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Estrellas que odian la fama
Joal Ryan. US

Shania hiberna en Suiza. Eminem se esconde detrás de una barba falsa. Ryan Phillippe encuentra la paz jugando juegos de video en casa. Algunas celebridades hablan en serio cuando dicen que detestan la notoriedad.

Shania Twain vive en Suiza por una razón. La primera vez que visitó el salón de belleza de la estilista Gullifa Pierrot en la ciudad de Montreux, el personal no tenía idea de la identidad oculta de la hermosa trigueña que solicitó mantener en secreto sus visitas al establecimiento. "Finalmente, ella nos confió quién era. Tenía un ejemplar de una revista estadounidense en cuya portada aparecía su fotografía y ella nos la mostró", dice Pierrot.
Encubierta o no, Twain sabe cómo volar sin colocarse dentro del alcance del radar. "Por lo general, anda sola", afirma Pierrot, "y creo que eso le gusta". Efectivamente, la solitaria superestrella del canto huyó de Nueva York en el año 2000 para radicarse en la pequeña localidad suiza de Tour de Peilz, refugiándose en un castillo del siglo XIX con su esposo, el productor John "Mutt" Lange, de 54 años, y su hijo Eja, nacido en agosto de 2001. Twain, de 37 años, está tan decidida a proteger su intimidad que supuestamente le ha prohibido a su sello disquero que realice promociones de sus álbumes en la cercana ciudad de Ginebra, una de las mayores metrópolis de Suiza.
¿Una persona famosa que odia la fama? Pudiera parecer una contradicción, pero, como explica la doctora Jean Twenge, psicóloga investigadora, "muchos de los rasgos que hacen de alguien un artista también hacen de la fama una situación que les resulta difícil de manejar -como la creatividad, la sensibilidad y el narcisismo". Los que exhiben altos niveles de narcisismo están absortos en sí mismos y se alimentan de la atención del público, dice Twenge, "pero si tienen bajos niveles de narcisismo e incursionan en la actuación porque les gusta el oficio, entonces la fama les va a parecer un estorbo más que una recompensa".
Veamos el ejemplo de Kim Bassinger. En el plató, la actriz de 49 años, que padece del transtorno de ansiedad denominado agorafobia, tiene fama de ser insufrible. Fuera del set de filmación, corre por las alfombras rojas y evita el contacto visual en los supermercados. "Amamos una cosa", dijo una vez Bassinger refiriéndose a sus compañeros actores, "amamos todo lo que está entre las palabras 'acción' y 'corten'. Todas las demás cosas vienen por añadidura".
Eminem, coestrella de Bassinger en 8 Mile, también piensa que la fama puede ser desagradable. Un día, a principios del año pasado, el cantante de rap, de 30 años de edad, se reunió con una amiga y fue al centro comercial en su nativa ciudad de Michigan -algo que "me picaban los pies por hacer". Pero a pesar de usar una barba falsa y lentes, estaba convencido de que todo el mundo lo veía, dice la amiga, J.R. Watkings. Luego, los dos fueron a ver una película. Esta vez, Eminem no ocultó su identidad. El personal de la sala de cine, conmocionado por el astro, encontró el asiento del cantante y frente a todo el mundo le obsequiaron artículos gratis.
El rapero estaba mortificado, dice Watkings, autora de la obra sobre Eminem Cleaning Out My Closet. "Nunca quise ser famoso", recuerda Watkings que Eminem le dijo una vez. "Sólo quería hacer algo en lo que era bueno y satisfacer las necesidades de mi hija".

Sobre el estrellato
"La cantidad de personas que desean relacionarse contigo se multiplica cuando estás a punto de estrenar una película. Este es un estupendo barómetro para determinar, por ejemplo, quién es imbécil y quién no".
LEONARDO DICAPRIO

"Nadie se preocupa en realidad por uno. Lo que les interesa es la imagen de uno que ha sido creada. Yo no quería lidiar con eso".
JOSH HARTNETT

"Se dicen cosas de ti que no son ciertas, pero con el tiempo la piel se te endurece".
CARMEN ELECTRA

"Cuando me pasó por primera vez, quedé fascinado. Ahora detesto que todos me miren fijamente; me incomoda. Hubo un tiempo en que eso me amargaba".
MATTHEW PERRY

"El problema de ser famoso es que tienes que ir con la corriente y escoger tus batallas. Tuve guardaespaldas durante un tiempo, pero eso no concordaba con mi estilo. Soy un vendedor y me siento de lo mejor cuando puedo tratar con la gente".
MATTHEW MCCONAUGHEY

Phillippe se espanta. Eminem, Bassinger y Twain no son ni remotamente las únicas celebridades recelosas del ojo público. Daniel Day-Lewis se retiró por completo del mundo del espectáculo y pasó varios años como aprendiz de zapatero remendón en Italia antes de regresar a la pantalla con Gangs of New York. Tommy Lee Jones volteó una mesa en una conferencia de prensa y maldijo a los periodistas que se atrevieran a preguntar por su vida privada ("No es tu maldito problema", dijo una vez el actor de 56 años). Meryl Streep se retiró a la zona rural de Connecticut justo cuando su carrera apenas despegaba a finales de los años setenta. Para estos astros, la fama que obtienen con sus trabajos en el mundo del entretenimiento es asfixiante, exasperante e incluso sencillamente aterradora. Como dijo una vez Johnny Depp, quien finalmente hizo sus maletas y se mudó a Francia en 1997, "Me c... en la fama. No me dice nada".
Ryan Phillippe, de 28 años, se atemoriza cuando va de compras ("Sencillamente no me gusta sentir todos esos ojos sobre mí. Me siento como un ladrón", dice). El actor John Favreau ha dicho sobre su solitario amigo Keanu Reeves, de 38 años: "Ha sido famoso casi durante la mitad de su vida y preferiría ser anónimo". ¿Y qué hay de Harrison Ford? El icono de 60 años de edad no encuentra el sosiego ni siquiera en el medio del desierto de Marruecos. "Estoy consciente de que ya me he convertido en una cosa", ha dicho Ford. Una vez "estaba en Fez, donde había una sala de cine que exhibía dos de mis películas. Me di cuenta de que no podía pasar desapercibido ni siquiera en los confines de Marruecos. Es aterrador".

¿Por qué la detestan? Los nombres de las marquesinas se han alternado incómodamente desde que Greta "Quiero estar sola" Garbo se puso los lentes oscuros en 1941 y se retiró a un apartamento en la ciudad de Nueva York hasta su muerte casi 50 años después. Aunque casi todas las celebridades se quejan en alguna medida de las consecuencias de su fama (la pérdida de la intimidad, el acoso de los tabloides), algunas no se limitan a lamentarse. "Algunos son muy sensibles ante esta experiencia", dice el doctor Drew Pinsky, coanfitrión del programa de radio Loveline. "No se tiene control sobre el propio entorno. La gente quiere consumirlo a uno. Para algunas celebridades esto es una gran amenaza".
Cuando los helicópteros volaban en círculos sobre el lugar donde Sean Penn y Madonna celebraban su boda en Malibú, California, en 1985, el abiertamente combativo novio no sólo se enfureció: tomó un arma de fuego y supuestamente disparó al aire contra las aeronaves. También escribió una enorme palabrota sobre la arena para desalentar a los fotógrafos aéreos. Aunque sus balas no causaron daño alguno, los puños de Penn sí han hecho estragos. En 1987, cumplió una sentencia de 34 días de cárcel en Los Angeles por golpear a un extra que trató de robarse la taza de café del actor en un set de filmación. "Detesto a los paparazzi", ha dicho el actor de 42 años. "Los he golpeado y lo volvería a hacer si fuera necesario. Creo que un puñetazo en sus rostros es la única forma de proteger mi vida privada".
Perdonen las duras palabras de Penn. Las estrellas tienen poco adiestramiento, para no decir que ninguno, sobre cómo abordar las consecuencias de su "globalización". "No hay una escuela donde uno pueda ir y le enseñen cómo ser famoso y manejarlo", dice el publicista R.J. Garis, quien ha trabajado con estrellas como Bassinger y Jason Priestley.
Obviamente, todo esto provoca una pregunta: ¿Por qué entrar al mundo del espectáculo, cuando, por ejemplo, administrar una venta de donas ofrece mayor protección? Después de todo, como dice Robert Thompson, director del Center for the Study of Popular Television en Syracuse University, "Eminem no estaba perdiendo el tiempo en el garaje de su casa cuando alguien editó sus cintas". Pero Pinsky afirma que otras celebridades se sienten bien con su profesión. "Aman su oficio. Les gusta ganarse la vida y no quieren que se les impida". El dinero que ganan tampoco es nada malo.
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