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¿Un tipo loco?
El jurado consideró la posibilidad de que George estuviera demente: "Soy el hombre que lo hizo y me deben colgar por ello"
Hablemos sobre la demencia. A lo largo de la historia, los sistemas judiciales de la mayoría de los países se han mostrado reacios a ejecutar a asesinos que padecen de enfermedades mentales. ¿Cuándo está un homicida tan enfermo que no puede ser responsabilizado por sus acciones?
Esa pregunta se la han hecho los jurados durante cientos de años en miles de casos de asesinato. Las normas que a los miembros del jurado a menudo les piden que sigan son conocidas como las Reglas de M'Naghten, llamadas así en honor de Daniel M'Naghten, quien, años atrás, le disparó al primer ministro de Inglaterra, Sir Robert Peel, y, por error, mató a su secretaria. En pocas palabras, estas normas establecen que para escapar de la pena de muerte, alguien que se confiesa demente debe satisfacer al jurado en uno de dos sentidos, que no sabía en lo absoluto lo que estaba haciendo o que, si lo sabía, desconocía que aquello era un acto ilegal.
El caso que abordamos hoy involucra a un tal George Townley. George se crió cerca de Manchester, Inglaterra, donde recibió la educación primaria. En 1857, a la impetuosa edad de 19 años, conoció a una chica de 16, Bessie Goodwin. Durante dos años, la joven pareja no se citó mucho. Sin embargo, en 1859, su romance floreció. A lo largo de tres años se vieron casi a diario. George le propuso matrimonio. Bessie aceptó de inmediato.
La mamá de Bessie estaba encantada con la unión. Su padre, un ingeniero civil, a menudo estaba lejos de casa debido a proyectos en los que trabajaba y no se le pudo informar de inmediato sobre el compromiso de su hija. Éste siguió su curso de acuerdo a lo acostumbrado, hasta que George partió a Francia para mejorar su conocimiento del francés. A su regreso aceptó un empleo en un negocio de venta al detal en Londres. Dado que la familia de Bessie estaba domiciliada en Chester, se intercambiaban mucha correspondencia.
Entonces ocurrió. Para George fue el fin del mundo. Bessie le escribió que el compromiso se cancelaba. Insinuó que su madre ya no aprobaba el noviazgo. De hecho, su madre insistía en que Bessie le hiciera una larga visita a su abuelo, un opulento y anciano caballero que vivía en Derbyshire.
George quedó devastado. A duras penas podía seguir adelante. Tanto así, que realizaba sus tareas en su trabajo de manera tan deficiente que lo despidieron. Volvió a trabajar en el negocio de su padre. Pero le siguió escribiendo a Bessie. Gradualmente, la actitud de la chica cambió. El compromiso se reestableció con el consentimiento de la madre de la joven. Quién sabe, quizás la mamá de Bessie pensó que las perspectivas de George habían mejorado cuando comenzó a trabajar en la firma de su padre. Sea cual fuere el motivo, en mayo de 1863 George y Bessie pasaron 17 días en la residencia de la madre de ella y cuatro días en la casa de los padres del novio.
Después de la visita de tres semanas, Bessie regresó a Derbyshire. Los amantes parecían estar camino del altar pero, por desgracia, Bessie conoció a un ministro. El abuelo pensó que el ministro era una presa mucho mejor que nuestro George. Evidentemente, Bessie estaba de acuerdo. Le escribió a George, "Debo pedirte que me liberes del compromiso. No quiero casarme. No tengo previsto casarme, pero te mando estas líneas para que me escribas una carta que me permita decir que no tengo ningún compromiso".
Una vez más, George estaba fuera de sí. Conversó sobre su difícil situación con su madre y le mostró la misiva. La señora Townley le dijo a su hijo que parecía que Bessie estaba siendo constreñida a poner fin a su compromiso. George respondió a la carta de Bessie. Es demasiado larga para reproducirla aquí, pero en esencia le decía que tenía el corazón roto. Desaparecería silenciosamente de su vida, pero sólo le pedía una cosa a Bessie. Quería reunirse con la joven y escuchar su rechazo de sus propios labios. Entonces se marcharía de Inglaterra para siempre.
Bessie recibió la carta, escrita con un tono sentimental, y aceptó reunirse con George. Era lo menos que podía hacer. Antes de que se pudiera terminar los arreglos, la joven cambió de idea. Pero era demasiado tarde. George ya estaba camino de Derbyshire. En el camino compró una navaja.
A su llegada, George llamó a Robert Harris, el director de una escuela local. George le extrajo a Harris toda la información que pudo sobre Bessie. Se enteró de que ella veía frecuentemente a un ministro y de hecho estaba comprometida con el distinguido hombre. Harris no reveló el nombre del ministro. Luego declararía que George actuó de manera calmada y normal. George le contó a Harris sobre su compromiso roto y que quería escuchar las palabras de boca de Bessie.
George se dirigió a la residencia del abuelo de Bessie. Le dijo a un sirviente que quería verla. Momentos más tarde estaba con su antigua prometida. Los jóvenes conversaron y luego salieron a dar una vuelta. Una hora después, un obrero llamado Conway observó a Bessie, quien andaba confundida por la vía. Estaba cubierta de sangre. "Lléveme a casa", imploraba la mujer herida. Conway la ayudó. Mientras caminaban, vio a George a poca distancia del lugar.
George confesó voluntariamente: "Yo la apuñalé". Luego él también ayudó a llevar a Bessie a su casa, mientras mascullaba oraciones como "No debiste ser falsa conmigo". Cuando otro hombre se unió al séquito, George le dijo: "Soy el hombre que lo hizo y me deben colgar por ello". Justo antes de llegar a la casa, Bessie murió. George se inclinó y la besó.
Adentro, el abuelo de Bessie preguntó quién había matado a su nieta. Cuando George confesó ser el culpable, el anciano mostró la máxima hospitalidad británica. Invitó a George a la sala de estar para tomar un trago de brandy mientras Bessie era colocada en el piso de la cocina.
Cuando llegó la policía, George les dijo: "Quiero entregarme por asesinar a la joven".
No hay mucho misterio en este caso, amigos. El asesino confesó ante varios testigos. Incluso habló de ser colgado, lo cual denotaba que él sabía que el acto de asesinar era incorrecto. La única defensa posible era alegar demencia. Los padres de George contrataron a los mejores abogados a fin de salvar a su hijo.
El 11 de diciembre de 1863, George Townley fue enjuiciado por asesinato. Se declaró no culpable. Los abogados de George insistieron en el tema del compromiso, en un momento reestablecido, luego cancelado nuevamente, destacando la angustia que esto había causado en su cliente.
¿Un hombre cuerdo le cortaría el cuello a una muchacha y luego la ayudaría a llegar a casa? George había hecho arreglos para pasar la noche en la cercana posada Bull's Head, lo cual ciertamente no reflejaba las acciones de un hombre que estuviera planeando cometer un asesinato.
Dos médicos subieron al estrado. Ambos admitieron que George estaba cuerdo antes y después del asesinato. Sin embargo, dijeron que estaba demente en el momento en el que la mató. Afirmaron que había sido empujado más allá del umbral de la cordura por las cartas de Bessie. Él pensaba reconquistarla pero, al fracasar, había perdido el control y la había atacado.
La fiscalía presentó la hipótesis de que el hecho de que George hubiera comprado el arma cuando se dirigía a ver a Bessie indicaba premeditación. Además, si todo hombre que hubiera perdido el afecto de su novia era declarado demente, Inglaterra estaría habitada por lunáticos delirantes. El jurado necesitó seis minutos para decidir que George estaba cuerdo y encontrarlo culpable. No hicieron ninguna recomendación de clemencia y el hombre fue sentenciado a la horca. Su pena fue conmutada a cadena perpetua. El cambio no hizo mucha diferencia. El 12 de febrero de 1865, George Townley saltó por encima de un barandal en la prisión y cayó de cabeza casi ocho metros hasta un piso de piedra. Murió tres horas después.
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