- Daniela Kosán de lo más relajada
-

El vinilo tiene quien lo oiga

-

Tom Hanks
Más allá del bien
y del mal

- Adriana Hoyos en Caracas
La eternidad
de un clásico
TENDENCIAS
PROTAGONISTAS
-

Twiggy
de celebración

- El monitor
- Los cinco imprescindibles de...
LA CARACAS DE...
- Manuel Caballero
MODA
-

Uno para todos

GASTRONOMÍA
- Degustación sentida y razonada
VIVIR MEJOR
BELLEZA
- Láser facial
¿Uno solo para todo?
SALUD
  Ser positivos previene la demencia senil
SALUD
- Dolor de cabeza
¡Que alguien
me ayude!
TENDENCIAS
- La vida
a la inversa
COCINA
- Jugosas tentaciones
MASCOTAS
-

Siempre sanos

PUNTO Y APARTE
CRIMENES
HORÓSCOPO
HUMOR
CRUCIGRAMA
crucigrama.shtml
ARCHIVO
CONTACTENOS

CRÍMENES MAX HAINES
 

ANCIANATO
DEL HORROR

Una serie de muertes que se creía era el resultado de causas naturales, en realidad eran casos de asesinato y violación

El Hogar Kearsley del Hospital Iglesia de Cristo, ubicado en Filadelfia, es una espléndida residencia para señoras ancianas. Cada una de las 60 residentes tiene un apartamento privado. El hogar de cuidado de ancianos, muy bien administrado, cuenta con un personal competente que realmente se preocupa por el bienestar de las inquilinas. Debo recalcar que las mujeres, de edades comprendidas entre los 70 y los 92 años no deberían compararse bajo ningún concepto con pacientes de hospital. Las residentes del Hogar Kearsley son relativamente saludables y activas. Asisten a una serie de actividades, tales como representaciones teatrales y eventos deportivos, además de desempeñar funciones sociales fuera del complejo. En general, la residencia es un lugar ideal para que ancianas saludables pasen sus años dorados. Es un sitio donde lo último que se esperaría ver es violación y asesinatos múltiples.

La muerte se integró al personal del Hogar Kearsley en la persona del asistente de nutricionista Anthony Joiner. Anthony, de constitución delgada y de 22 años, gozaba de simpatía en el hogar. Nadie sospechaba que su naturaleza ocultaba un lado oscuro.

Margaret Eckard de 92 años, era la residente más anciana del hogar. Pese a su avanzada edad, se mantenía activa y alegre. En la mañana del 21 de enero de 1983, ella no se presentó a desayunar. Una enfermera encontró a Margaret muerta en su cama; de inmediato llamó al doctor Gordon Webster, el médico del ancianato.

El médico confirmó que la anciana había fallecido. Advirtió con cierta consternación una contusión en el rostro de la difunta y algo de sangre alrededor de su boca y nariz. Un examen posterior y más minucioso reveló hilos de sangre en la vagina. El doctor Webster sopesó los hechos y concluyó que no había nada extraño sobre la muerte de una mujer que había llegado a la avanzada edad de 92 años. Tres semanas después de la desaparición de Margaret Eckard, Katherine A. Maxwell no se reunió con sus compañeras para desayunar. Una enfermera encontró a la mujer de 85 años en su cama; había fallecido. Debido a una fuerte nevada, el doctor no estaba disponible. Otro médico firmó el acta de defunción, pero, antes de hacerlo, indicó que había visto sangre en el pijama de Catherine. En todo caso, atribuyó las manchas a causas naturales.

La tercera muerte intempestiva ocurrió después de que Elizabeth Moore celebró su cumpleaños número 86. En la fiesta, Elizabeth se sentía extasiada. Comió torta y tomó bebidas hasta que el último de sus invitados se retiró esa noche. Difícilmente habría podido saber que apenas le quedaban algunas horas de vida. Cuando no se presentó a desayunar, se envió una enfermera a su apartamento, quien la encontró muerta en su cama.

El doctor Webster estaba comprensiblemente perturbado. Sentía que era muy improbable que las muertes fueran coincidencia. El galeno estableció contacto con el departamento de medicina forense de Filadelfia, al cual tuvo que convencer para que aceptara que se condujera una investigación en torno a la muerte, pero éste determinó que el deceso se había producido por causas naturales.

Los detectives pronto se dieron cuenta de que se enfrentaban a un ASESINO múltiple que violaba y asesinaba a señoras ancianas

Lillie Amlie, de 89 años de edad, era una de las residentes más notables del hogar. Lillie participaba en todas las actividades que ofrecía la institución. Incluso tenía un novio que la visitaba habitualmente, quien vivía en otra residencia para ancianos. El 1° de junio, el cuerpo de Lillie fue hallado sumergido bajo pocos centímetros de agua en su bañera. La misma evidencia de sangre que se encontró en los otros cadáveres estaba presente en su cuerpo. Cuando la descubrieron en la bañera, sólo vestía panty medias y algunas joyas. Se elaboró la hipótesis de que había sufrido un infarto mientras se preparaba para tomar un baño; seguramente había sido una muerte natural.

Poco más de un mes después, el 5 de julio, Abbie Mortimer, de 75 años, participó en las celebraciones del Día de Independencia de Estados Unidos que se llevaron a cabo en el hogar. A la mañana siguiente la encontraron muerta en su apartamento.

Eugenia Borda gozaba de una salud particularmente buena para alguien de 90 años. Sólo había estado en el hogar durante un mes cuando la encontraron muerta en su apartamento. Se observaron manchas de sangre alrededor de su nariz, boca y vagina. El doctor Webster decidió que sus primeras sospechas estaban bien fundadas. Se rehusó a firmar el acta de defunción. De esta forma, obligaría al departamento de medicina forense a tratar el caso como una muerte sospechosa. El buen doctor pronto estaría seguro de que estaba lidiando con un diabólico asesino.

Pocas horas después del descubrimiento de la muerte de Eugenia, otra tragedia ensombreció el Hogar Kearsley. Mildred Alston, de 72 años, fue encontrada muerta en su cama. En esta ocasión, un par de medias panty que pertenecían a la difunta se hallaron a un lado del cuerpo. Webster notificó el hecho al médico forense y le insistió en que tomara alguna acción.

Unas 72 horas después, el departamento de medicina forense de Filadelfia reveló que Eugenia Borda había muerto por estrangulación, mientras que Mildred Alston pereció por sofocación. Mildred era la única víctima que había sido robada. Su sortija de diamante, su anillo de boda y su portamonedas habían desaparecido de su habitación.

Los detectives asignados para investigar los dos aparentes asesinatos se enteraron rápidamente de las cinco muertes previas. Pronto se dieron cuenta de que se enfrentaban a un asesino múltiple que violaba y asesinaba a señoras ancianas.

No había duda de que el asesino era alguien estrechamente relacionado con la institución.

Todos los 40 empleados del hogar fueron interrogados. Anthony Joiner, el asistente de nutricionista a quien todos describían como una persona agradable y trabajadora, requería una mayor investigación. Uno de sus amigos les dijo a los detectives que Joiner en una ocasión se había jactado de haber violado a una anciana que vivía en su vecindario.

Una verificación de los delitos sexuales en el área confirmó que una mujer de 68 años había sido robada y violada. Ese caso aún no había sido resuelto. Anthony fue detenido e interrogado. Al principio, negó cualquier relación con la serie de muertes. Cuando los detectives intensificaron el interrogatorio, su agitación creció y finalmente confesó. "Está bien, está bien, yo las maté a todas".

La mayoría de las mujeres habían sido violadas mientras él sostenía una almohada sobre sus rostros, de forma que no pudieran identificarlo.

Anthony fue enjuiciado; su vida pendía de un hilo. En Pensilvania existía la pena de muerte, y Anthony sabía que tenía muchas probabilidades de terminar ejecutado.

Fue encontrado culpable de cinco cargos de asesinato en primer grado y un cargo de asesinato en segundo grado. El juez que presidía el juicio decidió las cosas y lo sentenció a cadena perpetua.

Cuando se anunció la sentencia, Anthony Joiner sonrió. Había escapado de la ejecución, pero fue sentenciado a cadena perpetua.

Traducción: José Peralta.

Ilustraciones: David Márquez. davidmarquez@cantv.net

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso