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Pasaje a Sin City

La mejor obra del genial dibujante Frank Miller ha sido llevada a la pantalla grande por un furibundo fan: Robert Rodríguez. ¿El resultado? Una pieza cinematográfica fiel como pocas a la original -con toda su carga de violencia y sexualidad- que eleva la adaptación del cómic al cine a límites difíciles de superar. Sin duda, una rara avis dentro de la producción hollywoodense, que podrá ser apreciada en el país a finales de julio. Raúl Chacón Soto

Jhon Hartigan
(Bruce Willis)

Uno de los pocos policías honestos de Basin City. En su último día de trabajo (debe retirarse por sufrir angina de pecho) decide ir al rescate de Nancy -para el momento una niña de 11 años- que ha sido secuestrada por el hijo de un senador- Su decisión le costaría una estadía en prisión y mucho más...

Dicen que el dibujante Frank Miller, después de una mala experiencia con el cine de Hollywood a principios de los noventa, se había rehusado a ceder los derechos para que su obra más representativa pudiera llevarse a la gran pantalla. Robert Rodríguez, fan de toda la vida del alucinado cómic, decidió, entonces, rodar, bajo su propio riesgo, un episodio de la famosa historieta que le sirviera de carta de presentación -a manera de audición- ante los ojos de Miller. Así, a principios del año pasado, rueda una historia corta perteneciente a Sin City, de nombre El cliente siempre tiene la razón, con Josh Hartnett y Marley Shelton de protagonistas. Cuando se la presentó al artista sólo le dijo: "Si te gusta, será la secuencia que abrirá la película. Si no, tendrás tu propio corto para mostrarles a tus amigos". La respuesta ya todos la saben. Fue la misma que dieron los actores -increíble elenco el de la película- cada vez que el cineasta texano presentaba su "pequeña muestra" para convencerlos de participar en su nuevo proyecto. La sorpresa era mayúscula.

Nancy
(Jessica Alba)

Tiene al público al borde del infarto con sus movimientos sobre la barra de Kadie's, el bar del lugar. Nadie se atreve a tocarla porque tiene a un guardián de peso: la mole de dos metros llamada Marv. A los 11 años John Hartigan le salvó la vida... desde ese entonces está enamorada de él, a pesar de que ella está en sus 19 y él ya pisa los 70.

Tenía que serlo. Quienes han visto el film están de acuerdo en que se trata de una adaptación fiel -¿quizás en exceso?- de la obra de Miller, quien no gratuitamente aparece como codirector del film, en una arriesgada decisión de Rodríguez que le llegó a costar hasta su afiliación a la prestigiosa Directors' Guild of America, institución que se niega a otorgarle créditos de cineasta al dibujante. Lo que parecía casi imposible, estaba allí en pantalla: Basin City -que así se llama realmente la ciudad del pecado- latía de verdad en un altamente contrastado blanco y negro, convirtiéndose en el único escenario posible para las historias de corrupción y redención que protagonizan unos seres al margen de todo en medio de una violencia desatada al extremo… y acá el extremo es realmente el extremo. Muchos no podían creer que el universo de Miller pudiera llevarse al cine con semejante exactitud. Allí están sus atmósferas, su estilo de narración, los trazos ordinarios pero muy sólidos, los ángulos propios del mundo del cómic y, quizás lo mejor de todo, sus extraordinarios personajes -policías corruptos, prostitutas, matones, políticos también corruptos... todos seres repulsivos, despreciables y algunos también, por qué no, heroicos, a su manera- interpretados por un elenco que brilla en su totalidad. Han dicho que nunca se había visto semejante fidelidad a una historieta; lo que para muchos es el mayor elogio, y, para otros, una razón de peso que -oh, sorpresa- impide a la película volar.

Miho
(Devon Aoki)

Pequeña y letal, nadie sabe si no habla porque no puede o porque no quiere. Ataca silenciosamente. Por lo general, sus víctimas sólo saben de ella cuando el daño ya está hecho...

Pero, ¿qué fue lo que hizo Robert Rodríguez? En primer lugar, escogió tres de las historias de Sin City para armar su obra -The Hard Good -Bye, That Yellow Bastard y The Big Fat Kill- que se asemeja en su estructura a Pulp Fiction, por aquello de las tramas que se solapan. Con todo, los críticos no han dudado en señalar que el primer relato es el mejor de todos. Protagonizado por un irreconocible Mickey Rourke -se le puso una prótesis en la mandíbula para parecerse lo más posible al personaje-, cuenta la historia de Marv, una especie de mole asesina que no busca más que venganza después de descubrir que la mujer con quien se ha despertado -la primera que ha amado en su vida- acaba de ser asesinada sin que él se diera cuenta. Espanta ver al bruto haciendo brutalidades -dicen que este personaje podría significar un resurgimiento para Rourke- así como también a Elijah Wood -el otrora angelical Frodo- convertido en un ser escalofriante, que no necesita decir una sola palabra para difundir terror. El segundo cuento -también uno de los mejores de la serie de Miller- tiene como personaje principal a John Hartigan -acá quien se luce es Bruce Willis- un policía que, a punto de retirarse, decide tomar una nueva misión: salvar a una niña de 11 años, Nancy Callahan, de las manos de un pedófilo, decisión que le trastornaría la vida; pues algunos años más tarde, la situación se repite con los mismos personajes, sólo que para entonces, el malvado luce más despreciable que nunca -es de color amarillo como resultado de una intervención médica- y Nancy es ahora una sensual bailarina que está enamorada de él... La tercera historia no desmerece, y es que en ella se narran los esfuerzos de Dwight (Clive Owen) por defender a la hermandad de prostitutas del lugar de los desmanes de un policía corrupto de nombre Jackie Boy, interpretado por Benicio del Toro.

Marv
(Mickey Rourke)

La bestia de dos metros firma la confesión del asesinato de Goldie -la única mujer que ha querido- para no poner en riesgo la vida de su madre. Junto a Gladys, su pistola, emprende una sangrienta venganza que no impide que al final lo lleven a la silla eléctrica...

La naturaleza de estos relatos puede dar una muy buena idea de por donde van los tiros que, como ya se ha dicho, en esta película son muchos. Lo sorprendente es que Rodríguez realmente se esmera en su adaptación, trabajando cuidadosamente la puesta en escena y añadiendo algunos toques personales, como lo hace al agregar al riguroso uso del blanco y el negro ciertos detalles de color: el rubio de una cabellera, el amarillo del bastardo, el rojo de la sangre. Muchos de sus aciertos se deben a que la película es la primera que se realiza de manera totalmente digital. No sólo porque los actores trabajaron en todas las escenas sobre fondos azules -los escenarios serían agregados después- como se hizo en Capitán Cielo y el mundo del mañana, sino porque fue filmada en su totalidad digitalmente y no en 35 mm. A pesar de los elogios no han faltado voces de desacuerdo.

Dwight
(Clive Owen)

Salía con una mujer que se llamaba Ava hasta que ella le destrozó el corazón. Luego ella no tardó en tenderle una trampa y, por su culpa, cayó preso con un asesinato sobre los hombros... no el suyo, aunque a ella también la mató.

Estas voces llaman la atención, justamente, sobre lo que para otros es una virtud. Y es que el exceso de fidelidad parece restarle, según algunos, brillo propio a una obra que pudiera haberse elevado más. Le falta un toque de humanidad, han dicho otros, sin que ello signifique hacer concesiones -hasta han asegurado que llega a aburrir-, toque que sí parece aportarle Quentin Tarantino -gran amigo de Rodríguez-, quien dirigió un segmento de la película, el del diálogo que sostienen dentro de un auto los personajes de Clive Owen y Benicio del Toro. A favor o en contra, a Rodríguez hay que reconocerle el atrevimiento de hacer lo que realmente le gusta fuera del gusto en serie de la gran industria. El público en Estados Unidos le ha dado un espaldarazo -sesenta millones en taquilla no está mal para una obra de este tipo-. Ya se verá cómo le va con los espectadores venezolanos. Anzuelos tiene, y muchos. l

rchacon@eluniversal.com

FRANK MILLER Y SU CIUDAD DEL PECADO
Robert Rodríguez y Frank Miller (el autor del cómic) comparten la dirección
de la película
Miller es uno de los autores más influyentes del cómic mundial de los años ochenta y un gigante del cómic estadounidense moderno. Es conocido por haber redefinido a dos personajes emblemáticos de Marvel y DC: Daredevil y Batman (en Batman: el regreso del señor de la noche y Batman: Año Uno). Durante los noventa se dedicó principalmente a obras de creación propia entre las que destaca la serie de género negro Sin City. Bajo este título se engloban diversas historias independientes que tienen lugar en Basin City, un lugar también conocido como la ciudad del pecado debido a su corrupción generalizada. En la serie hay un puñado de personajes y de ambientes recurrentes. Entre estos últimos destacan dos: el barrio viejo, un lugar tan salvaje que las mismas prostitutas han tenido que formar una hermandad para protegerse, y Kadie's, el antro más sórdido del lugar, punto de encuentro ideal para todo sucio negocio. Los personajes de las historias de Sin City a menudo se entrecruzan, lo que aporta sentido de unidad al conjunto. Sin City significó una verdadera ruptura al momento de su aparición (en 1991), no sólo porque era el primer cómic que realizaba Miller en completo blanco y negro, sino porque retomaba el género negro dándole un impulso que después muchos seguirían. Como muy bien dicen en el site guiadelcomic.com: "Creó un mundo propio, una estética nueva y un ritmo narrativo alejado de lo que había estado haciendo hasta ese momento, y sin comparación con nada que estuviera haciendo ningún otro autor, comercial o no".

 

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