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Cuidados al PELO
La mala aplicación de los productos capilares puede provocar algunos efectos secundarios que maltratan al cabello o, en su defecto, que no ofrecen el resultado deseado. Aquí le decimos cómo evitar esos "errores comunes" y cómo utilizar correctamente los cosméticos para el cabello
Por Carolina Quintero
Antes de aplicar sobre su cabello algún producto capilar, ya sea para el aseo diario o para el peinado, ha pensado, tan sólo un segundo, que de no leer el "modo de empleo" que sale en la parte posterior de la botella podría provocarle alguna reacción negativa. Por lo general, esa leyenda dice: aplique, frote, enjuague, repita. No es un procedimiento tan complicado como para que pueda ocasionar alguna fatalidad. Pues resulta que sí. Los productos capilares "mal utilizados o sobredosificados" pueden ocasionar riesgos tan nefastos en el cabello, que a la larga deberá reparar ese deterioro con tratamientos que ayuden a neutralizarlos.
Y no es sólo la indicación tras el envase la que siempre se debe leer para estar segura de cómo aplicar correctamente los productos. Ayuda, también, conversar con un estilista profesional para que oriente en el antes y después de la adecuada utilización de los mismos.
Sin duda, el cabello es parte del organismo y es, a su vez, el reflejo de la salud y de la personalidad. En ese sentido, mujeres y hombres buscan los mejores productos y los más provechosos tratamientos capilares para resolver problemas, tanto estéticos como los que surgen por alguna enfermedad, con la finalidad de mantener el cabello sano, fuerte, y reluciente. Sin embargo, se cometen equívocos y excesos. El primer gran error es no seleccionar el producto según el tipo de cabello. Otro, y quizás más grave, es que existe la falsa creencia de que "a mayor cantidad, mayor efectividad" y es aquí precisamente donde comienzan todos los problemas.
Precisamente, para saber cuáles son esos errores y cómo evitarlos, Johan Sánchez, gerente de educación y manager de la firma Matriz de L'Oréal y el estilista y maquillador profesional, Richard Ching, ofrecen todas las claves.
Correcta selección
Elegir un buen champú es fundamental. Un producto apto para la limpieza del cabello, ya que ayuda a remover el polvo y los residuos de contaminación y de productos que se usan así como las células muertas que se desprenden de la piel del cuero cabelludo (que no es caspa). También es importante, indican ambos especialistas, escogerlo según el tipo de cabello: normal, seco, graso; si es sensible, liso o rizado; si es teñido o si padece de caspa y/o caída, para hacer luego la elección correcta para su cuidado. En caso de no saber identificar el tipo, lo mejor es acudir a un buen peluquero
o un dermatólogo. La elección correcta del champú, le brinda al cabello todos los beneficios que tienen los ingredientes y activos específicos para tratar el problema o la necesidad de cada cual, como refiere Sánchez, ya que su efectividad se debe, precisamente, a los tensioactivos, componentes que contiene su fórmula y que combinados con otros, actúan de manera diferente en el proceso de limpieza o de tratamiento, según sea el caso. Por ejemplo, el champú para cabello seco lo va a nutrir y a mantenerlo suave y brillante; para uno graso, lo purifica y lo ayuda a controlar la producción de sebo; para uno normal, lo conserva sano y brillante. Dependiendo de la onda, también hay que cambiar el champú. Si es liso, se recomienda uno que le aporte volumen y, si es rizado, uno que lo hidrate a profundidad. Para los teñidos, el champú característico lo hidrata y realza su brillo y el color. Uno con fórmula anticaspa, va a eliminar los signos visibles de ésta y a combatir la resequedad, aliviar la comezón y la irritación. En torno a éste también hay un mito, que consiste en combinarlo con otro champú, de efecto más cosmético, porque se cree que los anticaspa podrían restarle belleza al pelo. No es cierto; de combinarlos, se podría generar más caspa. Los champús anticaspa de ahora son altamente cosméticos y vienen para cada tipo de cabello. Igualmente, el anticaída, con propiedades tonificantes sobre el cuero cabelludo, que ayuda a controlar el problema, desde la raíz, además de aportarle suavidad, volumen y brillo natural.
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Modo de uso
Señala Sánchez que un correcto lavado debe hacerse en dos fases. Una primera para limpiarlo y, otra, para tratarlo. "Durante este proceso se puede observar que la espuma, en el segundo tiempo, es abundante y pasa a un color mucho más blanco, lo que demuestra que el cabello ya está limpio y se siente más manejable", acota Ching.
Igual importancia tiene la cantidad a usar y el masaje para su lavado como tal. En el primer punto basta un poco de producto, del tamaño de una nuez, que deberá distribuirse sobre el cabello mojado
y luego masajear, con suavidad, durante unos minutos para favorecer la irrigación
del cuero cabelludo y permitir la absorción de los ingredientes y activos del champú. Sánchez recalca que lo que lava es el champú, no la fuerza del lavado, por lo que frotar enérgicamente no garantiza una limpieza óptima, sino un efecto contrario: desde puntas abiertas hasta estimular las glándulas sebáceas y, en consecuencia, podría provocar mayor cantidad de sebo e, inclusive, alguna irritación en la piel del cuero cabelludo.
Si el cabello es muy largo, al lavar del medio a las puntas, se debe frotar la espuma;
es decir, no aplicar más champú, no hace falta, la espuma lo limpia. Para retirar el champú se debe enjuagar con suficiente agua, ligeramente tibia y luego fría para sellar las cutículas, a fin de que no quede rastro alguno de producto pues, de lo contrario,
el cabello quedará sin brillo y sin volumen.
En cuanto a la frecuencia del lavado, varía según el tipo del cabello. Si es seco, no conviene hacerlo a diario, sino cada dos a tres días. El cabello graso, sí conviene lavarlo más a menudo porque se ensucia mucho más.
Acondicionador
Idolatrado por muchos y objetado por otros, este producto se usa para suavizar el cabello tras el lavado a fin de darle un mejor aspecto y facilitar el peinado. Hay quienes prescinden de éste, porque creen que el pelo les queda falto de volumen. Puede que sea cierto y, se debe, seguramente, a que lo aplican de forma incorrecta. Según Sánchez, al igual que el champú, se necesita poca cantidad, similar al tamaño de una nuez, con un tiempo de permanencia aproximado de tres minutos. La diferencia con el champú es que sólo hay que aplicarlo del medio a las puntas y no sobre el cuero cabelludo. Ching subraya que es muy importante retirar primero el exceso de agua y tras aplicar el producto, masajear, peinar y dejar actuar por unos tres minutos aproximadamente. Luego se lava muy bien, sin dejar residuo. "Este es otro detalle, que no se retiran bien los productos", dice el experto. El acondicionador también viene para cada tipo de cabello, por lo que se aconseja usarlo en pareja con el champú. También es importante saber que nunca debe desenredarse el cabello, una vez mojado y con el acondicionador encima, con un cepillo, sino con un peine. El cepillo puede quebrar el cabello y maltratar la queratina, su principal componente.
Mascarilla
Las mascarillas capilares son tratamientos ricos en aceites, vitaminas, extractos de plantas y demás activos e ingredientes, que ayudan a reparar, nutrir y reforzar el cabello. Entre sus otros beneficios: reparan las puntas abiertas, cierran las cutículas, hidratan y suavizan en profundidad, aportan brillo y un aspecto más sano. El problema con estas surge cuando no se guardan estrictamente los tiempos de actuación -de tres a cinco minutos- por lo que, al sobrepasarse, no aportarán ningún beneficio extra al cabello.
También es importante saber que estas deben aplicarse del medio a las puntas y no sobre el cuero cabelludo, para no provocar un exceso de sebo en la zona. Se dejan actuar el tiempo indicado y luego se aclaran con suficiente agua. Se recomienda no usarlas a diariamente, sino una vez a la semana o cada quince días, por ser un producto de complemento.
En su lugar
Otros productos son los de acabado final, de fijación o moldeado, que ayudan a mantener el peinado. Abusar de estos, también podría ocasionar serios problemas al cabello. En ese sentido, Sánchez recomienda los productos destinados para el mantenimiento en casa, y dejar para el salón de belleza los de uso exclusivo para las manos profesionales de los estilistas.
Espumas
Estos son productos de emulsión bifásica, donde la fase interna es gas y la fase externa es un sólido o líquido. Tienen la gran ventaja de no necesitar aclarado, por lo que se aplican sobre el cabello húmedo y se procede luego con el secado habitual. Se utilizan, según refiere Ching, para dar un poco de volumen, cuerpo, control y definición. No representan riesgos para el cabello a menos que se sobredosifique, lo que podría desgastar la cutícula y, en consecuencia, apagar el tono y provocar mayor electricidad estática. Esto se evita usando la cantidad justa (de una mandarina mediana).
Geles
Básicamente sirven para fijar el peinado y proporcionarle brillo y humedad. Están formados por resinas, ya sean naturales o sintéticas, que al secarse forman una película sobre el pelo. Se pueden utilizar sobre el cabello seco o húmedo, según el efecto que se desee. Se recomienda usar una cantidad más pequeña que la de la espuma (una nuez).
Con este producto ocurre lo mismo que con las espumas: si se excede en la dosis a aplicar, el cabello se resiente, se reduce su transpiración, lo que puede provocar su asfixia progresiva, llegando, inclusive, a inducir su caída. Tras su uso, es importante cepillar y lavar muy bien el cabello y utilizar un tratamiento que repare y suavice la cutícula.
Ceras
Es el producto que más se usa para crear diferentes looks, desde los más conservadores hasta los más atrevidos, que define y separa los tipos de cortes de moda, en especial el de los caballeros. Aporta un aspecto brillante, pero muy ligero, mucho más suave y natural que algunos geles. Señala Ching que es importante emplear poca cantidad para poder trabajar mechón a mechón, con la punta de los dedos, hasta definir, evitando aplicar sobre la raíz para no dejar residuos que originen consecuencias posteriores.
Las mejores ceras son las que contienen siliconas, afines a la queratina del cabello, ya que se reabsorbe de forma natural. Si se usan las que contienen ingredientes plásticos, podrían provocar, con el uso continuo, una plastificación del pelo, alterando el color y lubricándolo en exceso.
Silicones
Explica el estilista que estos son productos que se usan para otorgar un brillo radiante y duradero al pelo, a la vez que reducen el frizz o estática, sin otorgar un acabado graso. Se usan luego del secado, frotando previamente el producto en las palmas de las manos, para luego aplicarlo del medio a las puntas.
Tampoco se debe abusar de la cantidad (debe ser del tamaño de una avellana o menos) pues se corre el riesgo de que el cabello se engrase mucho más.
A saber
Básicamente, se clasifican tres tipos de cabello: normal, seco y graso.
•Normal: tiene un aspecto brillante, es suave y de tono o color parejo. Sus funciones fisiológicas no presentan alteración alguna ni por factores internos ni agentes externos.
•Seco: está carente de grasa y, por tanto, de humedad. Es de apariencia árida, propenso a romperse y a agrietarse. Su pH es más ácido de lo normal. Las causas que provocan esta condición se deben a la genética, así como a una mala circulación, bajo funcionamiento de las glándulas sebáceas, trastornos emotivos y/o al empleo de productos de baja calidad, o a la aplicación de tratamientos inadecuados, a la exposición sin protección bajo el sol, etcétera.
•Graso: debe su aspecto a la exagerada actividad de las glándulas sebáceas. Tiene
un pH más elevado de lo normal, por lo que es más propenso a padecer de infecciones de origen microbiano. Esta condición tiene su origen en la genética
o trastornos hormonales, así como en factores externos, es decir, tratamientos inadecuados y alimentación pobre.

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Leer cuidadosamente las normas y recomendaciones
de uso de los productos y tratamientos capilares
es el primer paso para disfrutar de una melena
de comercial
Lacas
La laca o spray fijador siguen estando vigentes, con fórmulas mucho más suaves, que no dejan el cabello pegajoso, sino que ayudan a mantener el peinado con bastante ligereza y que, además, se eliminan fácilmente al peinar. Esa es la clave, como lo hace notar Ching. Un vigoroso cepillado, antes de lavar el cabello, ayudará a eliminar los residuos que pueden quedar acumulados en el cuero cabelludo y que podrían ocasionar descamaciones severas. Lo que no ha variado es su forma de aplicarlas: a una distancia aproximada de quince centímetros para evitar los pegotes.
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