De niña
a mujer
La primera consulta con el ginecólogo
es el inicio de una etapa en la que las adolescentes comienzan a sentirse
mujeres. Este primer contacto puede,
sin embargo, causar temor, dudas
y muchas expectativas.
Veamos aquí cómo abordarlo.
Irene Carrasquero
No es fácil para una niña enfrentar
la llegada de la primera menstruación,
tan esperada como temida, con los altibajos hormonales que ésta trae. Una duda muy frecuente en las madres de estas pre adolescentes es si es necesario que sean
vistas por un ginecólogo y cuál es el momento
más apropiado.
Foto: www.latinstock.com.ve
La doctora Doris Szilárd de Mejía, especialista en ginecología, recibe a muchas jóvenes en su consultorio: algunas dudosas, otras asustadas, todas con expectativas,
que vienen con amigas o con sus mamás. Esta experiencia le permite compartir
con madres e hijas sus recomendaciones.
El momento indicado
“Mi sugerencia, sin ser una indicación, es que la joven vaya al ginecólogo cuando tenga su primera menstruación. La mayoría de las veces, llega la regla y a las muchachas les cuesta comprender y asimilar los cambios que ocurren en sus cuerpos. Y sucede que las madres no saben o no encuentran el momento de explicárselos”.
Es entonces cuando el pediatra deja de ser apropiado para manejar la situación,
pues ya no se trata de una niña, y viene entonces la pregunta de a quién acudir.
Y la respuesta lógica es el ginecólogo. Un especialista en esta materia puede enseñarle a esta joven a entender cómo es su cuerpo, cómo deben ser sus ciclos menstruales, qué es lo normal, cómo reconocer un flujo anormal, cuál es la higiene adecuada del área genital y ciertas medidas preventivas de la vida cotidiana. Igualmente, puede enseñarle cuál es la mejor manera de palparse las mamas.
“Todo esto, independientemente de la edad exacta en la que la muchacha se desarrolle”. A partir de este momento es recomendable que la joven acuda una vez al año al ginecólogo para llevar un control preventivo, a menos que haya una condición especial que amerite una consulta.
La primera vez
Durante este primer encuentro se hace un chequeo general que abarca un poco más allá de la rutina ginecológica y que se desarrolla, con algunos cambios dependiendo del especialista, de la siguiente manera:
Primero: Un interrogatorio general, donde se toman en cuenta la historia familiar, descartando enfermedades como hipertensión, diabetes, etcétera, así como antecedentes quirúrgicos y, obviamente, la situación ginecológica; es decir, cómo es la menstruación, su periodicidad y flujo y si hay algo anormal que la paciente deba reportar.
Segundo: Comienza el examen físico con un chequeo general, como el que haría
un médico internista, que incluye una revisión de todo el cuerpo.
Tercero: Luego se pasa al examen ginecológico, que es el más temido por las muchachas. Este chequeo incluye genitales internos y externos. Además, se le enseña a la paciente cómo palparse sus mamas, de manera que se vaya acostumbrando y lo haga parte de su rutina. Si existe un flujo anormal, se toma una muestra para una citología con un hisopo o un espéculo muy pequeño, lo cual no molesta demasiado ni tiene riesgos para el himen cuando la joven es virgen.
Cuarto: Si hay alguna situación que lo amerite, puede indicarse un eco pélvico o mamario.
Todo esto se complementa con exámenes de laboratorio rutinarios cuando se requieren.
El especialista: ¿hombre o mujer?
“Durante la adolescencia, las jóvenes se sienten más cómodas con una médico mujer, pues a esta edad el pudor está en su máxima expresión y a veces no quieren ser vistas por nadie”.
Lo más importante en este sentido es que la paciente se sienta cómoda con el médico y tenga la confianza de hablarle y dejarse examinar.
“En muchos casos las jóvenes recurren a mí para contarme sus cosas personales; ésta es una confianza que debe existir y que no se puede perder”.
Pareciera que esta empatía y complicidad es difícil de lograr con un hombre,
pues una muchacha a esta edad puede ser desconfiada, además de que muy probablemente piensa que alguien del otro sexo no va a ser capaz de entender
los cambios por los que ella está pasando.
Conflicto generacional
Una duda bastante común es si la joven debe acudir a la consulta acompañada
de su mamá. “Mi recomendación particular es que venga con su madre, pues nadie entiende mejor a su hija que ella, pero todo depende de la relación entre ambas”.
Asistir juntas al ginecólogo desde que la muchacha se desarrolla puede ayudar a romper el tabú del tema sexual y abrir una puerta para que de ahí en adelante sea más fácil conversar al respecto.
“Lo importante es que nada sea obligado ni forzado,
pues entonces esa joven se va a asustar y puede
pensar que su mamá quiere controlarle la vida”.
Lo cierto es que las niñas necesitan hablar de los
cambios que están viviendo, pero muchas veces
no saben cómo, por lo que hay que ir poco a poco
y no forzar la situación. Que su mamá les recomiende
un especialista y las acompañe a la primera consulta
puede ser una buena manera de tenderles la mano
y abrir un canal de comunicación.
“Una vez en la consulta, lo ideal es que la mamá
esté durante el interrogatorio, pues es de gran
ayuda cuando se trata de los antecedentes
familiares de la paciente, y que espere afuera durante el examen físico, de modo que la joven
se sienta libre de preguntar lo que quiera”.
Sin embargo, la realidad es otra. Especialmente cuando son adolescentes y ya han iniciado su vida sexual, normalmente acuden a consulta sin su mamá. “Es frecuente que vengan con una amiga cuando ya tienen una patología que debe ser tratada”.
Prevenir para no lamentar
Un tema que preocupa hoy en día es la iniciación sexual temprana y descontrolada. En Venezuela, la vida sexual de las mujeres comienza —en promedio— entre los 17
y los 18 años. “Sin embargo, he tenido casos, especialmente entre pacientes
de bajos recursos económicos, en los que ha habido actividad sexual desde
los 14 años”.
La doctora Szilárd, también mamá y mujer, hace especial énfasis en el aspecto moral que está detrás de esta realidad. “Es fundamental que las muchachas de hoy en día retrasen el inicio de su vida sexual y no tomen esta decisión a la ligera, sino cuando hayan profundizado una relación, tengan una pareja estable y ambos se quieran, se conozcan, se valoren y crean realmente que pueden lograr una vida de pareja y familiar estable”.
Lo ideal, una vez que las jóvenes toman esta decisión con conciencia y están preparadas para iniciar un vida sexual, es que acudan previamente a un ginecólogo para chequear si todo está bien.
“El problema que estamos enfrentando es que las jóvenes de hoy, de 14 ó 15 años, son físicamente unas mujeres, pero mentalmente son todavía unas niñas que
no están preparadas para el cambio que significa tener relaciones sexuales
ni están conscientes del gran riesgo que ello implica”.
Lo que es todavía peor, el mayor temor de una joven que mantiene una vida sexual activa es la posibilidad de un embarazo, cuando hay riesgos de salud mucho más graves y comprometedores para la vida, como son el herpes, el VPH, el sida, la sífilis
y la gonorrea, todas enfermedades de transmisión sexual que las adolescentes suelen desestimar. “Es preocupante que muchas jóvenes no entiendan que cuando tienen relaciones sexuales con un muchacho las tienen con su pasado y acuden al consultorio ya cuando tienen una infección o una enfermedad importante”.
Este riesgo, así como el de un embarazo no esperado, puede quizás prevenirse si una muchacha se acostumbra a acudir al ginecólogo desde el momento en que aparece la primera menstruación, lo cual la hará sentirse confiada a la hora de consultar cuando decida iniciar su vida sexual.
“El ginecólogo va a orientar a esta joven, mucho mejor que una amiga, sobre el funcionamiento de su ciclo menstrual, cómo y de qué tiene que cuidarse, además de recomendarle qué debe saber sobre su pareja”. •
| Hablan los números |
• En Latinoamérica se producen unos seis millones de abortos al año. Cerca de 10 por ciento de esa cifra corresponde a adolescentes
• De cada 10 jovencitas nueve conocen algún método anticonceptivo, pero sólo una lo utiliza adecuadamente
Cifras publicadas por el Instituto Alan Guttmacher, organización estadounidense especializada en investigación sobre salud sexual y reproductiva.
• En Venezuela, 50 por ciento de los embarazos no son deseados y una cuarta parte de éstos termina en aborto
• Aproximadamente 20 por ciento de los nacimientos proviene de madres adolescentes
• Dos de cada diez mujeres menores de 20 años han sido madres
Cifras de un estudio publicado por la Organización de las Naciones Unidas en el año 2003.
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| Intimidades |
Las relaciones sexuales
Deben tenerse a conciencia, con una pareja estable, con los cuidados apropiados y la garantía de que no hay posibilidad de contagio. Luego de cada relación debe vaciarse la vejiga, pues la orina acumulada es un medio de cultivo ideal para cualquier bacteria preveniente del pene del hombre.
En los baños públicos
No es suficiente con no sentarse en la poceta. Debe colocarse papel higiénico en el agua para que no salpique y no bajar la palanca con la mano, sino utilizando un poco de papel.
Después de ir al baño
La manera de limpiarse debe ser de adelante hacia atrás, nunca al revés, pues las bacterias del ano se transfieren fácilmente
a la vagina.
Al bañarse
Es ideal utilizar un jabón distinto para la zona genital, preferiblemente líquido, pues el de pasta es más propenso a acumular bacterias.
El tampón
Aunque es una buena alternativa, no es recomendable para jóvenes que todavía son vírgenes. En todo caso, debe utilizarse con precaución, cambiándolo constantemente (cada cuatro horas) con el fin de evitar infecciones, que a veces pueden afectar las trompas y el útero.
Los protectores diarios
Son recomendados, siempre que sean sin perfume y cambiándolos con frecuencia durante el día.
La ropa
Deben evitarse prendas interiores de nylon y pantalones muy ajustados, utilizando preferiblemente ropa de algodón.
El hilo dental
No es recomendable, pues genera infecciones importantes. El orificio vaginal está muy cerca del orificio anal y el hilo es un puente de comunicación que facilita la entrada de bacterias del ano hacia la vagina. Los trajes de baño. No deben compartirse, como tampoco la ropa interior ni las toallas, pues estas prendas son un vehículo perfecto para la transmisión de infecciones.
El vello púbico
Es una protección natural para la zona genital, pero cuando es muy abundante ésta se mantiene muy húmeda y hay tendencia a infecciones. Por eso, debe mantenerse corto. Incluso la depilación total no está contraindicada.
Las duchas vaginales
En general están contraindicadas, pues lavan la flora vaginal normal. Sólo se indican cuando hay infecciones, pero es importante que vengan recomendadas por el médico.
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Señas
• Dra. Doris Szilárd de Mejía. Ginecólogo. Centro Médico de Caracas, anexo A,
piso 3, consultorio 377
Telfs.: 552.0424 / 555.9377
Otras fuentes consultadas
www.celsam.org |
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