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Cuatro ideas
Cuando se hace uso de los libros como un medio para enriquecer
el juego de los chiquitos y ampliar sus conocimientos acerca
de lo que más le gusta hacer, permitiéndoles
que se acerquen sin presiones, se está cultivando de
modo amoroso el hábito de leer. He aquí cuatro
maneras:
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Cuando se sale a pasear con los niños, una de los destinos
puede ser una librería. En la actualidad, casi todas
tienen alguna sección dedicada a la literatura infantil.
Se puede hacer una parada en estos lugares, sentarse en el
piso a ver los cuentos, seleccionar algunos para leerlos en
el lugar y, si es posible, adquirir alguno.
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Cuando los niños están más grandes, se
pueden hacer con ellos rótulos en casa, para indicarles
dónde se encuentran cosas importantes, como por ejemplo,
lo que contiene cada gaveta de su closet; o rotular los envases
contenedores de los juguetes.
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Puede resultar muy estimulante jugar al correo: enviarle cartas
o dejárselas sobre la cama para que las vean apenas
se levanten, o cuando lleguen del colegio.
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Otra actividad que disfrutan mucho los niños y que
los ayuda a hacerse conscientes de los sonidos de las palabras
y de las letras, es el hacer juegos con los sonidos de las
palabras como palmear las palabras de acuerdo al número
de sílabas: "ma-ri-po-sa". Luego ellos pueden
buscar palabras que rimen o que suenen parecidas, por ejemplo,
"¿Qué palabra sonará como ratón?"
Y
ellos pueden responder "cajón, jamón, jabón
o camión".
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Cómo criar a un hijo lector
Adriana Gibbs
Una especialista orienta a los padres sobre
cómo abrirles caminos a los hijos hacia el mundo de la lengua
escrita.
Conocer otras culturas, tener la posibilidad
de sumergirse en una historia paralela vivenciando esas sensaciones
tan particulares que suscitan las palabras, poder transitar por
lo reflexivo... esto y mucho más son las múltiples
ventanas que ofrecen los libros. Para María Esperanza Díaz,
licenciada en Educación Preescolar y directora del Centro
de Enriquecimiento Infantil, bien vale la pena el regalo de abrirle
a los pequeños las puertas a los libros, al mundo de lo escrito.
Para ella, no hay que dejar esta tarea para mañana. "Desde
que el bebé está en el vientre ya está sintiendo
las emociones y sensaciones que vive la madre. Si desde el embarazo
tratamos al bebé como gente que es, hablándole y saludándole,
captará el bienestar amoroso de un afuera que está
listo para darle la bienvenida. Generalmente, los papás y
hermanos mayores también le hablan a esa barriga, y los bebés
responden dando pataditas. Es una forma hermosa de comunicación",
afirma Díaz García.
En esta misma línea, la especialista recomienda un contacto
cercano, tanto verbal como corporal, con el recién nacido.
"Lo ideal es ir presentándole el mundo, haciéndole
partícipe de lo que ocurre a su alrededor y le incumbe. 'Mira,
bebé, te vino a visitar la abuela' o 'Vamos a cambiarte los
pañales, la toallita está muy fría'. Es decir,
le comentamos lo que va ocurriendo, a fin de que él vaya
desarrollando conciencia acerca de lo que le acontece y pueda ir
conociendo y sintiendo; prever y anticipar los eventos que le puedan
suceder. Por supuesto que cualquiera diría que un recién
nacido no comprende lo que hablamos, pero un bebé capta bien
la presencia amorosa de la madre o del padre, su tono de voz, su
calidez y su actitud frente a él, ya que está en capacidad
de realizar asociaciones entre su experiencia y su pensamiento aún
rudimentario", explica Díaz García.
No hay edad para comenzar
María Esperanza Díaz señala que para incentivar
a un pequeño lector es fundamental favorecer el desarrollo
de su capacidad de concentración. "Hay que respetar
los momentos de contemplación y observación natural
que tienen ellos en sus juegos y en sus conductas exploratorias.
A través de la observación del bebé, de lo
que hace y cómo lo hace, encontrando momentos para que escuche
música, cantarle y ofrecerle palabras melódicas o
rimas animadas. Así los niños van desarrollando su
capacidad de alerta a los sonidos y movimientos, y su atención
hacia el adulto que les habla", explica. Asegura que los bebés,
aún de muy corta edad, disfrutan de un libro de imágenes
sencillas, especialmente si el adulto le canta alguna canción
relacionada con la imagen que se presenta.
La especialista destaca que en estudios recientes se ha encontrado
que los lectores precoces provienen de familias donde la lectura
tiene un papel preponderante y forma parte del día a día.
No son hogares donde se hacen esfuerzos por enseñar a leer
a los niños; por el contrario, ellos tienen la posibilidad
de observar a los padres u otros adultos disfrutando de la lectura.
Los libros están incorporados a la cotidianidad y son utilizados
para ayudar a los pequeños a encontrar respuestas a las múltiples
preguntas que se hacen. "Es efectivo darles material que permita
y estimule el garabateo y la escritura espontánea. Una actividad
que disfrutan mucho los niños es el dibujar libremente, acompañados
de mamá o papá, para compartir lo que están
representando. De esta manera podemos escribir a un lado del dibujo
lo que él dice haber pintado, aunque esta representación
no sea aún reconocible para el adulto. El apoyo de la escritura
permite que podamos leer y decir '¡Ah!, pintaste una ballena.
Aquí dice ballena'. Cuando están un poquito más
grandes, ellos disfrutan mucho creando sus propios cuentos. Con
un par de hojas dobladas por la mitad y engrapadas se puede hacer
un pequeño libro que los niños podrán rellenar
con dibujos a medida que van describiendo lo que va sucediendo.
Los padres pueden ir escribiendo su relato fidedigno página
a página. La posibilidad de que el cuento sea leído
por otros, o en días posteriores, le permite al niño
descubrir que una de las características de la lengua escrita
es la permanencia en el tiempo del mensaje escrito", señala
Díaz García.
De igual manera, explica que es importante acompañar al niño
a descubrir la utilidad del conocimiento y de la lectura. Esta se
puede integrar en las situaciones cotidianas de la familia, en las
cuales se esté usando lo escrito para algún fin específico,
como cuando se obtiene información en un instructivo para
poner a funcionar un juguete o cuando se busca información
en el periódico acerca del lugar y hora de una obra de teatro
o película. "La idea es que el niño se vaya percatando
de todas aquellas situaciones en las que se usa la lectura, pero
de una manera más consciente. Por ejemplo, cuando se sale
a comprar pan se le puede comentar: 'Necesitamos pan, vamos a buscar
una panadería
¡Mira! Ahí dice panadería'.
Al darle una medicina se podría comentar 'Déjame ver
qué dice el empaque acerca de cuánto debo darte
Ah, aquí dice que debo darte una cucharadita cada 12 horas'.
Al ir a un centro comercial, y pasar cerca de los cines, se pueden
hacer comentarios sobre lo que dicen los carteles publicitarios
de las películas". Todo esto contribuye a que el pequeño
se vaya haciendo consciente de la funcionalidad de la lengua escrita;
él se va percatando que el mundo de lo escrito está
allí para ofrecerle información, prevenirlo con indicaciones,
entretenerle y divertirle.
Sin presiones
Para esta pedagoga, la lectura debe acercársele al niño
amorosa y oportunamente, vinculándose así con lo placentero,
lo cálido que puede representar estar sentado en las piernas
de mamá o del abuelo, mientras se le lee una historia, o
estar acostado con papá mientras éste, con voz grave,
relata cómo Pedro atrapa al lobo gracias a su sagacidad.
En este sentido la lectura de cuentos, desde temprana edad, es clave
fundamental en el proceso. Leer cuentos con frecuencia y hacer de
esto, un momento grato, divertido y con significado para el niño,
es una de las mejores vías para ayudarlo a descubrir la pasión
por las historias. "Cuando la lectura ocupa un lugar importante
en la vida de los niños y de sus familias, los pequeños
suelen estar siempre ávidos por saber más acerca de
lo que van descubriendo en cada una de las historias; comienzan
a hacer preguntas interesándose acerca del significado de
la vida y de los fenómenos que se suceden en ella".
Eso sí, cada niño tiene su propio ritmo y el objetivo
de los padres nunca puede ser empujarlo al aprendizaje de la lecto-escritura
apresuradamente. El aprendizaje tanto de la lectura como de la escritura
está impregnado de muchas expectativas, pues en esta sociedad
competitiva muchas veces los niños se ven presionados a adquirir
una serie de destrezas o conocimientos mecánicos y parcializados
que obvian precisamente todo lo vinculado con el placer, llevándolos
en una loca carrera por libros de lectura llenos de frases sin sentido,
o de historias carentes de significado o de valor literario. "Hay
que ofrecerle el mundo de lo escrito como quien ofrece un manjar
servido en una hermosa fuente y sobre una bella mesa, invitando
a comer, disfrutando uno de la buena comida y dando la oportunidad
de que el otro se acerque por su propia iniciativa", puntualiza.
Los pediatras recetan libros
Una interesante iniciativa es digna de imitación en estas
geografías. La Sociedad Argentina de Pediatría concibió
un programa de promoción de la lectura que están llevando
a cabo 12.000 especialistas en hospitales y clínicas de todo
el país. La primera pregunta que se formuló tras presentar
dicho plan fue por qué los pediatras del país están
interesados en que los niños lean. "Es una inversión
para la salud, entendiéndola como el desarrollo integral,
que no es sólo recibir nutrientes relacionados con el alimento,
sino también con el afecto y el estímulo intelectual
y cultural. Leer cuentos a los chicos desde las etapas iniciales,
ayuda a la salud", respondió el presidente de la Sociedad
Argentina de Pediatría.
La idea del programa es que el médico, además de no
olvidarse de darle las vacunas y hacerle su control de salud, también
supervise cómo está la comunicación de los
padres con el pequeño y de qué manera se les estimula
el gusto por los libros. Para los pediatras, ésta puede ser
una forma más de evaluar cómo los niños están
desarrollando su lenguaje.
El proyecto ya comenzó en ese país. Hay pediatras
que colocan libros infantiles en la sala de espera. "Los niños
piden a los padres que les lean y a la salida del consultorio algunos
preguntaron si podían llevárselo y devolverlo en la
próxima visita. Otros conversaron sobre lo que leyeron y
entraron a la consulta con muchas preguntas", contó
uno de los médicos participantes del plan.
Al cierre de la presentación se hizo la pregunta de por qué
tener en cuenta a la literatura en momentos de crisis y urgencias
nutricionales que atender en los niños de todo el país.
La respuesta del pediatra fue enfática: "Precisamente
porque estamos mal es que tenemos que ocuparnos de estas cosas.
La crisis por la que estamos pasando nos ha enseñado a valorar
la importancia de la cultura para el manejo de la esperanza y los
valores en momentos difíciles". Definitivamente, es
un proyecto que bien valdría la pena llevarlo a cabo por
estos predios.
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