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CRÍMENES MAX HAINES

BESTIA
CON CARA DE NIÑO

El juvenil aspecto del apuesto Steve Judy ocultaba al monstruo que acechaba dentro de él

El pulcro jovencito, con sus 12 años de edad y su gran sonrisa, explicó que era un niño explorador y que vendía galletas de casa en casa. La señora sonrió y le hizo una seña para que entrara. Cuando el muchacho inocentemente le preguntó si su esposo estaba en casa, la mujer le respondió que se encontraba en su trabajo.

Steve Judy sacó una navaja, la sostuvo contra el cuello de la aterrorizada mujer y la obligó a ir al dormitorio. Una vez allí, la apuñaló una y otra vez. Luego violó a la pobre desventurada.

Cuando la hoja de su navaja se rompió en el esternón de su víctima, el chico corrió a la cocina en busca de otra arma. La mujer, que sangraba profusamente, llegó tambaleando hasta un escritorio para tomar una hachuela que su esposo guardaba allí.

Steve regresó justo cuando la mujer encontró la hachuela. La tomó y la descargó salvajemente sobre su víctima, cortándole el dedo índice izquierdo y abriéndole la cabeza.

La excepcional mujer fue sometida a cirugía cerebral y sobrevivió al ataque. Steve fue aprehendido rápidamente y encerrado en un centro mental para menores de edad.
Después de pasar sólo nueve meses en la institución, fue liberado y puesto al cuidado de padres adoptivos.

Pero continuó metiéndose en problemas durante los siguientes nueve años. Su encontronazo más grave con la ley ocurrió cuando golpeó y casi mató a una mujer en Chicago. Sólo la intervención de los transeúntes le salvó la vida a la dama. Por este hecho, el joven hizo otra de sus muchas visitas cortas a la cárcel. En marzo de 1977 fue puesto en libertad condicional después de purgar 20 meses. Un mes después de su liberación, Steve robó a una mujer y pasó otro año preso.

El 28 de abril de 1979, dos hombres que buscaban setas silvestres por la orilla del riachuelo White Lick Creek, cerca de Indianapolis, en el estado de Indiana, se tropezaron con varias prendas de vestir femeninas en el lugar.

Siguiendo el rastro de ropa encontraron el cuerpo desnudo de una mujer. Sus piernas estaban en la orilla del arroyo, mientras que el resto de su cuerpo estaba sumergido. En cuestión de minutos, el área estaba repleta de policías del estado, quienes acordonaron la escena del crimen. Uno de los detectives, el sargento Jerry Conner, entrevistó a los dos hombres que habían encontrado el cadáver y luego procedió a caminar río abajo desde el lugar del macabro descubrimiento.

Más tarde diría que estaba buscando otras prendas de vestir que le pertenecieran a la occisa. Lo que encontró fue muy distinto. Conner había dado cerca de 100 pasos cuando halló el cuerpo de una pequeña niña enmarañado en la vegetación del riachuelo.

Los oficiales aún se estaban recuperando de este horrendo descubrimiento cuando los detectives, quienes habían seguido caminando río abajo, encontraron el cuerpo de otro niño. La corriente había arrastrado al pequeño hasta un montículo de arena. La policía escudriñó el área. Por más increíble que pudiera parecer, desde el lugar en que estaban los agentes, a un lado del cadáver, podían ver el cuerpo de otro niño. ¿Qué monstruo había cegado la vida de cuatro personas, y qué motivo podría tener alguien para asesinar a tres niños, todos de menos de seis años de edad?

Un examen preliminar de los cadáveres reveló que la mujer había sido violada y estrangulada. Los niños no tenían señales de violencia en sus cuerpos; los tres se habían ahogado en las aguas de White Lick Creek.

Siguiendo el rastro de ropa encontraron el CUERPO desnudo de una mujer

A partir de una libreta bancaria hallada en la escena del crimen, se pudo identificar a la mujer como Terry Chasteen. Las tres pequeñas víctimas eran sus hijos. Terry habitualmente llevaba en auto a sus hijos hasta la casa de una niñera antes de ir a su empleo en una tienda de comestibles. Ese día no se había presentado a trabajar.

Terry tenía un novio que quedó verdaderamente estupefacto al enterarse de la muerte. Cooperó en todo lo que pudo con los oficiales de la investigación, y fue a él a quien le pidieron que identificara oficialmente los cadáveres. Cuando se dirigían a la morgue, él le gritó al agente que lo acompañaba: "¡Ése es el auto de Terry!". Por pura coincidencia, el inconfundible vehículo rojo de la víctima fue hallado.

Posteriormente, el novio de Terry identificó el cuerpo de la mujer y los de sus tres hijos, Misty Ann, de 5 años; Stephen Michael, de 4; y Mark Lewis, de 2. Terry apenas tenía 22 años de edad cuando murió; estaba divorciada del padre de los niños, quien era miembro de la Armada de Estados Unidos.

La policía solicitó la ayuda de la comunidad. Le pidieron a cualquier persona que hubiera estado cerca de la autopista 67 y White Lick Creek esa mañana que se comunicara con los agentes. Se recibieron numerosas llamadas. Alguien informó que él y su pequeño hijo cruzaron el puente sobre White Lick Creek antes de las 8:00 am. Habían observado una camioneta llamativamente pintada de rojo y plateado estacionada en una entrada a la autopista.

La policía emitió un boletín a los estados vecinos en el cual describía el conspicuo vehículo. Pero no era necesario. Una vez más, por coincidencia, la camioneta fue localizada. El mismo hombre que había visto el vehículo llamó a la policía al día siguiente del asesinato. Su hijo había visto la camioneta estacionada cerca de una construcción en un vecindario.

La policía rápidamente se enteró de que la camioneta pertenecía a Steve Judy, quien era bien conocido para las autoridades de Indianapolis. Steve fue detenido e interrogado. Se necesitaron menos de 36 horas para que la policía ubicara a su principal sospechoso.

Inicialmente, Steve, por consejo de su abogado, no habló sobre el crimen. Las autoridades se dedicaron a construir el caso contra el despiadado joven criminal. Los exámenes demostraron que el tipo de sangre de Steve era compatible con los restos de semen encontrados en la ropa de Terry.

Hebras de hilo tomadas de la ropa de Steve coincidían con hebras encontradas en la blusa de Terry. Los moldes de las huellas de neumáticos tomados en la escena del crimen se correspondían con las huellas de la camioneta pickup de Steve.

Steve Judy testificó cerca del final de su juicio. Desde el banquillo de los testigos relató como detuvo a Terry Chasteen. Era sencillo. Le hizo señas a la joven para indicarle que uno de sus neumáticos había sufrido un pinchazo. Cuando ella se detuvo, él también se estacionó y le ofreció ayuda. También se ofreció a revisar el motor de su auto. Fue entonces que le arrancó la bobina de encendido. Como el vehículo no prendía, le dijo a Terry que podía llevar a ella y a sus hijos.

Avanzaron un poco hasta que Steve se salió del camino y se estacionó cerca de White Lick Creek. En un evidente intento de salvar a sus hijos, Terry no ofreció resistencia. Fue obligada a caminar hasta el arroyuelo; Steve le dijo a los niños que fueran río abajo y jugaran.

Luego le ordenó a Terry que se quitara la ropa. Obedeció en silencio y fue violada. Súbitamente, gritó como histérica. Steve desgarró un pedazo de su ropa y se la metió en la boca antes de estrangular a su indefensa víctima.

Los niños corrieron hacia su madre al escucharla gritar. Uno a uno, Steve los agarró y los lanzó al río, donde murieron ahogados. Steve Judy le imploró al tribunal que lo ejecutara.

Sentada en la sala se encontraba una mujer que más tarde testificaría contra el acusado. La testigo no tenía el dedo índice de su mano izquierda. Era la mujer que había sobrevivido al cruento ataque nueve años atrás.

El 8 de marzo de 1981, el deseo de Steve Judy le fue concedido. Fue ejecutado en la silla eléctrica de Indiana.

Traducción: José Peralta.

Ilustraciones: David Márquez. davidmarquez@cantv.net

 
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