La noche en que
se desataron
los demonios
Un detective de
Winnipeg muere
por causa
de un borracho
Muchos de los amigos de Henry Malanik, en la ciudad canadiense de Winnipeg, sabían que éste tenía un amorío con la esposa de Adolph Kafka. Eso no siempre
fue así.
Henry había emigrado a Canadá con sus padres desde Croacia, en 1912, cuando tenía cinco años de edad. Se convirtió en plomero y, en 1929, se casó. Su buen amigo Adolph Kafka fue su padrino de boda. En 1949, la que había sido esposa de Henry durante 20 años lo abandonó. Él se mudó con sus amigos Adolph y Olga Kafka. Adolph viajaba frecuentemente fuera de la ciudad debido a su trabajo como labriego. Henry y Olga estaban a menudo solos. Se volvieron amantes.
Los rumores sobre el prolongado romance llegaron a oídos de Adolph. Sin ceremonia alguna expulsó a Henry de su casa. Éste se mudó a una pensión a poca distancia de Main Street. No fue suficiente para enfriar la relación entre los amantes. Olga se acostumbró a dejarse caer por el cuarto de Henry cada vez que su esposo salía de viaje.
Pese a las amenazas y advertencias de Adolph, Olga y Henry continuaron su romance. En varias ocasiones, los dos hombres, quienes antes fueron grandes amigos, se entraron a puños. El 18 de abril de 1950, Adolph y Henry fueron demasiado lejos. Comenzaron a dispararse entre ellos. Cuando acabó el tiroteo, ninguno estaba herido. La policía confiscó una escopeta, una pistola y dos cuchillos. Los adversarios fueron multados con 50 dólares. Les regresaron las armas tres meses después.
Debido a las muchas peleas a puñetazos y el tiroteo, la policía de Winnipeg estaba muy consciente del pleito Kafka/Malanik. Es por ello que consideraron que se trataba de una llamada de rutina cuando Olga Kafka les pidió que fueran urgentemente a su casa en Argyle Street. Adolph y Henry estaban en lo mismo de nuevo.
Los detectives Ted Sims, John Peachell y William Anderson respondieron a la llamada por la disputa doméstica. Adolph y Henry no se veían por ningún lado.
Olga recibió a los detectives y los hizo entrar apresuradamente en la casa.
Anderson estaba en la sala. Sims se recostó de la puerta de la cocina mientras Peachell estaba sentado en una mesita en la cocina, donde escribía
la declaración de Olga.
Ella le dijo a Peachell que Henry había apuñalado a su esposo, pero agregó que la herida no era grave. Había ido al hospital para que lo atendieran. También le dijo al oficial que Henry estaba borracho como una cuba y que ella le dijo que se fuera a su habitación en la pensión para que se le pasara.
Justo entonces se desataron los demonios. Henry Malanik irrumpió en la casa armado con una escopeta calibre 12. Miró a su alrededor y gritó: "¡Les voy a disparar a todos! ¡Los mandaré a todos al infierno!". Después de eso tiró del gatillo. El detective Sims cayó al piso. Un segundo disparo le dio a Anderson en el cuello, lanzándolo por una ventana hacia el jardín. El detective Peachell actuó de inmediato, disparándole tres tiros a Henry con su pistola de servicio, un revólver calibre 45. Aunque herido, Henry se mantuvo consciente. Lloraba y decía: "No quería dispararles. ¡No mueras, muchacho, no mueras!".
El detective Anderson y Henry se recuperarían
de sus heridas, pero tres horas después Ted
Sims murió en el hospital. Los oficiales a cargo
de la investigación reconstruyeron los últimos movimientos de Henry antes del tiroteo,
en un esfuerzo por comprender por qué el
hombre abriría fuego contra agentes de policía
que no hacían más que escribir los detalles
de una denuncia.
Henry había estado en una boda la tarde del
día del tiroteo. Había sido una intensa fiesta
en la que la mayoría de los invitados se había embriagado. Bill Krystik, un buen amigo de
Henry, había sido el barman y se había encargado
de que él tuviera mucha bebida. Whisky y cerveza
casera eran la orden del día. Cuando Henry comenzó
a hablar en voz alta y se puso impertinente, fue expulsado
de la fiesta. Tomó un arma antes de dirigirse a la casa de Olga.
El 16 de octubre de 1950, Henry Malanik fue enjuiciado por el asesinato del detective Ted Sims. No había ninguna duda respecto de quién había causado la muerte del policía. Los abogados de la defensa afirmaron que debido a su estado de intoxicación, su cliente no podía haber tenido intención de matar, por lo que no podía ser sentenciado por asesinato. Todo el proceso se centró en torno a este punto.
Los testigos de la fiscalía, entre ellos los dos detectives que habían estado presentes en la escena, testificaron que no habían observado nada en el estado de Henry que les hiciera suponer que él estaba intoxicado. En el hospital, muchas personas habían visto a Henry. Todas afirmaron que pensaron que estaba sobrio.
La defensa presentó al barman Bill Krystik, quien testificó que le había servido vaso tras vaso de whisky a Henry durante un período de cuatro horas. La mayor parte de ese whisky había sido destilado en casa, por lo que era extremadamente fuerte. Todos en la fiesta opinaban que Henry estaba borracho.
Henry subió al estrado en su propia defensa. Describió sus actividades en la boda. Su amigo Bill Krystik le había servido varios vasos de bebida destilada caseramente. El padre de Bill, quien tenía un aprecio particular por Henry, también le había servido varios vasos. Henry bailó un poco, pero a partir de allí tenía la mente en blanco. No podía recordar que lo habían expulsado de la fiesta.
Desde el estrado, Henry relató lo siguiente que recordaba. "Recuerdo que estaba en el piso. Había sangre a mi alrededor. En mi cabeza. Me preguntaba dónde estaba. Yacía allí en silencio". Recuerda que se desmayó y luego recuperó el sentido. "Cuando volví en mí, encontré que estaba amarrado en una cama. Mis manos estaban atadas. También mis pies. Pregunté si podía beber agua. Bebí muchos vasos de agua".
En pocas palabras, Henry afirmaba que no tenía el más mínimo recuerdo de haber conseguido un arma, herido a Kafka o disparado a los detectives. La defensa llamó al doctor George Burland. Él confirmó que una persona intoxicada no es capaz de premeditar algo. Afirmó que un hombre que ha consumido tanto alcohol como Henry puede actuar más por impulso que por premeditación. También aseveró que a una persona tan intoxicada le preocuparían menos las consecuencias de sus actos que a un individuo sobrio.
Antes de irse a deliberar, el juez que presidía el juicio le dijo al jurado: "Si un hombre estuviera tan intoxicado que fuera incapaz de tener la intención necesaria para cometer un delito, no puede ser acusado de asesinato".
El juez le dijo al jurado que a partir de la evidencia, era claro que Henry estaba ebrio. La pregunta en torno a la cual debían debatir era: ¿cuán ebrio estaba? También señaló que si el acusado se dirigía a la residencia Kafka con alguna intención de matar o causar grave daño corporal a una persona en la casa y mataba a otro individuo, sería asesinato.
El jurado de Winnipeg necesitó sólo 30 minutos para encontrar a Henry culpable de asesinato. La sentencia fue morir en la horca, la cual se cumpliría el miércoles 17 de enero de 1951.
Una apelación presentada por los abogados de la defensa obtuvo un nuevo juicio para Henry, pero el resultado fue el mismo. Henry fue condenado a muerte. Una segunda apelación fue rechazada.
El 16 de junio de 1952, Henry Malanik fue colgado por el asesinato del detective Ted Sims. Tuvo la poca honrosa distinción de ser la última persona que ejecutaron en la provincia canadiense de Manitoba.
Traducción: José Peralta. ilustraciones: David Marquez. davidmarquez@cantv.net |