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Toda una rareza puede resultar ver en Venezuela a una niña que practique beisbol, pues no existe una liga criolla femenina en dicha disciplina. Son contados los casos de aquellas que han desafiado los “convencionalismos”. Aquí se cuenta la historia de algunas de ellas. María Elisa Espinosa. Fotos: Natalia Brand

En sus respectivos casos, jamás habían escuchado hablar de la película Pandilla de pícaros, la primera de una trilogía cinematográfica de mediados de los setenta (que en los ochenta devino en serie de televisión) en la que una pequeña Tatum O’Neal —en el rol de Manda Whurlizer— soñaba con ser beisbolista, lográndolo sólo al hacerse pasar por varón dentro de un no muy exitoso —¡de hecho, más desastroso que otra cosa!— equipo de su vecindario. No obstante, poco a poco el grupo fue creciéndose en el terreno, en buena parte gracias a su muy particular entrenador Buttermaker (Walter Matthau) y a las habilidades de la muchacha.

¿Pero cómo podrían saber sobre esta historia María Fernanda Mastrocesare, Oriana Flores y Daimari Salom si ni siquiera habían nacido? Lo cierto es que tampoco se las contaron. Y con todo y eso, cualquiera de ellas —o todas— bien podrían ser las protagonistas de una versión vernácula de esta película, al ser de las pocas niñas en Venezuela que se han atrevido a romper con los convencionalismos impuestos en torno a un deporte que muchos consideran exclusivo para varones.

El reto, a todas estas, no ha sido poca cosa, aunque en el caso de Mafe —como le dicen a María Fernanda en su casa y en el campo de beisbol del colegio San Ignacio de Loyola— lo ha tomado con relativa normalidad. De hecho, ve su proceso como algo natural: siendo en realidad estudiante del colegio de niñas Mater Salvatoris, representa en el diamante a los alumnos de la escuela de sus hermanos, al integrar el equipo prejunior del Loyola BBC, que a su vez es parte de la Liga Avila de la Corporación Criollitos de Venezuela.

MARIA FERNANDA MASTROCESARE

Toda una rareza, dirán algunos, pero ella, no sólo con palabras sino sobre todo con hechos, demuestra lo contrario. Pues allí, en el campo, con sus 13 años, destaca no exclusivamente por sus piernas larguísimas y bonita cabellera. Además está su zurda, que muchos quisieran tener, con la cual ha llegado a pichar un juego casi completo (sólo le faltaron nueve lanzamientos), y eso apenas ahora que ha decidido incursionar en esas lides; pues como primera base ya tiene un currículum que le ha merecido suficientes aplausos por parte de su fanaticada y hasta de sus contrincantes.

Lo asegura así su mamá Elena (quizás la fan número uno de la muchacha) y todos aquellos que la han visto jugar desde los cuatro años, cuando seducida por el swing del bate se lo pedía prestado a sus hermanos, todos varones, por cierto, demostrando una destreza que mereció su aceptación en el equipo del club Los Cortijos de Caracas.
Aunque habrá que decir que hoy no faltan quienes —considerando que Mafe ya está por cumplir la edad que la obliga a pasar a la categoría junior— temen por su integridad física dentro del campo una vez que deba enfrentarse con varones mucho más corpulentos. De cualquier manera, la decisión de continuar más allá sigue reposando en ella.

De tú a tú con el Embajador La historia de María Fernanda coincide casi al calco con las de Daimari (de 13 años) y Oriana (de 14), en este caso de la Liga Casalta, en el oeste caraqueño, donde han puesto a temblar a más de un adversario del sexo contrario desde que, inspiradas por lo que veían en sus casas —hermanos y papás dedicados a la pelota—, comenzaron a lanzar y batear bolas a diestra y siniestra, descubriendo en ello una gran afición.

Desde entonces no han faltado los comentarios desde las tribunas, unos menos simpáticos que otros, eso sí: “¡Aaaaay, cuidado y  te dejas ponchar por una niñita!”, “¡Tírasela por donde tú sabes!”… Lo cierto es que más allá de lo que les han llegado a decir, estas chicas aseguran estar viviendo en el campo algo nada distinto a lo que viven sus compañeros de equipo. “A todos nos exigen por igual en el entrenamiento y en el juego”, asegura Oriana, quien se ha convertido en motivo de admiración como integrante del equipo Los Tigres de Casalta, por ser la única niña de la liga que se ha animado a superar el dilema que se presenta al tener que pasar de la categoría prejunior a la junior, una vez que se cumplen los 14 años (para sobrellevarlo mejor, su mamá, Elisa de Flores, no dudó en confeccionarle un traje especial que le protege sus partes íntimas).  

DAIMARI SALOM

“Mucha gente me decía que me iba a encontrar con un trabajo demasiado fuerte en la junior, porque allí los varones son mucho más grandes, pero eso no me importó. Siempre supe que había que ponerle empeño, y eso es lo que hago”, comparte la muchacha sin dejar de admitir, no obstante, que se sentiría más cómoda jugando con gente de su mismo sexo. Para esto, sin embargo, tendrá que esperar. Entre tanto no descuida los entrenamientos y partidos con el equipo en el que ocupa la posición de primera base, como tampoco en sus prácticas como manager de los niños de la categoría infantil del equipo Los Gigantes, también de la Liga Casalta de los Criollitos.

Daimari Salom, amiga y compañera de Oriana (aunque en su caso pertenece al equipo Chato Candela), la escucha con una sonrisa de lo más pícara, pues ya ella tiene un plan B en este asunto del beisbol netamente femenino. “La otra vez que vino para acá el Embajador (de Estados Unidos) le pregunté: ‘¿Cuándo vamos a tener una liga para puras mujeres en Venezuela?’, y él me respondió que me aguantara un poquito, que tuviera paciencia, que eso venía en 2009. Así que pienso seguir”.

Y lo dice quien ostenta cinco títulos consecutivos como Champion Primera Base, así que bien difícil será que alguien la logre disuadir de esta idea. En su casa, por lo pronto, le aúpan sus intenciones. “Mientras lo haga bien, y lo quiera seguir haciendo, nosotros la apoyamos”, asegura Marisol, su madre, coincidiendo con la de Oriana, quien completa: “Así es, a lo mejor el futuro de ellas está allí. Creo que si les gusta tanto, lo lógico es que las apoyemos”.

Aunque el espaldarazo no sólo se circunscribe a los miembros de la familia. Dentro de la propia Liga Casalta sus directivos se han metido entre ceja y ceja que, más allá de que en el país no exista ni remotamente la intención de institucionalizar el beisbol femenino, ellos siguen trabajando con la formación de todos por igual. “Para nosotros el ser muchacha o varón nunca ha sido una restricción, le damos cabida a quien quiera jugar, y como no existe una liga femenina, insistimos en darle las mismas facilidades a las niñas. Con nosotros tenemos alrededor de 20 en todas nuestras divisas, de un total de 1.500 jugadores”, precisa Reinaldo Azuaje, presidente de la liga.

ORIANA FLORES

Por lo pronto, y por su parte, Orlando Becerra, presidente de Criollitos de Venezuela, se abstiene de prometer cambios en este sentido. No cree que el terreno nacional esté abonado para una división de beisbol exclusivamente femenina, como sí existe, por ejemplo, en Estados Unidos.

Al respecto, saca números: la corporación tiene presencia en todas las regiones del país, donde funcionan más de 5.800 equipos de beisbol para niños, niñas y adolescentes en las edades entre cinco y 18 años, lo que equivale a más de 95 mil jugadores. Pues bien, de toda esta población, sólo 60 son niñas. “En una oportunidad se pensó en crear una liga especial para ellas, pero vimos que a las muchachas les gusta más otro tipo de disciplinas, como, por ejemplo, el kickingbol  y el sofbol”, termina argumentando.

Cosa parecida a lo que observa Lourdes Wareham, presidenta de la Liga Chucho Ramos, para quien en todo esto se encuentra subyacente un tema de machismo, del cual confiesa, por cierto, no escaparse. “Para mí es muy difícil opinar, porque efectivamente creo que el beisbol es un deporte fuerte para las niñas; por algo fue que a mi hija la tuve en ballet. Sin embargo, soy la primera en reconocer también que en la Corporación Criollitos de Venezuela no ha habido discriminación a la hora de que una niña quiera participar en algún equipo. De hecho en mi liga están todas las que han querido estar”. l

mespinosa@eluniversal.com

Coordenadas: Teléfono de la Corporación Criollitos de Venezuela: 0212-763.0013

 

BOMBITAS

María Fernanda Mastrocesare
¿Equipo mundial favorito?
Los Medias Rojas de Boston.
¿Algún jugador en particular?
Manny Ramírez, de ese mismo equipo.
¿Algún ídolo dentro del beisbol nacional?
Andrés Galarraga
¿Por qué?
Porque jugaba primera base.
¿Equipo venezolano?
Leones del Caracas, porque allí jugaba Galarraga.
¿Las mujeres saben de beisbol?
Sí, y mucho.
¿El beisbol te esclaviza?
Para nada. La mayoría de los juegos son los sábados en la mañana, y de allí me baño, almuerzo y me queda tiempo para ir al cine, o leer. Ya me he leído hasta el número cinco de los libros de Harry Potter.

Oriana Flores
¿Equipo mundial favorito?
Los Medias Blancas de Chicago.
¿Algún jugador en particular?
Johan Santana, Endy Chávez, Ramón Hernández y Bob Abreu.
¿Algún ídolo dentro del beisbol nacional?
Ramón Hernández.
¿Por qué?
Por su forma de jugar. Quisiera verme jugar así como él: activo, le pone cien por ciento a los juegos, es como chispa.
¿Equipo venezolano?
Navegantes del Magallanes.
¿Las mujeres saben de beisbol?
Sí, igual que los hombres.
¿El beisbol te esclaviza?
A veces no me deja hacer algunas cosas de la casa.

Daimari Salom
¿Equipo mundial favorito?
Los Medias Rojas de Boston.
¿Algún jugador en particular?
David Ortiz, Johnny Dremen y Manny Ramírez.
¿Algún ídolo dentro del beisbol nacional?
Marco Scutaro.
¿Por qué?
Porque tiene mi número (19).
¿Equipo venezolano?
Leones del Caracas.
¿Las mujeres saben de beisbol?
Algunas sí, algunas no.
¿El beisbol te esclaviza?
A veces, cuando tengo que ayudar a mi mamá o dedicarme a los estudios.

 

 

 

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