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CRÍMENES MAX HAINES

¿DÓNDE
ESTÁ MI
BEBÉ?

La vida apacible de
Doreen y Gordon
Jeffs llegó a su fin una
tarde cuando su hija
desapareció de una
misteriosa manera

Hasta el 22 de noviembre de 1960, la rutina de Doreen y Gordon Jeffs transcurría sin mayores contratiempos. La joven pareja y su bebé de tres semanas de nacida, Linda, habitaban un hogar confortable y bien ventilado en Eastbourne, Inglaterra. Gordon se ganaba la vida como carnicero.

El día comenzó de la manera habitual desde la llegada de la bebé. Doreen preparó el desayuno. Gordon salió a trabajar, luego de lo cual su esposa se dedicó a las labores domésticas y a atender a la niña. La joven madre tenía fama, en el estrecho círculo de la pareja, de ser una ama de casa meticulosa. Esa tarde decidió sacar a pasear a Linda en su coche. Al mismo tiempo, haría unas cuantas diligencias. Desde el nacimiento de la niña se había sentido deprimida y le gustaba salir a respirar un poco de aire fresco.

A las 4:10 pm, Doreen entró en la mueblería de Dale y Kerley, en el centro de la ciudad. Preguntó por el precio de una aspiradora. Afuera se encontraba la pequeña Linda durmiendo plácidamente en su flamante coche. Tres minutos después salió de la tienda y se estremeció al percatarse de que ni Linda ni el coche se veían por ningún lado.

La perturbada mujer corrió gritando por la calle de arriba a abajo. "¡Mi bebé!, ¡mi bebé!, ¿dónde está?". Era poco lo que los transeúntes podían hacer, aparte de consolarla. Histéricamente, Doreen corrió de nuevo hacia la entrada de la tienda. Se paró allí dando gritos: "¡Por favor!, ¿han visto a mi bebé?". Los comerciantes sacudían la cabeza. Nadie la había visto.

Siete minutos más tarde, policías y civiles buscaban a la niña extraviada. Pasaban las horas. Se descartó la especie del secuestro por rescate. Los Jeffs no tenían bienes de fortuna. Se manejó la versión de que la niña había sido secuestrada por personas inescrupulosas que se dedicaban al negocio de vender niños a agencias ilegales de adopción. También se consideró la posibilidad de que alguna mujer trastornada y obsesionada con el deseo de tener un hijo la hubiera raptado.
Todas las teorías se desecharon a las 8:00 pm, unas cuatro horas después del incidente, cuando un oficial de policía avistó algo entre los arbustos en un parque situado en Hartfield Gardens, a eso de un kilómetro de distancia de la mueblería donde la niña desapareció. Allí se encontraba Linda Jeffs en su coche. La habían estrangulado.

Al recibir la noticia de la muerte de su hija, Doreen sufrió un desmayo. Su esposo Gordon estaba devastado. Se emprendió una investigación. La única pista con la que contaba la policía era una huella muy difusa que se halló en la hierba cerca de donde se recuperó el cadáver de la niña. Se creía que la huella provenía de un zapato con tacón de punta.

A medida que la investigación avanzaba, los detectives de Scotland Yard se devanaban los sesos con un hecho innegable. Parecía inconcebible que no se encontrara a nadie que hubiera visto el coche de la bebé fuera de la mueblería. Después de todo, las calles estaban muy concurridas. Los investigadores midieron la distancia desde la mueblería hasta el lugar donde se halló el cadáver. Era un recorrido de 15 minutos. Varios comerciantes estaban en las adyacencias para ese entonces. Nadie había notado a ninguna mujer que llevara un coche.

Al percatarse de que estaban transitando por un terreno delicado, los detectives se convencieron de que Doreen Jeffs nunca había colocado el coche de la niña fuera de la mueblería. ¿Acaso esta devastada mujer había asesinado a su propia hija?
Se interrogó discretamente a Gordon. Sin revelar sus sospechas, los detectives supieron que su esposa había estado terriblemente deprimida desde el parto.

También descubrieron la obsesión de Doreen por mantener su casa en condiciones casi asépticas. ¿Sería posible que su depresión, junto con el hecho de ver alterada la rutina por tener que cuidar a una recién nacida, hicieran que Doreen se perturbara mentalmente y matara a su propia hija?

Gordon fue interrogado una vez más. Esta vez se le reveló la posibilidad de que Doreen fuera la asesina. Se le explicó que cualquier tribunal se compadecería de ella, ya que obviamente sufría de una enfermedad mental. Gordon convino en que sería una gran ventaja para su esposa si él cooperaba con la policía.

Se realizó una reunión donde Gordon le pidió a Doreen que volviera a narrar su versión. Doreen
lo repitió todo. Gentilmente, la policía le explicó
que se sabía de casos en que madres con trastornos mentales, después de dar a luz,
mataron a sus propios hijos. Le dijeron
que ninguna había sido condenada
por asesinato.

Por primera vez, Doreen titubeó. Expresó su temor de que su esposo la condenara. Gordon le aseguró que la comprendía. Doreen se derribó. Le dijo a la policía que le estaba sacando los gases a la bebé ese día cuando se puso morada y dejó de respirar. Colocó a Linda en el coche y salió. Doreen no podía recordar su trayectoria al parque, como tampoco pudo rendir cuentas por la fractura en el cráneo de la niña. No recordaba haber fraguado el falso secuestro, pero sí que había concebido toda la historia.

Doreen fue acusada por el homicidio de su hija. El 28 de noviembre fue liberada bajo custodia para asistir al funeral de Linda. En el evento lloró desconsoladamente y terminó desmayándose cerca de la tumba. Pronto le retiraron la condena de homicidio y la acusaron de infanticidio. Le dieron libertad bajo fianza, con la condición de que ingresara en un hospital mental hasta el 17 de marzo de 1961, la fecha programada para su juicio.

Doreen se declaró culpable de infanticidio. Fue sentenciada a un año de libertad condicional, pero esta vez debía permanecer en el hospital durante todo ese período. La pareja reanudó su vida, pero Doreen nunca se recuperó del horror de haberle ocasionado la muerte a su hija. El 6 de enero de 1965, Doreen desapareció. Dos días después, la policía halló su abrigo doblado en el borde de un precipicio cerca de Eastbourne. Unos días más tarde, su cuerpo flotaba en Folkestone, Kent.

Traducción: Conchita Delgado.
Ilustraciones: David Márquez

davidmarquez@cantv.net





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