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El hermano mayor era todo un detective


Sólo una firme voluntad permitió que se hiciera algo de justicia para las hermanas asesinadas


Rara vez dos hermanas son tan diferentes. Eloise Nelms era una belleza voluptuosa. Su hermana mayor, Beatrice, de 35, le llevaba 10 años a Eloise. Sus dientes jamás habían estado bajo la mirada de un ortodoncista. Decir que sobresalían sería una expresión benevolente. Beatrice era toda huesos y piel.

Las dos damas tenían un hermano protector, Marshall, quien era un par de años mayor que Beatrice. Marshall era un exitoso importador que operaba en San Francisco en 1914, año en que tuvo lugar nuestra pequeña historia de asesinato y horror.

Los Nelms tenían una buena posición económica. Su padre se había ido al cielo un año antes y les había dejado más de un millón de dólares. La madre y las hijas vivían en Atlanta en una vieja mansión llena de recovecos.

Nuestra historia comienza cuando los miembros de la familia experimentaban una situación incómoda en sus vidas, que del resto era monótona. Eloise se había ido a Nueva York para hacer carrera en el teatro. No lo hizo muy bien como actriz, pero destacó en otros comportamientos. Quedó embarazada. Un asistente de dirección era el responsable de su estado.

Marshall reaccionó rápidamente y obligó a que se realizara una boda apresurada. Cuando Eloise sufrió un aborto, comenzó los procedimientos para divorciarse, en un intento de deshacerse de su nuevo esposo. Esto resultó ser más difícil de lo que pareció al principio. Verán, el escurridizo asistente de dirección se enteró de los ahorros de la familia.

Eloise se dirigió a Carson City, Nevada, que entonces era la Meca de los divorcios rápidos en Estados Unidos. Le presentaron a Víctor Innes, quien tenía fama de ser el mejor abogado de divorcios de la ciudad. También era un hombre apuesto. Mientras escuchaba los pesares maritales de Eloise, se enteró de que su familia tenía bienes de fortuna. Paró las orejas. El hombre, un personaje taimado, invitó a Eloise a alojarse en su impresionante hogar mientras esperaba a que su divorcio concluyera. Eloise conoció al ama de llaves de Víctor, una mujer que le presentaron como la tía Margaret Mims.

A su debido tiempo, Víctor dejó que Eloise supiera que él había estado ganando una fortuna con acciones de minas de plata. En un abrir y cerrar de ojos, Eloise le estaba pidiendo que la dejara participar en el fabuloso negocio. El considerado abogado dejó que la joven mandara un telegrama a casa para pedir 20.000 dólares.

Víctor, quien reconocía una bonanza al verla, detectó otra inversión que no se podía perder. Poco después vinieron otros 20.000 dólares. Por supuesto, su interés en Eloise no era sólo financiero. También compartía su cama con ella. Cuando Eloise mandó un nuevo telegrama pidiendo otros 20.000 dólares, mamá se rehusó. Como resultado, él se volvió totalmente frío. Le sugirió a Eloise que regresara a Atlanta. La mantendría informada de cómo marchaba su divorcio. Eloise siguió sus instrucciones.

Un mes después, se presentaron en Atlanta nada más y nada menos que Víctor y la tía Margaret, quienes portaban noticias maravillosas para Eloise. Su divorcio estaba listo. Eloise invitó a los dos a su casa, donde le cayeron muy bien a Beatrice y a mamá. Durante sus visitas a los Nelms, Víctor a menudo quedaba junto a la dentona Beatrice. Al principio no pasó nada serio, pero después encontró la oportunidad de acostarse con ella.

De vez en cuando, a Víctor se le escapaba algún comentario sobre el hecho de que aún estaba haciendo una fortuna con las minas de plata. La familia Nelms imploró que le dieran una oportunidad de invertir.

Beatrice dio 50.000 dólares. Igual hizo la madre. Eloise puso otros 20.000 dólares. En total, Víctor le trasquiló a los Nelms la suma de 160.000 dólares.

Eloise y Beatrice se volvieron tan amigas de Víctor y la tía Margaret que hicieron una excursión a Texas. Se detuvieron en San Antonio, desde donde un telegrama anónimo fue enviado al hermano Marshall. Éste decía: "Vigila a Beatrice. Pudiera matar a Eloise".

Marshall quedó comprensiblemente perplejo al recibir tal telegrama. Se comunicó con su madre, quien le informó de los nuevos amigos de sus hermanas y del viaje a San Antonio. Luego Marshall habló con la policía, pero los agentes pensaron que todo se trataba de una broma.

Marshall no aceptó esa versión. Salió hacia San Antonio, donde siguió el rastro de sus hermanas hasta llegar a un chalet amueblado, el cual se encontraba desocupado. Encontró el tacón de un zapato de mujer en uno de los dormitorios. En esa misma habitación descubrió lo que parecían ser manchas secas sobre el papel tapiz. Marshall recortó un pedazo y se lo llevó. Hizo que un químico analizara el papel. Como podía esperarse, las manchas resultaron ser de sangre. En el tacón se apreciaba la talla del calzado. Era la misma talla que usaba Eloise.

Marshall llamó a la policía, y en esta ocasión tampoco lo tomaron en serio. Desesperado, hizo que limpiaran el pozo séptico detrás del chalet. Tuvo la suerte de recuperar un diminuto hueso. Marshall no sabía quién había asesinado a quién, pero estaba convencido de que se había cometido un asesinato. También sospechaba que un cuerpo había sido desmembrado.

Marshall se había equivocado de profesión. Debió haber sido detective. Visitó cada tienda que podía vender instrumentos para cortar, donde mostraba una fotografía de su hermana Beatrice. Encontró a un empleado que recordaba que Beatrice había comprado varios cuchillos. El hombre agregó, con un tono inquietante: "También compró un molino de carne".

Marshall, ahora convencido de que Beatrice de alguna forma había matado a Eloise, también sospechaba que la había pasado por el molino de carne. Quizás Víctor Innes y la tía Margaret no habían ido para evitar verse involucrados. Una vez más, comunicó sus descubrimientos a la policía, pero aún no pudo convencerlos de que había ocurrido un crimen. Continuando con su papel de detective aficionado, pensó que alguien había enviado algo por correo desde San Antonio, quizás incluso un cuerpo.
Marshall verificó y se enteró de que un paquete había sido enviado a Víctor Innes en General Delivery, en la ciudad de Eugene, estado de Oregon.

Marshall no sabía quién había asesinado a quién, pero estaba CONVENCIDO
de que se había cometido un asesinato. También sospechaba que un cuerpo había sido desmembrado

Marshall se dirigió a Eugene. Sobornó a un empleado del ferrocarril para que lo dejara revisar la caja sin entregar a Innes. Contenía cuchillos manchados de sangre y un molino de carne. Marshall siguió husmeando y descubrió que Víctor y la tía Margaret vivían en una propiedad fuera de la ciudad. Observó el lugar durante días y no le costó divisarlos a ellos dos.

A Marshall le pareció que el siguiente paso era averiguar más sobre Víctor y la tía Margaret. Viajó a Carson City, donde, sorpresa, se enteró de que la tía Margaret no era ninguna tía de Víctor. Era su esposa.

Marshall pensó que ya tenía suficiente. Regresó a Eugene y convenció a los oficiales de policía, aunque a regañadientes, de presentar cargos de asesinato contra Víctor y su esposa. Pese a sus protestas, la pareja fue extraditada a San Antonio. Los detectives dedujeron que Víctor había estafado 160.000 dólares a los Nelms y que, cuando llegó la hora de pagar, él y su esposa engatusaron a las hermanas para realizar un viaje a San Antonio, donde las asesinaron y las pasaron por el espantoso molino de carne.

Pero el caso contra la pareja estaba lejos de estar blindado. Después de todo, no había cadáveres ni testigos oculares del asesinato.

Cuando Marshall se enteró de que el caso no avanzaba, salió disparado a Atlanta, donde convenció a las autoridades de que Víctor y su esposa habían estafado 160.000 dólares a su familia. Si no podía lograr que los condenaran por asesinato, conseguiría que lo hicieran por el delito más grave que fuera posible. Víctor y su esposa fueron enjuiciados como estafadores en Atlanta. Ella fue sentenciada a tres años, mientras que Víctor fue enviado a trabajos forzados en Georgia. Ella fue liberada después de cumplir su condena, pero había contraído tuberculosis y murió poco después.

Marshall Nelms estaba furioso por el hecho de que el hombre que sentía que había asesinado a sus dos hermanas hubiera recibido una pena tan leve. Convenció al Servicio de Inspección Postal de EEUU de que cuando su hermana escribió a casa para pedir dinero por insistencia de Víctor, éste había cometido un delito federal.

Las autoridades postales estuvieron de acuerdo. Cuando Victor fue liberado después de purgar cinco años de trabajos forzados, allí estaban las autoridades esperándolo. Fue encontrado culpable de usar el correo para estafar y enviado de regreso a prisión por otros cinco años. Habían pasado 10 años desde las muertes de Beatrice y Eloise. Marshall Nelms nunca perdonó ni olvidó. Una vez más, esperó en la puerta de la prisión a que Víctor fuera liberado.

El hombre que vio tambalearse bajo la luz del sol tenía alrededor de 55 años. Era un debilitado anciano que mascullaba. Marshall Nelms súbitamente le dio la espalda y nunca más volvió a ver a Víctor Innes.

Traducción: José Peralta.

Ilustraciones: David Márquez. davidmarquez@cantv.net

 
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