| La pura y simple verdad sobre
¿Cree que no es atractivo? Comprendo. El problema es que nunca dejamos de atormentarnos a causa de nuestros defectos. Pero si nos viéramos de la misma manera como lo hacen los demás, tendríamos una mejor opinión de nosotros mismos. Resulta que el conocimiento que cada persona tiene de sí es el secreto de belleza mejor guardado de todos. Carlin Flora
No se sienta mal por el hecho de querer ser bello. La gente bien parecida recibe un trato especial en todos lados, tanto de parte de extraños como de sus jefes e, incluso, de sus madres. Estas personas obtienen verdaderos beneficios sociales y económicos en la vida: desde numerosas proposiciones amorosas hasta condenas menos severas en los tribunales. Al resto de nosotros no nos queda más que maldecir las ventajas que tiene la belleza por el simple hecho de que creemos que nunca podremos formar parte del club de los lindos. ¿O me equivoco?
Cuando se trata de juzgar nuestra apariencia, no nos acercamos siquiera al objetivo. Los demás ven nuestro cuerpo en conjunto, mientras que nosotros, cada vez que nos miramos en el espejo, no hacemos otra cosa que dirigir la atención inmediatamente hacia nuestros defectos. ¿Esa protuberancia en la nariz de tu amiga? ¡Es su gancho! ¡Le confiere personalidad! Pero en usted, esa cosa en la nariz le desfigura totalmente el rostro. La opinión que tenemos sobre nuestro aspecto físico también obedece a una cuestión de capricho. Podemos sentirnos la persona más atractiva en una fiesta, pero la más desaliñada en otra, y todo en la misma noche.
Si no podemos confiar en nuestro propio juicio, o en la opinión de nuestros familiares o amigos, quedamos a merced de lo que digan terceros para satisfacer la curiosidad que sentimos acerca de nuestra apariencia.
La buena noticia es que lo más seguro es que seamos más atractivos de lo que pensamos. Todo se reduce, en parte, a una cuestión de atención limitada. Los demás están muy ocupados con su propia apariencia como para criticar la nuestra. Si siempre estamos pendientes de nuestro cuerpo (como suelen hacerlo las mujeres), o si no nos sentimos tan cómodos en público, es porque casi —con toda seguridad— nuestro físico despierta un interés y un agrado mucho mayor del que creemos tener. Además, todos tenemos la habilidad innata de cambiar la manera en que nos ven los demás, sin la necesidad de recurrir a ningún tipo de transformación física. Cuando uno está convencido de que es atractivo, las otras personas nos ven desde una perspectiva más favorable. Llámelo un cambio interior, si así lo desea. Entender la visión que tenemos de nuestra apariencia puede ayudarnos a que no nos obsesionemos tanto por el aspecto físico y, por consiguiente, a que luzcamos mejor.
¿Por qué será que la opinión que nos formamos acerca de nuestra apariencia es tan cambiante? Incluso un paseo por el parque puede hacer que cambiemos la visión que tenemos sobre nuestro cuerpo. El cerebro tiene un “sexímetro” instalado que nunca deja de reunir información.
Los psicólogos lo llaman el “efecto del contraste”: nos sentimos bellos cuando estamos rodeados de gente fea, y feos cuando estamos con gente bonita. Estas comparaciones sociales no sólo suceden cuando, de manera deliberada, aprobamos o no a la gente que pasa a nuestro lado; también ocurren constante y automáticamente. A un grupo de personas le mostraron imágenes subliminales de rostros femeninos hermosos, mientras que a otro le enseñaron fotos instantáneas de caras de mujeres poco agraciadas. Al final del estudio, los primeros afirmaron sentirse menos atractivos en comparación con la opinión que tuvieron los participantes del segundo de sí mismos. El concepto que tenemos de nuestro aspecto físico se fundamenta en miles de estas comparaciones.
“Tengo una estatura de 1,52 metros y algunas curvitas. Me agrada mi cuerpo”, afirma Deanna Melluso, una cosmetóloga de Nueva York que maquilla a modelos para sesiones de fotos para revistas y espectáculos. “Pero cuando estoy rodeada de mujeres esbeltas todo el día empiezo a sentirme gorda. Apenas salgo del atelier, vuelvo a sentirme normal. Pienso que estaba en un mundo irreal”.
El hecho de que la condición social de las mujeres esté sujeta con frecuencia al aspecto que tengan sus rostros y cuerpos es, quizás, la razón por la que ellas son particularmente susceptibles a este fenómeno. “Cuando las mujeres comparan su físico generalmente lo hacen con una belleza idealizada, como la de una modelo de pasarela”, explica Richard Robins, profesor de Psicología de la Universidad de California, en Davis. “En cambio, cuando los hombres, y también las mujeres, comparan su inteligencia no lo hacen con Albert Einstein, sino más bien con alguien común y corriente”.
A un grupo de hombres y mujeres se les pidió que resolvieran una serie de problemas matemáticos. Los resultados de los varones fueron iguales a los de las hembras en la parte en la que todos estaban trabajando completamente vestidos. Pero cuando se les pidió que hicieran los cálculos en traje de baño, las mujeres no salieron tan bien como los hombres. Estaban muy nerviosas preguntándose cómo se verían, lo que les impidió resolver los problemas correctamente.
Todos somos más severos al juzgar nuestra apariencia cuando estamos totalmente pendientes de nuestro cuerpo, como cuando estamos haciendo una presentación ante los compañeros de trabajo. No obstante, las personas que sienten timidez estando en público sufren este fenómeno todo el tiempo. Cada uno de nosotros conoce a alguien así: una amiga que nunca sale de su casa, ni siquiera a tomarse un cafecito, sin emperifollarse. Para los demás, estas personas son, por lo general, más atractivas físicamente de lo que creen, sostiene William Thornton, profesor de Psicología de la Universidad de Maine. Sin embargo, ese cuidado personal exagerado no logra corregir sus “imperfecciones” internas. Este tipo de personas suele compararse casi exclusivamente con otras sumamente atractivas, y terminan sintiéndose deprimidas.
A medida que nuestros rostros y cuerpos van cambiando en la niñez y en la adolescencia, nos formamos una imagen de nosotros mismos que difícilmente podemos olvidar cuando somos adultos, a pesar de lo anticuada o equivocada que sea dicha imagen. No todas las personas que detestaban su físico mientras crecían fueron niños feos, indica James Rosen, profesor emérito de Psicología de la Universidad de Vermont. Algunos fueron bonitos, aunque tenían un rasgo excepcional. O eran demasiado altos o bien muy pecosos, y ello atraía miradas y comentarios burlones.
Son los mismos padres quienes a veces forman el “espejo interno” de los hijos, explica la psicoanalista Vivian Diller. Un niño al que sus padres le dicen constantemente que es feo puede crecer normalmente sin ser afectado por ello. Más sutil es el efecto que tiene el “brillo en sus ojos”, agrega. La luz que irradian los ojos de los padres ante el “simple” hecho de ver a sus hijos y el regocijo que sienten por sus encantos individuales.
Si bien el amor de los padres puede reforzar la autoestima de algunos niños, no hay una relación directa entre las experiencias que vivimos en la infancia y la imagen que tenemos de nosotros mismos cuando somos adultos. Con frecuencia, los patitos feos se convierten en hermosos cisnes, o ven cómo sus amigos terminan aceptando su apariencia. Donelle Ruwe, que en la actualidad se desempeña como profesora en la Universidad Northern Arizona, era terriblemente alta y fea, una jovencita que usaba anteojos y aparatos de ortodoncia. No obstante, era una virtuosa del piano. A los 19 años, cuando acababa de quitarse los frenillos, un experto en buscar chicas para concursos de belleza que deseaba mejorar el segmento de talentos de estos certámenes le sugirió que se inscribiera ese año. Lo hizo, y, para sorpresa de todos, fue coronada Miss Meridian, Iowa, en 1985.
“Por primera vez me sentí bonita”, admite. Gracias a que ahora confiaba en su apariencia, se sintió más libre para desarrollar su intelecto. Expresaba sus opiniones en clase y debatía con sus compañeros más fácilmente. “Creo que cuando alguien es tímido porque no le agrada su anatomía, una gran parte de sus emociones y pensamientos son dirigidos hacía su cuerpo”, explica. “Pero cuando te libras de esa timidez, puedes relacionarte libremente”.
Sin embargo, quienes son bonitos desde que nacen también se enfrentan a problemas potenciales. Hay niños muy lindos que pueden ser adultos inseguros, en particular si sólo son elogiados por su belleza física. Pueden crear una forma de autoevaluarse extremadamente severa. Según Heather Patrick, investigadora del Colegio Baylor de Medicina, estas personas desarrollan lo que se llama “autoestima dependiente”. Se sienten bien en relación con su apariencia sólo si logran alcanzar unas metas específicas y generalmente muy elevadas, como tener determinado peso corporal. La satisfacción personal no entra en el espectro de sus posibilidades. Si no satisfacen sus expectativas, se sienten horribles.
Carol Alt, una de las chicas que han aparecido en la portada de la revista Sports Illustrated, fue víctima de este fenómeno en 1995. El fotógrafo con quien estaba realizando una sesión le dijo que estaba pasada de peso como para lucir un bikini. Después de pasar todo un día en la locación tratando de esconder esos centímetros de más detrás de las rocas, la despidió y le pidió que regresara a su casa en Los Angeles. Allí se hundió en una profunda depresión. “Me sentía gorda y culpable cada vez que comía”, dice ahora. “Creo que no tenía control sobre mi cuerpo, y esa fragilidad era frustrante y aterradora”.
Con respecto a la apariencia física, al igual que con otros aspectos de la vida, nos agrada más ser reconocidos (y nos recuperamos más rápidamente del fracaso) cuando los buenos resultados son producto del esfuerzo y no únicamente de lo que nos dio la naturaleza. Si hemos sido bonitos desde pequeños sólo podemos agradecérselo a los genes de nuestros padres. Pero si somos atractivos porque hemos invertido tiempo y energía en nuestro cuidado, todo el mérito es nuestro.
Alt explica que ahora, a los 45 años, se siente más atractiva que nunca. La autora de libro Eating in the Raw (una guía sobre cómo adelgazar, sentirse más saludable y verse más joven comiendo alimentos crudos) cuenta que después de modificar su dieta su vida cambió completamente. “Ahora me siento más halagada cuando alguien hace un comentario sobre algo por lo que he trabajado muy duro, como mantenerme saludable, que cuando me dicen: ‘¡Qué bonita eres!’”.
En fin, la belleza no es sólo una cuestión de suerte al nacer. En la vida real, lejos de los límites artificiales establecidos por las pruebas de laboratorio y las sesiones de fotografía, nuestro físico siempre es juzgado junto con la impresión que causan nuestro lenguaje corporal, voz y temperamento. El encanto puede superar la belleza. Unos psicólogos grabaron a un grupo de voluntarios mientras entraban en una habitación y se presentaban a otras dos personas. Los conductores del estudio pidieron a varios desconocidos que calificaran a los participantes en términos de atractivo físico, expresividad emotiva y destrezas sociales. Las tres cualidades contribuyeron a la buena impresión general que causaron los voluntarios, pero el atractivo físico fue el factor menos importante.
La manera más fácil de influir en la imagen que los demás se forman de nosotros es demostrarles que ellos nos agradan, explican las psicólogas Ann Demarais y Valerie White, autoras del libro First Impressions: What You Don’t Know About How Others See You (La primera impresión: lo que no sabemos sobre la manera cómo nos ven los demás). Si mostramos interés en lo que ellos dicen, o les sonreímos o bien les damos una palmadita en un brazo, es muy probable que se sientan halagados, cómodos e incluso más atraídos hacia nosotros. Alguien a quien le parezcamos simpáticos probablemente no notará nuestros defectos. Además, nadie se fija tanto en nuestra calvicie o en esos kilitos de más que nosotros mismos. Demarais y White relataron el caso de un cliente que sufría porque imaginaba que la gente no hacía más que estar pendiente de sus dientes volados, que era el rasgo físico que más le desagradaba. Al darse cuenta de que a las otras personas nos les interesaban sus dientes, se sintió liberado. “Empezó a experimentar sonriendo abiertamente cuando conocía a alguien”, cuentan las psicólogas. “En vista de que nadie reaccionaba horrorizado (al contrario, lo hacían de forma positiva), empezó a sentirse tranquilo con su sonrisa. Al estar más cómodo consigo mismo, comenzó a ser más atractivo para los demás”.
La mayoría de nosotros hemos tenido la misteriosa experiencia de ver cómo alguien luce cada vez más bello con el tiempo, a medida que profundizamos nuestra relación con ella o él. Imaginemos que siempre somos vistos a través del cristal de una mirada generosa, y que en poco tiempo observamos un reflejo más agradable en los ojos de los demás. Pueda que no apaguemos el “sexímetro” de nuestro cerebro, pero es muy probable que pasemos menos tiempo preocupados frente al espejo y más tiempo compartiendo con el resto del mundo. l
| COMO SENTIRSE MAS ATRACTIVO |
Tenga la mejor opinión de sí mismo
Piense que la belleza profesional es una maravilla de la estética, y un accidente de la genética. Además, esas personas a quienes usted tanto les envidia su apariencia están muy ocupadas comparándose con otras incluso más bellas. “Nunca me creí bonita”, afirma Carol Alt, la supermodelo de los años 80. “Había algunas chicas que al entrar a un salón acaparaban la mirada de todos. Nicolette Sheridan (hoy una de las actrices de la serie Desperate Housewives) era una de ellas. ¡Guau! ¡Qué mujer!”.
Cuidado con sus relaciones
“Una de las condiciones del ser humano es verse a través de los ojos de los demás”, explica Ellen McGrath, psicóloga clínica y presidenta de The Bridge Coaching Institute. Nuestras parejas influyen significativamente en la visión que tenemos de nosotros mismos. Si nos dan una buena dosis de cariño y aceptación, “es como sentirnos a la luz de las velas en una cena romántica; nos ven de la mejor manera posible”, afirma McGrath. Si estamos rodeados de personas criticonas terminaremos juzgándonos en términos igualmente severos. Si usted cree que no es atractivo, su pareja puede haber influido sutilmente en su manera de pensar.
¡No se trata de usted!
Las personas tímidas siempre se consideran menos atractivas en comparación con la manera en que las ven los demás. “Cuando nos acostumbramos a centrar la atención en nosotros mismos nos hacemos más autocríticos”, indica Bernie Carducci, profesor de Psicología de la Universidad de Indiana. Si nos obligamos a acercarnos a los demás y hacerlos sentir cómodos, nuestras inseguridades desaparecerán. “Preséntese en una fiesta con un grupo de amigos y automáticamente se verá más atractivo”, afirma Carducci. “Eso se llama capital social, e indica que usted sabe cómo dirigir a las otras personas y mantenerlas unidas”.
Usted desempeña un papel clave
¿Su cuerpo es un objeto estático que debe ser observado o más bien una máquina en funcionamiento? Las mujeres siempre están pensando en cómo lucen sus cuerpos. En cambio, a los hombres les preocupa más cuán bien pueden funcionar, afirma Stephen Franzol, profesor de Psicología. “Si considera que su cuerpo es una máquina, lo ve como algo que puede transformar”, agrega. “Esta visión proactiva transfiere el centro de poder hacia usted mismo, y no hacia la gente que observa y juzga su cuerpo”.
Transfórmese interiormente
Cuídese de las corrientes de pensamiento negativo. “Sustituya los pensamientos autodestructivos como ‘mis muslos son muy gordos y feos’ por afirmaciones más neutras como ‘mis muslos son largos y musculosos”, sugiere James Rosen, profesor emérito de Psicología en la Universidad de Vermont. Dedíquele más tiempo a otros aspectos de su imagen. “Piense en las cualidades por las que los demás lo consideran una persona agradable: quizás porque respetan su competencia o porque usted es cariñoso e interesante. A la larga, estas características son más importantes para el atractivo de una persona que la mera apariencia física”.
Sea una persona excepcional
Carducci, que también intenta superar su propia timidez, se esfuerza no sólo en ser la persona más atractiva en cualquier lugar que esté sino también en ser el mejor vestido. “Mis prendas de vestir favoritas son una camisa de algodón amarilla, una corbata roja con estampados geométricos, un par de zapatos de vestir y una chaqueta a cuadros. Lo que intento decirle a las personas es: ‘Estoy aquí para pasarla bien’. Cuando usamos un tipo de ropa que refleja quienes somos es más fácil para los demás conversar con nosotros. No se trata de lo atractivo, sino de lo accesible que uno es”.
Siéntase mejor a medida que pasan los años
Nos aterra tener que envejecer, pero hay pruebas de que muchas personas se sienten más atractivas con los años. “Las mujeres mayores suelen librarse de la timidez”, afirma Leslie Goldman, autora del libro Locker Room Diaries (Diarios de vestidores), un relato de su estudio etnográfico sobre la conducta de las mujeres en el gimnasio. “Nunca antes había visto a una mujer de más de 60 años correr a un baño para cambiarse o echar un vistazo rápido para quitarse la toalla”.
La belleza no es una panacea
Por lo general, las personas bien parecidas no son más felices que quienes son menos agraciadas. El optimismo, la esperanza, las relaciones gratificantes y el significado y el propósito de la vida influyen mucho más en la felicidad que el simple aspecto físico.
“No me malinterpreten. A veces recibo un trato especial debido a mi condición de celebridad”, afirma Carol Alt. “Pero también he sufrido mucho. Soy divorciada y perdí a mi padre y a mi hermano. No creo que el destino se base en nuestra apariencia física para decidir lo que va a suceder”. |
Ver también en Encuentros:
- Mayré Martínez. Madera de Idolo
- Actores al gimnasio
- La ciudad oculta
- Tierra de motilones
|