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Anatomía de un crímen
Max Haines
La venta de cadáveres a un profesor
de Medicina se había convertido para estos hombres en un
lucrativo negocio
A
todos nos gusta pensar en la Nochebuena como esa feliz jornada en
la que Papá Noel reparte regalos a niñas y niños
pequeños. El día de Navidad nos trae recuerdos de
perniles al horno, de regalos, y de compartir con los demás.
Sin embargo, hace mucho tiempo en Edimburgo, Escocia, hubo una Navidad
distinta. La multitud presente en el juicio de William Burke oyó
el testimonio de que este hombre nunca le había regalado
nada a nadie. De hecho, vendía sus mercancías a un
médico. Lo que el vendía, envueltos y en buenas condiciones,
eran cadáveres humanos por los que recibía diez libras.
Todo empezó en 1829, cuando William Hare y William Burke
se conocieron en los barrios bajos de Edimburgo. Vivían en
un lugar inmundo llamado la pensión de Log en el Callejón
Tanners. Uno puede ir cuesta abajo varios años antes de tocar
fondo. Log´s era una pensión que no sólo había
tocado fondo, sino que se había hundido.
El bueno y anciano de Log falleció, y Hare se convirtió,
más o menos, en el dueño de la casa. Burke y Hare
necesitaban urgentemente compañía femenina y, en poco
tiempo, Burke se juntó con una prostituta, una tal Helen
McDougal, que se convirtió en su esposa. A Hare también
le gustaba la profesión más antigua del mundo. Maggie
Laird, una antigua profesional, se fue a vivir con él.
Poco después de estos arreglos matrimoniales, un inquilino
llamado Old Donald tuvo la increíble desfachatez de fallecer,
debiéndole cuatro libras al establecimiento. Burke y Hare
quedaron horrorizados. Ese cadáver de mirada sosegada que
les observaba fijamente les había robado, y poco podían
hacer al respecto.
Se cree que a Hare se le ocurrió la feliz idea de vender
el cadáver a una facultad de Medicina.
Debemos recordar que, en 1827, a los estudiantes de Medicina se
les exigía que adquirieran experiencia a través de
los libros. Era difícil obtener cadáveres. De hecho,
todo un grupo de maleantes conocidos como hombres de la resurrección
solían profanar las tumbas recientes y vender clandestinamente
los cadáveres a las facultades de Medicina. Los médicos
que enseñaban anatomía se hacían los locos
y no formulaban preguntas embarazosas. El caso es que lograron ponerse
en contacto con un tal doctor Knox del número 10 de Surgeon's
Square. Este médico no sólo acogió encantado
al cadáver de Old Donald sino que comentó que le vendrían
bien cuantos cadáveres pudieran encontrar. Les pagó
siete libras por Old Donald, prometiéndoles pagar diez libras
por toda entrega futura.
Otro inquilino, un tal Joe Miller, se enfermó. Burke y Hare
no pudieron esperar a que la naturaleza siguiera su curso. Mientras
Joe yacía quejumbroso, le colocaron una almohada en la cara
y, rápidamente, consiguieron otras diez libras.
En el verano de 1828, nuestros héroes comprendieron que habían
encontrado una de las maneras más lucrativas de ganarse la
vida, aunque tenían un pequeño problema: carecían
de suficientes inquilinos enfermos. No había que preocuparse,
este dinámico dúo engañaría a sus víctimas
y las llevaría hasta la pensión para matarlas allí.
La primera víctima a la que llevaron con engaños a
la pensión fue Abigail Simpson. Los dos hombres la agarraron,
bebida, y mientras Burke le sujetaba las piernas, Hare la estranguló.
Se la llevaron al doctor Knox en una caja de embalaje, consiguiendo
otras diez libras más.
Ya que habían establecido una rutina con la colaboración
entusiasta de sus esposas, llevaron alegremente al número
10 de Surgeon's Square una serie de cadáveres. Su avaricia
llegó a tal punto que recorrían los barrios bajos
buscando a sus posibles víctimas. Un día, una mujer
mayor, acompañada por su nieto pequeño, tuvo la mala
suerte de preguntarle a Burke el camino. Como los dos cuerpos no
cabían en una caja de embalaje, resolvieron el problema empleando
un viejo barril de arenques. El doctor Knox les pagó 16 libras
por los dos cadáveres.
Una familiar lejana de Burke, una tal Anne McDougal, llegó
de visita. Poco le importó que fuera de la familia. Con ella
consiguieron otras diez libras.
Un día, los chicos se asustaron. Un muchacho conocido como
Daft Jaime fue elegido como su siguiente víctima. Jaime no
bebía, así que Burke y Hare tuvieron que esperar hasta
que se quedó dormido. Cuando le agredieron, se quedaron sorprendidos
por la fuerza del joven. Forcejeó como pudo pero, al final,
él también acabó en una caja de embalaje.
El viernes 31 de octubre, Burke estaba bebiendo la última
copa en el pub local cuando apareció una anciana llamada
Mary Docherty. Mary era prostituta de profesión, mendiga
por necesidad, y bebedora empedernida por instinto. En cuanto Burke
la vio, pensó en las diez libras que podía conseguir.
Burke la invitó a juntarse con Hare y con él para
tomarse unas copas en su pensión.
Cuando los tres llegaron a Log´s, los dos hombres echaron
a otros dos inquilinos, James y Anne Grey. Iba a ser una fiesta
privada. Como de costumbre, la víctima se emborrachó
y, en el momento oportuno, Hare y Burke la ahogaron, metiéndola
en la caja y llevándola hasta el número 10 de Surgeon's
Square.
A la mañana siguiente, el mundo enteró cayó
encima de estos hacendosos emprendedores. La policía hizo
una redada en el número 10 de Surgeon's Square. Levantaron
la tapa de una caja de cartón y descubrieron a Mary D.
Alguien los había delatado. Pese a ello, las autoridades
necesitaban más pruebas concretas para demostrar que se había
cometido una serie de asesinatos. Para salvar su propio pellejo
y el de su mujer, Hare y su esposa se mostraron de acuerdo en declarar
en contra de Burke y Helen McDougal. En aquel entonces se hacía
justicia rápidamente. La Nochebuena, cuando Papá Noel
se desplazaba en su trineo de un continente a otro, en Edimburgo
estaba registrándose una dramática situación.
En 1800 los juicios a veces se realizaban, sin pausa alguna, hasta
su conclusión. En este ya llevaban 17 horas sin interrupción
cuando la fiscalía llamó a testificar a la señora
Anne Grey. Era la mujer a la que habían echado de la pensión
la noche de la mortífera fiesta. Había vuelto allí
a recoger un atuendo que había olvidado, y se encontró
con el cuerpo de Mary en la habitación. Fue Anne Grey la
que les delató.
En
total, esta banda de asesinos había logrado matar a 16 víctimas.
A las 9:30 de la mañana de Navidad, mientras el resto del
mundo estaba abriendo regalos, el jurado declaró a Burke
culpable. El veredicto de Helen McDougal resultó inequívocamente
escocés: "Todos sabemos que lo hiciste pero no podemos
probarlo". Con un veredicto así, el acusado queda en
libertad.
Los protagonistas de esta historia navideña tuvieron varias
peripecias después del juicio. Hare, su esposa y la mujer
de Burke, Helen McDougal, tuvieron que ser protegidos para evitar
su linchamiento. A Helen se le odiaba tanto que tuvo que salir del
país, y se cree que terminó sus días en Australia.
La señora Hare también tuvo que irse de Escocia y
fue trasladada a Irlanda con protección policial. William
Hare desapareció durante varios años pero, con el
tiempo, se le vio en Londres. Era mendigo y ciego. Algunos hombres
habían descubierto su verdadera identidad y le habían
echado cal en los ojos. El doctor Knox se tuvo que ir de Edimburgo,
deshonrado.
William Burke fue colgado el 28 de enero de 1829, ante una multitud
de 25.000 ciudadanos enardecidos. Si alguna vez visita Edimburgo,
puede ver a Burke. Su esqueleto está expuesto en una urna
de cristal en el Museo Anatómico de la Universidad de Edimburgo.
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