- El viaje del emperador: una historia de amor
y lealtad

- El monitor
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l Existen 17 especies distintas de pingüinos, cuyo tamaño varía de los 23 centímetros de altura a los 1,24 metros que pueden llegar a medir, precisamente, los pingüinos emperador.

l Contrario a lo que se piensa comúnmente, los pingüinos no sólo viven en climas fríos. En Suramérica, por ejemplo, se pueden encontrar en las islas Galápagos, en Ecuador.

l Los pingüinos no pueden volar, pero gracias a una anatomía que mucho se parece a la forma de un torpedo, pueden llegar a nadar a una velocidad de 24 kilómetros por hora, sumergiéndose además a una profundidad de 500 metros, donde logran permanecer hasta 20 minutos.

l En promedio, los pingüinos pueden vivir de 15 a 20 años, pasando la mitad del tiempo en el agua y la otra mitad sobre tierra.

Fuente: Times.

Una historia de amor y lealtad

Quienes llegaron a pensar que La marcha de los pingüinos (o El viaje del emperador, como también la han titulado en castellano) podía servirles de somnífero, viéndose obligados, por ejemplo, a ver esta película como única función en una larga travesía aérea, terminaron en realidad disfrutando un despertar de emociones y sentimientos (amén de no haber podido quitar los ojos de la pantalla) que todavía hoy les cuesta describir. Pues la historia allí narrada en la voz de Morgan Freeman —en la que cientos de pingüinos de la especie emperador enseñan sus andanzas en suelo Antártico— es mucho más que eso. Es toda una lección de vida, vista a través de estos particulares animales trajeados de gala por la naturaleza y de torpe andar, acostumbrados, sin embargo, a batallar con todo lo que se les atraviesa en un hábitat donde las temperaturas están entre 17 y 40 grados bajo cero.

Por algo será que este film francés logró llevarse en marzo pasado el Oscar de la Academia en la categoría Mejor Documental, estatuilla que recogieron sus responsables —liderados por el director, Luc Jacquet— cargando consigo unos simpáticos pingüinos de peluche. Sin duda, otra imagen que ayudó para sacudir el sueño a quienes estuvieron allí o lo vieron por televisión.  

La producción de National Geographic —estrenada en Venezuela dentro del Festival de Cine Francés, en Caracas, y extendida actualmente al resto del circuito nacional— prescinde durante sus 85 minutos de proyección de la presencia del ser humano. Ningún hombre aparece en la pantalla, los únicos que lo hacen son pingüinos, muchos pingüinos, eso sí.

Y entre ellos, buena parte son machos mostrando cómo es que protegen bajo el cuerpo a sus polluelos, aún sin nacer, mientras las hembras buscan el alimento. La odisea dura meses y conlleva no pocos riesgos, incluidas tormentas de nieve en las que los pingüinos deben permanecer, literalmente, petrificados, sin comer ni beber, en total oscuridad, procurando que nada les suceda a sus críos. Toda una historia de amor y lealtad. Pero, definitivamente, mucho más que eso.

 

 

Ver también en Protagonistas:
- El monitor se pasea por la televisión

 
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