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  Mundo a la izquierda
Carla Tofano

Me divierte mucho saber que escribo con la mano que fuera considerada —hasta hace poco— la mano del diablo. La mano izquierda, la del lado contrario a la convención, la mano de la lateralidad contraria, opuesta, marginada, la del extremo con el que los ideales políticos que se oponen a las nociones conservadoras de la derecha se señalan.

Cuando tomé el lápiz en la escuela por primera vez estuve a punto de ser sometida a un siniestro proceso de conversión, gracias al cual mi maestra pretendía que fuera una niña tan diestra como las demás. Por suerte mi madre no lo permitió: entendía que mi instintiva condición para la zurdera no dañaba a nadie, y me daría el impulso para transitar a futuro, senderos oblicuos y paralelos.

Según el concepto de la mayoría de las personas que conozco, los zurdos tienden a ser más creativos e imaginativos que los derechos y esta teoría que podría parecer un mito popular está respaldada por las investigaciones de hombres de ciencia —muy diestros, por cierto— que están obligados a pensar con la lógica implacable de la comprobación científica.

Buena parte de las deducciones acerca del modus operandi y la personalidad de los zurdos, proviene de la teoría que indica que el cerebro de estos responde a la hegemonía del hemisferio derecho, a la inversa de los derechos, cuyo hemisferio cerebral dominante es el izquierdo. Según James T. de Kay, autor especialista en la materia, “los zurdos tienen la enervante costumbre de pensar elípticamente, mientras que los diestros lo hacen en línea recta. El tren de acción de un zurdo que se propone viajar de A a B va a pasar por Z antes de arribar a destino. Los zurdos piensan de manera tortuosa, poco elegante y, detalle importante, sin lógica alguna”.

Por vanidad me niego a reconocer que mi pensamiento es tortuoso, ilógico y poco elegante; sin embargo, considerando el resto de la concluyente teoría del doctor James T. De Kay, mi caso es el de una zurda que coincide con las estadísticas. Nunca llego a ninguna conclusión lógica deambulando los senderos habituales de la razón. No soy pragmática y tiendo a tener una observación circular y nunca parcial del mundo que me contiene y me rodea. Siempre me detengo en aspectos minúsculos e intrascendentes del ecosistema, pasando por alto las cosas que atañen a los adultos típicos.

Charles Chaplin, Greta Garbo, Cary Grant, Judy Garland, Rock Hudson, Woody Allen, Robert De Niro, Diane Keaton, Peter Fonda, Demi Moore, Bruce Willis, Tom Cruise y Nicole Kidman, son sólo algunos de los zurdos que hacen parte de la galeria de zurdos famosos que transitan las marquesinas perennemente encendidas de la ficción cinematografica. Los científicos Newton, Benjamin Franklin, Einstein; los escritores Goethe, Lewis Carroll, Kafka, Mark Twain, Scott Fitzgerald; los pintores Da Vinci, Michelangelo y Picasso; los músicos Beethoven, Mozart, Wynton Marsalis, Bob Dylan, Jimi Hendrix, David Bowie, Kurt Cobain, Noel Gallagher, Bob Geldof y Sting engrosan la lista de zurdos creativos e imaginativos, que gracias a su pensamiento, tortuoso e ilógico, han alcanzado realizarse como hombres y mujeres singulares, trascendentes e inolvidables.

Existen cerca de seiscientos millones de zurdos en el mundo —muchos más hombres que mujeres—, y apenas desde los años setenta, la zurdera dejó de ser vista por los especialistas como un defecto. Quizás nunca ayudaron las estadísticas, según las cuales, la dislexia y la tartamudez son más frecuentes en los zurdos, los zurdos tienen tres veces más posibilidades de convertirse en alcohólicos y están más expuestos a sufrir trastornos del sistema inmunológico. Existe una gran incidencia de zurdos en gemelos y se presume que las mujeres zurdas tienen una mayor tendencia a la depresión que las diestras.

Quizás por eso “La mujer zurda”, una noveleta escrita por el alemán Peter Handke, y luego llevada al cine con su propia visión como director, sea la historia de una mujer que una mañana decide romper con su marido, asumir la soledad y valerse de la angustia para emprender una nueva vida deambulando senderos izquierdos. En una ocasión recibí un correo de alguien que, habiéndome visto en la televisión, quería saber si yo era zurda. Le respondí que había dado en el blanco. Al día siguiente escuché: “Se dice que las zurdas son guapas y sexualmente poderosas”. La suposición me encantó, la acepté como una máxima incuestionable. Sin embargo, esta es una afirmación que carece de comprobación científica hasta la fecha. Deduzco que se trata de un mito generado por la costumbre que las mujeres zurdas tenemos de vivir el mundo a la izquierda. O quizá, la halagadora teoría se deba a que escribimos con la mano del diablo.l

 
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