|
El
sonado Huáscar
Trío acústico
venezolano, su más reciente producción discográfica,
ha sido todo un éxito, y Pacificanto, la cantata que
él compuso el año pasado, será transmitida
próximamente en Discovery Channel. Conozca a Huáscar
Barradas, un artista marabino que ha ampliado el espectro expresivo
de la flauta, y ha demostrado que la música venezolana sí
vende. Adriana Gibbs. Fotos: Contratipo
Conocer el apartamento de Huascar
Barradas equivale a acercarse a una de las caras del flautista maracucho.
Cierto desorden se desparrama entre las paredes. En una de ellas,
está transcrito un fragmento de un poema de Mario Benedetti.
En otras, se advierten fotos del músico en plena acción:
soplando y soplando ese "sonido cristalino y terso" que
ha destacado la crítica, esos "alardes virtuosos infrecuentes
y notas sostenidas". Un piano se encuentra en la sala y sobre
él pequeñas esculturas de metal: más flautistas.
Este instrumento de viento habita con brío en la casa de
Barradas. Y en su alma.
Este músico venezolano es flautista de la Orquesta Sinfónica
Municipal de Caracas y fundador de la agrupación Huáscar
Barradas y Maracaibo. Tiene en su haber seis trabajos discográficos
que han resonado dentro y fuera del país. Su quinto álbum,
Candela, vendió más de 9.000 discos y tuvo una segunda
edición en menos de dos meses. La exigente crítica
alemana ha sucumbido ante su virtuosismo: "Barradas nos elevó
al espectro expresivo de la flauta, más allá de lo
que nuestros oídos europeos están acostumbrados, con
una absoluta precisión rítmica". Justamente,
uno de los objetivos que él se ha propuesto ha sido el de
ampliar las posibilidades del instrumento de viento que ejecuta
desde los nueve años de edad. Por ello, se le ha visto en
escena interpretando desde Bach hasta Los Beatles. Su flauta es
virtuosa y arriesgada. Eso han dicho quienes le han escuchado interpretar
ese clásico venezolano El curruchá-Amalia Rosa,
nada más y nada menos que fusionado con rap; La tonada de
Luna llena, de Simón Díaz, al estilo flamenco;
y su Esmollejatus joropus, que no es otra cosa que un joropo
rapidísimo y violento, envenenado con loops electrónicos.
Su atrevimiento lo ha convertido en profeta de éstas y otras
tierras. "En el colegio -cuenta el músico- cuando estudiaba
quinto año y nos preguntaron qué íbamos a estudiar,
yo dije que iba a ser flautista. A mi respuesta el profesor me dijo:
Barradas, sálgase de clases, usted siempre con su desorden...".
Admite que sí es desordenado, que siempre anda de bochinche
en bochinche, pero cuando se trata de la música, emerge con
garbo su otra cara.
"En lo único que soy disciplinado es en la flauta. Soy
de los que llegan con puntualidad a todos los ensayos y soy riguroso
en cada uno de los arreglos. Simón (Rafael Simón Bolívar),
el de mi grupo, dice que el error más grande de la gente
es creer que yo soy tan maracucho. Los músicos cercanos a
mí son los que se calan mi malhumor cuando no se hacen las
cosas como quiero. Yo creo en el talento y la constancia. No soy
simplemente un tipo que toca chévere", afirma.
Ciertamente, no lo es. Los críticos han convenido en que
logra una sonoridad que explora registros poco frecuentes en el
contexto local. Esta es producto de una formación académica
que incluye estudios en el Conservatorio de Música José
Luis Paz de Maracaibo, en el Brooklyn Conservatory de Nueva York
(cum laude) y en la Escuela Superior de Música de Frankfurt
(sehr gut).
El es un híbrido. Alberga al hombre metódico, "su
lado alemán", y al improvisado, "su lado maracucho".
El académico y el popular. Ambos coexisten y se mezclan en
este músico de 39 años de edad, de los cuales 30,
ha consagrado plenamente a la música.
"Esta pasión no fue impuesta en casa. De pequeño
yo disfrutaba la flauta tanto como la pelota de basketball, o la
raqueta de tenis, deportes que todavía practico". En
su decisión por la flauta, tuvo que ver una película
que le sedujo cuando era niño, Fantasía, de
Walt Disney. "Mis oídos -relata Barradas- quedaron fascinados
por su sonido, desde que vi esa película. ¡Qué
maravilla las hipopotamitas bailando parte de El Cascanueces
de Tchaikovsky! También recuerdo mi primera flauta, que brillaba
como un sol, y a la cual yo trataba desesperadamente de sacarle
algún sonido".
Su infancia transcurrió entre dos mundos. Uno, el del colegio,
de 7:00 am a 1:00 pm. El otro, en el conservatorio, a partir de
las 2:00 pm hasta la noche, con los ensayos de la orquesta y la
estudiantina. "Mis padres me apoyaron hasta la locura".
Ninguno de los dos puso objeción cuando Huáscar les
comunicó su decisión de irse a Estados Unidos a continuar
sus estudios de música. Tenía 17 años. Los
profesores le llamaban "el flautista del oído absoluto".
Nueva York le significó el disfrute del jazz, las discotecas,
vivir los comienzos del rap y del hip hop; el bailar en la calle,
el breakdance. Allí estuvo cinco años, luego regresó
a Venezuela y después se fue becado a Frankfurt, por cinco
años más. "En Europa hay un amor más profundo
hacia el arte, y una visión del ser humano más amplia.
Tuve experiencias que, de alguna manera, aparecen en mi proceso
de composición".
Pacífico
guerrero
Su nombre -el mismo de uno de los monarcas del imperio inca- significa
"hombre guerrero" en lengua quechua. Es un combatiente
de nombre y actitud. Tiene seis trabajos discográficos en
los que él ha hecho de todo: se involucra en todo el proceso,
desde el proyecto hasta la propia distribución. No tiene
manager. El mismo arma su apretada agenda de conciertos.
"El disco Candela fue una cachetada a esa gente que
dice que la música venezolana es una ladi... y no vende.
En una semana vendió 3.000 discos. Si a mí me pusieran
en Sábado Sensacional, y pagara porque radiaran mis
temas diez veces diarias en 20 emisoras de Caracas, sería
el Servando y Florentino de la flauta. Pero he manejado mi carrera
de manera distinta".
Como bien puede notarse, Barradas no tiene empachos al hablar con
soltura de sus logros, y quizá por ello se ha ganado la fama
de echón. "La gente cree que soy prepotente o 'grillúo',
como decimos en Maracaibo, pero cuando me conocen se dan cuenta
de mi sencillez. Lo que pasa es que a veces puedo pasar por echón
por el particular humor zuliano que puede percibirse como echonería".
Echón o no echón, hay que admitirlo: tiene con qué.
Luego del arrase del disco Candela, se dispuso a trabajar
en su sexta producción discográfica, Trío
acústico venezolano, con la que despidió exitosamente
el año 2003. A este álbum se suma otra creación
que lo mantuvo ocupado el año pasado: Pacificanto,
una cantata experimental. La pieza reúne la voz de la mezzosoprano
Martha Senn con el canto de las ballenas que se encuentran en el
Pacífico colombiano, y la compañía de la sonoridad
de ocarinas precolombinas -flautas de barro- caracolas y episodios
electroacústicos. El proceso de composición duró
ocho meses. "Son siete movimientos (Antártida, Travesía,
Arrullos, Travesuras, Arpones, Eterno retorno y Rima de la vida),
y cada uno cuenta un momento en la vida de las ballenas. En la pieza
se escuchan incluso los latidos de estos animales y los propias
pulsaciones de los músicos que participaron en el proyecto",
explica Barradas.
El año pasado esta puesta se estrenó en la Catedral
de Sal de Zipaquirá, en Colombia, y la vieron ocho millones
de personas por televisión. Este año, la obra será
transmitida en Discovery Channel. Su cantata resonará
en el mundo. "Con esta obra los colombianos quieren mostrar
la otra cara de su país. Es un programa ecologista que quiere
demostrar que es posible la armonía entre la ciencia, el
arte y la tecnología. Además, tiene una arista social:
todo el dinero recaudado se ha ido destinando a los niños
desplazados de la guerra". Pacificanto, junto con el
disco Candela, representó un viraje en su trayectoria.
Le dio puerta franca a su faceta de compositor.
"Ya no me veo sólo como un flautista, sino como un músico
que quiere dar en cada concierto lo mejor de sí. Aplico lo
del flautista francés Jean Pierre Rampal: 'Cuando salgas
al escenario piensa que eres absolutamente el mejor, y cuando te
retires piensa que hay muchos mejores que tú'. Eso lo practico
y lo enseño también a mis alumnos -es profesor en
el Instituto Universitario de Estudios Musicales en Caracas-. En
el mundo de la música, sobre todo en el de la clásica,
hay toda una guerra psicológica; allí no hay trucos
y una manera de dominar los nervios es con la autoestima. Con mis
alumnos soy una persona dura y excesivamente disciplinada; es el
método que tengo, el látigo con el que aprendí,
y he visto que funciona".
¡Y vaya que funciona..! En el próximo mes de marzo,
uno de los actos centrales para celebrar los 50 años del
Aula Magna será Noche latinoamericana, un repertorio
concebido por él en el que la flauta es singular protagonista.
"Soy músico popular y sinfónico al mismo tiempo
y por ello siempre he tratado de combinar. En este caso, la propuesta
es la de llevar al plano sinfónico canciones populares latinoamericanas
de Juan Luis Guerra (Amor de conuco y La bilirrubina), Rubén
Blades (Ligia Elena y Buscando guayaba), Simón Díaz
(Caballo viejo), y tangos de Carlos Gardel, entre otros autores
conocidos y queridos por todos. Esta compilación ya la estrenamos
en México, y en marzo tendremos el debut en Venezuela con
la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas". Más
motivos hacen que este año luzca prometedor para el marabino:
asistirá al festival de flautistas más importante
en Alemania, y en su agenda de conciertos en el exterior ya tiene
cita pautada en España, Japón, Colombia, Corea, Filipinas
y Estados Unidos. Además ya empezó a trabajar en el
próximo disco. "Ya tengo una canción. En mayo
posiblemente salga el séptimo álbum". Definitivamente,
Barradas sigue soplando candela... l
agibbs@eluniversal.com
| Un parrandero singular |
¿Qué
música escucha en casa?
"Cuando estoy en casa escucho música casi todo el
tiempo, y el espectro es muy amplio. Soy de los que escuchan
de todo: desde Serenata Guayanesa hasta Miles Davis, pasando
por Astor Piazzolla -lo amo profundamente-, Vos Veis, John Coltrane
y salsa cubana".
¿Parrandero?
"Sí, soy parrandero, pero no me echo 'palos'. Mi
esposa me dice que soy más raro que un perro verde, pues
no tomo prácticamente nada, si acaso un ponche crema
o el Bayley, que me encanta
soy de esos músicos
extraños que no fuman, no beben, aunque sí bailan
pegao".
¿El máximo piropo?
"Umm, uno que he escuchado por ahí es 'Huáscar
si está bueno'. Hay muchachas
que me escriben por e-mail y me dicen 'me hiciste llorar'. Otro
piropo que me ha encantado es cuando me dicen 'Tú cantas,
tú hablas con la flauta'. De alguna manera sí
estoy cantando para mis adentros cuando toco; es por ello que
suelo tener los ojos cerrados durante los conciertos, buscando
la manera de aislarme para concentrarme en lo que estoy haciendo".
¿Algún concierto inolvidable?
"Varios. En Turquía una vez me presenté en
un estadio ante 9.000 personas; eso me impresionó. En
Alemania recuerdo una presentación en la que el público
aplaudió demasiado y toqué varios bis. También
mi primera presentación en el Teatro Teresa Carreño.
Soy feliz cuando veo en mis conciertos a esos jóvenes
con su look rockerito. Para mí, eso es lo máximo".
¿Hay algo que no le guste de
Maracaibo?
"Los huecos en las calles y la impuntualidad. Los maracuchos
son muy tranquilos con la hora".
¿Algún defecto suyo?
"Soy muy impaciente. Aunque he leído a Sidharta,
no he
podido controlar mi impaciencia. También soy muy radical:
o es blanco o es negro; no hay medias tintas. Para mí
la música es buena o es mala. Se es disciplinado o indisciplinado;
talentoso o no talentoso".
¿Un ejemplo de mala música?
"Para mí, el heavy metal. No entiendo mucho ni el
texto ni la melodía. Entiendo que para las personas tímidas,
este género es el medio para sacar sentimientos reprimidos,
pero a mí esa música no me transmite tanto. En
cambio, Sting me fascina; ante él me quito el sombrero". |
| Uno por uno |
 |
1993
Folk music
Su primer disco, producido y grabado en Alemania |
 |
1996
Nueva Onda
Temas clásicos de la llamada nueva onda venezolana de
finales de los años sesenta |
 |
1997
Mundo nuevo
Desde románticos clásicos argentinos hasta briosas
melodías mexicanas, pasando por los vientos típicos
del altiplano andino y el festivo sabor carioca |
 |
1998
Gracias a la vida
Compendio de temas clásicos, abordados con libertad y
frescura |
 |
2001
Candela
Disco de música venezolana envenenada, con Ilan Chester,
Pedro Castillo y "El pavo" Frank Hernández,
entre otros invitados
|
 |
2003
Trío acústico venezolano
Selección de temas que la agrupación interpretó
en su gira del año pasado por Japón, Filipinas
y Corea |
Ver también en Encuentros:
- Buenos propósitos
|