- Brad Pitt, en los talones de Aquiles
- El Techo de la Ballena
- Cristina Aguilera al desnudo
- Camino al Oscar
 CRONICA
- Los pequeños matones de oficina
- Walter Mercado
- Retazos marroquíes
- La píldora anticonceptiva
- El triunfo de David Bisbal
- Antonia San Juan "No soy una cabra loca"
BELLEZA
- 10 maneras de salvar la piel
FAMILIA
- Hijos y padres
en el ring
SALUD
- Entre paciente
y ginecólogo
MODA
- Libre y natural
BAZAR
- Muy en el fondo
COCINA
- Atún: sano
y económico
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 
 

El silencio de la celda
Max Haines
¿Qué se puede hacer en el caso de los asesinos incurables que están aislados en una celda solitaria por el resto de su vida?

Le llamaban Hannibal el Caníbal, haciendo alusión a Thomas Harris, el médico de ficción que fue inmortalizado en la película El silencio de los inocentes. Su verdadero nombre es Robert Maudsley. Nacido el 26 de junio de 1953, de un padre que disfrutaba maltratando a sus doce hijos, Robert consiguió la discutible distinción de ser el blanco de los maltratos de su padre. Cuando todavía tenía menos de dos años, las autoridades de Liverpool lo alejaron de sus padres y lo dejaron al cuidado de unas monjas católicas en una institución llamada La Casa de Nazaret. Siete años después fue transferido al Departamento Infantil del Consejo de la Ciudad de Liverpool.
En esas ocasiones en las que a los niños se les permite volver a sus casas por breves períodos, el padre de Robert aprovechaba para maltratar mental y físicamente a su hijo no deseado. A los 16 años, Robert ya era un veterano de los tribunales. Se le acusaba de allanamientos de morada con intención de agredir, entre otros delitos.
En marzo de 1974, el chico fue encarcelado en un hospital mental después de una sobredosis de drogas. Tras su liberación, se dirigió a Londres, donde mató a su primera víctima, el homosexual John Farrell. Obviamente el móvil era el robo. Robert se entregó a la policía y fue condenado por homicidio. Fue trasladado al hospital de Broadmoor, una institución para delincuentes dementes.
En septiembre de 1976, Robert y otro paciente amigo, David Francis, mantuvieron cautivo a un tercer paciente durante casi todo un día. Le amenazaron con arrancarle los ojos. Dos meses después, por razones que sólo él conoce, Robert se volvió contra su antiguo amigo, David Francis, torturándole antes de matarlo con un garrote. Por este asesinato, fue declarado culpable y sentenciado a cadena perpetua. Según el juicio, Robert fue considerado incurable pero, lo más importante, fue destinado al sistema penal de justicia, en vez de ser clasificado como enfermo mental. Este asesino incorregible fue encarcelado en la prisión de Wakefield, una de las más duras de Inglaterra.
Nada podía parar a esta máquina asesina. Después de estar en Wakefield sólo cuatro meses, Robert logró hacer dos ataúdes con cartulina. Los forró con mechones de pelo humano. Luego, apuñaló al interno Salney Darwood hasta que éste quedo indefenso. El loco de Robert terminó la tarea, atando a su víctima con una cuerda que había preparado con antelación. Después del asesinato, tranquilamente se lavó las manos para quitarse la sangre y salió a hacer ejercicio. Al volver a su bloque de celdas, Robert aprovechó unos momentos en que no estaba siendo supervisado. Se abalanzó contra el interno William Roberts, apuñalándole repetidamente en la cabeza y el estómago mientras el hombre estaba echado en la cama. Aunque nunca fue verificado por los funcionarios de prisiones, se corrió el rumor de que cuando se le encontró con el cadáver de Roberts, se estaba comiendo parte del cerebro de su víctima. De ahí el apelativo de Hannibal el Caníbal.
Después de que Robert acabara con dos vidas en espacio de unas horas, hubo varios intentos por rehabilitarlo pero todos ellos fallaron. Básicamente se le consideró una amenaza para el resto de los internos, el personal carcelario y para sí mismo. A raíz de ello, fue incomunicado, una situación en la que permaneció durante casi 25 días. Durante esos años, Robert pasaba 23 horas al día en una celda especialmente construida en la cárcel de Wakefield. La hora que pasaba fuera de su celda la dedicaba a ducharse y a pasear en un patio con paredes altas. Su lavabo y su cama estaban atornilladas al suelo. Se le daba papel que usaba para escribir con un cartucho de tinta. Una pluma normal se consideraba demasiado peligrosa.
Robert escribió muchas cartas, sosteniendo que su castigo era inhumano. En 1983, apeló ante la Comisión Europea de Derechos Humanos solicitando que se pusiera fin a su incomunicación, alegando que era un "castigo cruel e inusitado". Su caso fue considerado inadmisible y nunca fue oído.
Robert Maudsley, quien medía aproximadamente dos metros, se sentó en su silla de cartón y escribió en su mesa de cartón a quien quiera que quisiera escucharlo. En 1999, escribió una destacada serie de cartas al London Times, en las que intentaba explicar sus pensamientos más íntimos. Tras sus cartas, el sistema correccional de Inglaterra no pudo ignorar la candente cuestión de qué hacer con las personas en la misma situación que Maudsley.
En la actualidad, hay 26 internos en Inglaterra a los que se les ha advertido oficialmente que nunca saldrán de prisión. Uno de ellos, un tal Iam Brady, que ahora tiene 62 años, ha suplicado a las autoridades en repetidas ocasiones que le otorguen el derecho de morir. Brady, más conocido como "el asesino de los Moors", fue condenado junto a Myra Hindley por tres asesinatos y luego confesó haber cometido otros dos más. Este infanticida lleva 35 años en la cárcel.
En su serie de cartas, Robert Maudsley reveló que en sus casi 25 años de cárcel, nunca recibió ninguna ayuda psiquiátrica. Preguntó si sería muy dañino permitirle tener un cuadro en la pared o dejarle escuchar música clásica.
Este último año, la Cámara inglesa de los Representantes ha debatido el problema de los internos intratables que están en celdas aisladas, y no reciben ningún tratamiento para sus arraigadas enfermedades. La mayoría está de acuerdo en que hombres del tipo de Robert Maudsley no pueden ser rehabilitados y no deberían salir de la cárcel pero podían recibir mejores tratos para evitar su deterioro. Robert, quien tiene un índice de inteligencia extremadamente elevado, argumentó que debido a su falta de contacto con el exterior, sus pensamientos se hicieron totalmente introvertidos. Incluso se le está yendo la voz, por falta de uso.
Extrañamente, la instalación más infame de Inglaterra, el hospital Broadmoor, rara vez recurre al aislamiento para controlar a sus pacientes, la mayoría de los cuales son delincuentes dementes. Se les trata individualmente. Arguyen que permitiendo a los pacientes relacionarse entre sí sobre una base regulada estrictamente, hay muchos menos incidentes violentos.
Esencialmente, a Robert Maudsley se le dejó pudrir en su celda en solitario. Nadie intentó nunca averiguar qué efecto ejercía en él el aislamiento. En sus cartas a The Times, él, como muchos otros prisioneros que han perdido la esperanza, imploraba al sistema que lo mataran y resolvieran así el problema.
En sus propias palabras: "Si alguien tratara a un animal así, le encerrarían".
Sus palabras no cayeron en oídos sordos. Robert Maudsley ha sido trasladado a la prisión de alta seguridad de Full Sutton, cerca de York.

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso