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Misterio sin resolver
Max Haines
¿Y ya han pasado 20 años?

Wayne Oldham asiente y mira al techo recordando todos los detalles de ese día, hace 20 años. En la actualidad, el veterano detective, encargado de investigar más de 50 homicidios durante su carrera, ya está jubilado y ahora es el historiador oficial del Museo de la Policía Metropolitana de Toronto.
Fue el 23 de enero de 1983 cuando el detective Oldham oyó por primera vez el nombre de Sharin Morningstar Keenan, una niña de nueve años que había estado jugando en el parque Jean Sibelius de Toronto. En un principio, se pensó que la niña se había perdido. Tras 24 horas, y como Sharin no tenía costumbre de marcharse de su casa, se inició una búsqueda exhaustiva.
El caso fue asignado a los detectives Wayne Oldham y David Boothby, quien ulteriormente se convertiría en el director de la Policía de Toronto. Después de interrogar a los destrozados padres de Sharin, los detectives quedaron convencidos de que la pequeña había sido "secuestrada por un extraño".
Se instituyó una búsqueda por todos lados, llegándose a preguntar puerta a puerta en una infinidad de casas alrededor del parque y de la casa de Sharin, en la calle Dupont. A medida que pasaban los días, los frustrados Oldham y Boothby tuvieron una reunión. Decidieron volver a recorrer por segunda vez las mismas casas. Esta vez, se les dijo a los agentes que pidieran la colaboración de los vecinos. ¿Habían visto a alguien actuando de manera extraña? Cualquier pista, por insignificante que fuera, podría ayudar.
El detective Mike Pedley y el agente Brian Lawrie llamaron a la puerta de una casa de huéspedes en la avenida Brunswick. Habían pasado nueve días desde la desaparición de Sharin. Ese día, la dueña recordó que llevaba más de una semana sin ver a uno de sus inquilinos, un tal Mike Burns. Los agentes entraron en la habitación de Burns e inmediatamente se dieron cuenta de que había varios estantes del frigorífico colocados contra la pared. Abrieron la puerta del frigorífico, que estaba enchufado. La búsqueda de Sharin Morningstar Keenan había concluido. La niña de nueve años había sido agredida sexualmente.
Ulteriormente, tras efectuarle una autopsia se supo que había muerto por estrangulación.
Oldham estaba en el depósito de cadáveres de la ciudad, trabajando en otro caso, cuando recibió la noticia de que ya no estaban buscando a una joven desaparecida sino a un maníaco que había agredido, estrangulado y metido a una niña en un frigorífico. El y Boothby llegaron allí al cabo de una hora.
Por las pruebas recabadas en la habitación de Burns, los detectives pudieron asegurarse de que su hombre trabajaba en Samet Hosiery, una empresa de medias al por mayor, situada en la avenida Spadina. El dueño, Harry Zamet, confirmó que Mike Burns trabajaba en la empresa y andaba por los cuarenta. Ocho días antes, Zamet le había dado a Burns un adelanto de 200 dólares, en teoría para ir al dentista. Burns tenía los dientes tan mal que tenía la mandíbula inflamada. Solía comprar medicamentos sin receta médica para masajearse los dientes. Zamet, y los clientes de su empresa, ayudaron a la policía a hacer un retrato del hombre buscado.
Mientras interrogaban a los inquilinos de la pensión, Oldham se topó con uno de ellos, Olie Hluchaniuk, que vivía un piso más arriba de Burns y solía salir con él a beber cerveza. Olie le dijo al detective que reconocería a Burns si viera una foto suya. También informó a Oldham que Burns le había dicho que era de Regina.
Oldham supuso que nadie de cuarenta años empieza a delinquir matando a un niño. Este hombre debía haber cometido otros delitos. Decidió llevarse a Olie con él para visitar las comisarías de policía del oeste de Canadá y examinar fotos de delincuentes. Olie estudió cientos de caras grabadas en microfichas, sin reconocer ninguna, así que los dos hombres se devolvieron a sus hogares con las manos vacías. Sin que nadie lo supiera, la foto del hombre que buscaban había estado en los archivos policiales de Regina pero la habían sacado cuando fue encarcelado en la prisión de Saskatchewan en Prince Albert para cumplir una condena de 10 años.
El retrato del fugitivo salió en todos los periódicos de Toronto. The Toronto Sun le dedicó la portada entera. Un transeúnte vio la portada e inmediatamente llamó a la policía. Conocía al hombre que buscaban pero no se llamaba Mike Burns, sino Wayne King. Había vivido con King durante algún tiempo en la Pensión Masculina de Seaton House. Oldham fue a Seaton House y se enteró de que allí todos los inquilinos tenían que rellenar una hoja de registro. Wayne King también lo hizo. Había puesto que su madre se llamaba Vivian King y que su apellido de soltera era Leskiew. Puso que su padre se llamaba Clifford King y que su fecha de nacimiento era el 26 de septiembre de 1940.
A Oldham le pareció que un hombre que había dado el nombre falso de Mike Burns a su empleador y en una pensión, tal vez había dado un nombre falso en otras ocasiones. Oldham tenía la corazonada de que Leskiew sí podía ser el verdadero nombre de soltera de la madre del hombre buscado. Llamó a la policía de Regina y les pidió que comprobaran con el Departamento de Estadística de Saskatchewan si había nacido algún varón el 26 de septiembre de 1940 de una mujer cuyo nombre de soltera era Leskiew.
El viernes, 4 de marzo, el sargento Julian Fantino, quien en aquellos momentos era el director de la Policía Metropolitana de Toronto, recibió una llamada desde Regina. El detective Norm Marchinko, de Regina, le dijo: "Tenemos a su hombre. Se llama Dennis Melvyn Howe".
Oldham por fin había identificado al asesino de Sharin. Resultó ser un fracasado que había estado en la cárcel por allanamiento de morada, agresiones indecentes, confinamiento ilegal y robo a mano armada. Howe había pasado la mayoría de su vida adulta en la cárcel. Había salido de la prisión de Prince Albert en febrero de 1982, bajo supervisión obligatoria. Cuando cometió el asesinato, estaba en libertad condicional tras haber cometido una violación.
Por fin, Oldham y Boothby tenían una fotografía del hombre buscado por el asesinato de Sharin Morningstar Keenan. La policía se enteró de muchas cosas de la vida de Howe al leer los registros carcelarios y a través de las personas que le conocían como Mike Burns o Wayne King. Howe solía caminar rápidamente. Bebía cerveza de la marca Export, fumaba cigarrillos Player's sin filtro y solía referirse a las personas y a las cosas llamándolas "pavos".
Howe tenía una pequeña cicatriz debajo de la barbilla. Se vestía desaliñadamente. Tenía los dientes tan mal hace 20 años que es bastante probable que ahora lleve dentadura postiza. Esto lleva a pensar que en algún lugar hay un dentista que ha atendido a Howe. Cuando se le estaba buscando por todos lados, se reprodujo su historial dental en la Revista Dental Canadiense, por si había ido al dentista poco después del asesinato. No se consiguió nada con ello.
Aunque Howe nunca había salido de Canadá en el pasado, Oldham envió a todos los estados de Estados Unidos documentación con todos los datos pertinentes sobre este individuo.
Hace años, yo viajé hasta Washington con Oldham, donde el caso Howe/Keenan iba a presentarse en el programa televisivo America's Most Wanted (Los delincuentes más buscados de América). Esa noche, se afirmó que se le había visto en 252 ocasiones, pero todas estas llamadas resultaron ser falsas.
Howe tiene la capacidad de perder peso con bastante rapidez, algo que ya ha hecho varias veces a lo largo de su vida delictiva. Suele viajar en autobús y quedarse en hostales. Su tez es oscura, tiene los brazos peludos y dos muñones. Su sonrisa es fuerte y jovial. También es un mentiroso muy convincente.
Cuando se marchó de Toronto con los 200 dólares de adelanto que consiguió sacarle a su empleador, viajó en autobús hasta North Bay. Hay pruebas de que podría haber continuado hasta Winnipeg, pero allí se pierde la pista. No se tiene ninguna prueba de que Howe haya cometido otro crimen después del asesinato de Toronto.
Además de las muchas pistas que surgieron tras la emisión de America's Most Wanted, ha habido otra infinidad de afirmaciones de haberlo visto que han resultado falsas. Hace años, un dentista que acababa de ver el historial dental en la Revista Dental Canadiense había asistido a un paciente con todas las características que figuraban en la publicación. Le pidió al hombre que se sentara en la sala de espera unos minutos. El dentista llamó a la Real Policía Montada de Canadá, pero cuando ésta llegó, el paciente ya había huido. Fue capturado ulteriormente, pero no era Howe.
Hasta ahora, este infame asesino ha conseguido no ser capturado. Hoy, en la sala 102B de la comisaría central de la policía en Toronto, Wayne Oldham, quien ya no participa activamente en la búsqueda, sigue pensando en el hombre que logró escapar.

 
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