
Frente a su tienda en La Castellana
ALBERTO DE CASTRO
Destacado diseñador venezolano, toma la moda que ve en el Metro y en las calles y, con trazos de alta costura, la lleva a las elegantes noches capitalinas
Foto: Natalia Brand
Él se siente atrapado por esta ciudad. No sabe exactamente la razón, pero sospecha que lo está por los colores de la urbe, la gama de verdes, la luz intensa, la nobleza de los ciudadanos, El Ávila o, por qué no, quizás el caos. Sin duda, el contraste es determinante en este asunto, pues pocas cosas detesta tanto como la uniformidad. Por eso le seduce la idea del buen vivir, de tomar un vino delicioso y, luego, salir a la calle y subir al Metro para ir a Candelaria, lugar que disfruta y donde ha vivido desde niño. Por tanto, Alberto De Castro no tiene deseos de irse a Nueva York o París para probar suerte como diseñador de moda; qué va, nada es tan valioso, dice, como para dejar Caracas por siempre.
Si le pedimos que se defina, lo hace brevemente y sin rodeos: "Soy un voyerista de la ciudad, un mirón, pues". Por eso, la vida de peatón es para él casi una necesidad. "A veces, por puro ejercicio, decido andar toda una semana en transporte público. ¿Para qué? Para mantenerme en contacto con una realidad, esa que abarca a 90% de la población, a la gente del carrito, del Metro… allí es donde donde hay moda".
Lo dice, pues cree que la Caracas de menos recursos económicos, por osada y por ser más permisiva socialmente, se viste de forma más creativa que las clases adineradas. "A mí me divierte ir en una camionetica, me lleno de imágenes y colores. En la 'alta sociedad', en cambio, la gente es aburridísima. Las niñas se visten todas iguales, pantalón gris y camisita blanca, porque ellas son clásicas. ¡Aburridas es lo que son!", dice.
Así que él, como diseñador, procura llevar algo de esos colores y combinaciones para, con el trazo de su alta costura, vestir de gala las noches glamorosas de la capital.
Por eso, De Castro adora caminar sin límites por la ciudad. "Me duele la gente que dice: 'Yo sólo transito por Chacao'. Y lo dicen como si eso les diera estatus. Me dan tristeza, porque están perdiéndose el resto de la urbe. Yo me muevo sin fronteras. Claro, con prudencia para que no me roben (porque ya lo han hecho), pero también sin prejuicios", afirma.
| "Soy un voyerista de la ciudad, un mirón, pues... a mí me DIVIERTE ir en una camionetica, me lleno de imágenes y colores" |
No quiere lucir populista, pero así como visita Casablanca también anda por el Centro, compra en La Hoyada o en El Cementerio, ve tiendas en Sabana Grande y hasta recorre todo San Martín buscando accesorios para el hogar. "Y ése es el secreto de Caracas: saber mezclar, ponerse unos zapatos de Prada, un pantalón de Zara y una franelita de Graffiti", sonríe.
Antes solía "bicicletear" los fines de semana, luego comenzó a trotar en el Parque del Este, y ahora pasea de vez en cuando por el Jardín Botánico y su indiscutible lugar preferido, maravilla que ubica sobre cualquier otra devoción: la Universidad Central de Venezuela. "Es un lugar encantador para caminar los domingos. Lo otro que hago es desayunar donde unos árabes en la avenida Victoria, un sitio escondido y casi secreto, pero muy especial", y para mantenerlo oculto, se ahorra las señas.
Pero lo que sí se atrevió a adelantar es el proyecto que desde hace rato le da vueltas en la cabeza, y que algún día espera convertir en el argumento, tal vez polémico, de sus nuevos diseños: "Quiero hacer una colección basada en la estética de las gráficas de los carritos por puesto", guarda silencio y asiente con picardía, y pareciera que todos los muebles de su fantástica tienda le ofrecieran complicidad en esta propuesta que vendría, con toda justicia, a hacerle honor a su amor confeso por esta Caracas que no se cansa de mirar.
johan_ramirez3@hotmail.com
Asistente de fotografía: Anita Carli
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