- Los niños del Brasil.
- El monitor se pasea por la música. La Cita: con desorden adulto.

 CRONICA
- Rifa
ESTAMPAS
50 AÑOS
- La Mona Lisa cumple 500 años
- Rudy en instantáneas
- Estrellas que odian la fama
FAMILIA
- Los misterios del alfabeto
NUTRICION
- Remedios caseros (II)
BELLEZA
- Abre los ojos
MODA
- En la cumbre
COCINA
- Moldes de queso para papá
MASCOTAS
- Vamos a aprender
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 
 

Anatomía de un crímen
Max Haines
La venta de cadáveres a un profesor de Medicina se había convertido para estos hombres en un lucrativo negocio

A todos nos gusta pensar en la Nochebuena como esa feliz jornada en la que Papá Noel reparte regalos a niñas y niños pequeños. El día de Navidad nos trae recuerdos de perniles al horno, de regalos, y de compartir con los demás.
Sin embargo, hace mucho tiempo en Edimburgo, Escocia, hubo una Navidad distinta. La multitud presente en el juicio de William Burke oyó el testimonio de que este hombre nunca le había regalado nada a nadie. De hecho, vendía sus mercancías a un médico. Lo que el vendía, envueltos y en buenas condiciones, eran cadáveres humanos por los que recibía diez libras.
Todo empezó en 1829, cuando William Hare y William Burke se conocieron en los barrios bajos de Edimburgo. Vivían en un lugar inmundo llamado la pensión de Log en el Callejón Tanners. Uno puede ir cuesta abajo varios años antes de tocar fondo. Log´s era una pensión que no sólo había tocado fondo, sino que se había hundido.
El bueno y anciano de Log falleció, y Hare se convirtió, más o menos, en el dueño de la casa. Burke y Hare necesitaban urgentemente compañía femenina y, en poco tiempo, Burke se juntó con una prostituta, una tal Helen McDougal, que se convirtió en su esposa. A Hare también le gustaba la profesión más antigua del mundo. Maggie Laird, una antigua profesional, se fue a vivir con él.
Poco después de estos arreglos matrimoniales, un inquilino llamado Old Donald tuvo la increíble desfachatez de fallecer, debiéndole cuatro libras al establecimiento. Burke y Hare quedaron horrorizados. Ese cadáver de mirada sosegada que les observaba fijamente les había robado, y poco podían hacer al respecto.
Se cree que a Hare se le ocurrió la feliz idea de vender el cadáver a una facultad de Medicina.
Debemos recordar que, en 1827, a los estudiantes de Medicina se les exigía que adquirieran experiencia a través de los libros. Era difícil obtener cadáveres. De hecho, todo un grupo de maleantes conocidos como hombres de la resurrección solían profanar las tumbas recientes y vender clandestinamente los cadáveres a las facultades de Medicina. Los médicos que enseñaban anatomía se hacían los locos y no formulaban preguntas embarazosas. El caso es que lograron ponerse en contacto con un tal doctor Knox del número 10 de Surgeon's Square. Este médico no sólo acogió encantado al cadáver de Old Donald sino que comentó que le vendrían bien cuantos cadáveres pudieran encontrar. Les pagó siete libras por Old Donald, prometiéndoles pagar diez libras por toda entrega futura.
Otro inquilino, un tal Joe Miller, se enfermó. Burke y Hare no pudieron esperar a que la naturaleza siguiera su curso. Mientras Joe yacía quejumbroso, le colocaron una almohada en la cara y, rápidamente, consiguieron otras diez libras.
En el verano de 1828, nuestros héroes comprendieron que habían encontrado una de las maneras más lucrativas de ganarse la vida, aunque tenían un pequeño problema: carecían de suficientes inquilinos enfermos. No había que preocuparse, este dinámico dúo engañaría a sus víctimas y las llevaría hasta la pensión para matarlas allí.
La primera víctima a la que llevaron con engaños a la pensión fue Abigail Simpson. Los dos hombres la agarraron, bebida, y mientras Burke le sujetaba las piernas, Hare la estranguló. Se la llevaron al doctor Knox en una caja de embalaje, consiguiendo otras diez libras más.
Ya que habían establecido una rutina con la colaboración entusiasta de sus esposas, llevaron alegremente al número 10 de Surgeon's Square una serie de cadáveres. Su avaricia llegó a tal punto que recorrían los barrios bajos buscando a sus posibles víctimas. Un día, una mujer mayor, acompañada por su nieto pequeño, tuvo la mala suerte de preguntarle a Burke el camino. Como los dos cuerpos no cabían en una caja de embalaje, resolvieron el problema empleando un viejo barril de arenques. El doctor Knox les pagó 16 libras por los dos cadáveres.
Una familiar lejana de Burke, una tal Anne McDougal, llegó de visita. Poco le importó que fuera de la familia. Con ella consiguieron otras diez libras.
Un día, los chicos se asustaron. Un muchacho conocido como Daft Jaime fue elegido como su siguiente víctima. Jaime no bebía, así que Burke y Hare tuvieron que esperar hasta que se quedó dormido. Cuando le agredieron, se quedaron sorprendidos por la fuerza del joven. Forcejeó como pudo pero, al final, él también acabó en una caja de embalaje.
El viernes 31 de octubre, Burke estaba bebiendo la última copa en el pub local cuando apareció una anciana llamada Mary Docherty. Mary era prostituta de profesión, mendiga por necesidad, y bebedora empedernida por instinto. En cuanto Burke la vio, pensó en las diez libras que podía conseguir. Burke la invitó a juntarse con Hare y con él para tomarse unas copas en su pensión.
Cuando los tres llegaron a Log´s, los dos hombres echaron a otros dos inquilinos, James y Anne Grey. Iba a ser una fiesta privada. Como de costumbre, la víctima se emborrachó y, en el momento oportuno, Hare y Burke la ahogaron, metiéndola en la caja y llevándola hasta el número 10 de Surgeon's Square.
A la mañana siguiente, el mundo enteró cayó encima de estos hacendosos emprendedores. La policía hizo una redada en el número 10 de Surgeon's Square. Levantaron la tapa de una caja de cartón y descubrieron a Mary D.
Alguien los había delatado. Pese a ello, las autoridades necesitaban más pruebas concretas para demostrar que se había cometido una serie de asesinatos. Para salvar su propio pellejo y el de su mujer, Hare y su esposa se mostraron de acuerdo en declarar en contra de Burke y Helen McDougal. En aquel entonces se hacía justicia rápidamente. La Nochebuena, cuando Papá Noel se desplazaba en su trineo de un continente a otro, en Edimburgo estaba registrándose una dramática situación. En 1800 los juicios a veces se realizaban, sin pausa alguna, hasta su conclusión. En este ya llevaban 17 horas sin interrupción cuando la fiscalía llamó a testificar a la señora Anne Grey. Era la mujer a la que habían echado de la pensión la noche de la mortífera fiesta. Había vuelto allí a recoger un atuendo que había olvidado, y se encontró con el cuerpo de Mary en la habitación. Fue Anne Grey la que les delató.
En total, esta banda de asesinos había logrado matar a 16 víctimas. A las 9:30 de la mañana de Navidad, mientras el resto del mundo estaba abriendo regalos, el jurado declaró a Burke culpable. El veredicto de Helen McDougal resultó inequívocamente escocés: "Todos sabemos que lo hiciste pero no podemos probarlo". Con un veredicto así, el acusado queda en libertad.
Los protagonistas de esta historia navideña tuvieron varias peripecias después del juicio. Hare, su esposa y la mujer de Burke, Helen McDougal, tuvieron que ser protegidos para evitar su linchamiento. A Helen se le odiaba tanto que tuvo que salir del país, y se cree que terminó sus días en Australia. La señora Hare también tuvo que irse de Escocia y fue trasladada a Irlanda con protección policial. William Hare desapareció durante varios años pero, con el tiempo, se le vio en Londres. Era mendigo y ciego. Algunos hombres habían descubierto su verdadera identidad y le habían echado cal en los ojos. El doctor Knox se tuvo que ir de Edimburgo, deshonrado.
William Burke fue colgado el 28 de enero de 1829, ante una multitud de 25.000 ciudadanos enardecidos. Si alguna vez visita Edimburgo, puede ver a Burke. Su esqueleto está expuesto en una urna de cristal en el Museo Anatómico de la Universidad de Edimburgo. l

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso