LA DULZURA
de Florencia
Su historia no es precisamente de esas
que dicen: "de chiquita sabía lo que quería ser".
Y es que Florencia Rondón Strozzi, en toda su infancia, hizo sólo una vez galletas, sin intuir
todas las que amasaría después. A sus 21 años tuvo el hallazgo de su vocación y ahora, a sus
35, asegura que no hubiese podido dedicarse
a otro oficio distinto al de chef pastelera. Ella es
la responsable de la dulzura de los restaurantes Antigua y Mokambo. En sus maneras hay cierto
tinte romántico. Una muestra: Florencia escribe
sus recetas a mano. "Detrás de cada cosa que
hago hay un significado". Es el caso de la mousse de coco. "Surgió a partir de la pasantía que hice
en Barcelona, donde tuve la dicha de trabajar con Yann Duytsche, quien hizo
un postre con coco y piña
que bautizó como Los
Roques. Me propuse hacer
una interpretación del
mismo". Su cremosa de limón goza de buena fama. "En este postre indago en los sabores. Aquí están el mango y el limón, pero la sorpresa es el malojillo". No queda más que regocijarse en estos mimos.

Achocolatadamente
BIRONGO |
La invitación no es
sólo para degustar chocolates. La
gente de Arte para acompañarte convoca a hacerlos. Soliria Menegatti, una de las organizadoras de la ruta, así la describe: "Salimos temprano de Caracas hacia Birongo, pueblo ubicado en Barlovento, a unos 20 kilómetros de Higuerote, en el Estado Miranda. Nuestra primera parada es en una finca de cacao. Luego nos detenemos en la fábrica La flor de Birongo, donde todos tendrán la oportunidad de participar en el proceso desde el tostado hasta en el empaquetado de chocolates. Cada quien podrá elaborar su propio bombón. De allí al almuerzo
y la despedida amenizada con decimistas y toques de tambor. Esta visita dura todo el día y el regreso suele ser al final de la tarde". Si se le antoja esta aventura puede embarcarse en ella por los números telefónicos 0414-156.4354 y
0412-910.3321.
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"Usa la modestia como una coraza para protegerse. Finge que no sabe lo que mejor sabe. Entre una vanidad con fundamento y una modestia falsa elige la segunda. Hablo del azúcar. La sal es lo contrario: hace creer que sabe hasta lo que no sabe. Su modo de protegerse es la arrogancia. Es vana sin motivo e incapaz de ser modesta. Conoce a fondo la sal y el azúcar, así sabrás usarlas. La una es muy concreta, la otra demasiado abstracta. Si usas mucho la una, te hace falta la otra, y ambas te hacen vivir en perpetua nostalgia. Lo salado sirve para dejarnos satisfechos. Lo dulce, en cambio, no es para llenar,
sino que es un estímulo
para la fantasía".
Héctor Abad Faciolince en Tratado de culinaria para mujeres tristes.
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