TENDENCIAS
PROTAGONISTAS
-

El súper agente 86 está de vuelta

-

El monitor

-

La vida de Nicole

LA CARACAS DE
-

Norelys Rodríguez

MODA
-

Las joyas
de Jage Jagger

GASTRONOMÍA
-

Vinos entre
20 y 30 bolívares

ENCUENTROS
-

Músicos
Sólos, pero bien acompañados

- Un nuevo Rey
para Narnia
-

Candela Ferro
"La autenticidad
es mi secreto"

- James Bond
Espía espiado
VIVIR MEJOR
BELLEZA
- Cuidados al pelo
BELLEZA
- A qué huele América
SALUD
- Efecto viudez
TENDENCIAS
- Belly Dance con
Rania Bossonis
COCINA
- Ricos tomates
rellenos
MASCOTAS
-

Cuando el estómago duele

PUNTO Y APARTE
CRIMENES
HOROSCOPO
HUMOR
CRUCIGRAMA
ARCHIVO
CONTACTENOS
 
 
 
CRÍMENES MAX HAINES

El muerto
usaba lápiz
labial

El desconcertante asesinato de un marinero dio un giro cuando se encontraron ciertos artículos en su casillero

¿Cómo pudo un asesino entrar en una base naval, evitar los centinelas, ingresar a una barraca con 60 hombres, identificar a su víctima y ultimarla a cuchilladas mientras sus tres compañeros de habitación dormían en el mismo cuarto? Alguien hizo todo esto y logró escapar sin que lo vieran.
La escena del crimen fue el cuarto 150 del Bloque D, en la Base Naval de la Costa Oeste de Canadá, en Esquimalt, Columbia Británica. Cuatro hombres ocupaban ese cuarto la noche del 11 de diciembre de 1958, cuando ocurrió el mortal ataque. Tres de los ocupantes se despertaron al escuchar un grito cargado de desesperación: "¡Dios mío, ayúdame!".

Los tres buzos de la Armada saltaron de sus camas. El cuarto estaba oscuro y hubo mucha confusión hasta que uno de los hombres atinó a encender una luz. Lo que vieron los tres hombres, aún atontados, fue el cuerpo desnudo de Bud Jenkins, el cuarto individuo que compartía el cuarto. Bud había sido apuñalado en el corazón. Mientras los hombres miraban fijamente, paralizados, un charco cada vez más extenso de sangre se esparcía por el piso.

Los tres compañeros informaron a un superior, quien de inmediato cerró las entradas y salidas de la barraca y llamó a la policía local. Al principio se creyó que era imposible que el asesino -si en realidad no había sido un marinero- hubiera podido salir de la base. Sin embargo, por este rumbo la investigación no condujo a nada. Los centinelas que vigilaban las puertas de la base ni nadie en la barraca había visto nada ni siquiera remotamente sospechoso esa noche.

Un detective, junto con un oficial naval, estudiaron el cuerpo y la escena del crimen. Los investigadores llegaron a la conclusión de que Jenkins estaba dormido cuando el asesino lo había apuñalado en el corazón. El hombre, fatalmente herido, había saltado de la cama, dado un paso y caído en el piso.

Los tres compañeros de cuarto de Jenkins fueron interrogados. Declararon que habían regresado a la barraca a las 11:29 pm. El asesinato había ocurrido a las 2 am. Los tres juraron que no habían visto al victimario. Escucharon el grito de desesperación: "¡Dios mío, ayúdame!" y saltaron en plena oscuridad, pero el asesino, evidentemente, ya había salido del lugar. Uno de los hombres encontró el interruptor y encendió la luz.

Los tres individuos fueron interrogados por separado, pero no se obtuvo ninguna información de ellos. El cuarto donde ocurrió la muerte fue inspeccionado minuciosamente. El dinero que los ocupantes habían dejado a la vista aún estaba allí, lo cual indicaba que el motivo no había sido el robo.

Los investigadores también se enteraron de que cada uno de los hombres tenía al menos una muda de ropa civil. Al personal de la Armada se le permitía no usar el uniforme cuando estaba fuera de servicio, por lo que era común ver a hombres vestidos de civil en la base.

Nadie extraño al lugar podía entrar en las barracas, ya que había centinelas apostados en las dos entradas para registrar el momento en que cada hombre regresaba a sus habitaciones. Todos los permisos de salida expiraban a medianoche. Dado que el asesinato ocurrió a las 2 am, cualquiera que hubiera tratado de entrar en las barracas a esa hora hubiera sido detenido por los centinelas. Pero éstos no habían visto a nadie.

Bud Jenkins tenía 23 años el día en que ocurrió el ataque del asesino fantasma. Se había alistado para servir durante tres años y le quedaba poco más de seis meses para terminar. Al contrario de sus compañeros de cuarto, Jenkins, oriundo de New Brunswick, era un tanto solitario, aunque se llevaba bien con ellos. En realidad, todos los hombres del cuarto 150 se llevaban bien entre sí y parecían estar diciendo la verdad.

La autopsia practicada al cuerpo de Jenkins confirmó que había recibido una puñalada que le atravesó el corazón. El examen también reveló la sorprendente información de que el occiso se había puesto lápiz labial.

Cuando se examinó el casillero de Jenkins, las autoridades encontraron un tubo de lápiz labial, perfume y otros cosméticos. Todos habían sido parcialmente usados. Además de los cosméticos, la policía halló varias cartas dirigidas a Budsie, escritas por Leo. Se trataba de apasionadas cartas de amor. Los detectives, al darse cuenta de que la investigación estaba cobrando una connotación sexual, decidieron interrogar una vez más a los tres compañeros de cuarto de Jenkins.

En esta ocasión, pusieron una carnada. Dejaron que los hombres se enteraran del contenido del casillero de Jenkins y del hecho de que se había puesto lápiz labial la noche en que lo mataron de una puñalada. Sin duda, unos hombres que vivían en espacios tan reducidos conocerían la naturaleza de su compañero de habitación.

Los tres admitieron que Jenkins había mostrado ciertos rasgos de homosexualidad, pero declararon con vehemencia que no se les había insinuado sexualmente a ellos ni, que ellos supieran, a ningún otro hombre en la base. Asimismo, los tres marineros dijeron que habían tenido ciertas sospechas, pero no sabían a ciencia cierta si Jenkins era homosexual en la práctica. De hecho, Jenkins a menudo les había dicho que pensaba casarse con una chica llamada Dawn cuando terminara sus tres años de servicio. Cuando la policía descubrió una foto de Dawn con la dedicatoria "A Bud, con todo mi amor, Dawn", los oficiales se inclinaron a creerle a los tres compañeros de cuarto.

Cuando les preguntaron sobre las cartas de amor, los tres juraron no conocer a nadie llamado Leo.

Una investigación en torno a las actividades de Jenkins desveló el cuadro de un ser solitario que no tenía confidencias con nadie. Los detectives intentaron descubrir qué hacía este marinero cuando se encontraba fuera de servicio. Se enteraron de que Jenkins le pidió en una ocasión a otro marinero que lo acompañara a una fiesta en Victoria en la que habría mucha comida y bebida. El marinero interpretó la invitación como una proposición homosexual y la rechazó. Los oficiales, entonces, visitaron los lugares que se sabía frecuentaban los homosexuales. En uno de esos sitios encontraron un marinero que les dijo que a él también lo habían invitado a una fiesta de homosexuales; la invitación se la hizo un caballero algo entrado en años que usaba un bastón y estaba primorosamente vestido con polainas y un sombrero de hongo. El personaje no podía ser otro que Doc Spinner, un conocido pisaverde homosexual que había ganado cierta reputación por sus fiestas estilo "todo vale".

Doc Spinner fue ubicado fácilmente en su residencia en Superior St. Abrió la puerta vestido con una elegante bata de casa y una larga boquilla e hizo pasar a los oficiales. Cuando lo interrogaron, Spinner, de quien se decía que había sido un exitoso cirujano plástico en Chicago, señaló que en la última fiesta que había dado se había presentado un altercado: Bud Jenkins y su amigo Leo Mantha habían sido los involucrados. Leo vivía con Spinner y desde la discusión con Jenkins había permanecido enfurruñado en su habitación.

Los investigadores corrieron a la habitación de Leo. Allí estaba el hombre que ellos creían había escrito las cartas de amor a Bud Jenkins. Cuando hallaron un cuchillo de hoja larga y manchado con sangre en la habitación de Leo, llevaron al sujeto a la jefatura de policía para someterlo a un interrogatorio más extenso.

Confrontado con el descubrimiento del cuchillo y al darse cuenta de que la policía sabía de su discusión con Jenkins, Leo decidió hablar. Explicó que en otro momento de su vida había pasado 10 años en la Armada y sabía cómo entrar en una barraca sin ser detectado. ¿El motivo del asesinato? Jenkins le había informado que su relación se había acabado. Le dijo a Leo que se había enamorado de una chica llamada Dawn y que pensaba casarse con ella cuando terminara su servicio en la Armada. Leo no soportaba perder a su amante. Si no podía tener a Bud Jenkins, entonces nadie más podría tenerlo. En lugar de ceder su amor a Dawn, decidió matarlo. Leo fue enjuiciado por el asesinato de Bud Jenkins, encontrado culpable y sentenciado a muerte. Todas las apelaciones fallaron. El 28 de enero de 1962, Leo fue ejecutado en la horca.

Traducción: José Peralta
Ilustraciones: David Márquez
davidmarquez@cantv.net

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso