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Desperate Housewives
Mujeres de la locura corriente

La serie que transmite en Venezuela el canal Sony es hoy día el mayor éxito de la cadena estadounidense ABC, un batacazo sin parangón en la TV del Norte desde hacía más de una década. Su genial creador, Marc Cherry, habló con Estampas sobre su particular visión del mundo femenino. Enmar Pérez. Los Angeles. Enviada especial

Una sola bala, esa con la que la diligente ama de casa Mary Alice Young decide poner fin a su vida en el primer capítulo de la extraordinaria serie Desperate Housewives, le sirvió a la cadena ABC para enterrar en el foso a más de un programa contendor, y dejar temblando al resto en el competitivo duelo del rating televisivo -y pensar que en esa lista lo que abunda son detectives bien armados.

A medio camino entre la comedia y el drama, con ribetes oscuros y toque de suspenso añadido, la historia de cuatro amas de casa en corriente estado de desesperación -que en Venezuela transmite Sony Entertainment Television, los jueves a las 9:00 pm-, está en el tope de los seriados más vistos en el país del Norte, en permanente puja con CSI, Without a Trace y CSI Miami. Esto es: en sus días más animados la han visto 24.5 millones de personas, una cifra récord que incluye, lejos de los que muchos podrían suponer, tanto mujeres como hombres. “Todos tenemos momentos de desesperación”, recuerda sabiamente Mary Alice, quien, tras cometer su inesperado suicidio y ya convertida en exquisito fantasma, se transforma en la voz narrativa que invita al espectador a fisgonear en la vida de los habitantes del aparentemente “perfecto” suburbio de clase media Wisteria Lane.

Emparentada en espíritu con filmes como Belleza Americana, y con un humor que remite al Pedro Almodóvar de Mujeres al borde..., el show arrancó con un impulso que no se veía desde los estrenos de ER y Friends, diez años atrás. Ya son muchos los que lo han calificado como el nuevo Sex and the City. Ergo: sin haber concluido su primera temporada consiguió, entre otros galardones, dos Globos de Oro: Mejor nueva serie y Mejor actriz para Teri Hatcher (Susan), y es comentario habitual que arrasará con los Emmy de este año. No obstante, el oro que más ha de contentar a la cadena ABC proviene de una fuente más generosa: un espacio publicitario de 30 segundos durante su transmisión está rondando los 300.000 dólares, y ya hay anunciantes en cola para la segunda temporada.

¡Qué puntería la de Mary Alice!, y qué falible el ojo de los ejecutivos de las cinco televisoras que rechazaron a Marc Cherry, el creador de Desperate Housewives, cuando se acercó a ofrecer su guión, con la certeza de que tenía entre manos una propuesta extraordinaria.

Apunta para otro lado. Marc Cherry se ríe cuando se le pregunta si lo que realmente necesitaba su proyecto era una cadena televisiva un tanto “desesperada”. “Definitivamente puedes escribirlo así en tu nota. Es una forma adorable de decirlo”, responde durante un encuentro con la prensa en los estudios donde se filma el programa en Los Angeles. “En realidad, yo siempre pensé que era un libreto muy bueno, así que me decía a mí mismo: ‘¿Qué le pasa a esta gente que no entiende nada?’. Estuve muy cerca de vendérselo a la BBC porque pensaba: ‘Okey, los británicos sí lo van a entender’”. Eso era seguro, los británicos... y el resto del mundo -estadounidenses incluidos-, que desde el estreno de la serie en diversas latitudes se han rendido ante sus inteligentes guiones, su elegante y agudo sentido del humor, sus esmeradas actuaciones y su dirección a contracorriente de la TV convencional.

Pero la paz no ha sido siempre la característica de este idílico vecindario: tras la transmisión de su contundente e hilarante primer capítulo, algunas voces conservadoras, hoy totalmente aplacadas, elevaron su protesta ante lo que percibían como situaciones poco “saludables” para la familia americana: ¿Qué razones puede tener una perfecta ama de casa para suicidarse? ¿Quién ha visto que una linda y joven esposa, cuyo millonario marido complace todos sus gustos materiales, pueda sentir un vacío que la lleve a juguetear en la cama con su jardinero de apenas 17 años? ¿Qué madre se sobrepondría a su amor para, en un ataque de hartazgo, bajar a sus tremendísimos hijos del carro y amenazarlos con dejarlos botados al borde de un camino si no se tranquilizan? ¿Cómo puede una hija adolescente preguntarle a su recién divorciada mamá desde cuándo no hace el amor, con el fin de impulsarla a rehacer su vida e incitarla a salir con el guapo vecino? ¿Qué hombre le plantearía el divorcio a la versión superada de Martha Stewart? ¡La realidad deberían prohibirla!

“Toda esa controversia que se generó a través de la prensa me pareció un poco infundada y hasta tonta, por eso murió tan rápido. Yo mismo me he considerado siempre bastante conservador, y con certeza no estamos haciendo nada diferente a lo que se ha mostrado en cualquier soap opera (telenovela) en horario regular. No estamos interesados en forzar la barrera. El shock no es parte de nuestro objetivo. Tampoco nos decantamos por el lado cínico. Por supuesto que pretendemos ser un tanto traviesos y rompedores, divertirnos con el asunto, incluso parodiar en ocasiones a las tradicionales soap operas, pero jamás llegaremos a un punto verdaderamente ofensivo para la audiencia”.

De hecho, Cherry no tiene reparos en explicar que la fuente de inspiración inicial fue su propia progenitora, a quien siempre consideró una esposa y madre ejemplar. Hijo de un experto petrolero, su crianza transcurrió entre Oklahoma, Hong Kong, Irán y Orange County, en California. De los vecindarios de su país guarda recuerdos suficientes como para trazar los bosquejos de Wisteria Lane. “Creo que mi mamá atravesó muchos de sus días de exasperación cuando mis dos hermanas y yo estábamos pequeños. Teníamos cinco, cuatro y tres años, y vivíamos en una granja en medio de la nada, mientras mi padre cursaba su doctorado en la universidad de Oklahoma. En esa época se sentía bastante sola, y, en ocasiones, ciertamente desesperada, algo de lo que nunca estuve consciente, hasta que ella comenzó a contarme esas viejas vivencias”. El escritor, hoy de 42 años, relata que fue entonces cuando se le ocurrió la idea de hacer el programa: “Un show acerca de la mujer que, a pesar de haberlo deseado tanto, se siente finalmente atrapada en su rol de madre y esposa. Eso fue lo que me pareció fascinante: que lleves la vida que tanto has soñado, y que, no obstante, te puedas sentir tan angustiadamente inconforme”.

Desde la otra acera. Una de las cosas más intrigantes de Desperate Housewives es que aborde el alma femenina tan graciosa y acertadamente, a pesar de estar principalmente escrita y producida por hombres. “Bueno, soy gay, así que estoy un poco más cerca del asunto. En ese sentido me aproximo a las mujeres de manera diferente a un heterosexual. No crecí viendo a las chicas como un objeto de deseo, sino compartiendo con ellas como amigas y confidentes. Así que obtengo los mejores cuentos”, finaliza riéndose Cherry. “Es curioso escuchar a tus compañeras confesando que a veces están hartas de ser madres y esposas, y puedo ver el drama que subyace en ello porque no estoy ocupado viviéndolo. Tengo la ventaja de poder mirar las cosas desde afuera”, añade. También tiene el tacto suficiente como para lograr retratar las más absurdas situaciones en la vida de estas damas con la inusitada ternura y el necesario humor que sólo consigue un Pedro Almodóvar: “Todo lo que busco en las mujeres es que sean inteligentes y divertidas, que me hagan reír y poder compartir con ellas el lado emocional”.

Con esas premisas en la cabeza, la belleza no era el requerimiento fundamental a la hora de escoger un cast que debía proyectar seres humanos reales por encima de todo. “Una gran cantidad de actrices audicionaron, y simplemente las mejores obtuvieron el papel. Lo simpático es que no pude anticipar ni deseaba el nivel de atractivo que tiene este elenco. De hecho, cuando ya lo habíamos escogido me decía internamente: ‘son demasiado bonitas’, y me daba miedo que los televidentes no se sintieran cercanos a ellas”.

Lo mismo valía para los hombres, pero ¿no son algunos de ellos más guapos que las chicas por primera vez? Tómese al jardinero, por ejemplo. “¿Les parece John (Jesse Matcalfe) más guapo que Gabrielle (Eva Longoria)? Pues, bien, como ya dije, siendo gay esto debe haber influido en algunas de las decisiones”, bromea el autor.
En cuanto al nombre de la serie, Marc Cherry señala que fue el primero que se le ocurrió y que siempre le pareció brillante: “Algunas personas me sugirieron cambiarlo, pero comencé escribiendo con él en la cabeza y eso fue determinante en todo lo que concebía, porque el título en sí mismo es dramático y a la vez cómico. Es como la expresión ‘ama de casa’, todo un icono que encierra una buena dosis de ambas cosas”.

¿Y qué hay con el sugerente apodo del vecindario, Wisteria, un término que recuerda en sonido a la palabra histeria, tan adecuadamente irónica y divertida en este caso?
“Me gustaría haber sido tan inteligente como para que se me hubiera ocurrido de esa manera -aclara con su permanente sonrisa el escritor y productor-. Wisteria es, en realidad, una planta muy interesante. Es muy bella y florece, pero sus raíces se van extendiendo y van aniquilando a otras plantas a su alrededor. Así, nosotros vamos levantando estas comunidades que lucen tan adorables, pero a medida que establecemos lazos y vamos profundizando, y terminamos encontrándonos unos con otros, a veces chocamos con resultados verdaderamente desastrosos”.
Que nadie dude, entonces, del poder de una buena metáfora.
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¿Qué oscuro secreto impulsó a Mary Alice (Brenda Strong) a apretar el gatillo? Su seductora voz en off ahora invita al espectador a descifrar este y otros misterios, celosamente resguardados tras las adorables fachadas de Wisteria Lane. La sobreviven su extraño esposo Paul Young (Mark Moses) y su todavía más inquietante hijo.
La pareja latina está conformada por
la ex modelo Gabrielle y su esposo Carlos Solis (Ricardo Antonio Chavira), el hombre más adinerado del barrio. Pero tanto regalo lujoso no es suficiente para evitar que la joven mantenga
una ardiente relación con John (Jesse Metcalfe), su jardinero de 17 años. No se sabe qué pasará en la ficción, pero en la vida real, ya la abuela
de la actriz, una conservadora señora de 90 años, la ha castigado: no le habla por “inmoral”.
La manía de Bree
por ser el ama de casa perfecta raya en lo neurótico y trae de cabeza a su esposo e hijos. El primero le ha pedido el divorcio, y ella echará mano de todos sus encantos para recuperarlo, pero Rex van de Kamp (Steven Culp) necesita una esposa... con un buen par de esposas.
Lynette cambió su exitosa carrera como ejecutiva para atender a sus tres “terremotos” y su hermanita. La misión que asume con extraordinario amor demuestra que es más fácil llegar a la vicepresidencia de Microsoft que levantar con sensatez una familia. Su relación de pareja es estable y feliz... Bueno, cuando su marido, un agente viajero, está en casa para echarle una mano.
El esposo de la frágil y encantadora Susan la dejó por su joven secretaria. Su bastón para superar el trance ha sido su precoz hija adolescente Julie (Andrea Bowen). Pero su nuevo vecino Mike (James Denton), supuestamente plomero, le ha hecho sentir otra vez mariposas en el estómago. Al chico habrá de disputárselo con la adicta al divorcio -y demasiado bien proporcionada- Edie. Claro está, el revoloteo de alitas es excesivo cuando Susan se entera de que el guapo Mike guarda más secretos que herramientas.

 

 

 

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