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LA CARACAS DE ...

Frente a Parque Central

Daniel Fernández Shaw
"Concebí Parque Central
mientras dormía"

Diseñó las torres más altas del país, el Teatro Teresa Carreño y,
ahora, se propone transformar a los barrios capitalinos en
armoniosas urbanizaciones
Por Johan M. Ramírez Foto: Natalia Brand

Su silueta es inconfundible: una ciudad llana, una gran montaña y dos torres gigantescas. Así es Caracas. Ese último detalle -de 225 metros de altura-, muestra el ingenio de un arquitecto incansable: Daniel Fernández Shaw, quien no sólo diseñó Parque Central y el Teatro Teresa Carreño, sino que, ahora, se propone reurbanizar los barrios caraqueños para convertirlos en armoniosos complejos que embellezcan a esta capital, "así como Atenas se adorna con las colinas que la circundan", dice sin modestia.

Su tesis señala que los gobiernos no podrán jamás mejorar la situación de los barrios hasta que el dinero, y el trabajo para lograrlo, provenga de las mismas comunidades. "Es por eso -apunta- que propongo la creación del condominio en los barrios. Los propietarios cancelarán una mensualidad por este concepto, y con el dinero, que con la suma del de todos los integrantes será un monto significativo, una constructora podrá comenzar a transformar el sector, creando áreas verdes, espacios recreativos, y dignificando las viviendas", explica.

Fernández Shaw ha madurado esta propuesta a lo largo de 40 años, desde que en 1964 fue a Petare con sus primeros estudiantes de Arquitectura de la UCV, y les preguntó: "¿Cómo podemos mejorar la calidad de vida de esta gente?", interrogante que les dejó como trabajo de investigación. Hoy está convencido de que su propuesta sí puede cambiar la realidad de la ciudad, pues cree en los caraqueños, su capacidad de organización y su voluntad trabajadora: "Ante todo, soy optimista, y cuando veo a Caracas siempre pienso: '¡Sí se puede!'".

Pero mirar su hoja de vida es comprobar la presencia de un brillante profesional. Nacido en España, estudió en la UCV, cursó postgrados en Dinamarca y Francia, habla tres idiomas, y legó a la capital una imborrable arquitectura.

Poco dado a sentimientos paternalistas para con sus trabajos, no puede negar, sin embargo, la satisfacción por haber construido un símbolo caraqueño. "Siempre supimos que Parque Central sería un icono, y por eso nos esmeramos tanto. En principio las torres medirían 180 metros, pero el ego y el deseo de hacer aquí los edificios más altos de Latinoamérica nos llevaron a aumentar la altura 45 metros más. Luego nos dedicamos a construir".

Sus 64 pisos, en efecto, los convirtieron en unos de los rascacielos más altos del mundo. Por eso, cuando, en octubre de 2004, un incendio consumió un tercio de la Torre Este, una impotencia terrible lo invadió. Sus mayores temores, que por fortuna nunca ocurrieron, sólo se hicieron realidad en la intimidad de su descanso. "Durante esos días comencé a soñar con las torres. Veía el fuego metiéndose por las escaleras, doblando las placas, y luego éstas se venían abajo. Eran cosas que jamás pasaron, pero que a mí me aterraban muchísimo", cuenta.

Pero esa, en honor a la verdad, no era la primera vez que Parque Central irrumpía en su cuarto a medianoche. "Concebí el diseño de las Torres una madrugada mientras dormía. Entonces me desperté con varias ideas en la cabeza", dice. Y es que siempre ha encontrado en la pasividad del sueño los elementos justos para sus proyectos. Así halló la forma de estos edificios, sus estructuras de concreto y sus detalles internos. Por ello, no sin razón, puede decir que fue el primero en observar de cerca la magnitud de las torres, aunque esto ocurrió mucho antes de que se construyeran, mientras yacía en su cama -¡qué paradoja!- con los ojos cerrados.

Asistente de fotografía: Anita Carli

 
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