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Desafiando la justicia
Max Haines
Si alguna vez se libra de ser juzgado
por asesinato,
no es muy sabio intentar hacerlo una segunda vez. Louis Van Wyk
lo hizo
Louis,
el hijo de un granjero holandés, creció en la granja
de su padre en Sudáfrica. Nadie se hubiese referido a Louis
como un niño agradable. Tenía la mala costumbre de
dar latigazos a los gatos y de atar pájaros a las ramas de
los árboles. Disfrutaba observándoles morir en agonía.
Ya hecho un joven, Louis abandonó la granja, se casó
y se embarcó en una vida de crímenes menores. Entre
personajes deshonestos, trabajaba en el negocio de la construcción.
Ocasionalmente sus negocios derivaban en asuntos fraudulentos. Fue
una de las ganancias de estos fraudes lo que metió a Louis
en una especie de problema.
En enero de 1929, Louis sabía que la policía estaba
a punto de detenerle. Contactó a su sobrino de 28 años,
Johan Moller, y le entregó 850 libras para que las guardara.
Louis le ordenó a su sobrino que le diera parte del dinero
a su esposa y enterrara el resto hasta que se clarificara todo.
Louis fue arrestado en Bloemfontein por una acusación de
fraude. Su juicio se celebró en Johannesburgo, fue condenado
y sentenciado a 18 meses en prisión. Mientras estaba tras
las rejas, Louis recibió noticias desconcertantes que no
le agradaron en absoluto. Moller tan sólo le había
dado a su esposa tres libras. Louis incluso llegó a escuchar
que su adorado sobrino fue responsable de que él acabara
en prisión. Johan había informado a la policía
de los asuntos fraudulentos del tío Louis. Johan, que era
administrador de profesión, no ganaba mucho dinero. Estaba
chupando de la fortuna que le había entregado su tío.
Cuando Louis descubrió que Johan estaba gastando mucho más
de lo que ganaba, estuvo a punto de intentar escapar, pero no le
quedaba más remedio que cumplir su condena.
Tras su liberación, Louis buscó a su sobrino. El 12
de julio de1930, los dos hombres salieron en el auto de Johan. Ese
día, Louis fue visto por la señora C.J. Hoffman, quien
vivía en una granja cercana a la del padre de Louis. Louis
había despertado a la señora Hoffman en medio de la
noche para pedirle prestada una linterna. Ella le dijo que no tenía
tal cosa en la casa. Louis se marchó.
Días más tarde, se denunció la desaparición
de Johan. La policía rastreó sus últimos movimientos
conocidos. Se le había visto manejando con Louis hacia la
granja del padre de este último. Los detectives, conociendo
perfectamente el historial de Louis, buscaron marcas frescas en
el terreno. La policía encontró el cuerpo de Johan,
enterrado dos metros bajo tierra, totalmente vestido y con una herida
en la espalda hecha con un instrumento no muy afilado que había
atravesado su abrigo hasta llegarle a una pulgada de profundidad.
El cráneo de Johan también tenía fracturas.
Cuando la policía descubrió la relación financiera
de Louis con su sobrino y su presencia en la zona la misma noche
del asesinato, inmediatamente se convirtió en el primer sospechoso.
Los detectives presupusieron que Louis y Johan habían estado
excavando buscando el dinero que había enterrado Johan. Louis
había golpeado a su sobrino en la espalda y en la cabeza,
matándole en el acto. Johan cayó dentro del agujero
que habían hecho. Antes de cubrir a su víctima con
tierra, Louis quería asegurarse de que estuviera muerta.
Pinchó a Johan con un pico en la espalda, penetrando su abrigo
y su cuerpo. La herida de la espalda no había sido la causante
de la muerte.
El auto de Johan había desaparecido. No había signos
de lucha cerca de la zona donde se encontró el cadáver.
A una corta distancia, la policía fue capaz de reconstruir,
con yeso, unas marcas de pisadas, que más tarden coincidirían
exactamente con las botas de Louis. Las huellas estaban cerca de
un pequeño lago, de donde la policía recuperó
una pala y un pico.
Los periódicos publicaron la descripción del hombre
que buscaban. Louis vio su propia fotografía en el Johannesburg
Star y se entregó. El 21 de octubre de 1930, se celebró
el juicio de Louis Van Wyk por el asesinato de su sobrino, Johan
Moller.
A nuestro Louis se le ocurrió una magnífica historia.
Le contó al tribunal que Johan y él habían
manejado hasta la granja para desenterrar el dinero. Louis estaba
dentro del agujero excavando con el pico. Johan estaba al borde
del agujero. Los dos hombres estaban espalda contra espalda . Louis
levantó el pico sobre su cabeza, intentándolo llevar
hacia delante dentro de la tierra. En vez de eso, el pico golpeó
la espalda de Johan. Johan perdió el equilibrio, se dio media
vuelta y cayó de cara en el agujero. Louis se dio cuenta
inmediatamente de lo que había pasado. Dejó el pico.
Johan cayó y se golpeó la cabeza contra el mismo pico.
Fue este último impacto el que lo mató. Los doctores
enseñaron fotografías mostrando las heridas, y la
posición del cuerpo coincidía con la historia de Louis.
Podría haber sucedido exactamente según lo que describió.
Había escapado, pero se le presentó un problema con
el auto a poca distancia de la escena del crimen. Entonces fue cuando
había despertado a la señora Hoffman pidiéndole
una linterna.
Louis fue absuelto y salió de los tribunales como un hombre
libre, profesando fe al género humano y al Todopoderoso.
Seis meses más tarde, Louis se hizo amigo de Cyril Tucker,
un inglés que poseía una granja llamada Appeldoorn.
Tucker quería vender la granja y retornar a Inglaterra. Su
esposa había vuelto a casa unos meses antes, dejando a Tucker
solo hasta que pudiera vender la granja y unirse a ella.
Louis se presentó como un comprador potencial. Tucker le
presentó a Robert Stewart, quien criaba parte de su ganado
en Appeldoorn. Louis llegó a tener serias negociaciones con
Tucker para la compra de la granja. Llegaron a un acuerdo. Los dos
hombres decidieron cerrar los asuntos legales en Pretoria el 4 de
febrero.
Durante la noche del 3 al 4 de febrero, Tucker se retiró
a sus aposentos. Louis, que era un invitado permanente en Appeldoorn,
golpeó al dormido Tucker en la cabeza repetidamente con un
martillo hasta dejar su cráneo totalmente destrozado. Después
enterró el cuerpo en un campo cercano que estaba sembrado
y tiró el arma del delito en un granero.
A la mañana siguiente, uno de los criados llegó a
la casa principal con café. Louis le dijo que Tucker estaba
en Pretoria. Louis Van Wyk se autofelicitó. Se iba a librar
una vez más de ser declarado culpable de asesinato.
El 7 de febrero, él se fue a Pretoria y dejó saber
que se había encontrado con Tucker. Había comprado
la granja, el ganado y todo. El trato se había cerrado con
dinero en efectivo. Robert Stewart, el hombre cuyo ganado estaba
en la granja de Appeldoorn, le preguntó si Tucker había
mencionado sobre pagarle a él. Ni una palabra, dijo Louis.
Tal vez estaba pensando compensar a Stewart del mismo dinero que
Louis le había pagado a él por la granja. No había
que preocuparse por el asunto, Louis iba a encontrarse con Tucker
en Pretoria el 13 de febrero, y entonces le podría mencionar
la preocupación de Stewart.
Mientras
tanto, Louis comenzó a vender ganado, lo que levantó
algunas sospechas. Pero no fueron estas transacciones las que causaron
preocupación. Antes del engaño de la granja, Louis
había pasado algunas monedas falsas. Se expidió una
orden de búsqueda y captura para él. Louis sabía
que si alguien investigaba su falsa compra de la granja, saldrían
a la luz sus altercados asesinos.
Louis volvió a presentar otra de sus historias patentadas.
Le contó al magistrado que Tucker le hizo un avance poco
apropiado cuando era un invitado en Appeldoorn. El rechazó
a Tucker, quien se puso furioso y le intentó disparar con
un rifle. Para poder salvar su propio pellejo, Louis golpeó
a Tucker en la cabeza con un trozo de cañería. Tucker
cayó al suelo. Louis salió afuera y tiró la
cañería. Volvió sin saber si Tucker estaba
aún vivo o muerto. Una vez que estuvo seguro, enterró
el cuerpo en un campo sembrado.
Por segunda vez, Louis era juzgado por asesinato. Esta vez no tuvo
tanta suerte. Fue sentenciado por su premeditado asesinato.
Mientras esperaba su sentencia de muerte, Louis confesó el
asesinato de Johan Moller. Había perseguido a Johan por el
dinero que le había dado antes de ir a prisión. Finalmente,
Johan no tenía más excusas. Llevó a Louis donde
supuestamente se encontraba el dinero enterrado.
Cuando Louis se dio cuenta de que no había dinero, de que
Johan se lo había gastado todo, decidió matarle. No
había sucedido ningún accidente, así como tampoco
había habido ningún avance impropio por parte de Tucker.
A las 7 de la mañana del 12 de junio de 1931, Louis Van Wyk
fue ejecutado. l
Ilustraciones: David Marquez
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