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Corazón DETENIDO

Las estadísticas son contundentes: En Venezuela, cada 30 minutos muere una persona por muerte súbita, cifra en la que se ha observado un incremento de mujeres entre los 30 y 50 años
Por Betzy Barragán

''Se puede decir que morir súbitamente, sin sufrimiento
y dolor aparente, es la mejor forma de morir; sin embargo, este hecho es muy doloroso cuando sucede prematuramente, cuando la persona aún es completamente productiva", comenta Iván Mendoza, Jefe de Cardiología Experimental del Instituto de Medicina Tropical de la UCV.

Es común escuchar historias acerca de alguien que se encontraba en perfecto estado, que lucía sano, que practicaba deportes con regularidad y que, de un momento a otro, se desplomó y murió de repente. Este tipo de sucesos suelen ir acompañados de frases como: "Qué raro, era una persona tan joven", o "pero si trotaba, comía saludablemente…"; porque es muy difícil aceptar un deceso en estas circunstancias. "Y es así como se presenta la muerte súbita, sorpresiva y dramáticamente -explica el especialista. Es un episodio en el que la persona afectada pierde el pulso, la respiración y la conciencia de forma natural; es decir, sin la intervención de algún factor externo como trauma, intoxicación u otro. El corazón deja de funcionar debido a una falla en su sistema eléctrico que ocasiona el cese del bombeo de sangre al resto del organismo. El mecanismo más común de la muerte súbita es la fibrilación ventricular: prácticamente es una tormenta eléctrica que trastorna el ritmo cardíaco, haciendo que los latidos se produzcan en forma muy rápida y caótica. Los ventrículos no se contraen y dilatan correctamente e impiden la salida de sangre oxigenada. La muerte sobreviene a los pocos minutos si la persona no es resucitada mediante choques eléctricos al corazón".

Si bien la muerte súbita se puede presentar en individuos completamente saludables, como, por ejemplo, recién nacidos o deportistas -recuérdese el reciente fallecimiento del futbolista español Antonio Puerta-; la mayoría de las veces ocurre en personas que padecen ciertas anomalías de índole cardiovascular. "En Venezuela, cada 30 minutos fallece una persona por muerte súbita. Acá, la primera causa de muerte son las enfermedades coronarias (obstrucción y endurecimiento de las arterias), uno de cada tres venezolanos muere como consecuencia de este padecimiento; y de esta cifra, a su vez, la mitad muere de forma súbita", añade Mendoza. Otras causas son: los infartos antiguos, una válvula dañada, miocarditis (inflamación del músculo cardíaco), anormalidades congénitas, y, en menor proporción, algunas fallas del sistema eléctrico como: el síndrome de Brugada, síndrome QT largo y el síndrome de Wolff-Parkinson-White. "Otra causa no muy reseñada es el Mal de Chagas, una enfermedad tropical originada por un parásito denominado Tripanosoma cruzi y que en Venezuela la portan más de dos millones de personas, aunque sólo la padece 30%", enfatiza el cardiólogo.

Las estadísticas
"Hasta hace poco tiempo se creía -dice Mendoza- que este padecimiento sólo lo sufrían los hombres de edad avanzada. Sin embargo, cada vez se reportan más casos entre los 30 y los 50 años, la fase más productiva del individuo. De este grupo destaca una importante cifra de mujeres; ellas están aumentando las estadísticas porque están sometidas a una doble carga de estrés: el que procede del ambiente laboral combinado con las responsabilidades familiares: hogar, hijos, pareja. Muchas mujeres ignoran que la primera causa de muerte en su género son las enfermedades cardiovasculares". Las mujeres están pendientes de asistir con regularidad al ginecólogo, de realizarse el despiste de cáncer de mama, de chequear si padecen de osteoporosis, pero en muy bajo índice asisten a una consulta cardiológica. Inclusive, anteriormente se pensaba que hasta los 65 años, las féminas estaban protegidas de padecer un evento cardíaco gracias a la acción de los estrógenos. Ahora se sabe que ellas no están totalmente exentas; de hecho, ciertas publicaciones especializadas, como, por ejemplo, la de la página web del Texas Heart Institute, señala que hasta hace relativamente poco tiempo las damas "recibían tratamiento menos intensivo para las enfermedades del corazón y se realizaban menos estudios diagnósticos. Por consiguiente, cuando muchas mujeres eran por fin diagnosticadas con enfermedades del corazón, generalmente se encontraban en un estado más avanzado de la enfermedad y su pronóstico era peor".

Foto:Archivo

Factores psicosociales
El cardiólogo indica que existen varios "disparadores" de la muerte súbita. "El más relevante es el estrés psicológico, del que destaca en primer lugar la rabia, entendida como una reacción incontrolada ante una situación de enojo. En uno de los estudios que realizamos, comprobamos que la ira puede tener consecuencias devastadoras en una persona, y se puede medir al igual que se mide la intensidad de un movimiento telúrico. Hay escalas para describir el grado de exaltación, los valores se determinan del uno al siete; y de estos, se consideran peligrosos los superiores a cinco. En este nivel el individuo aprieta puños y dientes; en el 6 la persona golpea la mesa o tira la puerta y, en el siete, se está fuera de control, se lanzan objetos y se agrede físicamente al otro. En este punto se corre el riesgo de que sobrevenga un evento cardíaco. Una rabieta sube la presión arterial, aumenta el colesterol malo y disminuye el bueno, origina tensión muscular y favorece la formación de coágulos y trombos. El riesgo de muerte súbita está latente las dos primeras horas tras vivir el episodio enojoso, y este cuadro puede reactivarse cada vez que la persona recuerde o relate el hecho detonante de la rabia.

Los otros disparadores son la ansiedad, el pesimismo, la desconfianza, la depresión, la cual multiplica siete veces el riesgo de muerte súbita. Igualmente afectan vivir en aislamiento social, no contar con una red de apoyo familiar y social, llevar una mala relación de pareja. Recientemente en Inglaterra se publicó un artículo en el que se señala que así como una buena relación es un apoyo importante, una conflictiva multiplica por tres el riesgo de muerte.

Otro factor menos frecuente es realizar un ejercicio intenso, particularmente para aquellas personas que no están acostumbradas. Se llaman 'los guerreros del fin de semana', quienes nunca han hecho deportes y de repente, un sábado o domingo, se ponen los zapatos, un mono y se lanzan a correr por todo lo que no han corrido en toda su vida; e inesperadamente caen víctimas de un ataque cardíaco".

Foto: Archivo

Cuestión de horario y calendario
Un estudio realizado por el doctor Mendoza en colaboración con un grupo de especialistas, determinó que la muerte súbita tiene un patrón de ocurrencia y distribución. Según los datos presentados en el informe de esta investigación titulada Ritmo circadiano de la muerte súbita en Venezuela, la cual, el pasado año, se hizo merecedora del primer lugar del Premio Nacional de Investigación en su especialidad otorgado por la Sociedad Venezolana de Cardiología, los venezolanos suelen ser víctimas de eventos cardíacos durante las primeras horas de la mañana, especialmente los días lunes. "Una de las razones de este patrón es que al comienzo del día se eleva la producción de ciertas hormonas como el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina, las cuales contribuyen a aumentar la frecuencia cardiaca y la tensión arterial. Y el hecho de que este tipo de muertes ocurra en mayor proporción los inicios de semana, se piensa que es motivado por el estrés laboral; inclusive, algunas encuestas señalan que 80% de los venezolanos no está satisfecho con el trabajo que realiza. Por otro lado, hemos determinado que hay una relación entre el aumento de los casos de muerte súbita y la pérdida o amenaza de pérdida de algún ser querido, al igual que las fechas aniversarios de dichos acontecimientos dolorosos. Estas observaciones fueron recogidas en un segundo trabajo denominado Muerte súbita efecto aniversario, que recibió el premio antes mencionado al año siguiente".

La persona como un todo
No son pocas las investigaciones que resaltan la importancia de tratar a los pacientes de manera holística; es decir, atender tanto las necesidades físicas como las psicológicas. Un tratamiento integral surte mejores y más rápidos efectos que los que se plantean desde la visión única de la medicina alopática. De esta visión holística de la medicina es completamente partidario el doctor Mendoza, quien propone poner especial atención en los aspectos mentales, emocionales y espirituales del paciente. En este sentido, propone como práctica saludable, el ejercicio del perdón, "es el mejor antihipertensivo; hay una serie de factores positivos que tienen un efecto sanador: la flexibilidad, el optimismo, la gratitud, logran resultados muy positivos en el organismo".

Conciencia pública
La probabilidad de que un paciente egrese de una institución hospitalaria luego de haber sufrido un paro cardíaco fuera de este ambiente es menor a 10%. Sin embargo, este porcentaje se eleva a 74% cuando la persona recibe desfibrilación eléctrica extra hospitalaria; especialmente si esta atención se lleva a cabo durante los primeros tres minutos del evento cardiaco. "De aquí la importancia de desarrollar campañas de concientización -comenta el cardiólogo- dirigidas a resaltar la importancia de la incorporación de equipos desfibriladores automáticos y portátiles en espacios públicos y muy transitados como el metro. Este es un tema de salud pública que debería ser abordado con toda seriedad".

bbarragan@eluniversal.com

Vivir en paz

Los ataques de rabia o ira, la ansiedad, el pesimismo, la desconfianza y la depresión aumentan el riesgo de muerte súbita. Incluso se dice que el estar deprimido lo multiplica por siete. Y es que el estrés psicológico es realmente perjudicial para el organismo. Por ello, también se han visto más casos de este tipo de muertes en individuos que no cuentan con el apoyo de una red social de amigos y familiares. Quienes viven en soledad están más propensos, lo que no es algo para sorprender a nadie. Y si bien, como era de esperarse, vivir en pareja ayuda a cualquiera; todo lo contrario ocurre cuando la relación es conflictiva. Y es que, en este caso, el riesgo se multiplica por tres. Así que, en esta materia, como en otras, es completamente cierto aquello de "más vale estar solo que mal acompañado".


Un buen ejercicio

El doctor Iván Mendoza recomienda practicar la relajación y utilizarla como herramienta para manejar los momentos estresantes. Se pueden seguir las técnicas propuestas por Herbert Benson, reconocido especialista que se ha dedicado durante más de tres décadas al estudio del potencial curativo que se encuentra en nuestra mente. Estas instrucciones sencillas componen su método:

• Sentarse en silencio en una postura cómoda.
• Cerrar los ojos.
• Relajar a fondo todos los músculos del cuerpo dejándolos "sueltos", apoyados en la superficie donde nos encontremos, como si tuviéramos la sensación de que esa parte nos pesara más de la cuenta.
• Empezar por los pies, pensar que nos están pesando, y avanzar lenta y progresivamente esta sensación de pesadez por el resto del cuerpo: las piernas, las manos, los brazos, el abdomen (sentir que toda la espalda se apoya relajadamente sobre la superficie donde nos encontremos) y así hasta los músculos de la cara.
• Respirar por la nariz. Tomar conciencia de la respiración. Respirar con naturalidad, no profundamente.
• Continuar durante diez a veinte minutos. Pueden abrirse los ojos para comprobar el tiempo, pero no utilizar un despertador ni un sistema de alarma. Al terminar, permanecer sentado durante algunos minutos, primero con los ojos cerrados y después abiertos.
• No levantarse hasta que hayan pasado algunos minutos.
• No preocuparse por conseguir un nivel de relajación profunda. Mantener una actitud pasiva y dejar que la relajación se presente según su propio ritmo. Si aparecen pensamientos perturbadores, debe ignorarlos.
• Debe practicarse esta técnica una o dos veces al día, pero no durante las dos horas siguientes a una comida, porque los procesos digestivos interfieren en el surgimiento de la respuesta relajante.


Coordenadas
Iván Mendoza. Cardiólogo electrofisiólogo. Instituto de Clínicas y Urología Tamanaco.
Edificio Anexo. San Román. Telfs.: 993.2866 / 999.0576

Fuentes consultadas
www.susmedicos.com
www.revista.consumer.es
www.saludalia.com



 
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