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Yuraima Blanco
Con el fogón vivo

La pura circunstancia la condujo a las puertas de la Kasa Loka. Ni siquiera las tocó. Simplemente se le abrieron. Y desde entonces —hace siete meses— se le puede ver cocinándole a los integrantes de una familia —que no Adams, pero casi— en la cual el que menos masca, masca un chicle de desfachatez con desparpajo.
María Elisa Espinosa. Foto: Natalia Brand

Aunque la television nunca había sido lo suyo, hasta ahora, Yuraima Blanco se mueve en ella como gacela. Sutilmente, y sobre todo plácida, se le ve ocupando los espacios de una cocina por la cual ya ha pasado más de un chef; aunque quien ha quedado es ella, allí, con su cabeza rapada, su tez oscura, sus blanquísimos dientes y una serenidad que pareciera estar a prueba de la lokura —sí, con k— de la cual, asegura, nadie se salva en esas cuatro paredes. Ni siquiera los técnicos. Ni siquiera ella, “la Negra”, como todos le dicen en el set, en la calle, en la familia, en la vida.

¿Cómo pasó de los fogones a la pantalla? ¿Quién la descubrió?
Televen. Estuve aquí en diciembre del año 2004, cuando trabajaba como chef-director del restaurante Mazara Bar. Vine con mi equipo de cocineros a cocinar en una tarima, y pasó algo allí, no sé qué fue, que ellos decidieron llamarme en enero para un casting. Después de ese servicio que dimos, todos fuimos felices, y lo que yo pensé era un capricho (del canal), me llevó a esta Kasa Loka desde donde trato de hacerlo un poquito mejor cada día, pidiéndole sugerencias al público para que me ayuden a darles la información que ellos necesitan. Porque de eso se trata la vida: aprender y dejar a los demás lo que uno tiene”.

En las cámaras, sin embargo, desde ya refleja estar como pez en el agua...
“Lo que pasa es que tenemos un equipo divino. En Televen se trabaja excelente, creo que por su gente. Hay mucha comunicación, se aceptan los errores y se enmiendan. Te ayudan, te dan apoyo, te empujan... Henrique Lazo, Ana María Simon, Jean Paul (Leroux) han sido un apoyo para mí excelente, aparte del equipo de producción que es todo lo que tengo detrás de mí para que pueda salir algo de la Negra”.

Arepas al mayor
Siendo la número 15 entre 18 hermanos, Yuraima, la Negra, la consentida entonces, y la consentidora hoy, nació en la Maternidad Santa Ana de San Bernardino, porque su mamá era enfermera y en esos días trabajaba allí. Con todo, se define —y se siente— barloventeña, “porque fui criada allí, aunque nací en Caracas, en el año 1970; es decir, que mi edad es pública. Tengo pocas cosas que esconder porque tengo una familia tan grande que ellos se encargan —con un detalle que dé cada uno— de que todo lo mío se sepa (risas)”.

¿Cómo es eso de haber nacido entre fogones?
“Lo que pasa es que tanto mi papá como mi mamá nacieron en Curiepe, Estado Miranda. De hecho, toda mi familia, tanto por parte de mamá como de papá, es de allá. Y sí, me crié entre fogones porque para mi abuelita, mi mamá, mi papá, mis tíos, mis hermanos, para absolutamente todos, por ser una familia tan numerosa, cocinar en una cocina con cuatro hornillas siempre fue un poco complicado. Así que me crié entre fogones, y los fogones me dan mucha fuerza, primero porque me recuerdan todo ese linaje que tengo de personas que ya no están, como mi abuela y como mi mamá, que me enseñaron a no tenerle miedo a budares donde caben 40 arepas o a ollas donde caben 80 litros de sopa. Así que entre fogones vivo todavía. Siempre mantengo el fogón vivo”.

¿Se puede cocinar con preocupaciones en la cabeza?
“Creo que cocinar más bien te las quita, porque te ocupas. De alguna manera estás propiciando sensaciones distintas que van a permitirte discernir mejor después de esa preparación. Porque cocinar siempre es un placer, y desde el placer uno resuelve siempre mejor las cosas”.

¿Es de muchas preocupaciones?
“No, soy de muchas ocupaciones. Y de muchas ocupaciones por tradición, porque tengo que trabajar, porque tengo muchos familiares de los cuales tengo que ocuparme, tengo amigos, también estoy estudiando en este momento (una maestría a distancia en España sobre gastronomía)... Tengo muchas actividades a lo largo de todo el año”.

¿Desde cuándo cocina profesionalmente?
“Desde hace cinco años, pero mi primer arroz lo hice cuando tenía siete”.

¿No se le quemó?
“No, no se me podía quemar porque tenía a mi mamá al lado supervisando cómo me quedaba”.

Ese boom que hay de chef desde hace cierto tiempo en Venezuela, ¿qué le dice?
“Me dice muchas cosas. Me dice primero que, aparte de ser algo un poco esnobista, nos ha tocado porque nos ha tocado. Venezuela es un país rico en gastronomía, tiene una gastronomía envidiable para el mundo entero, y dentro de Latinoamérica es una de las más divinas por su variedad, sus sabores y aromas. Nosotros los venezolanos sazonamos de una manera distinta al resto del mundo, y además siempre muy rica, muy agradable. Y lo que estamos haciendo con eso es simplemente apoyar un poco lo que es nuestra cultura gastronómica. No es solamente el boom, sino que el boom ha funcionado para reflexionar un poco sobre cómo comer. Antes, los chef se caracterizaban por ser gordos porque se encargaban de hacer comida para que uno comiera. Hoy por hoy existen escuelas que te forman dentro de una cultura gastronómica en la que tú no solamente sazonas y deleitas el paladar, sino que combinas todos los sentidos y, además, generas salud a través de esa preparación. Es un crecimiento”.

¿Cuál es su especialidad culinaria?
“La comida típica venezolana, la comida criolla, la comida afrovenezolana es mi mayor delirio. Y después de eso la comida mantuana, por recetas y preparaciones que he visto en toda mi familia. De hecho, tengo un ponche mantuano que elaboro y comercializo. Es una receta ancestral que nos quedó de una tía, de alguna otra tía, de alguna vez que le sirvió a los blancos criollos aquí en Caracas en la época de la colonia. Y ese ponche lo hemos ido, por supuesto, mejorando, agregándole algunas cositas porque los ingredientes han cambiado y la manera de manifestarse es distinta. En esa receta ancestral te dice, por ejemplo, una locha de clavo especia, y eso no existe hoy. ¿Retomar todo eso por qué? Pues porque nosotros tenemos ancestros, nosotros venimos del indio, del negro, del español. Hoy por hoy somos la mezcla de todo el mundo, del cubano, del sudafricano, del portugués, del italiano. En fin, por eso somos tan divinos”.

¿Se ha sentido discriminada en algún momento por su color?
“No. Para mí ha sido algo tan bello que en mi casa toda la vida me hayan dicho la Negra, que resulta una manera de identificarme con el afecto. A mí me dicen la Negra y nunca he podido identificar eso con otra cosa que no sea afecto. Nunca he sentido rechazo por eso. Quizás cuando estaba bien pequeña se veía cierta diferencia porque hemos ido creciendo culturalmente y lo hemos venido manifestando de manera distinta. Pero, precisamente en mi desarrollo profesional, emocional y espiritual no he sido discriminada ni en mi casa ni en la cocina ni en la universidad ni en ninguna parte”.

¿Ni en la televisión?
“Ni en la televisión. Yo soy, quizás, un ejemplo para muchos de mis compañeros, en el sentido de demostrar que aquí sí se puede ser feliz siempre, si uno quiere. Y en la vida todo es cuestión de actitud. Yo doy gracias a Dios, y si volviera a nacer quisiera nacer negra, ser hija de la misma madre y del mismo padre, tener los mismos hermanos, y tener la misma dicha, a lo mejor con alguna diferencia que me pueda dar la vida, pero quisiera volver a ser la negra Yuraima Blanco”.

La Negra en su tinta

¿Qué le hace llorar, además de la cebolla?
“Me hace llorar la felicidad. O sea, que lloro con frecuencia”.

¿Y qué le conmueve?
“Me conmueve generar placer a través de los sentidos, dar un abrazo. Amar y ser querida me
conmueve mucho”.

¿Qué no perdona?
“La falta de lealtad”.

¿Y en qué cree?
“En todo lo que se mueve”.

¿Su plato favorito?
“El pabellón”.

¿Y su ingrediente favorito?
“El amor”.

¿Su chef favorito?
“Sumito Estévez”.

¿Por qué?
“Porque lo siento muy parecido a mí. Me parece que cocina con el corazón. Lo que hace lo hace pensando en él, en su país y en todo lo que puede generar”.

¿Su flor favorita?
“El lirio me encanta”.

¿Y el aroma que le mueve más?
“Con los aromas sí que está complicado, porque casi todos me enloquecen. Pero te puedo decir de un aroma: el cacao, que me recuerda a mi infancia, a mi madre, a todo lo que he vivido desde mi nacimiento”.

 

Ni un pelo en la sopa
Ese look, ¿es a propósito, pura coquetería...?
“Este look obedece a muchísimas cosas. En principio, porque me encanta, es una manera muy fácil de identificarme. Segundo, porque el tiempo para mí apremia. Yo necesito vivir, necesito compartir, y como tengo tantas actividades extra, aparte de lo que es la cocina que consume tanto tiempo... Además, soy gregaria ciento por ciento, soy una persona que necesita del contacto con su familia, con sus amigos, y el tiempo para la peluquería con un cabello tan ‘frito’ como el mío, es difícil. Así que decidí, simplemente, ser más libre en ese sentido, tener más tiempo para compartir y crecer. Entonces me lo raspo, y además me sirve porque nunca a mi comida le van a decir: ‘¡Ups, aquí hay un pelo!’. Es decir, es una comida sin pelo siempre (risas)”.

¿Quién está más loco en la Kasa Loka?
“Ja ja ja... Eso está difícil de definir, porque estamos locos los que estamos dentro de la casa y los que están afuera, también. Los que nos dan el servicio de luz, todo el equipo es muy loco, pero el que más loco está en la casa es Henrique (Lazo). Ese es el más loco de todos y es el que me inyecta un poquito de locura cada día o nos fortifica esa locura cada día”.

¿Queda alguien cuerdo allí?
“No, ya no, no es posible. El que está, está loco. Allí todos estamos locos. Yo pienso que de verdad es una casa loca, muy loca”.

Coordenadas
Kasa Loka, programa transmitido por Televen, de 9:00 am a 12:00 m, de lunes a viernes. Residentes: Henrique Lazo, Ana María Simon, Jean Paul Leroux, Mariela Celis, Yuraima Blanco, Verónica Silva y Enrique Guart.
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Sacarle el jugo a cada experiencia

El paso de Yuraima Blanco por Televen está precedido por un currículo donde sabores y aromas se han logrado conjugar con mucho trabajo y no menos estudios.

La Negra es técnico superior en Administración de Personal, pero además ha realizado varios cursos en el área de gastronomía, aguas en las que mejor se mueve. También ha sido maestra en estas lides, y lo piensa seguir siendo, ahora con la primera posada-escuela de Venezuela que anda “cocinando” en tierras barloventeñas, estimando poder inaugurarla a mediados del año entrante.

De allí que no se imagine, más allá de diciembre, cuando concluya su contrato con Televen, en las pantallas de televisión. “Para mí esta experiencia es algo totalmente circunstancial”, no duda en afirmar quien ha sabido sacarle el jugo a cada cosa hecha. Incluido aquel experimento emprendido en El Hatillo, que llamó “Tlon, el club del escenario”, y el cual, según sus palabras, “más que un restaurante, fue un lugar que hice pensando en la recreación del adulto contemporáneo. Lo que hacía allí era fusionar la gastronomía con la música, la danza, la poesía,
las artes plásticas. Me encantaría reactivar algo así, porque para mí no hay nada más grande en el mundo que generar placer, y a pesar de que ese espacio era tan pequeño... lo generaba”.

 

 

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