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Susan
Meyer (Teri Hatcher) |
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Gabrielle Solis (Eva
Longoria) |
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Lynette Scavo (Felicity
Huffman) |
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Bree Van De Kamp (Marcia
Cross) |
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Edie Britt (Nicollette
Sheridan) |
Desperate Housewives
Mujeres de la locura corriente
La serie que transmite en Venezuela el
canal Sony es hoy día el mayor éxito de la
cadena estadounidense ABC, un batacazo sin parangón en la
TV del Norte desde hacía más de una década.
Su genial creador, Marc Cherry, habló con Estampas sobre
su particular visión del mundo femenino. Enmar
Pérez. Los Angeles. Enviada especial
Una sola bala, esa con la que la diligente
ama de casa Mary Alice Young decide poner fin a su vida en el primer
capítulo de la extraordinaria serie Desperate Housewives,
le sirvió a la cadena ABC para enterrar en el foso
a más de un programa contendor, y dejar temblando al resto
en el competitivo duelo del rating televisivo -y pensar que
en esa lista lo que abunda son detectives bien armados.
A medio camino entre la comedia y el drama,
con ribetes oscuros y toque de suspenso añadido, la historia
de cuatro amas de casa en corriente estado de desesperación
-que en Venezuela transmite Sony Entertainment Television,
los jueves a las 9:00 pm-, está en el tope de los seriados
más vistos en el país del Norte, en permanente puja
con CSI, Without a Trace y CSI Miami. Esto es: en
sus días más animados la han visto 24.5 millones de
personas, una cifra récord que incluye, lejos de los que
muchos podrían suponer, tanto mujeres como hombres. “Todos
tenemos momentos de desesperación”, recuerda sabiamente
Mary Alice, quien, tras cometer su inesperado suicidio y ya convertida
en exquisito fantasma, se transforma en la voz narrativa que invita
al espectador a fisgonear en la vida de los habitantes del aparentemente
“perfecto” suburbio de clase media Wisteria Lane.
Emparentada en espíritu con filmes como
Belleza Americana, y con un humor que remite al Pedro Almodóvar
de Mujeres al borde..., el show arrancó con un impulso
que no se veía desde los estrenos de ER y Friends,
diez años atrás. Ya son muchos los que lo han calificado
como el nuevo Sex and the City. Ergo: sin haber concluido
su primera temporada consiguió, entre otros galardones, dos
Globos de Oro: Mejor nueva serie y Mejor actriz para Teri Hatcher
(Susan), y es comentario habitual que arrasará con los Emmy
de este año. No obstante, el oro que más ha de contentar
a la cadena ABC proviene de una fuente más generosa:
un espacio publicitario de 30 segundos durante su transmisión
está rondando los 300.000 dólares, y ya hay anunciantes
en cola para la segunda temporada.
¡Qué puntería la de Mary
Alice!, y qué falible el ojo de los ejecutivos de las cinco
televisoras que rechazaron a Marc Cherry, el creador de Desperate
Housewives, cuando se acercó a ofrecer su guión,
con la certeza de que tenía entre manos una propuesta extraordinaria.
Apunta para otro
lado. Marc Cherry se ríe cuando se le pregunta si
lo que realmente necesitaba su proyecto era una cadena televisiva
un tanto “desesperada”. “Definitivamente puedes
escribirlo así en tu nota. Es una forma adorable de decirlo”,
responde durante un encuentro con la prensa en los estudios donde
se filma el programa en Los Angeles. “En realidad, yo siempre
pensé que era un libreto muy bueno, así que me decía
a mí mismo: ‘¿Qué le pasa a esta gente
que no entiende nada?’. Estuve muy cerca de vendérselo
a la BBC porque pensaba: ‘Okey, los británicos
sí lo van a entender’”. Eso era seguro, los británicos...
y el resto del mundo -estadounidenses incluidos-, que desde el estreno
de la serie en diversas latitudes se han rendido ante sus inteligentes
guiones, su elegante y agudo sentido del humor, sus esmeradas actuaciones
y su dirección a contracorriente de la TV convencional.
Pero la paz no ha sido siempre la característica
de este idílico vecindario: tras la transmisión de
su contundente e hilarante primer capítulo, algunas voces
conservadoras, hoy totalmente aplacadas, elevaron su protesta ante
lo que percibían como situaciones poco “saludables”
para la familia americana: ¿Qué razones puede tener
una perfecta ama de casa para suicidarse? ¿Quién ha
visto que una linda y joven esposa, cuyo millonario marido complace
todos sus gustos materiales, pueda sentir un vacío que la
lleve a juguetear en la cama con su jardinero de apenas 17 años?
¿Qué madre se sobrepondría a su amor para,
en un ataque de hartazgo, bajar a sus tremendísimos hijos
del carro y amenazarlos con dejarlos botados al borde de un camino
si no se tranquilizan? ¿Cómo puede una hija adolescente
preguntarle a su recién divorciada mamá desde cuándo
no hace el amor, con el fin de impulsarla a rehacer su vida e incitarla
a salir con el guapo vecino? ¿Qué hombre le plantearía
el divorcio a la versión superada de Martha Stewart? ¡La
realidad deberían prohibirla!
“Toda esa controversia que se generó
a través de la prensa me pareció un poco infundada
y hasta tonta, por eso murió tan rápido. Yo mismo
me he considerado siempre bastante conservador, y con certeza no
estamos haciendo nada diferente a lo que se ha mostrado en cualquier
soap opera (telenovela) en horario regular. No estamos interesados
en forzar la barrera. El shock no es parte de nuestro objetivo.
Tampoco nos decantamos por el lado cínico. Por supuesto que
pretendemos ser un tanto traviesos y rompedores, divertirnos con
el asunto, incluso parodiar en ocasiones a las tradicionales soap
operas, pero jamás llegaremos a un punto verdaderamente
ofensivo para la audiencia”.
De hecho, Cherry no tiene reparos en explicar
que la fuente de inspiración inicial fue su propia progenitora,
a quien siempre consideró una esposa y madre ejemplar. Hijo
de un experto petrolero, su crianza transcurrió entre Oklahoma,
Hong Kong, Irán y Orange County, en California. De los vecindarios
de su país guarda recuerdos suficientes como para trazar
los bosquejos de Wisteria Lane. “Creo que mi mamá atravesó
muchos de sus días de exasperación cuando mis dos
hermanas y yo estábamos pequeños. Teníamos
cinco, cuatro y tres años, y vivíamos en una granja
en medio de la nada, mientras mi padre cursaba su doctorado en la
universidad de Oklahoma. En esa época se sentía bastante
sola, y, en ocasiones, ciertamente desesperada, algo de lo que nunca
estuve consciente, hasta que ella comenzó a contarme esas
viejas vivencias”. El escritor, hoy de 42 años, relata
que fue entonces cuando se le ocurrió la idea de hacer el
programa: “Un show acerca de la mujer que, a pesar de haberlo
deseado tanto, se siente finalmente atrapada en su rol de madre
y esposa. Eso fue lo que me pareció fascinante: que lleves
la vida que tanto has soñado, y que, no obstante, te puedas
sentir tan angustiadamente inconforme”.

Desde la otra acera.
Una de las cosas más intrigantes de Desperate Housewives
es que aborde el alma femenina tan graciosa y acertadamente, a pesar
de estar principalmente escrita y producida por hombres. “Bueno,
soy gay, así que estoy un poco más cerca del asunto.
En ese sentido me aproximo a las mujeres de manera diferente a un
heterosexual. No crecí viendo a las chicas como un objeto
de deseo, sino compartiendo con ellas como amigas y confidentes.
Así que obtengo los mejores cuentos”, finaliza riéndose
Cherry. “Es curioso escuchar a tus compañeras confesando
que a veces están hartas de ser madres y esposas, y puedo
ver el drama que subyace en ello porque no estoy ocupado viviéndolo.
Tengo la ventaja de poder mirar las cosas desde afuera”, añade.
También tiene el tacto suficiente como para lograr retratar
las más absurdas situaciones en la vida de estas damas con
la inusitada ternura y el necesario humor que sólo consigue
un Pedro Almodóvar: “Todo lo que busco en las mujeres
es que sean inteligentes y divertidas, que me hagan reír
y poder compartir con ellas el lado emocional”.
Con esas premisas en la cabeza, la belleza
no era el requerimiento fundamental a la hora de escoger un cast
que debía proyectar seres humanos reales por encima de todo.
“Una gran cantidad de actrices audicionaron, y simplemente
las mejores obtuvieron el papel. Lo simpático es que no pude
anticipar ni deseaba el nivel de atractivo que tiene este elenco.
De hecho, cuando ya lo habíamos escogido me decía
internamente: ‘son demasiado bonitas’, y me daba miedo
que los televidentes no se sintieran cercanos a ellas”.
Lo mismo valía para los hombres,
pero ¿no son algunos de ellos más guapos que las chicas
por primera vez? Tómese al jardinero, por ejemplo. “¿Les
parece John (Jesse Matcalfe) más guapo que Gabrielle (Eva
Longoria)? Pues, bien, como ya dije, siendo gay esto debe haber
influido en algunas de las decisiones”, bromea el autor.
En cuanto al nombre de la serie, Marc Cherry señala que fue
el primero que se le ocurrió y que siempre le pareció
brillante: “Algunas personas me sugirieron cambiarlo, pero
comencé escribiendo con él en la cabeza y eso fue
determinante en todo lo que concebía, porque el título
en sí mismo es dramático y a la vez cómico.
Es como la expresión ‘ama de casa’, todo un icono
que encierra una buena dosis de ambas cosas”.
¿Y qué hay con el sugerente
apodo del vecindario, Wisteria, un término que recuerda en
sonido a la palabra histeria, tan adecuadamente irónica y
divertida en este caso?
“Me gustaría haber sido tan inteligente como para que
se me hubiera ocurrido de esa manera -aclara con su permanente sonrisa
el escritor y productor-. Wisteria es, en realidad, una planta muy
interesante. Es muy bella y florece, pero sus raíces se van
extendiendo y van aniquilando a otras plantas a su alrededor. Así,
nosotros vamos levantando estas comunidades que lucen tan adorables,
pero a medida que establecemos lazos y vamos profundizando, y terminamos
encontrándonos unos con otros, a veces chocamos con resultados
verdaderamente desastrosos”.
Que nadie dude, entonces, del poder de una buena metáfora.
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¿Qué oscuro
secreto impulsó a Mary Alice (Brenda Strong) a
apretar el gatillo? Su seductora voz en off ahora invita al
espectador a descifrar este y otros misterios, celosamente resguardados
tras las adorables fachadas de Wisteria Lane. La sobreviven
su extraño esposo Paul Young (Mark Moses) y su todavía
más inquietante hijo.
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La pareja latina
está conformada por
la ex modelo Gabrielle y su esposo Carlos Solis (Ricardo Antonio
Chavira), el hombre más adinerado del barrio. Pero tanto
regalo lujoso no es suficiente para evitar que la joven mantenga
una ardiente relación con John (Jesse Metcalfe), su jardinero
de 17 años. No se sabe qué pasará en la
ficción, pero en la vida real, ya la abuela
de la actriz, una conservadora señora de 90 años,
la ha castigado: no le habla por “inmoral”.
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La manía
de Bree
por ser el ama de casa perfecta raya en lo neurótico
y trae de cabeza a su esposo e hijos. El primero le ha pedido
el divorcio, y ella echará mano de todos sus encantos
para recuperarlo, pero Rex van de Kamp (Steven Culp) necesita
una esposa... con un buen par de esposas. |
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Lynette
cambió su exitosa carrera como ejecutiva para
atender a sus tres “terremotos” y su hermanita.
La misión que asume con extraordinario amor demuestra
que es más fácil llegar a la vicepresidencia de
Microsoft que levantar con sensatez una familia. Su relación
de pareja es estable y feliz... Bueno, cuando su marido, un
agente viajero, está en casa para echarle una mano. |
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| El esposo de
la frágil y encantadora
Susan la dejó por su joven secretaria. Su bastón
para superar el trance ha sido su precoz hija adolescente Julie
(Andrea Bowen). Pero su nuevo vecino Mike (James Denton), supuestamente
plomero, le ha hecho sentir otra vez mariposas en el estómago.
Al chico habrá de disputárselo con la adicta al
divorcio -y demasiado bien proporcionada- Edie. Claro está,
el revoloteo de alitas es excesivo cuando Susan se entera de
que el guapo Mike guarda más secretos que herramientas. |
Ver también en Encuentros:
- Vino para quedarse
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