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AMAR
también
destruye
Son muchos los que frente a un altar o fuera de él se han jurado amor hasta que la muerte los separe, pero terminan interpretando esta promesa tan al pie de la letra que se destruyen en nombre del sentimiento que los unió. El amor es capaz de matar, dicen algunos. ¿Qué tan cierto es este refrán tan propio de canciones de rockola y poetas de despecho?
Por Efraín Castillo
"Hay amores que matan, sentimientos que hieren.
Yo quisiera saber por qué uno los busca, los sigue
y los quiere. Si hay amores que matan, sentimientos
que hieren, me pregunto por qué no se pueden dejar…
Y si te dejan, te mueres…"
Dúo Pimpinela
Los libros de historia dan cuenta de tormentosos romances que se fundamentaron en la culpa o el delirio: la artista mexicana Frida Khalo se hizo famosa no sólo por sus pinturas sino por su obsesiva relación con el también pintor Diego Rivera, a quien odió y amó durante 25 años y por quien hasta intentó suicidarse. Es mucho el centimetraje que tabloides y revistas del corazón han ganado con noticias de celebridades envueltas en pesadillas amorosas. Pregúntenle a la cantante estadounidense Whitney Houston, quien a pesar del éxito, el talento y la fama, terminó hundida en un infierno personal (del que todavía no ha salido) junto a su esposo, el rapero Bobby Brown, en medio de expedientes de violencia doméstica, drogas y alcohol.
Pero ¿qué esconden los amores destructivos? Angélica (su identidad está en reserva por razones obvias) vivió durante seis años una historia que creyó que se llamaba amor, pero que la estaba llevando a la locura. "Siempre fui muy solitaria y me llamaban la atención el abismo y los personajes que vivían al borde.
Me encontré uno de esos, un tipo maravilloso, bohemio, director de teatro y talentoso, y con 19 años me volví loca y me obsesioné". El "maravilloso" hombre también se prendó de Angélica y se fueron a vivir juntos. Pronto, el idilio se convirtió en una pesadilla que duró cinco años. "Él tenía problemas de alcoholismo, era un hombre disipado sentimentalmente y sacó lo peor de mí. Yo me volví una celópata, llegué a tener una anorexia nerviosa y estaba como una veletita. Ese amor me hacía perseguir a mi pareja, porque no quería que se escapara de mi control.
Fue una relación muy destructiva, porque cuando tú eres capaz de ir a la calle a buscar a otra persona porque quieres controlarla, eso denota un descentramiento. Cuando tú necesitas de la otra persona para estar bien es porque esa persona y ese amor se han convertido en una especie de droga para ti".
Los especialistas advierten que situaciones como las de Angélica pueden ser muy dañinas, aunque no terminen en la muerte. "Hay amores que matan desde el punto de vista psicológico -señala la psicóloga Carmen Elena Dos Reis. Alguien puede estar vivo porque camina y respira, pero muerto por dentro. En casos dramáticos como los de violencia doméstica, la situación es tan cruel que puede ocasionar en la víctima la pérdida de la autoestima y alterar su autoconcepto hasta sentirse culpable o responsable del maltrato que recibe. Hay amores que matan internamente, porque dejan a las personas inseguras y temerosas, aun si logran salir de ese círculo".
La periodista española Rosa Montero publicó en 1999 un compendio analítico de amores reales pero tormentosos que cambiaron la historia. En el libro Pasiones, la escritora concluye, luego de investigar y resumir el idilio de 18 parejas célebres (desde los duques de Windsor hasta Cleopatra y Marco Antonio) que lejos de ser amor, estos romances estuvieron cargados de pasión, un elemento que terminó haciéndolos enfermizos. "La esencia de lo pasional es la enajenación que produce: el enamorado sale de sí mismo y se pierde en el otro", se atreve a asegurar Montero, quien puso como referencia, entre otras, la relación de las estrellas de Hollywood Elizabeth Taylor y Richard Burton en los sesenta. "Burton se emborrachaba y maltrataba a Liz de palabra y obra y luego pedía perdón, derretido de amor; y Elizabeth, se entregaba a él de pies y manos (…) Liz intentó suicidarse, Richard se suicidaba de a poco todos los días bebiendo asombrosas cantidades de alcohol".
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Del amor en soledad
a la página de sucesos
Poetas, boleristas y filósofos
han desahogado sus penas de
mal de amor o de eso que llaman despecho y son muchos los que
han terminado en el alcoholismo,
la depresión o la locura. Y es que
el amor no correspondido también puede ser mortal, o al menos destructivo. Según relata Rosa Montero en su libro, una poeta argentina de nombre Delfina Molina amó con locura, pero sola, al escritor Miguel de Unamuno. Y durante casi 30 años le escribió 160 cartas confesándole su amor frenético, aunque nunca conoció al literato. "Toda pasión tiene algo morboso: es una alienación, una entrega obsesiva de tu vida al
ser amado", comenta Montero. "Pero a veces esa entrega cruza todos los límites
y se convierte en pura patología". Son muchas las personas que terminan, incluso, acabando con su vida debido a la pena del amor. Según la Organización Mundial
de la Salud, un millón de personas se quitan la vida cada año. El 90% de los casos está asociado a desórdenes mentales, incluyendo la depresión, muchas veces relacionada con despecho o la pérdida de un amor. El desamor también puede habitar en relaciones aparentemente sólidas y convertirse en un cáncer silencioso de la estabilidad emocional. "El hecho de tener una relación no significa ser amado -apunta Dos Reis. Eso, por supuesto, trae complicaciones, porque cuando una persona no es lo suficientemente fuerte para romper esta relación, termina afectada en su amor propio, comenzará a sentirse culpable de que no la quieran o, incluso, pensará que no merece ser amada".
Las crónicas policiales también están llenas de "historias de amor" que terminaron en tragedia: dobles o triples homicidios llenan, día a día, las páginas rojas de los periódicos. En los años 80, los venezolanos fueron testigos de una historia de novela, pero sórdida y sin final feliz, protagonizada por un policía que asesinó a tres amigos de su esposa, sólo por celos. La historia lo llevó a la cárcel y lo convirtió en "el monstruo de Mamera". El hombre sustentó su crimen en la "locura" asociada a su amor.
Los especialistas tienen dudas sobre si historias como ésta están basadas en amor verdadero. Dos Reis lo resume de esta manera: "Quienes cometen estos crímenes dicen que aman a las otras personas, pero realmente la situación está vinculada con trastornos de personalidad de los victimarios, como, por ejemplo, la celotipia. Esas personas celosas que pueden llegar a matar hablando de amor, realmente lo hacen por la patología que sufren. Puede ser que esa persona sienta querer a la otra, pero el amor es un sentimiento que debería construir, no destruir".
Diez años después de haber salido airosa de su "amor destructivo", Angélica está convencida de que lo que vivió difícilmente merece esa definición. "En el momento para mí era amor, pero viéndolo a distancia era más una obsesión. El amor, tal como yo lo entiendo hoy en día y como quisiera seguir entendiéndolo el resto de mi vida, se da cuando tú deseas el bien de alguien y deseas tu bien junto a esa persona, queriéndola y respetándola y recibiendo lo mismo a cambio. El amor es un buen sentimiento, no un tormento".
¿Cómo salvarse de un amor destructivo?
Si usted es de los que quiere recuperarse de esos amores viciosos que lo están llevando a la locura, no le vendría mal tomar en cuenta algunas recomendaciones. Morir de amor puede resultar poéticamente atractivo, pero, sin duda, no hay nada mejor que sobrevivir a las penas, para después contarlas o, incluso, mostrarlas como heridas de una guerra de la que se salió victorioso. Especialistas como Dos Reis dan algunas luces sobre lo que cualquier mortal puede hacer (o al menos intentar) para sobrellevar o recuperar la cordura después de un tormentoso drama amoroso, o para evitar caer en la vorágine de un amor destructivo.
1. Trate de mantener el equilibrio como persona. "Siempre hay que tener claro lo que se quiere y no se quiere de una relación. Hay que intentar mantener la esencia de nuestra personalidad", apunta la experta. "Esos 'amores' que te obligan a perder tus amigos o que te impiden vestirte como te gusta, son amores entrecomillados que te hacen perder tu esencia. Hay que recordar siempre lo que somos como individualidades".
2. Evite la culpa. Puede convertirse en el único vínculo en una relación. "No es lo mismo sentirse culpable que responsable. Una persona puede haberle fallado a su pareja por un error cometido y eso genera un sentimiento de responsabilidad, que la puede llevar a pedir disculpas. Sin embargo, la culpa es una situación distinta que te puede enganchar y hacerte sentir en deuda eterna con la persona y mantenerte en una relación aun sin ser feliz".
3. Procure la empatía. Póngase en el lugar de la otra persona, adopte su perspectiva. "Si la persona se siente escuchada y comprendida, muy probablemente no le importará si estás de acuerdo con ella".
4. Aprenda a quererse. El amor propio no hace daño. Angélica asegura que salió del círculo vicioso del amor en el que estuvo sumergida durante cinco años cuando decidió ocuparse de sí misma y mejorar su autoestima.
5. Busque ayuda. Hablar permite darse cuenta de que se tiene un problema. Un amigo, un sacerdote o un psicoterapeuta pueden servir de apoyo, aunque sea como primer paso.
Quizás sea mejor entender el verdadero significado del amor, ése que alguna vez describió el apóstol San Pablo y que quedó plasmado en la Biblia: "El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad".
Corintios 12, 31-13, 13
Para salir del abismo
1.- Trate de mantener el equilibrio como persona.
Se debe mantener la esencia de la personalidad.
2.- Evite la culpa. Bueno es sentirse responsable
de los errores cometidos, lo que es muy distinto
a sentirse culpable y, por ello, mantenerse
enganchado a una relación sin futuro.
3.- Procure la empatía. Siempre hay que saber
ponerse en el lugar de la
otra persona para facilitar la comunicación.
4.- Aprenda a quererse. Preocúpese de
su persona, mejore su autoestima.
Si lo hace, estará dando un gran paso.
5.- Busque ayuda. Recuerde que hablar con
un especialista, un sacerdote
o hasta un amigo puede serle de gran ayuda.
efcastillo@eluniversal.com |