El médico interior
Usted puede confiar en sus instintos
y evaluar su salud, en ocasiones,
mejor que su doctor de cabecera.
Katie Gilbert
Foto: Archivo
Hoy en día confiamos mucho en la Medicina, y los médicos, ciertamente, nos pueden decir mucho sobre nuestro estado de salud. Pero hay una persona que sabe más sobre su salud que cualquier doctor: usted. Aparentemente, la respuesta a una pregunta engañosamente sencilla:
“¿Cómo evaluaría su propia salud?”, ayuda a predecir la enfermedad y la longevidad de manera más exacta incluso que los estudios médicos más completos.
¿Por qué las evaluaciones de nuestra propia salud son tan precisas? Quizás porque llevamos un seguimiento de nuestros altibajos y nuestros síntomas 24 horas cada día, una perspectiva a la cual ningún médico tiene acceso.
“Sabemos cosas que los médicos no pueden detectar físicamente”, señala Yael Benyamani, psicólogo de la salud de la Universidad de Tel-Aviv, en Israel. La fatiga
y las fluctuaciones de apetito, por ejemplo, pueden ser síntomas de un deterioro
de la salud, y usted probablemente esté mucho más atento a ellos que su médico.
Décadas de estudios muestran que la gente que dice que su salud es pobre tiene
más probabilidades de morir antes que las personas que consideran que su salud
es excelente, incluso después de verificar cuán enfermos están en realidad.
La asociación es independiente del diagnóstico médico, los síntomas o el nivel de incapacidad. En otras palabras, la forma en que calificamos nuestra propia salud refleja algo que está más allá de la capacidad de los médicos de diagnosticar.
Pero, ¿por qué?
Parte de la respuesta se relaciona con la forma en que nuestro cuerpo reacciona al estrés. Un estudio reciente, reseñado en el International Journal of Behavioral Medicine, encontró que la gente que se consideraba saludable tiene fluctuaciones más amplias en sus niveles de la hormona cortisona, que combate el estrés: los niveles se mantienen bajos la mayor parte del tiempo, aunque se incrementan bruscamente durante las situaciones de tensión. Las personas que se sentían poco saludables presentaban niveles altos de cortisona todo el tiempo, un síntoma de estrés crónico, el cual se asocia con enfermedades cardiovasculares, entre otros problemas.
Las mediciones de estrés psicológico, mostraron el mismo patrón: la gente con buenas estrategias para enfrentar los problemas o sólido apoyo social, consideraba que tenía buena salud —y la tenían. Los investigadores concluyeron que la forma en que una persona maneja las inevitables tensiones de la vida conforma una gran parte de cómo juzga su salud.
Nuestras propias evaluaciones no sólo pronostican futuras enfermedades; también pueden causarlas. “Es posible que la actitud mental de considerarse una persona saludable lo impulse a uno a ser más activo, cuidar mejor de la salud y tomar más medidas de prevención”, señala Benyamani. Desde la misma perspectiva, enfocarnos en creer que somos poco saludables podría inducirnos a adoptar comportamientos arriesgados, tales como fumar o no preocuparnos por comer bien o no hacer ejercicio.
Recientes investigaciones también sugieren que creer que estamos sanos puede ejercer una influencia positiva en nuestros sistemas endocrino e inmunológico. “Puede haber formas mediante las cuales seguir un comportamiento saludable
puede conducir a una buena salud por vías que no guardan ninguna relación”,
explica Daniel Bailis, profesor adjunto de psicología en la Universidad de Manitoba. “Un comportamiento como hacer ejercicio puede tener implicaciones positivas para
la salud no sólo porque usted estará en mejor condición física, sino también porque estará mejorando su salud (creando un estado de su persona más saludable)
a través de distintas vías”.
Si bien las evaluaciones de nuestra propia salud describen nuestro estado de salud real, independientemente de la cultura, raza, sexo y edad, la gente llega a sus respuestas de maneras diferentes. Un estudio publicado en Medical Care encontró que las personas de menos de 25 años tienden a enfocarse en sus comportamientos saludables, por ejemplo si hacen ejercicio o fuman, mientras que la gente de más
de 25 años piensa más en sus problemas de salud. Esto tiene sentido, dado que
las personas generalmente no tienen que lidiar con graves problemas de salud
sino hasta etapas más avanzadas en la vida. Esto también revela que las personas, intuitivamente, se concentran en las consideraciones de salud más pertinentes
para ellas. Esta es otra posible razón de por qué sus propias evaluaciones son
tan precisas.
Asimismo, hay evidencia de que las evaluaciones de salud de los hombres pronostican la salud ligeramente mejor que las de las mujeres. Las mujeres tienden
a incorporar su estado anímico del momento en sus juicios, y éste varía más rápidamente que la salud.
A fin de mantenerse saludable, use su intuición para guiar su comportamiento. Es mucho más probable que los cambios sean permanentes si la motivación que los acompaña es intrínseca. Digamos que usted desea hacer más ejercicio; pensamientos tales como “el ejercicio es agradable” darán mejor resultado que “mi médico cree que necesito ponerme en forma”.
Por otra parte, no trate de adaptarse a un cambio de actitud prescrito. Haga que el cambio se adapte a usted. Los expertos se apresuran en hacer una advertencia:
todos estos descubrimientos no significan que deba comenzar a ignorar los consejos de su médico. Pero, quizás, corra un riesgo si le cierra la puerta a otra fuente crucial de información: usted. No rechace ese estetoscopio interno.l
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