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Diga que sí

En Venezuela la actividad del trasplante ha mejorado significativamente desde que empezara a funcionar el Sistema de Procura de Organos y Tejidos en 1999. Ahora, todo se ha profesionalizado, pero sigue dependiendo de un "sí" para su definitivo despegue. El de la familia. Raúl Chacón Soto


"-Su marido ha muerto.
-No puede ser, parecía que
respiraba.
-Son las máquinas que le están oxigenando. ¿Quiere que le
avisemos a algún familiar?
-No tengo familia, sólo mi hijo.
-¿En vida le dijo algo acerca de la donación de
órganos?
-A él sólo le preocupaba vivir.
-Pero supongo que era solidario con la vida de los demás.
-No entiendo...
-Lo que quiero decir es que los órganos de su marido pueden salvar la vida de otros enfermos.
-O sea que... ¿le pueden hacer un trasplante?
-Más bien todo lo contrario".

Lo que acaba de leer es el diálogo de una de las escenas iniciales de Todo sobre mi madre, la premiada película de Pedro Almodóvar. Las frases corresponden a una dramatización, de las que suelen hacerse en los cursillos sobre donación de órganos, del crucial momento cuando se aborda a una familia que acaba de perder a un ser querido. Manuela (Cecilia Roth), la protagonista del film, es una coordinadora de trasplante quien, entre sus múltiples tareas, tiene la asignación de enseñarle a colegas la mejor manera de notificar la mala noticia a los familiares y de conseguir su consentimiento para extraer del cuerpo los preciados órganos que servirán para salvar unas cuantas vidas. Lo que no sabe Manuela es que, tras uno de los dramáticos giros que suelen poblar las películas del español, será ella misma quien, al poco tiempo, firmará la aprobación para donar los órganos de su propio hijo, gravemente herido en un accidente de tránsito. Llegado el momento, no lo duda un instante. Por su trabajo sabía de la importancia de una rápida decisión en ese sentido, a pesar del dolor que la afligía.

La escena descrita por Almodóvar -perfecta para los fines dramáticos de su película-, es, en realidad, una recreación del momento crucial sobre el que se sostiene el eficiente pero complejo programa de trasplantes español, uno de los más importantes del mundo, junto al de Estados Unidos. Dependerá de ese instante, cuando el médico, o, mejor dicho, el coordinador de trasplantes, entabla conversación con la familia, la posibilidad de darle continuidad a un elaborado proceso que debería culminar con el exitoso trasplante de un órgano en un afortunado paciente (o varios) que verá, así, prolongar su vida, cuando otro ya la tiene perdida.

La situación antes descrita es cada vez más común en España, y también en Venezuela desde que en 1999 empezara a funcionar el Sistema de Procura de Organos y Tejidos (SPOT), concebido a imagen y semejanza de su similar europeo. De igual manera, en ambos países el consentimiento de los familiares es, por ley, necesario para proceder a la extracción de los órganos, aunque el pariente fallecido haya declarado, en vida, que su voluntad era la donación. Si el cónyuge, o los padres, o los hijos, o los primos, dicen que no, es no. De allí, pues, la relevancia del momento.

Algunas claves

l Al Sistema de Procura de Organos y Tejidos se accede por el teléfono 0800-DONANTE (366.2683). Allí dan información a los interesados y se manifiesta la voluntad de ser donantes. También es el número a través del cual se notifica la identificación de un donante potencial. Desde ese centro se alerta, inmediatamente, a los coordinadores hospitalarios de trasplante, a los cirujanos y a Inmunología.

l A finales de octubre de 2001 se dieron a conocer los resultados del estudio Percepción de la donación de órganos en la sociedad venezolana, el primero que se hace sobre la materia en el país. He aquí algunos de los datos más interesantes: ¿Razones por las que no sería donante? 40%, por miedo a que tomen los órganos sin estar muerto (piensan que los van a matar o que los van a dejar morir para sacarle los órganos); 26%, por desconocimiento; 17%, por desconfianza, y 16%, por el rechazo a la idea de la mutilación. Conclusión: Hay miedo. Por ello la necesidad de campañas de información. En la medida que se entienda cómo funciona todo el sistema se podrá generar confianza sobre la actividad.

l El Gobierno, en Gaceta Oficial, ha autorizado a la ONTV para llevar adelante la actividad de trasplante en Venezuela. Una decisión que fue ratificada en septiembre del año pasado. El MSDS se encarga de supervisar la labor de la ONTV a través de un Convenio de Desempeño, donde se establecen las metas a cumplir.

l En 2002 se creó la figura del fideicomiso para que los pacientes de bajos recursos no paguen por el servicio. La partida anual del MSDS, para trasplantes, es de nueve millardos de bolívares.
l El tiempo de espera en Venezuela para trasplantes de riñón está alrededor de los 19 meses. Para hígado, está entre 6 y 12 meses.

l No existe ninguna posibilidad de que de que algún país atienda la demanda de ciudadanos extranjeros. Cualquiera que se ofrezca a resolver el problema de ciudadanos de otros países está participando en actividades ilícitas.


vista ampliada

Todo sobre el trasplante
¿Por qué se habla de elaborado y complejo proceso cuando se trata de trasplantes? Como bien dice Héctor Rivas, presidente de la Organización Nacional de Trasplante de Venezuela (ONTV), la ONG que ha impulsado y ha puesto en marcha el SPOT, la procura de órganos es una tarea de titanes en cualquier parte del mundo (y es sólo un aspecto a tomar en consideración). Venezuela no es una excepción, pero mucho ha mejorado en estos últimos años, al punto de que ha abandonado el sótano donde se encontraban los países con peores desempeños en la materia del mundo, para alcanzar las tasas promedio de los países latinoamericanos (salvo Puerto Rico, México y Chile). El gran cambio se debe a la cristalización de los ambiciosos proyectos que el mismo Rivas había anunciado en esta revista hace ya más de cuatro años, y que han permitido la verdadera profesionalización de la actividad en el país, siempre, como él mismo insiste en recalcar, con la autorización del Ministerio de Salud y Desarrollo Social.

La ONTV ha actuado en las dos grandes ramas que conforman el proceso que hace posible la realización de los trasplantes. Por un lado, y como ya se ha dicho, ha logrado aumentar la oferta de órganos gracias al SPOT, una metodología de trabajo de cinco etapas que aparecen muy bien descritas en el gráfico que acompaña este trabajo. Rivas aporta cifras que reflejan el enorme salto que se ha dado en el país gracias a este sistema: "Del 99 para acá hemos visto tasas de donaciones cadavéricas -así se llaman las donaciones obtenidas con el consentimiento familiar de pacientes ya declarados muertos en las terapias intensivas-, que no se habían visto desde 1967.
En estos cuatro años se han detectado 527 donantes potenciales, y de esos 527 efectivamente lo fueron 220 -en casi la mitad de los casos los familiares
se opusieron-". La cifra no parece muy alta, pero representa un incremento importante en relación con las que se manejaban en 1999. En ese año, del total de la actividad de trasplante, 29% correspondía a donación cadavérica -el resto se debió a la donación de personas vivas a sus familiares-, mientras que en 2003 la cifra ascendió a 60%.

La gran diferencia se debe a que esta actividad descansa, ahora, en manos profesionales. Dentro del SPOT es clave la figura del coordinador hospitalario de trasplante, justamente el trabajo que desempeña Manuela en Todo sobre mi madre. A estos profesionales -hay ocho en Caracas y 14 en el resto del país-, corresponde no sólo la detección de posibles donantes, sino evaluar la capacidad generadora de órganos en cada centro de salud -se mide por la cantidad de personas que atienden en sus unidades de terapia intensiva-, las tareas de educación del personal y, lo más difícil, el manejo de la solicitud de consentimiento para llevar a cabo la donación. De allí la importancia, entonces, de los cursillos como los descritos en la película.

El lector prevenido habrá podido inferir, además, que el SPOT se sustenta en el trabajo realizado en las unidades de terapia intensiva de hospitales y clínicas. Y es que es allí donde se produce la muerte en circunstancias que permiten la donación. El cuerpo debe mantenerse artificialmente con vida -así los órganos permanecen irrigados-, hasta que se realice la extracción. Esta realidad explica por qué no se pueden utilizar los cuerpos de tantas personas que mueren a diario en este país. Le da su verdadero sentido, también, al gesto de consentir, en vida, la donación de los órganos. Poseer una tarjeta de donante sólo es significativo si se ha comunicado la decisión a la familia, para que ésta respete el deseo cuando se le solicite el sí (lo que sólo puede ocurrir cuando se muere en una terapia intensiva). Resulta curioso, pero sólo 5% de los donantes voluntarios fallecen en condiciones que permiten la donación.

Pero no todo es la obtención de los órganos y tejidos; vital también es la otra rama sobre la que se sustenta todo el proceso, y que es la relacionada con la atención de los enfermos que necesitan urgentemente un trasplante. Ahora hay más órganos, pero ¿a quiénes dárselos y dónde? Mucho se ha mejorado también en estos aspectos. No sólo porque se ha logrado estructurar una red de hospitales y clínicas que funcionan como centros de trasplantes autorizados por el MSDS -aunque usted no lo crea, antes la actividad de trasplante se podía realizar en centros no autorizados-, donde pueden acudir los pacientes para ser evaluados y seguir tratamiento que les permitan mantenerse en buenas condiciones para recibir un trasplante; sino porque, por fin, se ha logrado conformar una lista de espera nacional -y no listas particulares de cada centro asistencial-, donde imperan los criterios de equidad, eficiencia y justicia social. Como asegura Rivas: "Cuando entras en la lista vas a competir con el paciente que está más enfermo o con el que tiene más tiempo esperando. Eso mejora las opciones para ser trasplantado. No importa si vives en Acarigua o en Caracas, todos tienen la misma oportunidad de lograrlo". En la asignación final también cuenta la suerte, pues se deben hacer estudios de compatibilidad donante-receptor que pudieran dar al traste con las esperanzas de quienes estén primeros en la lista.

Con más órganos disponibles de una parte; y pacientes más organizados de la otra, no es de extrañar que se hayan mejorado considerablemente las cifras. El propio Rivas acude a los porcentajes para ratificar la mejoría: "Desde 1967 hasta la fecha, se han contabilizado cerca de 2.800 pacientes trasplantados. Tomó del 67 hasta el 99 realizar 69% de la actividad, y sólo cuatro años hacer el 31% restante".

La mejoría ha sido notable, pero aún falta mucho por hacer. Todas las etapas necesitan mantenimiento, pero, sobre todo, se busca el cambio de actitud de las personas hacia el acto de donar. Existe mucha desinformación en relación con este tema, por lo que la educación es vital. El desconocimiento llega a tal punto que a veces hasta se debe aclarar dudas como la de qué le sucede al cuerpo del donante después de la extracción de los órganos, que no es más que una operación como cualquier otra. En el mismo sentido, la ONTV dedica grandes esfuerzos, por estos días, a la modificación de la normativa legal que rige a los trasplantes -en Venezuela sí existe una ley en la materia-, para que, en vez del consentimiento informado, se ponga en práctica el consentimiento presunto, que no es otra cosa que asumir que toda persona está dispuesta a donar si no expresó, en vida, su oposición a hacerlo. Con este cambio, asegura Rivas, se lograría duplicar inmediatamente la cifra de captación de órganos, con lo que ello representaría para garantizar la vida de miles de pacientes; y se eliminaría la carga que significa, para la familia que pierde un familiar en forma trágica, decidir si accede o no a la donación.

Detrás de un trasplante exitoso existe una inmensa estructura sustentada en dos grandes bisagras. Pero todo depende de un sí.

rchacon@eluniversal.com

Por una nueva vida

La vida es bella
"Todo sucedió muy rápido... entre vómitos y dolores de cabeza. Un día fue tan fuerte que me desmayé en una parada. Exámenes miles, evaluaciones, hasta que alguien dijo: debemos referirlo a un nefrólogo. Después de recorrer varios centros llegué al Hospital Clínico Universitario de Caracas. Cuando la doctora me llevó a ver una unidad de diálisis salí corriendo. Yo decía: 'Si voy a vivir así me doy un tiro'. Ella me tranquilizó y me habló de una alternativa: la diálisis peritoneal; antes de la mejor, un trasplante.

Me operaron para la colocación de un catéter en el abdomen, pero mi cuerpo lo rechazaba y me lo cambiaron cuatro veces. Sufrí 11 peritonitis en un año. Ese primer año pensé que moría. Solicité mi cambio a la hemodiálisis. Aprendí que todo tiene una razón de ser y la mía, gracias a Dios, es saber de lo que somos capaces de hacer, sentir, luchar; y ver que "la vida es bella".

Este tratamiento fue sumamente duro. Era traumático tener la sensación de orinar y llegar al baño y nada. Sólo podía tomar entre 800 cc y un litro al día. Si me pasaba no podía dormir ya que mis pulmones se llenaban de líquido y al acostarme no podía respirar. Perdí a mi novia. Dejé la carrera. La hemodiálisis es un cambio radical.

Yo era uno de quienes no tenían, en ocasiones, para comprar líneas, dializadores, medicamentos de la tensión o las vitaminas. En Venezuela era muy difícil el trasplante. Yo estuve en la lista los tres primeros años. No niego que me cansé; las posibilidades eran pocas, pero volví a entrar al quinto año y con mucha más esperanza. Sabía que era mi única alternativa de mejor vida.

Yo creí en que saldría de esto, y lo hice. Un 19 julio regresaba a Caracas desde Maracay. Caía una fuerte lluvia por la autopista; de repente, dejó de caer agua y noté cómo mis manos se llenaron de colores; y sentí algo maravilloso que nunca antes había sentido. Fue una experiencia única, divina. Mi amiga me dijo que pidiera un deseo y lo hice sin saber que a los días se cumpliría. Ese momento, unos segundos que fueron los más largos de mi vida, nunca lo podré olvidar. Era una señal; estaba siendo bañado por un arco iris. Tal vez crean que al final del arco iris existe una olla full de oro, pero en realidad, yo descubrí que allí se encuentra la verdadera felicidad.

Dos días después, a la una de la tarde, recibí la gran llamada. Nunca imaginé cómo actuaría. Fue una ocasión única e irrepetible: salté, grité. En cinco minutos ya estaba en el hospital. Recuerdo que llamaron a otras dos personas: una muchacha que no había comenzado a dializarse y un señor que tenía gripe. La cosa era entre ella y yo. Comenzaron los exámenes y no la vi más. Yo no llamé a nadie de mi familia para no crear falsas ilusiones. Lo hice cuando me llevaban al quirófano. Después de la operación los médicos estaban contentos por mí. 'Ya estás orinando' me dijeron. Tenía cinco años sin saber de ello. Cinco días después, me quedé solo en la habitación y me provocó orinar. El sonido era maravilloso. Mi alegría era suprema, fenomenal. Ahora, mi vida es otra".

Reymer Villamizar. 35 años.
Cuatro con el trasplante.


"Sería perfecto que llegara el riñón"
"Soy diabética desde los 14 años. La enfermedad, poco a poco, ataca a otros órganos. En el 90 quedé embarazada. Tuve a mi hijo. El médico me había dicho que iba a tener problemas con los riñones. Y así fue. En el 94 empecé con la hemodiálisis. Eso cambió mi vida. Tuve que dejar el trabajo fijo, pues unos días salía bien de la máquina, pero otros no. El organismo se va deteriorando. La máquina hace la vez de los riñones, pero no sólo filtra toxinas, también lo bueno. Desde el 94 hasta el 99 estuve en hemodiálisis: tres sesiones a la semana, de cuatro horas cada una. En ese período me inscribí en lista de espera en el Pérez Carreño. Te hacen muchísimos exámenes porque tienes que estar en perfectas condiciones para recibir un trasplante. Nunca me llamaron. En el 99 decidí vender el apartamento. Con lo que me quedó pude inscribirme en lista de espera en Colombia. A la semana me llamaron. Salí corriendo. Me hice mi trasplante. Al año empecé a tener problemas en la orina. El médico me dijo que el riñón tenía una enfermedad. Me duró cuatro años. Hasta 2003. Eso fue muy duro. En septiembre me empecé a sentir mal y el nefrólogo me dijo que tenía que estar en diálisis. Yo no quería, me negaba, sufrí mucho. Pero en diciembre el médico me dijo que si quería podía volver a entrar en lista de espera. En enero empecé a realizarme los exámenes. Ya los terminé. Es un proceso difícil. Si no tienes recursos económicos lo es mucho más. Afortunadamente, en el 99 yo había constituido una fundación que me ayudó a reunir dinero. La reactivé ahorita. Y aun cuando me lo voy a hacer aquí, que es gratuito, el tratamiento es costoso, y para mantenerse en buenas condiciones hay que cumplir con todo. Ahora estoy de nuevo en lista de espera. La ONTV es una organización muy buena. Las cosas se mueven más rápido, y esa es una esperanza para ser llamada lo más pronto posible. Ahora sería perfecto que llegara el riñón".

Déborah Arévalo. 41 años.
Periodista.

Para quienes quieran ayudar a Déborah, la Fundación Déborah Arévalo dispone de la siguiente cuenta de ahorro en el Banco del Caribe: 156-1-072554.


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