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Listo para EL COLEGIO
Cuando comience su vida escolar, tu hijo deberá ser más independiente a la hora de vestirse, comer... ayúdale a conseguirlo
Por Eva Calvo
Hay que ver cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando llegaste a casa por primera vez con tu bebé y dentro de poco empezará el colegio. No te preocupes, a partir de los tres años los niños ya están preparados tanto física como mentalmente para actuar de forma más independiente, y antes de que te des cuenta tu hijo se habrá adaptado a la vida escolar y a sus nuevas rutinas.
Dicho esto, también es cierto que a esta edad aún es casi un bebé y que ir al colegio por primera vez le va a suponer un gran reto. ¿Y por qué te contamos esto? Pues porque conviene que al comenzar el colegio el niño sea bastante autónomo, y tú puedes yudarle a lograrlo. No, no se trata de que te conviertas en una institutriz; el objetivo es que empieces a verle un poco más mayorcito y fomentes su independencia en muchas tareas. Tampoco es cuestión de que le pongas deberes. Aprovechen sus actividades cotidianas y sus juegos para ir mejorando su autonomía, el control de su cuerpo, su capacidad para deducir y aprender y su sociabilidad. MAYOR AUTONOMÍA
Comer solito con cubiertos, ponerse los zapatos, abrocharse y desabrocharse la chaqueta... Aunque su maestra le ayudará en la mayoría de estas cosas, conviene que tu hijo sepa arreglárselas solo. Para ayudarle a conseguirlo:
Desarrolla su psicomotricidad fina. Muchos de los logros de los que hablamos están relacionados con esta capacidad, que se encarga de controlar los movimientos más precisos, como el de hacer la pinza. Buenos juegos para fomentarla son recolectar piedrecitas o conchas y animarle a dividirlas en grupos por tamaños, o hacer un dibujo y "decorarlo" pegando lentejas, arroz... Cada vez que tu hijo consigue sujetar estos objetos (vigila que no se los meta en la boca), sus deditos van adquiriendo la habilidad que necesitará en tareas como pegar calcomanías, usar el sacapuntas y coger el lápiz (para que aprenda a sujetarlo bien, dale lápices gruesos de forma triangular).
Crea rutinas de higiene. Enséñale que debe limpiarse la boca con la servilleta, que hay que cepillarse los dientes varias veces al día (háganlo juntos para que te imite), que después de ir al baño hay que lavarse las manos...
Enséñale a cambiarse. A los tres años la mayoría de los niños han dejado de usar el pañal por el día, pero en situaciones estresantes los escapes son comunes. Hay colegios en los que cambian a los pequeños, pero en otros se pide al niño que se cambie él solo. Por eso no está de más que aprenda a hacerlo. MAYOR DOMINIO DE SU CUERPO
Durante el curso escolar tu hijo realizará muchas actividades físicas, algunas en el exterior. Sus movimientos son cada vez menos torpes, pero aún necesita ayuda para los que requieren mucha coordinación. Así que es importante que adquiera dominio corporal.
Anímale a moverse. Rétale a hacer carreras con los pies juntos. Cuelga una cuerda de una rama bajita y proponle que se balancee. Bailen al son de la música. Y jueguen a lanzar y coger la pelota con los brazos o a chutar el balón (ambos ejercicios favorecen la coordinación mano-pie-ojo).
Déjale ser más arriesgado. Es necesario que a veces se haga daño para que aprenda a reconocer los peligros y las limitaciones de su cuerpo. A esta edad ya sabe que físicamente es un ser independiente y cuanto más lo desarrolle, más confianza ganará en sí mismo. Ten en cuenta que en los recreos jugará con otros niños y establecerá vínculos afectivos. Si se siente seguro con sus habilidades, le será más fácil formar parte del colectivo. APRENDER Y DEDUCIR
En sus primeros cinco años de vida, tu hijo establecerá 70% de las conexiones cerebrales con las que elaborará sus pensamientos. Puedes favorecerlo aplicando estas pautas: Utiliza la transversalidad. Consiste en mezclar varios conocimientos a la vez y gracias a ella los niños aprenden más y se aburren menos. Por ejemplo, si sientas a tu hijo en una mesa para que pinte y aprenda los colores, perderá el interés antes que si le pides que pinte de rojo el cuadrado, de amarillo el círculo y de azul el triángulo. Esta transversalidad también es estupenda porque puedes aprovechar cada juego para incluir conocimientos que aún no domine. Así, para enseñarle a contar hasta diez, caminen de diez en diez pasos o cuenten, hasta diez, los carros de color rojo. Y para que empiece a reconocer los números, déjale marcar el número de teléfono cuando llames a alguien.
Habitúale a interpretar y a deducir. Lee con él cuentos y pide que te diga qué está pasando. Dibuja manchas de colores y pregúntale qué cree que representan. Llévale a sitios en los que no haya estado nunca y déjale explorarlos. Si van por la calle y ven un perro, pregúntale si le gusta, de qué color es... Eso sí, no utilices un lenguaje de bebé: el perro se llama perro, no guau guau. LA SOCIABILIDAD
Hasta ahora tu hijo ha estado muy vinculado a ti y es posible que todavía no acepte muy bien las separaciones. Pero es esencial que se acostumbre a ellas:
Empieza poco a poco. En los días previos a la escuela, déjale un par de horas cada día con alguien de confianza. No te vayas a escondidas (se sentiría engañado); despídete de él y explícale que volverás dentro de un rato. Llévale al parque a diario. Allí es donde tu hijo empieza a establecer las bases de los vínculos de amistad. Deja que se acerque a otros pequeños sin que estés tú a su lado. Enséñale a esperar su turno para subirse al columpio y a bajarse de él sin montar una pataleta.
Ponte de acuerdo con otras madres. Si conoces a alguna que vaya a llevar a su hijo al mismo centro que tú, pónganse de acuerdo para que los niños jueguen juntos.
Aprovecha estos encuentros para trabajar el lenguaje emocional: si tu hijo no le deja el juguete a su amigo y éste llora, pregúntale cómo cree que se siente el otro niño. Ser capaz de empatizar con los sentimientos ajenos le ayudará mucho en su vida escolar. Además, tener a una cara conocida en el primer día de escuela siempre es una ayuda extra.
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