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Habitación poseída

No había manera de descifrar el misterio que se escondía detrás de los supuestos suicidios del cuarto 14 de un hotel de París. Max Haines

¿Te he mentido alguna vez? Por supuesto que no, y no empezaré a hacerlo ahora. A pesar de que esta historia confunda tu imaginación, los crímenes que estoy por relatar aquí están bien documentados y son absolutamente auténticos.

Incluyen a un extraño caballero chino, quien sobrevivía cometiendo raros y rentables crímenes en Inglaterra y Francia. El caballero en cuestión es Hanoi Shan, nativo de Tonkin, provincia de China.

Cuando estalló el desastre, Shan era el gobernador de la provincia. Era un hombre alto, bien proporcionado y de buen carácter. Mientras cazaba elefantes, fue levantado por una de las bestias y fue lanzado contra un árbol como un muñeco de trapo. Fue llevado de emergencia al hospital más muerto que vivo. Shan sorprendió a los doctores al sobrevivir. Luego de pasar meses en el hospital, fue dado de alta.

Pero Shan ya no era el hombre apuesto que solía ser. Su horrible experiencia le había dejado el cuerpo deformado y maltrecho. Sus piernas eran dos troncos cortos. Sus brazos estaban tan flacos como palos de escoba y colgaban hasta por debajo de sus rodillas. La cara de Shan estaba torcida, una caricatura grotesca de lo que alguna vez había sido un hombre apuesto. El hombre que abandonó el hospital tenía heridas internas también, heridas que ningún doctor podía curar. Su experiencia lo había dejado amargado y resentido. Cuando un levantamiento nativo forzó a que Shan abandonara la provincia, se fue a París, donde dedicó el resto de su vida al crimen. Dado su plan meticuloso y su inteligencia superior, él y su banda pronto habían hecho tantos robos como para financiar sus otras operaciones nefastas. Shan amaba los diamantes. Como resultado, fue al Hotel d'Amsterdam sobre la Rue Lhomond, el cual, en 1906, era conocido por ser frecuentado por negociantes de diamantes de Antwerp y Amsterdam. El pequeño y próspero hotel era propiedad de Madame Celestine, una mujer francesa que era puro negocios.

Un miércoles soleado, un hombre inglés llamado Calvert llegó al Hotel d'Amsterdam. Estaba lleno de diamantes, los cuales mostraba con orgullo a Celestine. Calvert tomó la habitación 14. El viernes siguiente a su llegada, se retiró temprano. El sábado por la mañana, un camarero trató de servirle el desayuno pero no obtuvo respuesta de la habitación. Celestine fue llamada y entró a la habitación con una llave especial. Le echó una mirada a Calvert y gritó: "¡Está muerto!".

Madame tenía una buena razón para realizar tal anuncio. El señor Calvert estaba colgado de un gancho de la pared de cemento. El gancho era normalmente usado para colgar una cortina. La cuerda de la cortina fue usada para que Calvert se sostuviera. La cara del hombre estaba distorsionada por el miedo como si hubiera sido testigo de una visión horrible justo antes de su muerte. Extrañamente, sus rodillas estaba dobladas hacia atrás con sólo la punta de sus dedos tocando el piso. La policía se dio cuenta de que el aparente suicida era un hombre de fuertes convicciones. Podría haber evitado la muerte con sólo estirar sus piernas para que sus pies tocaran el piso. No se encontraron diamantes en la habitación 14. El sábado por la mañana, fue hallado colgado de la misma manera y del mismo gancho que el desafortunado señor Calvert, el señor Valdagne. Tenía la misma cara de horror y sus piernas también estaban dobladas en las rodillas. De igual manera, él podría haber salvado su vida con sólo enderezar sus piernas. Era una extraña coincidencia. ¿O no lo era? La policía se preguntaba si Valdagne había leído los detalles del suicidio previo y decidió copiarlo. Tal vez había contemplado el suicidio y debido al poder de la sugestión había decidido hacerlo de forma similar. Las noticias sobre la copia del suicidio llegaron a todos los periódicos parisienses. El negocio de Mme. Celestine cayó apreciablemente. Para poder acallar los rumores que corrían sobre su establecimiento, se ofreció una recompensa de 100 francos para cualquiera que pasara la noche en la habitación 14.

M. Cassoute, un oficial de policía, aceptó el desafío y pasó la noche en la habitación sin ningún incidente. Su hazaña fue informada ampliamente, pero estaban aquellos escépticos que creían que Cassoute había sobrevivido porque no había estado un día viernes en el nefasto cuarto.

El negocio continuó declinando hasta que el establecimiento de Mme. Celestine estuvo virtualmente desierto. El dueño de la propiedad adjunta, Li Hang Foo, se ofreció a comprar el hotel. Celestine estuvo tentada de vender, pero decidió hacer un último esfuerzo para salvar su negocio. Motivada por la desesperación invitó a Cassoute a que pasara la noche del viernes en la mortal habitación. Cassoute pensó que iban a ser los 100 francos más fáciles de ganar. Accedió rápidamente a pasar otra noche en el cuarto que muchos parisienses ahora pensaban estaba poseído por espíritus diabólicos.

El sábado por la mañana, Cassoute fue hallado en la misma condición y posición que sus predecesores. Los periódicos hicieron un escándalo: una casa poseída en el medio de París. ¿Qué visión horrible habían tenido justo antes de la muerte? ¿Por qué no habían enderezado sus pies para evitar el deceso?

Un joven estudiante de música, Ricardo Garibaldi, obtuvo el permiso de Mme Celestine para investigar el misterio. Ella decidió, con la cooperación de la policía, permitirle a Ricardo que chequeara la habitación 14 desde el lunes. Dos veces al día, cada tarde, recibía una llamada de la policía. Todo estaba bien. El teléfono estaba sobre la mesa al alcance de la mano. Si era molestado, una alarma sonaba en la central de policía.

El viernes por la noche fue diferente. A la mañana siguiente, Ricardo fue hallado colgado del gancho en la misma posición que las otras tres víctimas.

El doctor Alphonse Bertillon, famoso pionero francés en el uso de las huellas digitales como método de identificación, fue llevado al caso. Examinó el cuerpo y la soga de la cortina. Bertillon notó que el moretón en el cuello había sido hecho con una soga mucho más grande que la de la cortina. Creía que las cuatro víctimas habían sido estranguladas. Sus rodillas estaban dobladas hasta que comenzó el rigor mortis. Fue entonces cuando se les puso a las víctimas en el gancho de la cortina.

Bertillon sentía que el asesino estaba teniendo acceso a la habitación y estaba matando a las víctimas antes de simular los suicidios. Creía que la única forma en la que podían entrar en la habitación 14 era a través del edificio de Li Hang Foo, junto al hotel. El y la policía planearon una forma de detener los crímenes.

Un policía disfrazado se haría pasar por vendedor de diamantes y se registraría en el hotel. Tomaría la habitación 14.

A la par, los policías fueron informados de que un suicidio había ocurrido en Londres, Inglaterra. Se creía que un maestro criminal llamado Hanoi Shan estaba detrás de la escena. Los investigadores estaban convencidos de que Shan estaba relacionado con Li Hang Foo. Lo que es más, pensaban que las víctimas habían inhalado una especie de gas que los dejaba inconscientes.

Otro policía encubierto fue puesto en la habitación 14 en secreto. Se quedó debajo de la cama. El otro agente, el falso vendedor de diamantes, usó la habitación como un pasajero regular. Ambos estaban equipados con bolas de algodón tratadas químicamente para ponérselas en las fosas nasales de ser necesario.

El viernes por la noche, el agente encubierto se sentó con su pistola en el bolsillo de la chaqueta. A altas horas de la madrugada, estaba leyendo bajo la luz de una lámpara cuando un desagradable olor llenó la habitación. Se dio cuenta de que el olor provenía de una tubería escondida cerca de un calentador. El y su compañero debajo de la cama comenzaron a sentir un mareo e inmediatamente se colocaron el algodón en la nariz.

Justo entonces, toda la pared de la habitación se movió. Desde atrás de la pared, una fuerte luz brillaba sobre los ojos de los agentes encubiertos. Una horda de hombres, liderados por un monstruo desfigurado se acercó. Respirando a través del algodón, los dos agentes encubiertos pudieron permanecer conscientes.

Sin dudarlo, abrieron fuego. Tres de los supuestos atacantes fueron heridos gravemente. Varios de los otros se escondieron detrás de la pared a través de un túnel que iba al establecimiento de Li Hang Foo. La policía había rodeado ambos edificios. Cinco hombres fueron apresados. Uno, que logró escapar, era el maestro criminal Hanoi Shan.

Todos los asesinos recibieron sentencias en prisión. Eran hombres que trabajaban para la banda de Shan.

Li Hang Foo había cooperado con Shan y su banda con el acuerdo de que podrían comprar el Hotel d'Amsterdam a un precio muy bajo cuando Mme Celestine se viera forzada a vender. Los asesinatos de la habitación 14 habían tenido una motivación económica.

El simular suicidios los viernes por la noche y el continuar matando con un fin monetario era sólo un pretexto para satisfacer los extraños deseos de Hanoi Shan.
Shan nunca fue llevado a prisión por ninguno de sus crímenes. Fue asesinado más tarde en una disputa por dinero por un miembro de su propia organización. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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