¨ Hace muchos años manejé un viejo taxi. Se subía mucha gente.
Sus vidas, de alguna manera, me asombraban, me ennoblecían, me hacían
reír o me deprimían. Pero un día recogí a una señora que me cambió la vida.
Era una pequeña mujer como de 80 años, llevaba puesto un vestido floreado
y un coqueto sombrero, además de una pequeña maleta de raída piel. Tomé
la maleta y la ayudé a entrar al coche. "Muchas gracias", me dijo con voz
entrecortada, mientras le daba una última mirada al edificio en donde había
pasado los últimos cincuenta años de su vida. "No es nada, yo sólo intento
tratarla de la misma forma como me gustaría que mi mamá fuera tratada", le dije.
"¡Estoy segura de que es un buen hijo!", dijo ella entregándome un papelito en donde tenía anotada una dirección en las afueras, y agregó: "Podríamos irnos por el centro de la ciudad".
"Pero ese no es el camino más corto", respondí.
"No importa. No tengo prisa, voy al asilo", dijo.
La miré por el espejo y sus ojos estaban llorosos. "Ya no tengo familia y el médico me dijo que no dispongo de mucho tiempo", explicó.
Durante todo el día manejé a través de la ciudad. Ella me enseñó el edificio donde había trabajado durante 35 años. Conocimos el vecindario en el que compró la primera casa junto a su esposo, la escuela donde se educaron sus hijos y el restaurante preferido, en el que celebraban sus fechas especiales. Pasamos lentamente por muchas esquinas, parques, casas y edificios. Ella observaba y no decía nada. Ya entrada la tarde me dijo: "Estoy cansada, vámonos ahora".
Conduje en silencio hasta el asilo y, al llegar, dos asistentes uniformados se acercaron hasta el taxi.
"¿Cuánto le debo?", preguntó buscando en su cartera.
"No, no me debe nada", le señalé.
"De algo tiene que vivir", me respondió.
"No se preocupe, ya vendrán otros pasajeros", añadí.
Subí a mi carro y sólo oí una puerta que se cerró, fue el sonido de una vida concluida.
No recogí ningún pasajero más y manejé sin rumbo el resto de la noche, pensando en que estamos acostumbrados a perseguir grandes momentos, pero los grandes momentos son los que nos atrapan felizmente desprevenidos. La gente, tal vez, no recuerde exactamente lo que tú hiciste o lo que dijiste… pero siempre recordarán cómo los hiciste sentir".
A todos se nos pasa la vida trabajando incansablemente para conseguir las cosas que deseamos, sin darnos cuenta de que una vida plena y satisfactoria no viene determinada por lo mucho que hayamos vivido, o por lo que tengamos o sepamos, sino, más bien, por lo que hayamos hecho por otros.
Buscando el éxito material, nuestra vida se ha convertido es una experiencia llena de estrés, frustración y cansancio, en una carrera agotadora tras la consecución de cosas que no necesitamos, pero que nos han enseñado a creer que son importantes para conseguir el estatus que finalmente nos dará la comodidad y el reconocimiento, que en algún momento interpretaremos como felicidad.
Nos preocupamos y luchamos por tener un futuro mejor, para no pasar limitaciones, pero, en realidad, no sabemos qué hacer en una tarde lluviosa de domingo. La vida es muy corta, pues sin importar cuantos años vivamos, los días se nos pasan muy rápido y, generalmente, estamos ocupados en cosas que no tienen ninguna trascendencia. Este es el momento para comenzar a vivir con pasión y de una manera diferente. Empieza hoy mismo, deja de esperar a que todas las condiciones que piensas que necesitas para hacerlo se presenten y vive como si éste fuese tu último día en el mundo.
Aprende a disfrutar de los grandes pequeños placeres de la vida, que son gratis y de fácil acceso: la naturaleza, la música, la amistad, los logros, el amor, la comida, la familia, los hijos, el aprendizaje, el compartir… Y deja de preocuparte por cosas que imaginas y que tal vez nunca sucederán.
Piensa antes de actuar, para que no tengas que arrepentirte de lo que dijiste o hiciste en un momento de afectación. Tómate el tiempo para descubrir qué es lo que, en verdad, te gusta y te entusiasma y dedícate a ello con pasión. Asume riesgos sin importar tu edad o condición, prepárate para cambiar ese trabajo que no te gusta, múdate a otro lugar donde te sientas más a gusto, con mejor clima y oportunidades. Deja de preocuparte por pequeñeces y no seas susceptible. Sé más alegre, más paciente y no tomes la vida tan en serio. Haz más cosas por los demás, y vive momento a momento.
¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa, todo va a estar bien! •
maytte@maytte.com
Hola, Maytte. Soy una persona joven y exitosa, con un trabajo que me encanta, el único inconveniente es que siempre estoy muy ocupada y sin tiempo libre, pues estoy haciendo mi patrimonio. Mis viejos amigos me llaman ingrata porque no asisto como antes a sus reuniones. A mí me gustaría, pero, en realidad, ahora tengo otras prioridades y no dispongo de tiempo suficiente. La última vez que vi a un buen amigo en la calle, éste se cambio de acera para no saludarme. ¿No crees que estén siendo injustos conmigo? C.G.
Bueno, son tus amigos y te extrañan. Sé que en el caos de la vida moderna no es fácil encontrar tiempo disponible para compartir con los amigos. Es difícil distribuir el poco tiempo disponible entre el trabajo, la familia, los amigos y las metas que nos hemos planteado. Muchas veces terminamos sacrificando lo último que tenemos en nuestra lista de asuntos pendientes: Nosotros y el tiempo para los amigos. Te sugiero que busques la manera de hacer una reunión para acercarlos de nuevo y compartir un rato divertido con ellos, lo más importante es que sepan que tu cariño no ha cambiado y que sigues pendiente de ellos, a pesar de todas tus ocupaciones. Hacer un pequeño espacio dentro de una rutina tan apretada te ayudará a recuperar el bienestar y la energía que necesitas para cumplir con tus responsabilidades más eficientemente. Una llamadita o el envío de un correo, de vez en cuando, no toman mucho tiempo, pero suavizan las diferencias y fortalecen el vínculo del cariño. Si te acercas a tus amigos, éstos te ayudarán a desahogarte y a relajarte un poco, y disfrutarás más de la vida al sentirte acompañada por personas que te quieren de verdad. ¡Tus amigos serán tu capital de vida!
Hola, Maytte. Definitivamente tengo problemas para relacionarme con mi esposo y con mis hijos. Yo los comprendo y los complazco todo el tiempo, pero ellos no me atienden a mí. Me gustaría que entiendan lo que quiero, sin tener que pedirlo todo el tiempo. Hay momentos en los que pienso en que esta situación no tiene solución, y me da rabia no poder cambiarla. ¿Yo puedo hacerlos cambiar? M.P.L
Si te sientes molesta o incomprendida por tu familia, tal vez no estás pidiendo lo que necesitas de la forma adecuada, o las personas que te rodean están cansadas de escuchar tus quejas y exigencias, una y otra vez. Te sugiero que revises tu comportamiento hacia ellos, pues ser muy complaciente y sumisa te convierte en una persona incapaz de establecer límites o decir que no. Lamentablemente, cuando una persona se siente cansada de mantener esta actitud se convierte en una olla de presión, a punto de estallar con las personas más cercanas. Este puede ser tu momento perfecto para cambiar, así lograrás transformar y hasta solucionar la situación.
Con nuestro ejemplo podemos motivarlos a revisar su actuación y a buscar un cambio si lo consideran necesario.
Atrévete a decir que no y a ponerle un límite a los demás para que no sientas que ellos abusan de ti. No te sientas culpable de cambiar tu comportamiento y disfruta del aspecto positivo que traerá este cambio a tu vida. Busca las palabras y el momento adecuados para conversar con tus personas queridas y exprésales tus necesidades sin juzgarlas. Estoy segura de que juntos podrán establecer los acuerdos que les permitan vivir de una mejor manera.
Hola, Maytte. Estuve mucho tiempo enamorada. Hubo ilusiones y promesas, pero también muchas mentiras. Adolorida, me separé, pero dentro de mí quedaron muchos miedos. Me refugié en mi trabajo y huí de toda oportunidad de conocer a otros hombres. A pesar de eso, tengo un enamorado que ha insistido en salir conmigo. Es bueno y sé que me ama. ¿Qué debo hacer, arriesgarme a sufrir o quedarme tranquila y sola como lo he hecho hasta ahora? R.M.F.
Amiga, tienes que cambiar esa actitud. ¿Quién dijo que todas las situaciones que se nos presentan son para perder y sufrir? Las oportunidades son para renacer, aprender y disfrutar
de los aspectos bellos y positivos que también tiene la vida. Sé que puedes volver a sufrir,
pero también puedes pasar la página, renovar tu actitud y tener lo mejor de la vida. Yo creo
que lo peor que te puede pasar, en este caso, es dejar pasar la oportunidad. Si te refugias
en un mundo de autoengaño para protegerte, estás renunciando a crecer, a disfrutar
y a ser feliz. Perdona, y luego abre tu vida al contacto con los demás, hazlo sin miedo
y vive lo que tengas que vivir con madurez, confianza y pasión.
maytte@maytte.com
|