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fotos: COrtesÍa Andriana Hoyos Tiendas

La eternidad de un CLÁSICO

En materia de decoración, no hay tendencias que superen la fortaleza de un clásico. En el contexto de la apertura de su tienda en Caracas, la diseñadora Adriana Hoyos da claves para elegir un mueble
Por Néstor Luis Llabanero

ADRIANA HOYOS, diseñadora latinoamericana de muebles, fundamenta su trabajo sobre una base clásica, a partir de la cual, explica, va incorporándole elementos contemporáneos para generar un concepto que algunos clasifican de ecléctico. "Así es el hombre hoy, no es rígido sino globalizado, por eso yo no puedo encerrarme en una sola idea y entonces prefiero llamarme clásica contemporánea".

La diseñadora, nacida en Colombia, abrió su primera tienda en Caracas

Nacida en Colombia, formada en Estados Unidos y residenciada en Ecuador, debutó recientemente en el mercado caraqueño, donde abrió una tienda ubicada en Las Mercedes. "Los clientes más frecuentes en las tiendas que teníamos en Estados Unidos eran venezolanos y eso determinó la apertura".

El poco tiempo que Adriana Hoyos estuvo en el país le impidió formarse una idea en cuanto al nivel de la decoración en Venezuela. Sin embargo, sostiene que, desde sus tiendas norteamericanas, ha tenido oportunidad de conocer el gusto del cliente nacional: "Es una persona que puede adoptar fácilmente mi estilo". Cualidades como "calidez" y "alegría" hacen del venezolano un ciudadano "vibrante", dice. Lo que a su juicio no es "ni folklore ni costumbrismo sino la forma como son muchos latinoamericanos".

HAY UN MOMENTO LATINO EN EL MUNDO
Y ESO HAY QUE APROVECHARLO PARA TRASCENDER NUESTRAS FRONTERAS

En sintonía con la crisis global, ¿hasta qué punto un mueble sería una inversión?
"Yo creo que uno debe tener algunos artículos o muebles perdurables. Yo cuando diseño mis muebles lo hago en un estilo que sea atemporal, porque, haya crisis o no, es recomendable comprar algo que no se devalúe en años por lo que decrete la moda. Además, pienso que en las crisis también se generan oportunidades".

Son piezas concebidas en tonos suaves
que intentan traducir a su creadora


¿Puede respetarse las tendencias sin convertirse en víctima de ellas?
"A veces es difícil alcanzar las tendencias, y si no las asumes, la gente dice que uno va quedando fuera. Yo, sencillamente, las observo y las estudio. Producto de mis viajes, recibo en mi casa hasta treinta revistas por suscripción. Hay algunos idiomas que no entiendo, pero todo lo que veo se graba en mi disco duro. Así que las conozco, las acepto y las asimilo sin ser fanática, por eso las aplico a mi favor. Y lo interesante es que al ser observadora y no seguidora propongo la atemporalidad".

Se supone que la tendencia
marca la pauta…

"Pero a mí no me enloquece si algo está de moda, o si alguien viene y me dice que debo decorar en estilo pop, o apegarme a los cincuenta o a los sesenta. Hay quien sí enloquece. Yo no, tal vez sea por mi esencia clásica. Creo que uno debe ser moderno, entender la actualidad, pero con sobriedad. A mí me gusta la sobriedad, la elegancia y el confort y hago que eso prevalezca en mis colecciones".

¿Puede hablarse de un mueble que refleje el concepto de postmodernidad?
"Yo creo en el concepto de la universalidad del gusto. Como ves, yo no me la juego. A veces camino al borde, pero yo soy una persona conservadora. Trato de hacer cosas que sean de un gusto universal. Todas mis piezas son modernas y contemporáneas, pero no dejan de ser clásicas".

El comedor de ocho puestos es un best-seller
entre el público latino


Con esos principios, ¿cómo aborda la necesidad de un matrimonio joven?
"Para mí lo clásico no necesariamente deja de ser contemporáneo. Mi mejor público es la gente joven. Puede ser que a veces no estemos en su rango, pero tratamos de llegar a ellos, conociéndolos e interpretándolos. Mi propuesta puede ser neutral, pero las personas pueden imprimirle su propio estilo, personalizarlo, elegir materiales o telas de sus preferencias que reflejen la afición que tengan por los colores".

¿El acto creativo no reclama un toque de locura?
"Los toques de locura yo los llamo desproporción proporcionada. Por ejemplo, ahí tienes una silla con un espaldar mucho más alto que lo convencional. Eso no podría funcionar en un comedor, pero en un contexto de un lobby de un hotel, esa silla gana protagonismo. Yo puedo hacer piezas caprichosas para ciertos usos".

¿Cuál es su primer acercamiento para crear?
"Mi primer acercamiento hacia un mueble es la comodidad, luego que sea escultural, además de la durabilidad, la flexibilidad y la adaptabilidad. No excluyo el valor agregado a través de texturas o de la misma madera".

Las texturas añaden dimensión

¿Le inquieta la extrema necesidad contemplativa que a veces un artista tiene cuando crea una pieza?
"Yo les digo a mis clientes que mis muebles son para usar, para que los chicos puedan subir sus pies, y por eso ubico textiles que ofrezcan eso a la vida moderna. Ya no se usa la sala formal para recibir al ministro. Todos los ambientes de la casa deben usarse y deben ser familiares, cálidos y acogedores. Odio las salas templadas, donde no puedan tocarse las cosas. Hay espacios que rechazan, pero mis muebles abrazan".

¿En qué basarse para elegir el color?
"El color se elige según la comodidad de la persona. Por ejemplo, yo fracaso pintando una pared azul, por más que luche por convencerme de que es un tono que me guste. Ahora, cuando me toca diseñar para otro, coloco los colores de acuerdo con el gusto de la persona que me hace la solicitud. Hay gente que puede vivir entre amarillos o rojos, a mí no me traen tranquilidad porque soy una persona de colores tierra. Hay diseñadores que son determinantes y dicen que sólo trabajan con los rosados, y eso puede ser así para ellos en lo personal, pero no para un cliente, que es quien va a vivir en ese espacio".

MI MADERA ES DEFINIDA, FUERTE Y DE POROS ABIERTOS COMO SOMOS LOS LATINOS

¿Por qué concibe los muebles sólo en madera?
"Me parece que es el material más noble. Lo ofrece la naturaleza, es vivo y cálido. Aunque estoy empezando a experimentar con el metal, y encuentro que es maravilloso por su flexibilidad. Claro, la madera es perdurable".

Las telas se adecuan al gusto de los clientes

En cuanto al estampado, ¿qué aconseja?
"Me gustan lisos con texturas, porque además de neutrales añaden dimensión al mueble".

¿Cómo aprender a mirar
y a reconocer?

"Para mí es importante asistir a ferias. Yo viajo anualmente. Visito tres mundos: Europa, América y Asia, y esas sinfonías de texturas están aquí, en los muebles que traje a Caracas".

 

SIN SOBRESALTOS CROMÁTICOS
Buscar calidez en los ambientes
es fundamental

"Mis muebles transmiten la identidad y el temperamento latinoamericanos", opina Adriana Hoyos sobre su trabajo. No hay, sin embargo, sobresaltos cromáticos ni estampados que rompan los tonos tierra con los que ella ha interpretado el Caribe. La creadora apuesta a un aire universal desde suelo latino. Por eso, sus colecciones se denominan Café, Caramelo, Coco y, la más reciente, Chocolate. Un trabajo que combina tecnología y artesanía. "Esa mezcla la valoro y la exploto", explica. "Hay colecciones que son armadas con mosaicos de materias exóticas, como el mosaico de coco, pero lo complemento con la parte industrial en el tratamiento de la madera. Es un nicho que he logrado con la mano de obra altamente calificada de nuestros países. Los europeos todo lo hacen con máquina, nosotros incluimos el ingenio de los artesanos". La muestra exhibida en Caracas está centrada en Chocolate. Daniel Valero, representante de la firma en Venezuela, ubica el juego de comedor de ocho puestos con cuero blanco como "un best seller". En la tienda, ubicada en la calle París de Las Mercedes, hay una galería de 28 tipos de telas adquiridas en Europa, y seis tipos de cuero. Se admite hechura en la tela o en el cuero que se elija. Toda la madera es ecuatoriana.


nllabanero@eluniversal.com

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