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  Peluquería viperina
Rosa Elena Pérez

 

En la peluquería espero mi turno y oigo una opereta digna de ser recogida como muestra antropológica de este trivial inicio de milenio. El título lo tomo de una imagen de Elisa Lerner que se ajusta a la perorata. Y dice: -Esta se las puso. Esta no. Aquélla también se las puso. ¿Y ésta otra? …pues no sé porque a veces se meten rellenos como para aparentar esa forma de melón maduro y eternamente jecho, como de parapara siempre guindando del tallo y ofreciéndose, eso sí, con temor de caer al vacío. Es que venden unas almohadillitas que se insertan en la copa del sostén y levantan el busto creando un efecto de minicolchón inflable que pareciera invitar a diminutos hombrecitos a saltar sobre él y a entretenerse gozosos ante aquella tersura. Por eso no sé si serán reconstruidas. Habría que preguntarle y, quién sabe, de repente te las enseña y hasta te dice quién se las hizo… ¡Ah! porque eso sí es importante, quién te las hace. De otro modo, sería como tener un Dalí sin firma y a eso sí que no estoy dispuesta a arriesgarme, a hacer una inversión de tal alcance y amplitud sin que la suscriba un artista, un experto en el área, pues, diestro en protuberancias, que haga carpintería y tornería de alta calidad para que queden en su punto. Nada de chapucerías, que el cuerpo es reflejo del alma y no vamos a proyectar un alma indispuesta o achacosa. Como le pasó a Maritza, chica, que le quedaron, no sé, dilatadas, porque es que a ella no le quitaron nada, sino que le pusieron el implante y el asunto quedó con un volumen expandido y eterrrrno. Dicen quienes se las han visto face to face que hasta virolas están, cual Picasso. ¡Qué bochorno! No, conmigo bizqueras no van. Una se tiene que cuidar… Es que aquélla seguro que se las puso porque son como dos pompones que van publicitando, cual cheerleader de secundaria, la exuberante mercancía que está por llegar. Una especie de pregón anunciando frutero: "Cómprame Alejandrina las mandarinas que aquí yo vendo, la guanábana, el coco, y el gran jojoto también los tengo, la naranja sabrosa, la pomarrosa también las llevo…". Bueno, con tal de que a la postre no se conviertan en una naturaleza muerta, todo está bien. No y es que para eso está el bisturí ¿no te parece? Seremos cincuentonas, pero con las pechugas bien puestas. Yo quisiera entrar a los sitios y con el pezón pincharle los ojos a la gente. Cual torpedos en pos de su objetivo, cual miliciano calculando certeramente con la mira de su teleobjetivo el blanco exacto hacia donde va a dirigir su misil. Y no se trata de ser agresivas, pero hay que estar claras, los hombres comen con eso. Entonces, a cuidarse la piel de naranja, las uñas, los muslos, las nalgas, el vientre, los labios, las caderas. ¡Todo! ¡Qué estrés! ¡Todo por parecer una chica de calendario Pirelli! Y entonces una se cansa, querida, una se va agotando en esta lucha que es la vida. Y qué será mejor, me pregunto yo ¿seguir en esta carrera contra el tiempo o terminar por aceptar los años? ¡Uy, qué crueldad! A veces me siento como en una encrucijada y quisiera salir corriendo y pegar alaridos como el de El grito de Edward Munch, el famoso cuadro que sustrajeron del Museo de Oslo. No tener esta vida social que me agobia, criar nietos y dejar de asistir a tanto ágape y cena y apertura de exposición. Tanta labor social me sofoca. No te creas, esto es un trabajo. Yo no sólo ando dilapidándole la fortuna a mi marido con mis cirugías. Yo también trabajo. Pero, te confieso, esta condición de florero me harta, me obstina ser mecenas de artistas que a la hora de plasmarme en el lienzo sólo deterioran mi artificiosa, aunque hermosa fachada. Uno les organiza las muestras y a la hora de retratarte salen con el cuento del estilo postmo. ¡Botticelli, reencarna, m´hijo, y hazme el retrato que me merezco! Porque mi esfuerzo por mantenerme bella bajo los reflectores del quirófano ¿no va a quedar para la posteridad? …¡Ay, ya va! Es que sí se las puso. Sí, las va a mostrar. ¡Vente, vamos a ver! l

rosa_elena_perez@hotmail.com

 
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