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Dinero sucio

Hay robos y robos. Esta es la historia del padre de todos ellos
Max Haines

La mente maestra detrás del robo más grande de la historia, llevado a cabo con éxito, era el dueño de la casa de fotografía La Valliere, en Niza, Francia. El tipo en cuestión era Albert Spaggiari, un veterano de Vietnam que había intentado trabajar en bienes raíces sin éxito alguno. Para 1972, Albert estaba bien ubicado en el ramo de la fotografía y parecía ser un pequeño y exitoso hombre de negocios. Había sólo una cosa diferente en Albert. Quería robar el banco más prestigioso de Niza, el Societe Generale.

El área más importante del banco había sido modernizada, pero en el momento del robo el interior era de resplandeciente mármol y conservaba el encanto del viejo mundo. Se creía impenetrable. Es por eso que nadie había considerado un equipo electrónico de alta tecnología para proteger las cajas de seguridad.

Albert hizo sus planes para robar el Societe Generale con la misma paciencia que se necesita para una gran campaña militar. Alquiló una caja de seguridad y estudió la distribución de la bóveda. Para poder acceder a la bóveda, era necesario firmar un libro de entradas. La firma era corroborada con una ficha de firmas. El cliente luego era escoltado hasta su caja de seguridad, donde un guardia insertaba su llave y la llave del cliente, para poder abrirla. La bóveda se cerraba en la noche con una puerta de 20 toneladas.

No había forma de saquear las cajas durante el horario bancario, y no había forma de que nadie traspasara la puerta hacia la bóveda. Ah, pero había otra forma -a través del sistema de desagüe del pueblo. Los planos del sistema de desagüe estaban a disposición de cualquiera que quisiera obtener una copia en las oficinas municipales.

Albert descubrió que podía manejar un camión hasta el sistema de desagüe al tomar una ruta de inspección. A la ruta podía entrar por un estacionamiento subterráneo. Calculó que el equipo necesario para el robo podía ser transportado por un camión hasta una distancia de 275 metros antes del banco, para luego ser trasladado a pie sólo un metro. En ese punto era necesario excavar un túnel de siete metros. Esto llevaría a Albert hasta la pared contra la bóveda.

Nuestro hombre se dispuso a formar una pandilla de especialistas. No era fácil. Cada integrante era seleccionado a dedo -hombres que sabían construir túneles reforzados, hombres que sabían atravesar paredes de cemento. Fueron reclutados no sólo por sus habilidades, sino por sus personalidades. Las condiciones de trabajo no eran las ideales.

El equipo era lo más importante y fue comprado en grandes tiendas en toda Europa. Albert sabía la importancia de obtener un equipo que no se pudiera rastrear, en cantidades que no fueran notadas. Una tanda de cinceles se compró de forma individual, antorchas de oxiacetileno, martillos, herramientas de albañilería, linternas, perforadoras eléctricas. No se dejó nada al azar. Ropa a prueba de agua, botes de goma, un gran equipo de primeros auxilios y un extractor de humo industrial fueron considerados necesarios.

La cantidad de equipo se volvió tan grande que Albert rentó una villa en Castagniers, a unos minutos de Niza, para almacenar su creciente abastecimiento.

Tomó dos meses cavar el túnel. El equipo entraba en el camión, luego era transferido en los botes inflables y arrastrado hasta el hediondo desagüe. Dos hombres trabajaban en el túnel, mientras que otros se deshacían de la tierra. Un cuarto hombre apuntalaba el techo y las paredes de cemento. Las condiciones en el túnel eran tan desagradables que cada grupo trabajaba cada tres días. El trabajo se hacía con intervalos de 10 minutos. Mayo y junio pasaron. En julio, los hombres golpearon la pared de concreto de la bóveda del banco.

Una semana después de esto, una mujer, que no tenía conexión alguna con los otros ladrones, estaba convencida de que su marido tenía una amante en la villa que rentaba la pandilla. Buscó revancha, diciéndole al dueño de la villa que su propiedad estaba siendo invadida por hippies.

El dueño llamó a la policía, quienes registraron y hallaron a los cuatro miembros del grupo delictivo en el lugar. A los hombres se les interrogó, pero fueron capaces de convencer a los gendarmes de que no estaban haciendo nada más siniestro que preparar una fiesta para esa noche. Estaban a la espera de la compañía femenina. La policía aceptó la historia.

El 15 de julio, se le pagó a un doctor del bajo mundo para que estuviera alerta. Al día siguiente, el equipo pesado fue introducido a través del desagüe con los botes inflables. Una vez descargado, fue arrastrado a través de un túnel de 25 pies hasta la pared. La pandilla lo había enchufado a una toma eléctrica en la entrada del sistema de desagüe. De esta manera, tuvieron electricidad justo en la pared. Trabajando boca abajo, le tomó a la banda 19 horas con la perforadora y los cinceles para atravesar la gruesa pared de cemento reforzado hasta el fondo del gabinete de 30 toneladas que contenía las cajas de depósito.

 

Una palanca hidráulica fue usada para mover el gabinete pulgada por pulgada, hasta que hubo una entrada lo suficientemente grande como para que un hombre se arrastrara dentro. Albert tuvo el honor de ser el primero en entrar a la bóveda del banco.

Se abrieron las cajas de seguridad. Se había acordado que la pandilla omaría el oro, las joyas y el dinero -nada rastreable.

Pero antes de los negocios, una pequeña celebración. Albert había llevado muchos vinos, un plato de hígado de ganso, queso y fruta fresca. Mientras disfrutaban estos manjares, la pandilla fue sorprendida por un ruido proveniente de arriba. Finalmente, no fue nada serio. Un empleado del casino había dejado las ganancias de la noche en el depositario. Una bolsa, conteniendo un millón de francos, cayó a través de un hueco y aterrizó a los pies de Albert.

Como medida de precaución, la pandilla soldó la puerta de la bóveda desde adentro.
Para el lunes por la mañana, la pandilla había abierto 400 de las 4.000 cajas de seguridad. Era tiempo de partir. Todo el equipo fue dejado.

El lunes por la mañana, los funcionarios del banco no podían abrir la bóveda. Fue necesario llamar a un oficial del equipo de seguridad de la compañía para entrar. Lo imposible había ocurrido. El banco Societe Generale había sido robado. Se dejaron muchas pistas, ninguna de las cuales tuvo valor. Botellas de vinos Margnat Village fueron enviadas para su análisis. Se descubrió que las botellas tenían orina, la cual provenía de varios individuos. Ese Albert había pensado en todo. Bueno, en casi todo.
Los gendarmes que habían seguido la pista dada por la celosa esposa se preguntaron si esos cuatro hombres en la villa de Castagniers podrían haber tenido algo que ver con el robo del banco. Se hizo una búsqueda en la villa y se descubrió el equipo extra para el robo y una caja de vino Margnat Village. Los cuatro hombres fueron rodeados. En el mismo momento, un miembro de la banda trataba de vender lingotes de oro de manera ilegítima. En cada lingote había un número de identidad estampado. Rápidamente fue aprehendido.

Dos miembros de la banda, Francis Pellegrin y Alain Bournat, confesaron y nombraron a Albert como el líder. Albert fue arrestado y detenido para ser interrogado. La investigación duró meses, justo hasta que Albert saltó por una ventana del Palacio de Justicia, aterrizando en una cornisa, unos pies más abajo. Desde la cornisa, saltó al techo de un Renault. Albert gritó: ¡Adiós! mientras caía al suelo y hacía su gran escapada en motocicleta.

Cuando se supo que el daño que Albert había causado al Renault le costó a su dueño la suma de 625 dólares, el propietario del carro recibió una nota de disculpas y el dinero por correo. Lo enviaba Albert.

Una suma de 215.000 dólares fue recuperada del robo. Los lingotes que uno de los miembros de la pandilla intentó vender llegaban casi a la totalidad. Sólo cuatro miembros de la banda fueron inculpados por el robo del banco. Ninguno de ellos pasó más de seis meses en prisión.

Las demandas llegaron a un total de ocho millones de dólares y se hicieron contra el banco, convirtiendo al robo en el más grande de la historia. Muchos creen que el monto real del saqueo estuvo cerca de los 20 millones.l

Ilustraciones: David Márquez

 
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