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Ciérrele el paso a la cistitis

Es la infección urinaria, específicamente de la vejiga, que lleva más pacientes —sobre todo mujeres—, al consultorio del urólogo. Aunque su tratamiento es sencillo, y muy pocas veces está asociada con complicaciones, lo mejor es prevenirla. Sepa cuán fácil es ahorrarse esa visita al especialista. Raúl Chacón Soto

De todas las infecciones del tracto urinario, tanto de la parte superior como inferior, la cistitis es la más común. Lo es tanto, que su nombre es de uso generalizado entre la mayor parte de la población. Lo que no todos tienen muy claro es que se refiere, específicamente, a la infección de la vejiga. Personas de ambos sexos la pueden sufrir, pero es mucho más frecuente en las mujeres que en los hombres, y se puede presentar a cualquier edad, aunque, como bien lo explica el urólogo Joseph Abitbol, los picos de incidencia en la consulta se presentan en mujeres con vida sexual activa y en las posmenopáusicas.

Es más frecuente en las mujeres por varias razones que el experto enumera a continuación: “Hay causas anatómicas: la uretra femenina es más corta que la masculina. Generalmente mide entre tres y cinco centímetros, mientras que su contraparte puede superar los 15 centímetros. Además, en el periné de la mujer desembocan tres orificios que están muy cerca unos de otros: el central que es la vagina, la uretra y el ano. Así que es una zona donde normalmente existen bacterias; y esas bacterias, que generalmente vienen del tracto gastrointestinal son las que tienden a invadir la uretra y en forma ascendente se alojan en la vejiga —más de 90% de las cistitis son causadas por la Escherichia coli—. También existen otras causas: las mujeres tienden a aguantar las ganas de orinar; son, lo que se llaman, aguantadoras sociales. Como tienen que hacerlo en determinada posición, buscan mínimas condiciones higiénicas en los baños, y si no las consiguen, pues no lo hacen. Esperan. Al hacerlo están reteniendo orina en la vejiga que es un medio de cultivo perfecto. Esto, unido a los gérmenes que pudieran estar subiendo por la uretra, pueden favorecer el desarrollo de una infección. Otra, es la modificación del Ph de la vagina. Este Ph favorecerá o irá en detrimento de la reproducción bacterial. De hecho muchas veces coexisten infecciones vaginales con infecciones urinarias. Por último, mujeres con estreñimiento tienen más tendencia a presentar este tipo de infecciones por proliferación y migración de bacterias”.

Las mujeres activas en el plano sexual son las que con más frecuencia acuden al médico por cistitis. Esto tiene una explicación sencilla: las relaciones sexuales aumentan el riesgo de sufrir la enfermedad, pues las bacterias pueden entrar a través de la uretra. Por ello, dice Abitbol, “es importante recomendarles que orinen después de una relación. Cuando ha ocurrido una penetración, los gérmenes pueden colonizar la uretra, lo que se puede impedir si se orina inmediatamente después”. También es muy frecuente en las posmenopáusicas, porque en ellas cambia la turgencia de todos sus tejidos como consecuencia del hipoestrogenismo. “La mujer hasta presenta diferentes características fisiológicas y anatómicas. Digo anatómicas, porque las señoras, a esa edad, pueden presentar condiciones asociadas a la infección urinaria, como puede ser el prolapso genital, que es el descenso de la vejiga. En este caso, se pierde la dinamia del vaciado. Esa vagina no se vacía por completo y la orina residual se convierte en medio de cultivo. En las ancianas también se presenta la cistitis, porque ellas hasta pierden el control de esfínteres. Y hay problemas de estreñimiento e, incluso, de pérdida de hábitos higiénicos”.

Entre los hombres, afecta principalmente a los mayores, sobre todo a quienes presentan algún tipo de agrandamiento de la próstata: de nuevo, al obstruirse el flujo de orina y no lograrse un vaciado perfecto de la vejiga, pues ésta se hace más susceptible a una infección. Como puede verse, todos los factores que obstruyen el flujo de orina a nivel de la vejiga o de la uretra aumentan el riesgo de cistitis, como la introducción de instrumentos en las vías urinarias (catéteres o citoscopios), embarazo o diabetes.

¿Cómo se reconoce?
La cistitis se manifiesta con los siguientes síntomas: tisura, o dolor y ardor durante la micción; aumento de la frecuencia y sensación de urgencia —los pacientes tienen que orinar cada cinco minutos—; y tenesco vesical —la persona acaba de orinar pero siente que no ha terminado, las ganas persisten. El experto aclara que hay distintos tipos de cistitis: “La complicada, que puede cursar con fiebre, y la hemorrágica, con presencia de sangre”. Esta última puede resultar alarmante —no es nada agradable ver la orina teñida de rojo—, pero por lo general no debe ser motivo de excesiva preocupación: “La mucosa vesical, que es la superficie que tapiza por dentro la vejiga, es muy vascularizada. Cuando hay un proceso inflamatorio, algunos de esos vasitos se pueden romper. La sangre se mezcla con la orina, y puede dar la impresión de que se está sangrando”.

¿Cómo se diagnostica?
Por tratarse de una enfermedad muy común, muchas personas tienden a automedicarse, lo que es contraproducente. El experto señala que lo indicado es pedir un examen sencillo de orina, y luego un urocultivo y un antibiograma (es un examen de orina, pero bacteriológico). “La finalidad es detectar si hay bacterias, cuáles son, y cuál es el antibiótico apropiado para aniquilarlas”. Como los síntomas son bastante molestos, Abitbol explica que lo ideal es tomar la muestra de orina e iniciar el esquema de antibióticos —se prescriben para prevenir que la infección se extienda a los riñones—, ordenado por el médico, a la espera del resultado del urocultivo, por si hay que modificar el esquema. Si se da el antibiótico adecuado, la mejoría se presentará, con remisión de síntomas, en 24 o 48 horas. En casos de infecciones recurrentes —tres o cuatro en el año— se debe recurrir a un urólogo (así se trate de hombre o mujer) para que determine las causas de la persistencia. Con seguridad, el especialista ordenará otro tipo de exámenes, como estudios radiológicos con material de contraste que se inyecta en una vena y se excreta en la orina. Estos estudios permiten evaluar la estructura de riñones, uréteres y vejiga.

¿Cómo prevenirla?
Las medidas que usted debería tomar para evitar la visita al médico, por lo menos en lo que se refiere a esta infección tan común, son:

l Tomar mucho líquido (ocho o nueve vasos de agua al día)

l Vaciar con la frecuencia necesaria la vejiga. Y vaciarla bien. La idea es no dejar orina residual

l Tratar de tener la vejiga vacía antes de una relación sexual, y vaciarla inmediatamente después

l Control ginecológico adecuado

l Regular el hábito intestinal. Comer fibra

l No automedicarse, porque las bacterias crean resistencia

l Mantener buenos hábitos higiénicos. Después de orinar, secarse de adelante hacia atrás, para evitar llevar gérmenes del recto a la entrada de la uretra. Cambiar con la frecuencia que se debe las toallas sanitarias

l No se recomienda el uso de duchas vaginales en mujeres con cistitis. l

rchacon@eluniversal.com

Cistitis de la luna de miel
Se le denomina de esta manera a la cistitis que es consecuencia de las relaciones sexuales. Es relativamente frecuente en recién casadas sufrir de esta enfermedad que puede deberse al intercambio de flora bacteriana ocurrida entre ella y su compañero o, simplemente, a que la uretra ha sido golpeada durante la actividad sexual. Por lo general, se trata de una forma de uretritis crónica, porque es la uretra y no la vejiga la que está inflamada. Muchas veces, el proceso de infección se mantiene hasta que la mujer acepta la flora bacteriana que le transmite su pareja. Los médicos recomiendan mantener excelentes condiciones higiénicas en el momento de la relación y orinar una vez concluido el acto. También apoyan el uso de un lubricante soluble al agua para que la penetración sea más fácil y menos opresiva.

 


 
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