 |
| foto: wwwshutterstock.com / ostill |
¡Que alguien
ME AYUDE!
Los vaivenes hormonales, el estrés y los malos hábitos como
el sedentarismo hacen del dolor de cabeza una dolencia típicamente femenina.
Eso sí, puedes hacer mucho para prevenirla
Cerca de 90% de los adultos sabe bien lo que es un dolor de cabeza, pues lo ha padecido al menos una vez en el último año. Los más habituales son las cefaleas de tensión y las migrañas. Las primeras son esos dolores de cabeza comunes que están causados por la tensión de los músculos del cuello, los hombros o la cabeza. Su origen está en hábitos cotidianos poco saludables, como la falta de ejercicio, las malas posturas, el exceso de estrés y la ansiedad. No suelen ser graves, pero en algunos casos se vuelven crónicos y empeoran con el cansancio, el sobreesfuerzo físico y mental o el insomnio.
La buena noticia es que estas tensiones mejoran cuando llevamos una vida saludable y mantenemos el equilibrio emocional. Así lo confirma una investigación realizada en el Cephalea Headache Centre (Suecia), según la cual las personas sedentarias tienen más riesgo de sufrir dolores de cabeza frecuentes. Por el contrario, al hacer ejercicio con regularidad eliminamos tensiones físicas y mentales y mantenemos los músculos tonificados, de modo que las lesiones de disco o las contracturas musculares ocurren con menos frecuencia.
En otras ocasiones, la tensión está causada por una disfunción involuntaria de la articulación temporomandibular, que consiste en apretar la mandíbula o rechinar los dientes (bruxismo) durante el sueño, lo que causa dolor y tensión en el cuello y la cabeza, además del desgaste de las piezas dentales. ¿Su origen? Una mala oclusión, pero también la acumulación de estrés emocional. "La mandíbula es una articulación muy compleja, situada muy cerca de una parte del cerebro donde almacenamos las emociones. Tanto es así, que la mandíbula 'habla' por sí misma. La rabia contenida, la falta de relajación de los músculos faciales o el estrés pueden crear mucho dolor", comenta Miguel Ángel Recatero, dentista español especializado en ortodoncia y en estomatología holística.
LA TEMIDA MIGRAÑA
Pero si hay un tipo de dolor que "trae de cabeza" al género femenino es la migraña o jaqueca. Según un estudio epidemiológico realizado entre la población española y denominado PALM (Plan de Acción en la Lucha contra la Migraña), esta dolencia afecta a 18% de las mujeres, especialmente durante la segunda y la tercera décadas de la vida. En algunos casos, el dolor es tan fuerte que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que puede llegar a ser igual de incapacitante que una tetraplejia o una ceguera.
Se trata de una intensa e inconfundible sensación que comienza en un lado de la cabeza y se extiende después al resto, muchas veces acompañada de palpitaciones. Las molestias van aumentando progresivamente, hasta que el ruido, la luz y los olores se vuelven un tormento y moverse resulta insoportable. Hay jaquecas sin aura (80% de los casos), que pueden durar entre cuatro y 72 horas, y con aura. Éste es un fenómeno que avisa de que la jaqueca está a punto de aparecer: consiste en ver manchas negras o puntos luminosos, o en la aparición de una zona de pérdida visual. El aura puede empezar a notarse entre dos días y varias horas antes de que comience el dolor. Estas molestias duran entre ocho y 12 horas.
Cambios hormonales
La migraña se considera una enfermedad crónica cuyo origen se desconoce y es mucho más frecuente entre los adolescentes y las mujeres. La razón está en los continuos cambios hormonales que se suceden a lo largo de la vida femenina: menstruación (las cefaleas son muy habituales durante los días previos a la regla), embarazo, lactancia, ovulación, toma de anticonceptivos y menopausia.
Sin embargo, también se relaciona con el estrés, la falta de descanso, el consumo de ciertos alimentos o los cambios atmosféricos, y es frecuente heredarla.
 |
| El dolor es tan fuerte que la OMS considera que puede ser IGUAL de incapacitante que una tetraplejia |
Puede prevenirse
Se trata de una dolencia que no tiene cura pero "puede y debe prevenirse", según explica Jesús Porta-Etessam, neurólogo de la Unidad de Cefaleas del Hospital Universitario Clínico San Carlos, en España. "Con el tratamiento no sólo mejoramos considerablemente la vida de la paciente, sino que evitamos complicaciones como la cronificación o el abuso de analgésicos". Para ello, el experto aboga por un tratamiento individualizado que contemple tres aspectos: "El tratamiento de las crisis con el medicamento más adecuado, el tratamiento preventivo idóneo para cada paciente y el seguimiento que permite evitar los factores desencadenantes, que varían en cada persona".
Conocer bien estos últimos es importante para minimizar los ataques, ya que las migrañas se desencadenan debido a una combinación de factores de riesgo. Estos incluyen estímulos externos (como el frío, el clima seco, el ruido intenso o los cambios bruscos de presión ambiental), causas fisiológicas (alteraciones del sueño, cambios hormonales, comidas irregulares, sobreesfuerzo físico o exceso de tabaco) y factores psicológicos (preocupación, ansiedad, estrés o depresión).
No a la automedicación
Quienes padecen migrañas frecuentes saben bien lo que es pasar mucho tiempo en una habitación oscura y silenciosa, bebiendo agua para no deshidratarse y con un paño húmedo sobre la cabeza. Sin embargo, "debe consultarse al médico desde los primeros síntomas, en la adolescencia. Es necesario llevar un control durante toda la vida, puesto que la evolución crónica de la enfermedad implica la necesidad de regular la medicación y sus dosis periódicamente", afirma la doctora Teófila Vicente, autora del libro La migraña. Guía, con cabeza, de la cabeza (Carena Editores) y colaboradora de la Fundación Migraña.
Hábitos saludables
Igual que ocurre con las cefaleas de tensión, adoptar unos hábitos de vida más saludables reduce la frecuencia y la intensidad de las migrañas. Un estudio realizado por el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades en Atlanta (Estados Unidos) afirma que el sobrepeso y la obesidad aumentan las posibilidades de padecer dolores de cabeza severos y migrañas. En especial, si se suman a otros factores que incrementan el riego de cefaleas: el género (ser mujer), el tabaquismo, el abuso del alcohol, la inactividad física, la diabetes y los niveles del colesterol elevados.
Cinco pasos para prevenir
Los analgésicos (aspirina,
paracetamol e ibuprofeno) y los relajantes musculares no sedantes alivian las cefaleas ocasionales que no requieren tratamiento médico. Pero lo ideal es realizar cambios en
el estilo de vida para evitar
que aparezca el problema. Tanto si sufres migrañas como si quieres evitar dolores de
cabeza comunes, adopta estos saludables hábitos:
• Vigila lo que comes. Ciertos alimentos pueden desencadenar un dolor de cabeza: alcohol (especialmente vino tinto), frutos secos, ahumados, cafeína, queso, embutidos grasos (salami, salchichas), mariscos y chocolate. Bebe abundante agua y no dejes pasar muchas horas sin comer.
• Lleva un diario. Si no sabes bien a qué se deben tus cefaleas, averígualo escribiendo un diario. Apunta la fecha y hora del dolor, lo que comiste en las 24 horas anteriores, cómo se alivió éste y cuánto duró, y cómo te sentías ese día (estresada, ansiosa, con exceso de trabajo, si estabas en un clima seco...).
• Buenas posturas. En la oficina, el respaldo y la altura de la silla deben estar bien ajustados. Para mantener la espalda recta en la silla, coloca un pequeño cojín en las lumbares. Otra idea: pon un atril junto a la pantalla (que siempre debe estar de frente) para no torcer el cuello.
| Adoptar hábitos de vida más saludables REDUCE la frecuencia y la intensidad de las migrañas |
• Relajación. Practicar la relajación a diario combate la sobrecarga muscular. Y además sirve para tomar conciencia de qué partes solemos tensar más, para poder relajarlas a nuestro antojo. Reposa en un lugar silencioso y a oscuras, con los ojos cerrados, y repasa cada parte de tu cuerpo a medida que la relajas: pies, piernas, vientre, pecho, espalda, hombros, brazos, manos, rostro y cabeza.
• Haz ejercicio. Procura pasar tiempo al aire libre, ya sea caminando o montando en bicicleta por un lugar relajante. También te beneficiará la práctica del tai chi, el chikung o el hatha yoga. La combinación de posturas, ejercicios de respiración, relajación y meditación aleja el estrés, estira los músculos y llena el organismo de oxígeno y energía.
| TERAPIAS COMPLEMENTARIAS |
Las terapias alternativas son un eficaz complemento a los medicamentos. Trabajan para sanar la raíz de la enfermedad y no el síntoma, y carecen de efectos secundarios. Eso sí, es necesario seguir un tratamiento completo.
Acupuntura: Según la medicina china, el estrés bloquea el flujo energético, causando dolor y desequilibrio. Se estimulan determinados puntos de los meridianos mediante finas agujas que proporcionan un bienestar progresivo.
Reiki: Es una terapia ancestral que consiste en transmitirle energía a nuestro cuerpo a través de las manos, que se colocan en los puntos energéticos del cuerpo. Aumenta la producción de serotonina y endorfinas, reduciendo el dolor.
Fitoterapia: Un médico naturópata puede recomendarte hierbas que calman el dolor.
Ostepatía: Trata el dolor a través de presiones, movimientos, posturas o estiramientos en la columna, articulaciones...
Homeopatía: Considera que
la misma sustancia que provoca la enfermedad puede, en dosis muy pequeñas, estimular los mecanismos de defensa. |
| "LA ACUPUNTURA CAMBIO MI VIDA" |
 |
| foto wwwshutterstock.com / yuri arcus |
"Ya hace casi cuatro años que convivo con las migrañas. Todos los días, alrededor de la misma hora, sentía una presión muy fuerte que se detenía detrás de mi ojo izquierdo. Después de un mes sintiéndome así, decidí ir al médico, que me dijo que sufría migrañas. A partir de ahí se sucedieron varios años en los que no paré de tomar pastillas. El neurólogo llegó a recetarme 12 al día. Cada tres meses tenían que cambiármelas porque dejaban de hacerme efecto y los dolores en épocas de estrés apenas mejoraban. Tras varios ingresos en urgencias, decidí buscar otras alternativas y opté por la acupuntura. Había oído hablar de este método terapéutico-oriental y, aunque de primeras no me inspiraba mucha credibilidad, no tenía nada que perder. Empecé a notar los resultados a los quince días. Ya hace un año que voy una vez a la semana (¡ahora tomo una pastilla al día!) y esta terapia ha cambiado considerablemente mi forma de vida".
-Lucía,
aeromoza |
© PRISACOM, S.A./HACHETTE FILIPACCHI. derechos de el universal
|