche). Además, se digieren fácilmente. Están recomendados en casos de anemia y tienen propiedades antialergénicas. El único inconveniente de estos huevos es que son bastante más caros que los de gallina.
Trucos y curiosidades de este alimento
Da exactamente igual que los huevos sean blancos o rojos. El color sólo depende de la raza de la gallina y ambos tienen las mismas propiedades, el mismo alimento y el mismo sabor. Procura comprarlos frescos, y una vez en casa, no los sometas a cambios bruscos de temperatura, porque perderían frescura. En la nevera, para mantener intactas sus cualidades, debes mantenerlos lejos de olores fuertes que puedan afectar su sabor.
Para comprobar si un huevo está fresco, sumérgelo en un envase con agua fría y 120 gramos de sal. Si se hunde está en perfectas condiciones de consumo. Si flota, no. Además, los huevos frescos son ásperos y parecen hechos de tiza. Los viejos son lisos y muy brillantes.
Un huevo duro estará en su punto a los 12 minutos de cocción. Podrás pelarlo con más facilidad y sin quemarte si lo pones bajo el chorro de agua fría.
Y un último consejo de cocinera experta: acuérdate de añadir una pizca de harina de maíz molida o de levadura o un chorrito de leche a los huevos, una vez que los hayas batido. Así, la tortilla o el revoltillo que vayas a preparar con ellos te saldrá mucho más esponjoso.
Con estas ideas no dejará un bocado en el plato
A l ser un alimento tan versátil, el huevo admite múltiples y sencillas preparaciones y constituye una cena muy nutritiva. Dáselo escalfado, en tortilla o duro. Y puedes aprovechar las tortillas y los revueltos para introducir alimentos nuevos en la dieta de tu hijo. Aquí tienes algunas recetas que le encantarán:
• Revuelto con tiras de pavo y adornado con galletitas saladas.
• Pasado por agua, con queso rallado y trocitos de pan.
• Una opción nutritiva y ligera es cocido y partido en rodajitas. Sírveselo alternando cada rodaja con un tomate cherry, una tira de jamón, otra de queso fresco, zanahoria cocida y maíz dulce.
• Hazlo a la plancha, sobre una rebanada de pan cuadrado y adornado con una salsa de tomate casera.
• Bate un huevo con dos lonjas de queso de hacer sándwiches y un chorrito de leche. Cuaja la tortilla en la sartén con unas gotas de aceite de oliva. Acompáñala con papitas fritas o, si está gordito, con papas hervidas o maíz cocido.
• Prepara una tortilla muy fina de grosor. Coloca sobre ella unos trocitos de jamón de pavo y, encima, tres puntas de espárragos enrolladas en jamón serrano. No te olvides de aliñarla con un buen chorro de salsa de yogur natural.
| Cuidado con la sal |
Prolifera en épocas de calor, pero siempre hay que prevenir la presencia en el huevo de la bacteria salmonella, que es muy tóxica (provoca fiebre, diarrea, náuseas, vómitos y dolores abdominales). Bastan estas sencillas medidas:
• Al comprar huevos. Hazlo en un establecimiento de confianza, mira la fecha de caducidad y comprueba que la cáscara está limpia, sin manchas ni plumas, y que carece de fisuras. Si alguno se te rompe camino a casa, no dudes en tirarlo.
• Al guardarlos. Mantenlos siempre en el compartimento de la nevera reservado para ellos y no se te ocurra lavarlos. Si lo haces, la cáscara perdería la barrera protectora que impide la entrada de los microorganismos, entre ellos la salmonella.
• Al utilizarlos. No rompas el huevo en el borde del recipiente donde lo vas a batir, no separes la yema de la clara usando la cáscara (emplea dos vasos) y no utilices para nada más el plato en el que lo hayas batido. Cuaja muy bien las tortillas y prepara la mayonesa y la salsa rosada unos instantes antes de consumirlas.
• Si quedan restos. Puedes conservar en la nevera la tortilla y la mayonesa que te sobren, pero consúmelas antes de 24 horas.
• En la calle. En los bares, cafeterías y restaurantes no conviene dar a los pequeños comidas con mayonesa, salvo que esté elaborada sin huevo. Tampoco deben tomar tortillas poco cuajadas. |
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