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Cuando las mujeres llevan
el pan a casa se genera un
enorme estrés en la relación
de pareja. La dinámica familiar puede deteriorarse debido a problemas de identidad y las expectativas en tornoa cada sexo. Christy Casamassima
Una de cada cuatro mujeres gana más que su esposo en países como Estados Unidos. Este hecho está socavando las relaciones por motivos que las parejas a menudo desdeñan abiertamente. Todo se reduce a expectativas irracionales sobre el ejercicio del poder en la relación.
Aunque las parejas de los programas de TV de los años 50
ya no son los iconos que dictan nuestro ordenamiento de las relaciones íntimas, el concepto que simbolizaban —que es deber del esposo llevar el pan a casa— aún perdura, muy subversivamente, en lo profundo de nuestras mentes. Por lo general este concepto está allí de forma inconsciente, asimilado de una cultura anterior a los primeros pensamientos sobre los papeles de cada sexo; aunque moldea nuestras identidades individuales como hombres y mujeres.
De forma que cuando ella trae el pan a casa, la dinámica familiar puede deteriorarse debido a problemas de identidad y las expectativas en torno a cada sexo con toda la irracionalidad que acompaña esto.
Como mínimo, el esfuerzo para reemplazar el aspecto económico con un nuevo aglutinante para la relación puede necesitar algo que pareciera una negociación interminable. En casos extremos, las parejas pueden terminar sacrificando su relación por actitudes que ambos cónyuges condenen rotundamente.
Tradicionalmente, el dinero traía consigo la autoridad —reconocida por ambos cónyuges— de quien lo tenía para ejercer el poder. En el actual orden cambiante de las cosas, todo lo que simbolizaba el dinero —valor, estatus, poder y el potencial de independencia— se convierte en un tema tabú en el hogar cuando el dinero pasa a manos del otro sexo.
Esto es un asunto que ya no se puede esconder debajo de la alfombra cultural. Siete millones de mujeres estadounidenses ganaron más que sus cónyuges en 1993, un incremento en comparación con cinco millones en 1987. El año pasado, 22,3% de todas las esposas que trabajan percibieron un sueldo mayor que el de sus maridos —un logro que resulta más notable dado que las mujeres, en general, ganan 70 centavos de dólar por cada dólar que gana un hombre.
El sueldo en el escalafón más alto de las mujeres en el mundo corporativo estadounidense se duplicó en los últimos 10 años
hasta alcanzar un promedio de 187.000 dólares, según un estudio de 2003. Sin embargo, sólo 69% de las mujeres más influyentes en las principales organizaciones de EEUU están casadas, frente a 91% de los hombres en posición similar. Sin duda, llegar a la cima requiere un sacrificio de tiempo que, de lo contrario, pudiera usarse para cultivar las relaciones íntimas; lo que no está claro es hasta qué punto la brecha en términos de matrimonio refleja las dificultades en la relación que enfrentan las mujeres que ganan altas sumas justamente debido a sus sueldos.
Entre las que se casan, las mujeres ejecutivas ahora perciben 66% del ingreso de sus hogares. Pero todas las familias dependen cada vez más del sueldo de la mujer para mantener la casa a flote. Debido a los despidos, el alto costo de la vida, los gastos médicos, la disminución de los salarios de los hombres, el deseo de seguir un mejor estilo de vida y otros factores económicos variados, las familias con dos sueldos son una realidad para 59% de las parejas casadas en Estados Unidos.
Las mujeres trabajadoras señalan que su capacidad de llevar un sueldo a casa incrementa la sensación de poder, mejora la autoestima y les brinda un sentimiento de realización e independencia. Sin embargo, sienten que la sociedad en conjunto aún debe aceptar como positivo el poder salarial de la mujer.

Sociedad y estereotipos
“Hay un estereotipo cultural según el cual una mujer poderosa es menos femenina, deseable y atractiva que otra que no lo sea”, indica Cloe Madanes, terapeuta matrimonial y autora de The Secret Meaning of Money: How It Binds Together Families in Love, Envy, Compassion or Anger (El significado secreto del dinero: cómo une a las familias en el amor, la envidia, la compasión y la ira). “Mientras que un hombre exitoso es elogiado por sus logros, una mujer exitosa teme perder el amor de su esposo, de sus hijos y de sus padres si luce demasiado fuerte financieramente. Que Dios la libre de ganar más que su esposo —o peor aún, su padre”.
“La norma social aún dicta que algo está mal en un hombre si una mujer gana más”, dice la doctora en psicología Dorothy Cantor, coautora de Women and Power: The Secrets of Leadership (Mujeres y poder: los secretos del liderazgo). “Pero a medida que más parejas perciben un salario similar, la brecha comenzará a reducirse y tales nociones empezarán a desaparecer”.
Masculinidad mutilada
Parte de los problemas radica en el hombre. Las mujeres trabajadoras han reformulado la definición de feminidad, señala Ronald Levant, doctor en educación y terapeuta matrimonial y familiar residenciado en Belmont, Massachusetts, quien también es profesor de la Escuela de Medicina de Harvard. Pero “los hombres han respondido más lentamente al cambio en los papeles de la mujer, en parte debido a que éste desafía las nociones de privilegio y atribuciones del hombre. Los hombres no están listos para ceder su ventaja en términos de ingresos y poder social”. La idea de que las mujeres tengan la ventaja de cualquier manera, agrega, amenaza la identidad masculina tradicional.
“Se siente menos hombre, incluso a pesar de que preferiría no sentirse así”, indica Barry Dym, Ph.D., psicólogo familiar asentado en Cambridge, Massachusetts, al explicar la confusión en torno a los papeles culturales. “Ello viola la imagen que tenemos de nosotros mismos como proveedores”.
La medida tradicional del éxito de un hombre —el modelo que aún prevalece— es lo que logra en el mundo, lo cual, cuando se reduce a un denominador común, equivale a cuánto gana. “El dinero tiene una alta carga en la cultura estadounidense”, dice Dym. “Es nuestro único parámetro de estatus. La gente está más dispuesta a hablarme sobre su vida sexual que sobre sus ingresos”.
Cuando ella gana más, él se siente poco importante. Y a menudo se siente ansioso, toda vez que percibe que el propio matrimonio está amenazado, como si la vieja premisa de la relación ya no se aplicara porque ella no necesita la protección de su sueldo. Ahora el hombre debe inventarse para sí una nueva plataforma sobre la cual basar la relación.
Un hombre tiene que ser muy maduro para sentirse cómodo con una esposa que gane más que él, señala Lori Gordon, Ph.D., terapeuta matrimonial y familiar de Falls Church, Virginia.
Lo más típico es que el hombre comience a compararse con la mujer, lo cual conlleva una tendencia a “querer disminuir al otro.
El ve a su compañera como ‘al oponente’”.
¿Y el sexo?
Los expertos matrimoniales observan una vinculación casual, bajo ciertas condiciones, entre el ingreso de una mujer y el desempeño sexual de una pareja. Si un esposo se siente seguro consigo mismo, los logros de su mujer no harán más que aportar a una relación satisfactoria tanto en la cama como fuera de ella. Pero si alguno de los miembros de la pareja usa el dinero como una herramienta de poder, la relación puede esperar problemas.
“Un hombre puede sentirse castrado si no ejerce el papel tradicional de proveedor”, dice Madanes. “Igualmente, una mujer pudiera no sentirse tan atraída hacia su pareja si él no es tan exitoso como ella”.
Algunos hombres probablemente experimentarán problemas, agrega Levant, porque “ellos están limitados en sus respuestas emocionales a la ira y la lujuria. No saben cómo expresarse cuando se sienten confundidos y desmoralizados por el cambio en los papeles” de cada sexo.
El psicólogo de Massachusetts señala: “He observado en mi consulta un incremento en el número de hombres que se quejan de impotencia y pérdida de deseo sexual porque ya no saben cómo comportarse”.
Entonces ¿qué debe hacer una pareja cuando “más dinero” comienza a traducirse en “menos amor”? La recomendación más importante, concluyen los expertos, es tomar prestado un truco de los terapeutas. “En la terapia reconstruimos el valor de una persona”, enfatiza Madanes. “Nuestra tarea es ayudar a los miembros de la pareja a ver el valor del otro como persona, no a medirlo por lo que gana”. l
Phychology today/traducción: José Peralta
Foto:www.ideasstock.com/corbis/ lwa-stephen
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