Soledad
en buena compañía
Comer es uno de esos placeres que se
acostumbra disfrutar acompañados. Si estamos solos, solemos hacerlo apresuradamente. En casa optamos por un bocadillo,
sin cuidar detalles
a los que sí
prestamos
atención
cuando
recibimos
invitados; comemos
leyendo o frente a la
televisión. De esta manera, nos estamos perdiendo una extraordinaria posibilidad: la
de comer con
nosotros mismos.
MFK Fisher, autora
de unas sublimes crónicas de gastronomía, ensaya sobre la buena mesa
en soledad. Narra el reclamo
que hizo el sibarita romano
Lúculo a sus criados por no haberse esmerado en una cena que era sólo para él. "Precisamente cuando estoy solo es cuando debéis prestar más atención a la comida. En estas ocasiones, recordadlo bien, Lúculo come con Lúculo". La refinada prosa de Fisher convida a un espacio de gozo. "Las comidas solitarias pueden ser felices.
Se componen parejamente de paz, nostalgia y buena digestión, a veces con un ameno toque de alcohol. No vendría mal comer de vez en cuando consigo mismo. La oportunidad da la tranquilidad para mirar y saborear los bocados". No se apure, dése su tiempo y mime la mesa que le recibirá. Estar solo, ciertamente, es ser uno mismo. "Quien no sabe vivir consigo mismo, ¿cómo podría saber vivir con otro?", se pregunta el filósofo francés
André Comte-Sponville. Inquietud a la que uno pudiera sumar otra: Quien no sabe comer consigo mismo, ¿como podrá hacerlo bien con el otro?
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Más allá de la fondue, su plato nacional,
este país alberga
las más diversas preparaciones.
Para que no sólo
las imaginemos,
sino que las podamos aprender a cocinar
y a degustar en
casa, la Fundación Espacio Suizo
ha organizado
una serie de cursos
de cocina suiza. El primero está dedicado a la región suizo-italiana; Marlies Belloni mostrará sus dotes culinarias preparando antipastos (con queso de cabra, hongos, calabacines y berenjenas), diferentes tipos de risottos, ensaladas, conejo
con polenta y torta de pan. El segundo curso comenzará el 26 de noviembre con la comida típica de la región suizo-francesa, a cargo de
Marie Jeanne Voirol, quien preparará croquetas
de ajoporro, paté, terrine de hígado de pollo, filete wellington (filete de cochino o de lomito de res
en masa de hojaldre), y la reina de saba con almendras entre otros platos. Si se le despertó
el apetito puede pedir información por los
teléfonos 953.7845 y 951.3790.
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Ya salió de la bodega
Moët & Chandon. Es el vintage 1999 de Dom Pérignon. Maestros de cata han dicho que este champagne exalta las virtudes del que alguna vez encantó a la corte francesa
y acompañó sus más legendarias celebraciones.
Le han llamado el champagne claroscuro. Se bebe muy bien por su redondez, su finura y el balance logrado entre las notas más oscuras de las uvas pinot noir y las más claras de chardonnay. Richard Geoffroy, chef de cave de Dom Pérignon, así lo describe: "La cata comienza al observar un vino que respira y toma vida en espirales. En boca el vino alcanza un estado de riqueza compleja: sabores terrosos combinados con notas ahumadas aterciopeladas que terminan en una sensación vibrante a especias". Su precio, como es de imaginar...
es Dom Pérignon. |
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