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Una relación asesina
El apuesto y viril doctor y la inquieta
ama de casa, se gustaron de inmediato. Max
Haines
Los
medicos son generalmente sanadores, pero hay excepciones. Revisaremos
el caso del doctor Henry Clark.
La ajedrezada historia de los homicidios está
llena de triángulos amorosos entre los asesinos. El escenario
es simple: hay demasiada gente, y alguien tiene que marcharse. Ah,
pero un triángulo amoroso es otra historia. Bastante sencilla,
el sobrante se suma a dos almas inocentes que deben ser eliminadas.
Vengan conmigo a la India donde, en 1909, Henry
Lovell William Clark se había convertido en un médico
alto y apuesto. Henry tenía el rango de teniente en el Servicio
Médico Subordinado Indio. Henry era un hombre buenmozo que
podía convencer a los pájaros de que abandonaran los
árboles. De hecho, muchas noches, cuando la luna india colgaba
baja sobre el Ganges, el apuesto doctor encantaba a los pájaros
para que dejaran los árboles... y fueran a su cama.
Alrededor de Meerut, Henry era conocido como
un hombre con imán para las mujeres. Había un pequeño
inconveniente: Henry estaba innegable e irrevocablemente casado.
Parece que en un momento de debilidad, mientras iba al colegio de
Medicina, Henry había prometido matrimonio como pago por
algunos favores, los cuales en ese momento de la historia, serían
cumplidos luego del matrimonio. Desgraciadamente, la mujer no dejaba
pasar el hecho, y Henry terminó siendo un hombre casado.
La señora Clark era seis años
mayor que Henry, y a pesar de ser tratada de manera descortés
luego de haberse casado, ella parecía estar feliz.
Ahora, amigos, al mismo tiempo en que Henry
era un mariposón, Edward Fullam y su esposa Gussie no estaban
del todo entusiasmados el uno con el otro. Gussie era una muñeca
hermosa, cuyos instintos naturales eran definitivamente más
primitivos que los de su marido. A Gussie le gustaba juguetear.
Por otro lado, Edward era un sujeto introvertido que no leía
mucho.
Un buen día, Henry y Gussie fueron presentados
el uno al otro en un bar. Se sobreentiende que se atrajeron mutuamente.
El apuesto y viril doctor y la inquieta ama de casa, se gustaron
de inmediato.
Durante más de un año, Henry
y Gussie mantuvieron una relación que los proveía
a ambos de delicias que les habían sido negadas por sus respectivas
parejas. Fuegos que habían ardido durante años con
gran resplandor. Todo se incendiaba fenomenalmente hasta las navidades
de 1910. Henry fue trasladado a Agra.
Llegaban apasionadas cartas de Gussie. Eran
respondidas de igual forma con misivas ardientes por parte de Henry.
La pareja quebró una de las reglas más estrictas,
nunca, pero absolutamente nunca, escriba cartas de amor si está
teniendo un amante. Por alguna razón las damas y caballeros
enamorados tienen la tendencia a guardar esas cartas que, invariablemente,
aparecen para perseguir a todos los involucrados.
Muy pronto a Henry se le estaba pidiendo que
visitara a su amada en Meerut. Hay ciertas necesidades que no pueden
ser satisfechas si la mujer está en Meerut y el objeto de
su afecto en Agra. Un atardecer, mientras satisfacía estas
necesidades básicas, Gussie trajo a colación la idea
de que sería maravilloso si no existiera Edward Fullam. Gussie
señaló las ventajas obvias, y además, Edward
era tan aburrido.
Cuando Henry regresó a Meerut, complació
a Gussie enviándole un poco de arsénico para apresurar
la partida de Edward. No era difícil administrarle el arsénico
a Edward, quien tenía el hábito de tomar alguna que
otra medicina. Por supuesto, Edward comenzó a enfermarse.
Pero a pesar de haber ingerido grandes cantidades de arsénico
durante todo el verano, se negaba tercamente a sucumbir.
Henry tuvo una gran idea: ¿Por qué
no admitir a Edward en su hospital en Agra, así él
tendría la ventaja de contar con los cuidados personales
de Henry? El 8 de octubre, Gussie, la esposa amada, acompañó
a su marido enfermo y débil a Agra.
El 9 de octubre, Henry le dio una inyección a Edward. El
cuerpo de Edward regresó para el entierro a Meerut dos días
más tarde.
Luego de la trágica interrupción
de uno o dos días, Henry y Gussie retomaron el asunto desde
donde lo habían dejado, con visitas íntimas y ardientes
cartas. Luego, un día, durante un abrazo apasionado, Gussie,
la pequeña diabla, le murmuró otra idea amorosamente
diabólica a Henry. ¿No sería genial si la señora
Clark no estuviera por allí? Ellos podrían casarse
y estar juntos para siempre.
Además, existía un detalle embarazoso
para tomar en consideración. Gussie estaba embarazada, y
al no haber tenido una relación íntima con su marido
durante algún tiempo, esto ponía a Henry en una situación
delicada.
¿Veneno? Ahora, de verdad, dos veces
seguidas era mucho, incluso para Henry. No, contratarían
a algún sujeto nativo para deshacerse de la señora
Clark durante un falso robo.
Una silenciosa noche de domingo, Henry se aseguró
de estar convenientemente lejos de su hogar, teniendo una coartada.
Tres sujetos jóvenes irrumpieron en la casa y golpearon a
la señora Clark hasta que ésta murió.
Durante
la investigación del asesinato que siguió al hecho,
parecía que muchos amigos y conocidos estaban al tanto de
las actividades extracurriculares del doctor Clark y la señora
Fullam. Ella fue visitada inmediatamente por la policía.
Lo que debería haber sido un interrogatorio de rutina fue
mucho para Gussie. Se puso histérica frente a la policía,
levantando sospechas y haciendo que revisaran su casa.
Esas incontenibles cartas aparecieron. No tomó mucho tiempo
para que Gussie escupiera todos los detalles del asesinato doble
a las autoridades. Henry, cara a cara con la irrefutable evidencia,
también confesó.
Ambos fueron a juicio por asesinato y fueron
hallados culpables. Henry fue colgado el 26 de marzo de 1913 antes
del nacimiento de su hijo. Gussie recibió cadena perpetua.
Su hijo nació en la cárcel. Ella murió de causas
naturales al poco tiempo, el 20 de mayo de 1914. l
Ilustraciones: David Márquez
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