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| Foto: www.shutterstock.com / Iva Barmina |
"Me duele
EL COCO"
A cualquiera, incluidos los bebés, le puede
doler un día la cabeza, pero si se repite con cierta frecuencia
hay que averiguar
la causa y tratar
el problema
Por Belinda Santamaría
Un esfuerzo físico acusado, la falta de sueño, un exceso de ruido o de calor, el estrés, leer mucho o hacer los deberes con mala iluminación, una indigestión, un resfriado, la gripe, unas anginas... ¿Qué tienen en común todas estas situaciones? Que pueden ir acompañadas de un buen dolor de cabeza. La cabeza puede doler por infinidad de cosas. En la mayoría de los casos se trata de cefaleas tensionales (relacionadas con estrés, ansiedad, cansancio, falta de sueño); una cuarta parte de los dolores de cabeza en niños son migrañas, el resto tiene otras causas como sinusitis, otitis, problemas visuales o golpes y sólo entre 1 y 2% está causado por un problema importante (hipertensión arterial, meningitis, etc.)
Así pues, un dolor de cabeza puntual lo tiene cualquiera, incluidos los niños pequeños (¿cómo crees que se siente uno tras dos horas de llanto por cólicos?). Pero si el problema se repite con frecuencia, conviene averiguar la causa y, por la calidad de vida del afectado, ponerle remedio.
SINTOMAS EN LOS NIÑOS
En los bebés que todavía no hablan es muy difícil saber si les duele o no, por eso la intuición de la madre desempeña un papel fundamental. Piensa que puede tener dolor de cabeza si en el transcurso de un catarro o infección de vías respiratorias está más lloroso de lo habitual, si requiere más tus mimos, si no le apetece jugar... Pero también si está más somnoliento que de costumbre y no quiere que le muevas ni que le saques de la cuna.
A partir de los 18 meses ya te podrá decir si le duele y dónde. Si el dolor vuelve a surgir y no está relacionado con catarros, anota todo lo que haya hecho ese día, los alimentos que le has dado (chocolate, queso, comida china), si ha dormido bien o no, si ha hecho mucho ejercicio, cuánto tiempo ha visto la tele, si ha podido tener estrés (fiesta en la guardería, cumpleaños) o si ha estado sometido a mucha luz. Porque todas estas circunstancias, aunque parezcan banales, pueden desencadenar una cefalea.
Anota en qué momento del día ha aparecido (antes de comer, durante la noche, si le ha despertado o le impide hacer vida normal); si va asociado a otros síntomas como náuseas, con o sin vómitos; si no soporta la luz ni los sonidos; si dice que ve luces; si se frota los ojos después de ver la tele; si había tomado medicamentos antes de la aparición del dolor. Quizá sean demasiados datos para retener, pero todos ellos van a servir a su pediatra para determinar si se trata de una cefalea tensional o si es una migraña.
Conviene saber que entre los tres y los 15 años, casi 46% de los niños y adolescentes ha tenido cefaleas, y entre el 4,5% y el 11% tiene migrañas.
LA MIGRAÑA, UN DOLOR INTENSO
La cefalea tensional suele manifestarse con dolor en la frente y/o en la nuca. Los que la padecen de forma habitual indican que es como si algo les apretase la cabeza. Puede durar entre media hora y dos horas, no suele agravarse por la luz ni por el ruido y responde muy bien a los analgésicos habituales y al sueño.
La migraña es muy diferente. Surge con cierta periodicidad y, en algunos casos, hay un síntoma previo a la crisis: la aparición de luces centelleantes o "moscas volantes" en los ojos una hora antes y/o sensación de hormigueo en manos y pies. El dolor es intenso y pulsátil, aumenta con el movimiento, afecta a un lado de la cabeza y suele concentrarse en la zona cercana al ojo. La migraña dura entre dos y 72 horas, con frecuencia va asociada a náuseas y/o vómitos, molestia intensa ante la luz y el ruido (fotofobia y fonofobia) y, por lo general, hay antecedentes de familiares con el mismo problema. Una vez que se desencadena, los analgésicos habituales suelen ser menos eficaces que en otros tipos de cefalea, pero el afectado puede sentir mejoría si permanece en una habitación a oscuras. Si tu hijo sufre una migraña, recuerda que después de pasar la crisis estará agotado y tendrá necesidad de eliminar gran cantidad de orina. Ponle a orinar, porque hasta los niños que ya lo controlan bien durante el sueño, en este momento pueden tener escapes. Hasta la adolescencia, las migrañas afectan igual a niños y a niñas; después, ellas son más propensas a padecerlas. En cuanto a la causa, no existe una razón clara que explique por qué aparecen, pero sí hay ciertas circunstancias que desencadenan las crisis. Entre ellas, la intolerancia a la lactosa, la bajada de los niveles de azúcar en sangre (por un ayuno prolongado), el consumo de ciertos alimentos como el chocolate, el queso fuerte o la comida china (en particular, una sustancia de las salsas llamada glutamato monosódico), el cansancio excesivo, bien sea por trasnochar o por haber realizado mucho ejercicio y, sobre todo, el estrés. ¿CUÁNDO LE LLEVO AL MÉDICO?
La primera vez que el niño sufre un dolor de cabeza fuerte puede ser muy alarmante para los papás, ya que lo que les viene a la mente es la meningitis. Mantengan la tranquilidad, pero vayan con el niño al pediatra para que valore la situación. Éste descartará las posibles enfermedades infecciosas típicas de la infancia que pueden ir acompañadas de dolor de cabeza. Después observará si el pequeño tiene fiebre, comprobará si hay rigidez en la nuca y le mirará la piel en busca de manchitas rojas (petequias), todo para descartar una posible meningitis. También le hará un examen neurológico completo en el que se incluye el fondo de ojo y pupila, los reflejos, el sistema motor y su orientación espacio-temporal. Una vez descartados los signos que indicarían una posible urgencia médica, les preguntará todo lo que pueda servirle para su diagnóstico. Ahora es cuando tienen valor los datos anteriores que has apuntado.
TRATAMIENTO ADECUADO
Según el criterio de la Academia Americana de Neurología, solamente se han de pedir exámenes de laboratorio o imágenes neurológicas en niños con cefaleas si, tras hacer su historia y estudio neurológico completos, se aprecian datos anormales. Se pedirá una punción lumbar si el niño tiene fiebre y rigidez nucal.
En el resto de los casos no son necesarios y es el pediatra quien establece el primer tratamiento, teniendo en cuenta la edad del niño. Los analgésicos más habituales son el paracetamol y el ibuprofeno. En niños desde 10-12 años y en adolescentes se puede emplear también un spray nasal de sumatriptán, que resulta de muchísima utilidad cuando los analgésicos convencionales no funcionan. Como norma terapéutica, conviene empezar con el analgésico, a la dosis que haya sido indicada por el médico, en los primeros momentos de la crisis, sin esperar a que ésta empeore pensando que tal vez el dolor termine pasándose por sí solo. No ocurrirá. Pero atención, porque el mal uso y el abuso de los analgésicos habituales puede provocar también dolor de cabeza. Si los dolores de cabeza son habituales y el pediatra lo estima, remitirá al pequeño al neuropediatra para confirmar el diagnóstico y establecer un tratamiento más personalizado. Como consejo final: según crezca el niño, las cefaleas y migrañas pueden desaparecer o intensificarse, pero no adaptes el tratamiento por tu cuenta. Si los fármacos son insuficientes, el neuropediatra que le trata modificará la pauta.
Distínguelas bien |
La International Headache Society (IHS) clasifica los dolores
de cabeza evaluando una serie de circunstancias:
Cefalea vascular o migraña:
A. Cinco episodios que cumplan B y D.
B. Duración de 2 a 48 horas.
C. Al menos dos de estas circunstancias:
1. Unilateral (en un solo lado).
2. Pulsátil (se nota con los latidos del corazón).
3. Intensidad que impide desarrollar la actividad diaria con normalidad.
4. Se agrava con la actividad física de rutina.
D. Al menos uno de estos dos síntomas:
1. Náuseas, vómitos o ambos.
2. Fonofobia y fotofobia (molestia ante los sonidos y ante la luz).
Cefalea tensional episódica
A. 10 episodios que cumplan B y D.
B. Duración de 30 minutos a 7 días.
C. Al menos dos de estas características:
1. No pulsátil.
2. Intensidad leve o moderada que no impide la actividad diaria.
3. Bilateral.
4. No se agrava con la actividad física.
D. Por lo menos concurren dos de las siguientes características:
1. No hay náuseas ni vómitos.
2. Fotofobia o fonofobia, pero no ambas.
E. Descartadas otras patologías. |
Requiere una consulta si... |
• Es un dolor intensísimo de brusca aparición.
• Se acompaña de mareo, confusión y/o visión doble.
• El dolor surge con fiebre y con desorientación.
• Aparece con vómitos después de haberse dado un golpe en la cabeza.
• Empezó como un dolor normal y dura ya dos días.
• Es intenso y, además, el pequeño tiene fiebre alta y rigidez en la nuca.
• Los analgésicos habituales no hacen efecto.
• Empeora al toser, al estornudar o al hacer ejercicio o apareció mientras realizaba un esfuerzo físico.
• Por la localización puede pensarse que es una sinusitis. |
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