
UNA MENTIRA
LE COSTÓ
LA VIDA
Si Eric Holt hubiese confesado a los médicos que sufría de sífilis habría evitado terminar en la horca
Eric Holt era un apuesto hombre joven que había servido en el ejército británico durante la I Guerra Mundial. Mientras estaba en Francia en 1914 enfermó, fue enviado a casa y le dieron de baja por motivos médicos.
Eric comenzó a trabajar en una compañía de productos de hule en Malasia, pero se cansó de esa actividad y regresó a Inglaterra al concluir la guerra en 1918. Sus padres, respetables ciudadanos que residían en Lancashire, tenían bienes de fortuna. Cuando su hijo volvió a casa, las jóvenes casaderas de la ciudad se emocionaron: Eric era considerado un soltero codiciado.
A los pocos meses, una bella joven con el pomposo nombre de Kitty Breaks se declaró dueña de nuestro Eric. Kitty no era exactamente una mosquita muerta; ella había estado casada por corto tiempo durante la guerra, pero esa unión había sido uno de esos errores cometidos durante el conflicto. Kitty y Eric hicieron lo que los jóvenes amantes han estado haciendo desde tiempos inmemoriales: se acostaban cada vez que podían.
Conocemos el profundo apego entre ellos gracias a las cartas que los amantes se escribieron en las ocasiones en que estuvieron separados. Las misivas eran tan ardientes que seguramente las escribieron sobre asbesto.
En diciembre de 1919, Kitty aseguró su vida por 5.000 libras esterlinas y nombró a Eric como su beneficiario. El joven se sintió hondamente conmovido. Cuando le preguntó por qué había realizado un gesto tan considerado, le dijo que si algo le ocurría a ella, quería que él tuviera algo tangible para recordarla. Amigos, eso era suficiente para hacer llorar a un hombre adulto.
Sin embargo, Eric no derramó ni una sola lágrima. En lugar de ello, se dirigió a la compañía de seguros e intentó aumentar la póliza a 10.000 libras. La empresa se rehusó.
La Nochebuena de 1919, un hombre al que le encantaba trotar pasó corriendo por la dunas de arena cerca de Blackpool. Advirtió un montículo inusual, se detuvo y retiró parte de la arena. En poco tiempo descubrió la figura de un cuerpo humano, que resultó ser el cadáver de Kitty Breaks.
La policía acudió de inmediato al lugar. Kitty había recibido tres disparos. Un revólver, que se determinó había sido el arma homicida, se encontró a un lado del cuerpo. Los agentes también hallaron un par de guantes enterrados con la occisa. Muy cerca de allí, en arena impregnada de agua, observaron huellas, las cuales estaban en tan buen estado que se pudieron tomar sus impresiones en yeso.
Nuestro Eric no era el más astuto de los asesinos. El revólver encontrado con el cuerpo le pertenecía, igual que los guantes. Como si esto fuera poco, las huellas habían sido hechas por sus zapatos. Eric no pasó unas felices Navidades, ya que fue arrestado y acusado del asesinato de Kitty Breaks.
Eric fue enjuiciado y sus posibilidades de salir libre eran las mismas posibilidades que tiene una bola de nieve de sobrevivir dentro de un microondas. Pocas veces la evidencia circunstancial contra un acusado había sido tan abrumadora. El fiscal detalló la evidencia: el revólver, los guantes y las huellas. El motivo era claramente la póliza, que en 1919 representaba una pequeña fortuna.
El afamado defensor de los condenados, Sir Edward Marshall Hall, considerado el más prominente abogado del país en aquel entonces, fue contratado por la familia de Eric. El jurista se decidió por un enfoque doble. Hizo que la familia Holt jurara que Eric estaba en casa la noche del asesinato, por lo que no podría ser el asesino. La familia no impresionó mucho. Obviamente amaban a Eric, y era igualmente obvio que harían cualquier cosa para salvarlo del cadalso.
Hall también aseveró que su cliente estaba demente. Hay que tomar en cuenta que la definición de locura para la ley se basaba en la norma M'Naghten. Éste era un bicho raro que había intentado asesinar al primer ministro Robert Peel, y su nombre estará por siempre relacionado con las normas que determinan si una persona puede ser declarada demente.
Dicho de manera mucho más sencilla, un acusado podía ser declarado demente si no sabía qué estaba haciendo en el momento del crimen y no podía distinguir entre lo correcto y lo incorrecto. La norma M'Naghten es estricta y no toma en cuenta una gran variedad de enfermedades mentales que los psiquiatras siempre están presentando como defensa legal contra una condena.
Sir Marshall Hall tenía algunos problemitas que resolver. Para comenzar, su cliente, cuando fue arrestado y le pidieron que hiciera una declaración, dijo: "Primero debo ver a mi abogado". Éstas no parecían ser las palabras de un demente. Por el contrario, un hombre astuto y cauteloso seguramente pediría un abogado antes de hacer una declaración a la policía.
Hall encontró información reveladora sobre la familia de Eric. Su abuelo y su tío habían sido dementes. Como todos saben, la herencia frecuentemente es un factor crucial en los casos de locura.
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| Eric no era el más ASTUTO de los asesinos |
En el juicio se descubrió una mentira. Los psiquiatras de la prisión habían interrogado extensamente a Eric en cuanto a sus enfermedades anteriores. Durante uno de esos interrogatorios, le preguntaron si alguna vez había contraído sífilis. Les respondió a los médicos que él nunca había tenido esa enfermedad.
Ahora bien, amigos, veamos qué conocimiento se tenía en 1919 sobre la sífilis y su progreso. Cerca de 10 años después de ser infectado, dependiendo del lugar de la enfermedad, el paciente podía presentar ataques y parálisis, lo cual podía conducir a parálisis general. Esto era resultado del ataque de la enfermedad contra las células cerebrales, que a veces podía tener como consecuencia una extrema irritabilidad, además de que la persona comenzaba a olvidar cosas. Esto, a su vez, podía provocar delirios de grandeza y abandono de las restricciones morales. A menudo, se presentaban problemas de habla y las pupilas se alteraban. Tres años después de que se presentaban estos síntomas, el paciente podía ser confinado en un manicomio.
Como se comprobó, Eric Holt había contraído sífilis, probablemente en Francia cuando sirvió en el ejército. Por haberle mentido a los psiquiatras de la Prisión Strangeways, esta información nunca fue comunicada a su abogado.
Lo más que Marshall Hall podía hacer era alegar que su cliente había reaccionado a un "impulso incontrolable", lo cual lo clasificaba dentro del primer apartado de la norma M'Naghten, en el sentido de que durante un breve período de tiempo su mente había sido afectada, lo que le impedía saber qué estaba haciendo.
El juez indicó al jurado que podía entregar uno de tres posibles veredictos: culpable, no culpable, o culpable pero demente. Después de deliberar durante sólo dos horas, el jurado presentó un veredicto de culpable. Eric fue sentenciado a la horca.
Sólo después de que se emitió el veredicto, fue que un médico que había tratado a Eric en Malasia leyó sobre el caso. Se presentó y reveló a las autoridades que cinco años antes él había tratado a Eric por sífilis y consideraba que ahora podía estar en un estado avanzado de demencia. Si el acusado no hubiera mentido, el médico habría suministrado a su ilustre abogado defensor suficiente munición para obtener un veredicto de culpable, pero demente.
Sir Marshall Hall apeló. Pudo presentar ante el tribunal de apelaciones pruebas de que Eric sufría de sífilis generalizada, que ahora se encontraba bastante avanzada en su organismo. Le imploró al tribunal que considerara una interrogante: ¿Está Eric Holt loco ahora?
Hall admitió que, si el tribunal consideraba que Eric no estaba loco, la sentencia de muerte debería ejecutarse. Sin embargo, si consideraba que estaba loco, les recordó el abogado, "Inglaterra no ejecuta a dementes".
Ése era el cuadro. Si no hubiese mentido sobre el hecho de que había contraído sífilis, es casi seguro que Eric Holt no hubiera sido declarado culpable.
Ahora el tribunal de apelaciones había considerado esta nueva evidencia sobre el estado mental de Eric. Pero esta clase de tribunal ve las cosas de manera muy distinta a un jurado. Ni el juez había dado instrucciones erradas al jurado ni el jurado había ignorado el peso de la evidencia al momento de decidir el veredicto.
El tribunal rechazó la apelación.
Se realizó una petición de último minuto al Secretario del Interior en un esfuerzo por salvarle la vida a Eric. Dado que sabía que el condenado sufría de sífilis, pudo haber conmutado la pena y haber decidido que lo confinaran en el instituto Broadmoor para enfermos mentales. No obstante, ése no fue el caso. El veredicto del jurado fue ratificado.
Eric Holt había dicho una mentira que lo mandó directamente a la horca.
Traducción: José Peralta.
Ilustraciones: David Márquez. davidmarquez@cantv.net
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