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Recetas para bellas
Coctel de zanahorias
l 4 zanahorias grandes
l 3 manzanas grandes
l 1 limón
l 1 naranja
Se lava todo muy bien y se pelan la naranja y el limón.
Se trocea el conjunto y se licua.
De peras
l 1/2 K de peras
l 1 limón
Se lavan bien las peras y se trocean quitándoles el
corazón y el rabito, pero sin pelarlas. Se pela el
limón, se retiran las pepitas, se trocea y se licua
junto con las peras.
De cítricos
l 5 naranjas
l 5 toronjas
l 1 limón
l 1 cucharada de miel
Se pelan las naranjas, las toronjas y el limón. Se
trocean, se les quitan las pepitas y se licuan. Después
se añade la miel y se revuelve con una cuchara hasta
su completa disolución. Contiene una gran dosis de
vitamina C, sobre todo, si se toma recién preparado.
Sopa fría
de berros y limón
l 1 manojo de berros
l 1 cebolla picada muy
fina
l 2 tazas de caldo de
pollo
l 1 taza de leche descremada
l Ralladura de un limón
l Sal
l Pimienta negra recién
molida
l 1/2 taza de yogur natural
Se lavan los berros y se les quita el exceso de tallos. Se
pican las hojas y se vierten en una cazuela junto con la cebolla,
el caldo, la leche, la ralladura de limón, la sal y
la pimienta al gusto. Se pone la cazuela al fuego y se cuece
lentamente durante media hora. Después, se pasa todo
por la licuadora y se recoge el jugo en un recipiente de cristal.
Antes de servir se añade el yogur.
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10 maneras de salvar la piel
Llega el
momento de calmar la sed de las células, restituyendo el agua perdida
por el paso del tiempo y los excesos
Puede parecer lugar
común, pero no hay nada más cierto: la piel tiene
sed. Las exposiciones al sol y demás agentes externos hacen
que cada célula reclame un enorme vaso de agua -la encargada
de transportar el oxígeno y los nutrientes necesarios-, para
volver a mostrar un aspecto joven y atractivo. Esta "sequía"
se traduce en falta de confort y de elasticidad cutánea que
puede llevar a un envejecimiento prematuro. ¿Quiere presumir
de una piel perfecta? Pues, siga este decálogo reparador.
1 Utilizar
productos hidratantes -los cosméticos más utilizados
y vendidos, según las estadísticas-, ya que crean
una barrera artificial que retiene el agua dentro de la piel. Científicos
y dermatólogos investigan incesantemente acerca de la función
de barrera natural de la hidratación cutánea, para
comprender mejor las causas que la rompen. Recuerde que también
las pieles grasas necesitan un aporte extra de hidratación.
2 Preparar
la piel para recibir los beneficios de los tratamientos posteriores.
Hay que exfoliarla previamente para obtener una mejor y más
profunda penetración de los principios activos. Este paso
deben seguirlo también las pieles secas, en las que las células
muertas provocan un aspecto apagado y gris.
3 No
olvidar el cuello, donde se nota especialmente el paso del
tiempo, ni las zonas más sensibles del rostro, como el contorno
de ojos y los labios, que aun necesitan mayor hidratación
por su piel muy fina. En el cuerpo, se debe insistir en las zonas
más rugosas, como codos, rodillas y talones; o sensibles,
como el escote. La belleza de la piel tiene también mucho
que ver con el bienestar, nuestros hábitos de vida y la alimentación.
Beber agua, al menos un litro y medio al día, es la mejor
recomendación para mantener la piel humectada y libre de
toxinas. También sirven las infusiones, pero no los refrescos,
y mucho menos si tienen azúcar y gas.
5 Evitar
los ambientes artificiales; es decir, aquellos en los que
el aire acondicionado funciona continuamente o que están
muy cargados de humo.
6 Es
muy saludable disfrutar del aire libre y estar en contacto con la
naturaleza. Durante el día es bueno rodearse de plantas,
que al desprender vapor de agua hidratan el aire. Por la noche,
sin embargo, hay que evitarlas, ya que ellas también respiran
y nos roban oxígeno.
7 Limpiar la
piel cada día, aunque no se haya usado maquillaje,
con un producto adecuado a su tipo. Si se utiliza jabón (muy
indicado para pieles grasas o sensibles), este debe ser específico
para el rostro, más suave y sin detergente. Aclarar después
-también en el caso de espumas o geles-, alternando agua
fría y caliente, para abrir los poros y humectar el tejido
epidérmico.
8 Utilizar
una mascarilla hidratante periódicamente. Será
como darle al rostro un gran baño de elementos activos necesarios
para suavizarlo y protegerlo. Las formulaciones cosméticas
son cómodas y rápidas. Las caseras resultan más
engorrosas, pero son también efectivas. Por ejemplo, puede
conseguir una mascarilla casera muy hidratante basada en yogur,
yemas de huevo y puré de manzana.
9 Seguir
una alimentación equilibrada y moderada, rica en vitaminas
y minerales, que ayudan a restaurar el buen estado cutáneo
y a reforzar la rehidratación. Los nutrientes de origen vegetal
como las frutas proporcionan de un 80 a 90% de agua purísima,
y azúcares como glucosa y fructosa, que pasan directamente
a la sangre y se convierten en energía. Además, aportan
fibra, ácidos orgánicos, vitaminas antioxidantes,
minerales, flavonoides y antocianinos (elementos ambos que fluidifican
la sangre evitando la arteriosclerosis), y no contienen colesterol
ni purinas (ácido úrico) ni sustancias tóxicas.
10 Menú
de recuperación: barra libre a los jugos, licuados
y sopas de frutas y verduras, que potencian la elasticidad cutánea.
Para mejorar el estado general de la epidermis, se recomienda un
coctel de aguacate, lechosa, limón y pepino. Lo mejor es
tomar un gran vaso por la mañana en ayunas. Y por la noche,
antes de ir a dormir, otro de manzana y remolacha a partes iguales.
Y para una correcta y necesaria depuración, los expertos
aconsejan separar las frutas en dos grandes grupos que no deben
mezclarse: frutas coloreadas, como fresas, mango, lechosa... de
propiedades antioxidantes y fuentes de vitamina C, betacarotenos,
vitamina E y vitamina B. Incluyen, además, pequeñas
cantidades de calcio, potasio, hierro y magnesio, vitales para la
buena absorción de los activos orgánicos. Protegen
contra el reumatismo, la anemia, los problemas circulatorios y la
tensión alta.
Frutas verdes, como manzana, kiwi, melón, piña, pera,
limón, pomelo... que además de tener propiedades antioxidantes,
son ricas en potasio, calcio, fósforo, cobre, zinc, hierro
y magnesio.
Su acción antiviral y antibacteriana protege contra resfriados
y gripes, y elimina toxinas.
¿En
qué nos benefician las frutas?
Desintoxican, porque no generan
deshechos tóxicos, tienen una acción diurética,
regulan el intestino y evitan el envejecimiento y las enfermedades
cardiovasculares.
Las verduras y las hortalizas también resultan buenas para
tomar crudas, excepto los tubérculos. Aportan enzimas digestivas
tanto sus hojas (lechuga, escarola, endibias, espinacas...), como
sus frutos (tomates, pepinos, pimentones, aguacates), sus tallos
(apio), sus raíces (zanahorias, remolacha roja) o sus bulbos
(cebollas, ajos, hinojo).
Y no se olvide de las vitaminas que nos proporcionan los alimentos.
Le recordamos dónde encontrarlas:
Vitamina E: verduras de hoja verde
como espinacas y acelgas, y en los frutos secos, como almendras
y nueces.
Vitamina C: todos los cÌtricos
(limón, lima, naranja, pomelo...).
Vitamina A: frutas y verduras rojas
(fresas, repollo morado, tomate...).
Licopeno: un antioxidante que se
encuentra en la cebolla y en los tomates.
Polifenoles: en las uvas y en el
vino.
Sopa de tomate
l 25 gramos de mantequilla
l 1 cebolla mediana picada
l 1 diente de ajo grande
l 1/2 K de tomates
l 300 ml de agua o caldo de pollo
l 1/2 limón
l Sal
l Pimienta negra
l 1 ó 2 gotas de edulcorante
líquido
Se
lavan los tomates y se trocean junto con el limón pelado
y sin pepitas. Se licuan los tomates y el limón. Se pone
a fundir la mantequilla en una cazuela al fuego, y se añade
una cebolla y el ajo. Se sofríen tres o cuatro minutos. Se
agrega el caldo y se deja hervir durante 20 minutos. Se incorpora
el jugo del tomate y el limón y se pone a fuego moderado
otros cinco minutos sin dejar que hierva.
Sopa de lechuga
l 2 cucharadas de mantequilla
l 1 cebolla grande picada muy fina
l 1 lechuga
l 1 litro de caldo de pollo
l 1/2 limón
l Sal y pimienta negra
l 4 ó 5 cucharadas de nata
líquida
Se lava la lechuga y se parte en trozos. Se pela el limón
descartando las pepitas y se licua junto con la lechuga. Se calienta
la mantequilla, se añade la cebolla y se fríe teniendo
cuidado de que no se dore. Se añaden los zumos de la lechuga
y del limón y se deja la mezcla al fuego cinco minutos, sin
que hierva, removiendo de vez en cuando. Se retira y se sazona con
la sal y la pimienta. Antes de servir, se incorpora la nata líquida.
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