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Rudy en instantáneas
Adriana Gibbs. Foto: Guillermo Felizola

La actriz venezolana sigue cotizándose en el medio televisivo colombiano y no da pausa alguna a su trabajo. Vino a Venezuela y posó fugazmente su plenitud.

Su trayectoria habla por sí sola de ella: Ruddy Rodríguez no se está quieta en un mismo hacer ni en un mismo lugar. La versatilidad le pertenece. A mediados de los ochenta se trajeó de miss -fue distinguida en 1985 como Tercera Finalista en el Miss World-, y antes ya había incursionado en la actuación. Ha hecho teatro, televisión y cine. Mutó en Chica Bond en la película The Living Daylights. Su reciente trabajo en la telenovela colombiana El inútil, le valió la nominación a la categoría Actriz protagónica del año de los Premios Inte. No conforme en ser una de las figuras internacionales más cotizadas de la televisión colombiana, hace dos años y medio se probó en otro terreno, el de mujer empresaria, al inaugurar una línea de cosméticos -bautizada con su propio nombre- que mercadea en una tienda del Centro Sambil, y que próximamente se estará vendiendo en tiendas de Colombia.
De ese país no sólo tiene el acento. Allí vive con su esposo, Rodolfo Pisani, quien es abogado y al igual que ella se traslada de un lado a otro, pues labora para varias empresas internacionales. "Con él llevo ocho años de casada", afirma. Considera que una de las cosas que ha resguardado su relación es el respeto que ambos profesan al oficio de cada uno. La actriz no espera la pregunta sobre si hay o no proyectos de prole. "Yo sé que vendrán bebés algún día, pero aún no los hemos planificado pues creo que deben venir cuando los desee de verdad-verdad, y lo cierto es que aún no quiero esa responsabilidad. Siento que la maternidad no es definitiva para mi realización personal; sé que vendrán, pero todavía no ha llegado su momento".
Ciertamente, ella transmitió en el breve tiempo que duró la conversación -unos 15 minutos- la sensación de plenitud. Ni titubea al referirse, por su propia iniciativa, a su edad.
"Tengo 36 años y siento que me llegó el momento de recoger parte de la cosecha que he venido sembrando en más de 15 años de trabajo. Me satisface poder elegir los papeles que deseo; he alcanzado lo que quería". De hecho, está a punto de firmar contrato para una telenovela colombiana, y tiene también la oferta de una producción española. Ella no quiere hablar mucho de esto: "No me parece que deba hablar de este dramático hasta tanto no se haya oficializado mi participación en el mismo".
A Venezuela vino hace unas semanas para tres asuntos muy puntuales: visitar a su familia, participar en algunas actividades de la congregación El camino a la felicidad, de la cual es imagen en el país, y hacerse unas sesiones fotográficas. Antes de iniciar la primera con Guillermo Felizola, gentilmente accedió a responder algunas preguntas. Sus respuestas son de algún modo un camino a ella.
¿Qué le agradece a la vida?
"La oportunidad que me dio de poder entretener a la gente. De ser artista; creo que los artistas somos hacedores de sueños. Agradezco también la educación que me dieron mis padres".
¿Qué rasgo infantil conserva?
"Morderme la lengua y cierta picardía; nadie dijo que la vida era seria. Para mí, no se deben perder las ganas de jugar".
¿A qué le tiene miedo?
"A nada -responde tras una pausa-. Ya no le tengo miedo a nada y vivo más segura y tranquila, con la certeza de que si uno no llama a las cosas ellas no vienen. Antes quizá me intimidaban un poco la soledad y la oscuridad, pero eso quedó atrás".
¿Qué la hace sonrojar?
"Los piropos. En estos días un señor echando broma conmigo hasta se arrodilló diciendo que estaba dispuesto a alabar mi belleza".
¿Qué la pone nerviosa?
"Cuando me hablan bonito".
¿Algún principio que no sacrificaría?
"No haría nada que vaya en contra de mi propia ética ni con lo que no esté de acuerdo. Ahora bien, si me equivoco, lo asumo".
¿Dónde le gustaría estar ahora?
"Si pudiera estaría con mi marido, me encanta apurruñarlo".
¿Alguna rutina especial para usted?
"No me gusta interrumpir o saltarme alguna comida. Las tres las mantengo religiosamente, al igual que las meriendas".
¿Cuál es el sonido que más disfruta?
"El de los móviles y el de los pájaros; me seduce incluso hasta el de las guacharacas".
¿Un antojo?
"La pasta".
¿A quién le gustaría leerle el pensamiento?
"Mmm... podría decir que se los leo a las personas cercanas a mí; es una suerte de intuición que a veces me orienta acerca de lo que está pasando por la mente del otro. No hay alguien en especial a quién quiera leérselos, pero sería interesante poder vivirlo".
¿Una pesadilla recurrente?
"Cuando comía carne tenía a veces sueños de peleas, pero desde hace dos años soy vegetariana y mi dormir es bastante plácido".
¿La palabra más hermosa del diccionario?
"Hay dos: compartir y comunicación, especialmente cuando ésta se da en dos direcciones".
¿A qué le huele la infancia?
"A chicha y a cerelac... también a ciruela".
¿Qué no puede faltar en su nevera?
"Ajo, cebolla, tomate y queso paisa".
¿A quién le pediría un autógrafo?
"A Tom Cruise y John Travolta; a ambos les pediría algo más que un autógrafo... un besito".
Se ríe y gestualmente sugiere que ha llegado el momento de decir adiós... el fotógrafo aguarda por su pose. l

agibbs@eluniversal.com

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