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Vino...

para quedarse

Nuevos locales bajo el concepto de wine bar prueban suerte en Caracas saliéndole al paso a la tendencia mundial que indica un creciente consumo de vino... un placer tentador, incluso, para los más jóvenes. Raúl Chacón Soto

Que cada dia son más los interesados en iniciarse en el mundo del vino, no cabe la menor duda. Lo dicen en publicaciones especializadas y lo confirman hasta en artículos de prensa. Razones hay muchas para explicarlo, pero una de las más importantes es que los nuevos tiempos han traído consigo una preocupación por exprimirle a la vida sus mayores placeres -ya no basta, por ejemplo, con beber y embriagarse de licores más o menos aceptables- y en lo que respecta a esta bebida en particular, es mucho lo que hay por descubrir y disfrutar. Ello para no hablar de lo que podría significar para quienes lo relacionan con mejoramiento de calidad de vida y de estatus. El problema, para su popularización en gran escala, había sido el aura de coto cerrado, difícil, que siempre ha rodeado su consumo. Atemorizante resulta para muchos decidirse por un buen vino, por el ritual que implica desde la selección hasta el acto de la degustación. La gran variedad de opciones que se abre ante los ojos a la hora de ordenar una de estas bebidas se convierte frecuentemente en motivo de desazón para principiantes -luego será un verdadero placer-, lo que unido a la no bien fundamentada creencia de precios inaccesibles termina por convertirse en un obstáculo insalvable... Entre el vino y el posible cliente, entonces, una distancia considerable, que algunos están decididos a acortar.

En Venezuela, país donde son otros los apegos a la hora de beber licores, el consumo de vinos es realmente bajo, incluso en comparación con otros países de América Latina. Según datos suministrados por Domingo Delfino, uno de los dueños de Viva Vino, el consumo per cápita en este país se ubica en sólo 0,25 litros. En otros países, como Argentina y Chile, el promedio incluso supera los 30 litros. Lejos de ser considerada como un impedimento, la baja cifra, para gente con olfato, es indicativa de un excelente momento para iniciar negocios, pues dada la tendencia mundial favorable al consumo del vino, este mercado se presenta con grandes posibilidades de crecimiento, al punto de que subir a un promedio de consumo de 1 litro per cápita en un período de 10 años -algo que no implicaría mayor esfuerzo-, significaría la venta de dos millones de cajas adicionales al año. Algunos, con muy buen olfato, se han dado por aludidos.

El propio Delfino, junto a Horacio García, es el propietario de apenas el segundo local en Caracas que responde al concepto de wine bar. Viva Vino, que así se llama, abrió sus puertas en el elegante y exclusivo Piso 5 del Tolón Fashion Mall, en agosto de 2004. Con esta iniciativa, le seguía los pasos a La viña del señor, el local del Centro San Ignacio, pionero en este terreno, aunque sin la fuerza que parecen desplegar sus nuevos oponentes. No son los únicos. Hace poco más de un mes los interesados en vinos tienen otra opción: Uvas Wine Bar, en Altamira. Todos tienen en común su interés por acercar el vino al potencial consumidor -sí, es con usted- y complacer incluso, al más exigente, y se valen de todo -en el mejor sentido de la expresión- para lograrlo.

EN VIVA VINO LLAMA LA ATENCION LA BODEGA POR SU ESTRUCTURA CIRCULAR

 

¡Qué viva el vino!
Si algo distingue a la gente que está detrás de esta nueva experiencia que significa Viva Vino, es el conocimiento del tema, pues en el negocio del vino llevan ya más de 20 años involucrados. Semejante background les permite afirmar -a Domingo Delfino y Horacio García-, que la nueva apetencia mundial por este tipo de licor no es cuestión de moda. Por el contrario, responde a una confluencia de intereses entre los que resalta el hedonismo sin ser el determinante. Sabedores de que la complejidad de este nuevo mundo -para muchos- radica en la variedad de opciones, se las han ingeniado para facilitarles las cosas a los que quieren probar y no se atreven... y a los otros también. En otras palabras, acortar las distancias... Lo primero que hay que decir de este particular wine bar es que no es estrictamente un bar. En realidad es también un restaurante, con una carta que no tiene mucho que envidiar a la de otros buenos locales de Caracas, sólo que, a diferencia de las demás, está concebida para hacer perfecto match con la variadísima oferta de vinos del local. Así, junto al nombre de cada plato aparece un pequeño símbolo que significa el tipo de vino con el que hace perfecto maridaje -en términos de conocedores, una muy buena pareja-. Puede aparecer, por ejemplo, T1. El cliente sólo tiene que revisar en la carta de vinos el apartado donde aparecen agrupados todos los tintos tipo T1 y escoger entre ellos el que más le agrade, el que conozca, o el que le resulte mejor por razones de precios. Como dice el propio García, con esta medida 50% del trabajo de guía ya está hecho...

Claro está que si lo que quiere es sólo tomar vino -acompañado de quesos y fiambres-, también puede hacerlo.. y siempre contará con la asistencia del personal especializado, que le ayudará hasta donde usted lo requiera. La asistencia siempre será bienvenida, pues, como dicen los propios dueños, la variedad es mucha. Particularmente, en la bodega de la casa, tienen más de 150 etiquetas diferentes -dicen que es la mejor del país-. Incluso, se dan el lujo de tener una oferta de 110 vinos para vender por copas -lo que los clientes siempre agradecen-. Lo mejor -y es lo que un cliente se encontrará al llegar al lugar-, es que siempre consumirá el vino en forma correcta, lo que quiere decir a la temperatura adecuada, en la copa adecuada y, quizás lo más importante, en su mejor momento, o como bien lo explica García, en su curva ascendente -se debe recordar que el vino es un producto vivo con una curva de vida.

Pero no sólo se enorgullecen del restaurante y de la bodega -la estructura circular es uno de los fuertes atractivos del espacio-. Viva Vino es también escuela, y para cumplir con estas funciones tiene un espacio particular donde ofrecen cursos y catas determinados días de la semana. La información sobre estas actividades las dan a conocer a sus clientes por diferentes medios. El más útil es el de la comunicación directa establecida vía e-mail después de que los interesados han dejado sus datos en una ficha que se les da cuando visitan por primera vez el lugar. De igual manera, tienen una página web -vivavino.net- una revista de distribución gratuita que circula cada tres meses y un call center: 400 VINO.

A nueve meses de la apertura no les había ido nada mal. Ya tenían registrados 11.000 personas en su récord histórico de consumos, lo que habla muy bien de la acogida de la iniciativa. Tan bien les ha ido, que ya tienen planes de abrir otros puntos en Valencia y Maracaibo. ¡Qué viva el vino!

LA MADERA LE OTORGA CALIDEZ AL ESPACIO DE UVAS WINE BAR

De buena uva
“Nuestro concepto es diferente”, dice de entrada Christopher Clarens, uno de los muy jóvenes socios de Uvas Wine Bar. “Es un bar... y lo que queremos es que el vino sea un poquito más accesible”. Con ello en mente, se ideó un lugar que resulta cálido y, al mismo tiempo, informal y relajado. Diseñado por el arquitecto Alejandro Barrios, el espacio da la sensación de una gran cava, a la que se accede para disfrutar, como si se estuviera en casa, de un buen vino, en compañía de amigos. La madera resalta en todas partes, en especial en los mesones altos dispuestos a la entrada y en el primer salón, y en las mesitas -más bajas- que permiten la conversación cara a cara, y el descanso en comodísimos sofás. Nota curiosa es que las tablas de madera son las mismas de las cajas donde se transportan los vinos... lo que resulta un detalle simpático. ¿En qué se diferencian? Prosigue Clarens: “Este es un bar con tapitas y quesos para picar, como cuando recibes a gente en tu casa; los precios de los vinos son similares a los que ofrecen en los automercados, y el monto del descorche es de 22.000 bolívares; y se da la oportunidad de que el cliente traiga su propia botella de vino, casos en los que sólo se cobra el descorche”.

Los socios de Uvas, entre ellos también Gustavo Celis, se declaran humildes en relación con el mundo del vino. Y quizás en sintonía con ello aseguran que no quieren abarcar demasiado en una primera etapa, donde el interés está centrado en instruir a quien lo solicite y lograr que el vino entre dentro de la cultura venezolana. “La gente tiene miedo de mostrar que no sabe, por lo que la meta de este wine bar es abrir la puertas... quitar el miedo a probar otros sabores... y hacer ver que el vino no es un producto costoso y sí un mundo donde hay mucho que aprender”.

En el lugar pueden observarse tres cavas donde almacenan 150 tipos de vinos diferentes -hay 3 mil botellas a la vista-, en condiciones adecuadas de temperatura y humedad. La humildad no les impide afirmar que tienen nueve tipos de copas diferentes, de muy buena calidad también, que ofrecen por igual a sus clientes, sin discriminaciones de ningún tipo. Desde el vino de 300 mil bolívares hasta el de 20 mil puede servirse en una de ellas... Todavía no tienen página web, pero pronto la tendrán, y apenas se están iniciando en el asunto de los cursos y las catas. Lo que pronto será una realidad es el funcionamiento de un testing bar, como bien lo señala Celis, donde el interesado podrá comprar hasta doce cuartos de copas diferentes, con el objetivo de probar toda una línea de vinos preseleccionada. Esto quiere decir que ante los ojos y el paladar del cliente, habrá 12 copas llenas hasta la cuarta parte de 12 tipos de vinos diferentes, lo que es ideal para quien se está entrenando en el mundo de los sabores. La idea es acortar distancias... ya se ha dicho.l

Coordenadas
Uvas Wine Bar: Sexta avenida con quinta transversal, Minicentro L’Orangerie, Altamira. Telf.: 265.0654
Viva Vino: Fashion Mall Tolón, piso 5, Las Mercedes. Telf.: 400 VINO

rhacon@eluniversal.com

 

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